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Día: 5 de marzo de 2019 (página 1 de 1)

Las instituciones financieras internacionales como armas de la guerra económica imperialista

Whitney Webb

En un manual militar filtrado sobre “guerra no convencional” recientemente publicado por WikiLeaks, el ejército estadounidense afirma que las principales instituciones financieras del mundo -como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE)- se utilizan como “armas financieras no convencionales en tiempos de conflicto, incluso si hay una guerra general a gran escala”, así como para ejercer presión sobre “las políticas estatales y la cooperación”.

El documento se titulado oficialmente “Field Manual (FM) 3-05.130, Army Special Operations Forces Unconventional Warfare” y fue escrito originalmente en septiembre de 2008. Su contenido ilustra el asedio económico que Estados Unidos mantiene sobre Venezuela desde hace años por medio de sanciones y otras formas de guerra económica. Aunque el documento ha despertado un renovado interés en los últimos días, fue publicado originalmente por WikiLeaks en diciembre de 2008 y ha sido descrito como el “Manual de Cambio de Régimen” del ejército de Estados Unidos.

Los recientes tuits de WikiLeaks sobre el tema llamaron la atención sobre una sección del documento de 248 páginas titulado “Financial Instrument of U.S. National Power and Unconventional Warfare” [Mecanismos financieros del poder nacional de Estados Unidos y guerra no convencional]. Esta sección señala en particular que el gobierno de Estados Unidos ejerce “poder financiero unilateral e indirecto a través de una influencia persuasiva sobre las instituciones financieras internacionales y nacionales, influyendo en la disponibilidad y las condiciones de los préstamos, donaciones u otras formas de asistencia financiera a actores estatales y no estatales extranjeros” y se refiere expresamente al Banco Mundial, al FMI y a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), así como al Banco de Pagos Internacionales (BPI), como “mecanismos diplomáticos y financieros para lograr” esos objetivos.

El manual también plantea la “manipulación estatal de impuestos y tasas de interés” y otras “medidas legales y administrativas” para “abrir, modificar o cerrar flujos financieros” y especifica además que la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Tesoro de Estados Unidos -que supervisa las sanciones contra otros países, como Venezuela- “tiene una larga y valiosa experiencia en la guerra económica para cualquier campaña de operaciones de fuerzas especiales militares no convencionales”.

Esta sección del manual señala que estas armas financieras pueden ser utilizadas por el ejército estadounidense para crear “incentivos o desincentivos financieros para persuadir a adversarios o aliados a cambiar su comportamiento a nivel estratégico, operativo y táctico” y que estas campañas de guerra no convencionales están altamente coordinadas con el Departamento de Estado y la comunidad de inteligencia de Estados Unidos para determinar “qué elementos del terreno humano en el Área de Operaciones de Guerra No Convencional es más probable que cederán a presiones financieras”.

El papel de estas instituciones financieras internacionales “independientes” como apéndices de la fuerza imperialista estadounidense se desarrolla en otras partes del manual, y varias de estas instituciones se describen en detalle en un anexo del manual titulado “El instrumento financiero del poder nacional”. En particular, el Banco Mundial y el FMI figuran como instrumentos financieros y diplomáticos del poder nacional estadounidense, así como parte integrante de lo que el manual denomina el “sistema actual de gobierno mundial”.

Además, el manual afirma que el ejército estadounidense “entiende que la manipulación adecuadamente integrada del poder económico puede y debe ser un componente de la guerra no convencional”, lo que significa que estas armas son ampliamente utilizadas en campañas de guerra no convencional llevadas a cabo por Estados Unidos.

Otro punto interesante es que estas armas financieras están gobernadas en gran medida por el Consejo de Seguridad Nacional (NCS), que actualmente está encabezado por John Bolton. El documento señala que el NCS “tiene la responsabilidad primordial de la aplicación de los instrumentos económicos y militares del poder nacional estadounidense en el extranjero”.

Aunque el manual de guerra no convencional se distingue por el hecho de que también afirma abiertamente que las instituciones financieras supuestamente “independientes” como el Banco Mundial y el FMI son esencialmente apéndices al poder del gobierno estadounidense, los analistas han observado durante décadas que estas instituciones apoyan sistemáticamente los objetivos geopolíticos de Estados Unidos en el extranjero.

De hecho, el mito de la “independencia” del Banco Mundial y del FMI se disipa rápidamente simplemente observando la estructura y la financiación de estas instituciones. En el caso del Banco Mundial, la institución está ubicada en Washington y el presidente de la organización siempre ha sido un ciudadano estadounidense elegido directamente por el Presidente de Estados Unidos. En la historia del Banco Mundial, la Junta de Gobernadores del Banco Mundial nunca ha rechazado la elección de Washington.

El 5 de febrero el presidente Donald Trump nombró a David Malpass, un ex economista de Bear Stearns, para dirigir el Banco Mundial. Malpass es conocido por no haber predicho la bancarrota de su antiguo empleador, Bear Stearns, durante la crisis financiera de 2008 y es probable que limite los préstamos del Banco Mundial a China y sus aliados o que se alie con ellos, dada su reputación bien establecida como un halcón chinófobo.

