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Día: 1 de marzo de 2019 (página 1 de 1)

Un robot mata a más dos mil australianos (la llamada ‘inteligencia artificial’ no es nada inteligente)

Más dos mil australianos que recibían algún tipo de asistencia social han muerto después de que la oficina gubernamental responsable de pagar sus prestaciones les enviara cartas amenazantes, la mayoría de las veces por error, advirtiéndoles de que sus prestaciones iban a ser canceladas.

Los servicios sociales básicos en Australia, iniciaron hace dos años un programa de automatización, llamado Centrelink, para corregir las lagunas en los datos de asistencia social con consecuencias desastrosas para los beneficiarios.

Cientos de miles de beneficiarios, algunos con trastornos sicológicos, recibieron por error cartas amenzantes entre julio de 2016 y octubre de 2018 exigiendo nuevas pruebas de idoneidad para la asistencia social, lo que provocó la muerte de al menos 2.030 personas.

El programa Centrelink proporciona asistencia social y otros servicios, incluyendo atención médica para jubilados, australianos indígenas, veteranos, estudiantes y familias con niños pequeños, entre otros grupos sociales. Más cinco millones de personas dependen de uno u otro de los servicios sociales.

Las cartas generadas automáticamente por el ordenador amenazaban con interrumpir el pago, un hecho lo suficientemente grave como para que muchos beneficiarios se suicidaran, como ha admitido una investigación del Senado. Los avisos recibidos por personas en riesgo llevaron a una depresión profunda y pensamientos suicidas.

El programa robótico Centrelink, originalmente diseñado para racionalizar un programa de asistencia gubernamental a gran escala, ha colocado la carga de la prueba en el receptor de los avisos de cancelación emitidos por error.

“Las personas se sienten tensas y ansiosa por este sistema, refieren humillación y depresión”, señala la senadora Rachel Siewert, miembro del Partido Verde. El recurso a una interfase mecánica “ha dado la señal de alarma”, debido a “la alta proporción de personas vulnerables”.

El programa Centrelink está diseñado para ahorrar dinero. Comenzó a utilizar una plataforma informática no identificada en julio de 2016 para hacer coincidir los beneficios de asistencia social de los beneficiarios con sus registros de impuestos.

A medida que se implementaba Robodebt, un programa robotizado de deuda, las 20.000 cartas típicas enviadas cada año se convirtieron en 20.000 cartas por semana, lo que abrumó a los destinatarios con solicitudes de información adicional y, en muchos casos, con datos incorrectos.

“Robodebt ha emitido miles de avisos de deuda por error a padres, personas con discapacidades, estudiantes y personas que buscan trabajo remunerado, lo que ha conducido a que las personas sean abrumadas por deudas que no tienen o que exceden de sus obligaciones”, según la doctora Cassandra Goldie, Directora del Consejo Australiano de Servicio Social.

“Se trata de un abuso de poder devastador por parte del gobierno que ha causado graves daños, especialmente entre las personas más vulnerables de nuestra comunidad”, dijo Goldie.

En muchos casos, las solicitudes innecesariamente agresivas de las agencias de cobro de deudas contratadas por Centrelink han contribuido a los suicidios de los beneficiarios.

“La gente que sufre de depresión severa no controla la presión financiera”, dice la madre de una víctima, quien agrega que en las cartas de cobro enviadas a su hijo, las cifras de deuda emitidas por los robots “no tenían sentido”.

https://www.abc.net.au/triplej/programs/hack/2030-people-have-died-after-receiving-centrelink-robodebt-notice/10821272

Seudociencias: el oxycontin es un fármaco legal que ha causado 670.000 muertos

Las grandes multinacionales farmacéuticas ya controlaban la “investigación” médica, la universidad, los colegios profesionales, la OMS, la FDA y ahora en España han logrado el beneplácito de los ministerios para desatar una caza de brujas contra las seudoterapias que, además de no curar, e incluso matar, estafan a los enfermos.

Desde su origen, la ciencia siempre ha padecido toda suerte de persecuciones de este tipo, por lo que esta nueva oleada inquisitorial no puede extrañar. Seguimos como siempre. Hay quien se atribuye la condición de sumo pontífice de la ciencia para quemar a los herejes de la misma porque no la representan sino que son su antítesis: seudociencia.

Sin embargo, la ciencia nunca ha ganado nada en una pelea que no tenga que ver consigo misma. La ciencia es autocrítica, esto es, dialéctica y ningún científico merece tal nombre si no pone en cuestión los fundamentos de su propio conocimiento.

La medicina convencional, tal y como hoy la conocemos, es una dependencia de la farmacia y de quienes la gobiernan, que son las grandes multinacionales del ramo, cuyos intereses no son la salud de nadie sino los beneficios de sus accionistas. De aquí derivan buena parte de las tremendas lacras de los sistemas llamados “de salud” que han convertido a los médicos en los únicos que -al margen de los ejércitos- tienen licencia para matar impunemente.

Afortunadamente los monopolios no pueden tapar la boca a todos, pero sí pueden arrinconar a los herejes para que determinadas noticias que comprometen a la medicina convencional, como la siguiente, no tengan alcance: un analgésico como el oxycontin, plenamente legal, ha causado 670.000 muertos. La información hay que agradecérsela a la obstinación de un medio como Propublica pero, como todo lo que dicen los herejes, no tendrá ningún recorrido. Ya lo verán.

La empresa farmacéutica Purdue fabrica el oxycontin, un opiáceo sintético, desde hace 24 años. Es dos veces más eficaz que la morfina natural y es euforizante, tiene un efecto más fuerte y duradero que la heroína y, por lo tanto, también induce dependencia en el consumidor.

Después de ocho años de litigios judiciales, Propublica logró una copia de un largo informe de 337 páginas de la declaración de Richard Sackler, presidente de Purdue. El Estado de Kentucky le había denunciado, pero ambas partes llegaron a un acuerdo que, tratándose de Estados Unidos, no era más un pacto de silencio. El precio fue de 24 millones de dólares por la destrucción de 17 millones de páginas de documentos relacionados con el litigio.

La declaración de Sackler en 2015 fue precintada junto con otras pruebas que sobrevivieron en un almacén que el Tribunal tenía en medio del campo. En 2016 Stat News, un medio especializado en salud que había fundado el año anterior el jefe del diario Boston Globe, exigió al tribunal de Kentucky que hiciera públicos los documentos no destruidos.

Las sospechas sobre el oxycontin crecieron cuando en junio del año pasado, la fiscal general de Massachusetts, Maura Haley, se querelló contra Purdue por el “homicidio intencional” de 670 personas dependientes del analgésico que murieron de sobredosis (1). La querella se extiende contra ocho miembros de la familia Sackler por tejer una red de fraude y engaño que propagó la muerte por puro afán de lucro. Además, otros 16 directivos y sicarios de Purdue aparecen involucrados.

Lo mismo está ocurriendo en otros ocho Estados del este. Se trata de regiones rurales de bajos ingresos donde este tipo de fármacos legales son una auténtica epidemia. Veintiocho Estados del este tienen elevadas tasas de mortalidad por opiáceos que, además, se duplican cada dos años, mientras que en otros doce la tasa se duplica cada año.

Las tasas de mortalidad por sobredosis de fármacos legales (e ilegales) se correlacionan con la crisis del capitalismo, por lo que han evolucionado en sus tres fases. La primera coincide con la crisis de 2007, la segunda comienza con la política expansiva de la Reserva Federal, asociada a un aumento significativo de las muertes por sobredosis de heroína, y la tercera, que aparece entre 2015 y 2016, tiene una pendiente aún más pronunciada y se corresponde al consumo generalizado de fentanyl, otro opiáceo sintético.

La epidemia ha causado que en 2016 la esperanza de vida de los estadounidenses descienda en 0,36 años.

Nada de esto es nuevo. En 2007 Purdue ya fue condenada a pagar una multa de 600 millones de euros por inducir a la adicción de opiáceos. Además, tres diririgentes de la farmacéutica tuvieron que pagar cuantiosas multas por el etiquetado incorrecto del fármaco, al no advertir a los consumidores de los efectos secundarios del mismo.

En un gran negocio, como la farmacia convencional, las multas son un incentivo para seguir vendiendo drogas de maneras diferentes y con argumentos diferentes con una enorme agresividad comercial. La licencia para matar se extiende incluso a los niños: en agosto de 2015 el jefe del Departamento de Anestesia y Analgesia de la FDA, basándose en estudios realizados por Purdue en niños, amplió la autorización de comercialización del oxycodin a menores comprendidos entre los 11 y los 16 años (2).

Los médicos, los hospitales y las universidades no son ajenas al crimen porque forman parte de la red publicitaria de este tipo de prácticas. En 2002 Purdue donó tres millones de dólares al Massachusetts General Hospital para elaborar y distribuir “material educativo” sobre el dolor y realizar actividades de formación de posgrado (3). Han convertido el tratamiento del dolor en un negocio manejado con la apariencia de una disciplina “científica”, como si el dolor fuera una enfermedad.

En 1999 Purdue financió otro programa “de investigación” del dolor en la Universidad Tufts de Boston y en 2011 un sicario de la empresa fue nombrado como profesor de esa misma universidad.

Los recortes universitarios, los recortes en sanidad y los recortes en investigación científica no son ninguna casualidad. Están sustituyendo la financiación pública por la privada y convirtiendo a la ciencia en tributaria de los grandes monopolios. Hoy es tan complicado diferenciar a una universidad de un vendedor ambulante que a duras penas podemos reconocer a las disciplinas que se imparten en ellas, y mucho menos otorgarles la etiqueta de “ciencia”.

Cuando la Universidad Tufts nombra a un sicario de Purdue como “profesor” hacía ya cuatro años que la empresa había sido condenada por “conducta criminal”. ¿Qué opinión puede merecer una universidad como esa?

¿A qué llaman hoy día “ciencia”?, ¿con qué tipo de porquerías ensucian los “profesores” las cabezas de sus alumnos?, ¿cómo tienen la cara tan dura de hablar de “seudociencias”?