Además de elegir a su presidente, Estados Unidos es también el mayor accionista del banco, lo que lo convierte en el único país miembro con derecho de veto. De hecho, como señala el manual de guerra no convencional filtrado, Estados Unidos puede bloquear cualquier cambio importante en la política del Banco Mundial o en los servicios que ofrece, “porque las decisiones importantes requieren una mayoría superior al 85 por ciento de los votos”. Además, el Secretario del Tesoro de Estados Unidos, Steve Mnuchin, ex banquero de Goldman Sachs y “rey de las ejecuciones hipotecarias”, ejerce de Gobernador del Banco Mundial.

Aunque el FMI difiere del Banco Mundial en varios aspectos, incluyendo su misión y objetivos declarados, también está dominado en gran medida por la influencia y la financiación del gobierno de Estados Unidos. Por ejemplo, el FMI también tiene su sede en Washington y Estados Unidos es el mayor accionista de la empresa, el mayor con diferencia, con un 17,46 por ciento de la institución. También paga la mayor parte del mantenimiento de la institución, es decir, 164.000 millones de dólares anuales en compromisos financieros del FMI. Aunque Estados Unidos no elige al director del FMI, utiliza su posición privilegiada como principal prestamista de la institución para controlar la política del FMI amenazando con suspender su financiación si la institución no cumple con los requisitos de Washington.

Como resultado de la influencia de Estados Unidos en el comportamiento de estas instituciones, han utilizado sus préstamos y subvenciones para “atrapar” a las naciones en deudas, y han impuesto a estos países programas de “ajuste estructural” que han resultado en austeridad, privatización masiva de los activos públicos y desregulación que benefician a las empresas extranjeras a expensas de las economías locales. A menudo, estas mismas instituciones, al presionar a los países para que desregulen sus sectores financieros y mediante la corrupción de sus relaciones con los actores estatales, se encuentran en la raíz de los problemas económicos que luego tratan de “resolver”.

https://www.mintpressnews.com/leaked-wikileaks-doc-reveals-how-us-military-uses-of-imf-world-bank-as-unconventional-weapons/254708/

8 de Marzo, el día que las mujeres proletarias le prendieron fuego al mundo

La comunista alemana Clara Zetkin
Desde hace más de un un siglo, el 8 de Marzo celebra cada año el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. La iniciativa partió de la dirigente marxista alemana Clara Zetkin y fue aprobada en Copenhague en agosto 1910 en el II Congreso de Mujeres Socialistas, convocado por la II Internacional.

El 8 de Marzo surge, pues, por iniciativa de las organizaciones internacionales del movimiento obrero. El objetivo de la Internacional era el de movilizar a las mujeres “de acuerdo con las organizaciones políticas y sindicales del proletariado dotadas de conciencia de clase”.

La iniciativa de Clara Zetkin tenía por objeto contrarrestar la influencia del feminismo burgués, con cuyas organizaciones no cabía realizar ninguna clase de alianzas por encima de las clases sociales.

En la capital danesa participaron mujeres militantes de la II Internacional procedentes de 17 países distintos.

La reunión se celebró en Copenhague porque en aquella época en Prusia las mujeres tenían prohibido pertenecer a organizaciones políticas. A pesar de ello, Clara Zetkin había fundado en 1907 la Internacional Socialista de Mujeres, que era una sección de la II Internacional y que celebró su I Congreso Internacional aquel mismo año, también convocado y dirigido por Clara Zetkin.

Desde 1890 Zetkin dirigía, además, el periódico “Die Gleichheit” (La Igualdad), el primer órgano de prensa feminista de la historia, que tenía 125.000 suscriptores.

No obstante, en el Congreso de 1910 no se fijó una fecha concreta para celebrar cada año el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Al año siguiente, por ejemplo, se convocó el 19 de marzo, en conmemoración de la Revolución de 1848 y la Comuna de París. Las manifestaciones empezaron entonces a llenar las calles con millones de mujeres y hombres, tanto en Europa como en Estados Unidos. Sólo en Berlín se organizaron 45 mítines.

La fecha del 8 de Marzo empieza a cuajar con la Revolución Rusa. El 23 de febrero de 1917 (8 de marzo en el calendario juliano) miles de obreras textiles de Viborg, un barrio obrero de San Petersburgo, iniciaron una huelga que desencadenó la caída del zar Nicolás II. Tras ellas los obreros iniciaron la insurrección y los soldados se sublevaron contra el ejército.

“En 1917 la lucha de las obreras se convirtió en memorable para la historia. Aquel día las mujeres rusas levantaron la antorcha de la revolución proletaria y le prendieron fuego al mundo”, escribió Alejandra Kolontai.

Las trabajadoras desataron la Revolución de Febrero en torno a las consignas del hambre, el retorno de los soldados del frente, la paz y la República.

En octubre de 1917, el primer gobierno soviético incorpora por vez primera en la historia a una mujer, Alejandra Kolontai. El 8 de marzo de 1921 Lenin firma un decreto para declarar aquella jornada como Día de la Mujer Trabajadora y fiesta oficial en el país.

“Para adiestrar a las masas en la política, hay que adiestrar a las mujeres. Porque, bajo el régimen capitalista, la mitad del género humano está doblemente oprimido. La obrera y la campesina son oprimidas por el capital; además, incluso en la más democrática de las repúblicas burguesas, son inferiores al hombre ante la ley; son verdaderas ‘esclavas domésticas’ pues les corresponde la mezquina, desagradecida, dura y aburrida labor de la cocina y el hogar”, escribió entonces Lenin.

Poco después, en el mes de mayo, se celebró en Moscú la II Conferencia de Mujeres Comunistas, presidida por Clara Zetkin y Alejandra Kolontai.

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