(1) https://www.wbur.org/commonhealth/2018/06/12/massachusetts-lawsuit-purdue-pharma
(2) https://www.nbcnews.com/health/health-news/fda-approves-oxycontin-children-young-11-n409621
(3) https://www.eurekalert.org/pub_releases/2002-02/mgh-mg020702.php

Sanciones económicas, embargo, bloqueo: guerra imperialista

Cuando el periodismo se llena de eufemismos es para bajar el telón, apagar las luces y que la oscuridad llene el escenario del mundo. Ahora hablan de “sanciones económicas” y antes de “embargo” para referirse a un bloqueo, es decir, a un acto de guerra, lo que antiguamente se calificaba como “asedio”.

La nueva terminología oculta que el mundo está en guerra y, a partir de ahí, oculta todos los demás elementos fundamentales de la misma. Oculta, por ejemplo, que quien impone el bloqueo es el imperialismo, las potencias que tienen la capacidad para ejecutarlo. Pero también oculta que las víctimas del bloqueo no son los soldados del enemigo sino la población civil.

El bloqueo, pues, no es en nada diferente a ninguna guerra imperialista, aunque resulta particularmente odioso. No hay más que recordar el “embargo” impuesto a Irak en la década de los noventa, que costó la vida a cientos de miles de personas inocentes, esas con las que las noticias se llenan la boca, como si su suerte les importara.

Como en la Venezuela actual, el “embargo” a Irak tuvo su contrapartida “humanitaria”, que en aquella ocasión se llamó “petróleo por alimentos”. El imperialismo te quita con una mano lo que te da con la otra para demostrar su buen corazón. La ONU lo avala con la doctrina R2P: las grandes potencias tienen el deber de “socorrer” a las pequeñas.

La “ayuda humanitaria” opera así retroactivamente como una fuente inagotable de noticias que ponen el acento en las víctimas, a quienes se presenta como “Estados fallidos”. Los papeles se intercambian y la responsabilidad del caos no es del agresor, sino todo lo contrario. Los imperialistas son benefactores de la humanidad.

Desde 1962 el bloqueo de Cuba, impuesto por Estados Unidos, le ha costado al país 134.499 millones de dólares. Desde 1992 la ONU ha aprobado 26 acuerdos para poner fin al bloqueo, pero todo ha sido inútil, salvo para que algún reportero o turista despistado se sorprenda de la carestía que padece la Isla que, naturalmente, se aliviaría levantando el bloqueo.

Repasar el listado de países bloqueados, tanto en la actualidad como a lo largo de la historia, resultaría ilustrativo del alcance de los tentáculos del imperialismo. Lo mismo cabe decir de quienes se convierten en bloqueadores de segunda mano para complacer a sus amos de Washington.

El bloqueo expresa el peso económico de Estados Unidos en el capitalismo actual. A diferencia de otro tipo de armas, que atemorizan sólo por el hecho de poseerlas, el bloqueo es creíble por la retorsión que supone para quien tiene la tentación de sortearlo, como se ha puesto de manifiesto en el caso de Irán. Los grandes monopolios europeos están sometidos a un chantaje ante el que la Unión Europea y cada uno de los países que la forman se han mostrado impotentes: quien negocie en Irán no negocia en Estados Unidos.

No hay nada más lejos del “neoliberalismo” que ese tipo de imposiciones, a las que hay que añadir la extraterritorialidad de las leyes y los tribunales estadounidenses, cuyas decisiones se aplican en el mundo entero.

Las instituciones que dirigen el capitalismo en el mundo son muy conocidas, y también es conocido que no tienen la condición internacional con la que se presentan porque, a su vez, están dirigidas desde Estados Unidos. No obstante, hay algunas, como la OFAC (Office of Foreign Assets Control), a las que no se les suele prestar tanta atención. La OFAC gestiona las sanciones económicas que los imperialistas mantienen contra distintos países.

Es un organismo del Departamento del Tesoro (Ministerio de Hacienda) que depende de la Oficina de Terrorismo e Inteligencia Financiera, una denominación que lo dice todo. Además de países, también hay empresas, organizaciones e incluso personas asimiladas al cajón de sastre del “terrorismo” y, en consecuencia, con ellas no se puede hacer el más mínimo negocio. En caso contrario lo de menos es la multa o el embargo de sus bienes porque el negociante puede acabar en la cárcel.

La OFAC lleva un control absoluto de cada una de las transacciones que se realizan en el mundo, o al menos lo intenta. Para ello mantiene un listado de SDN (Specially Designated Nationals o personas especialmente controladas) que se actualiza continuamente y que se puede consultar en internet (1).

Es una espada de Damocles impuesta al mundo entero por los mismos que alardean de ser los defensores del libre mercado. Recientemente WikiLeaks publicó el manual de operaciones de “guerra no convencional” aprobado por el Pentágono que no incurre en los eufemismos de la prensa. La terminología cambia mucho y es posible leer expresiones tales como “armas financieras”, “guerra económica” o alusiones al Banco Mundial, el FMI y la OCDE como intituciones a las que Estados Unidos puede recurrir para imponer su hegemonía en el mundo (2).

El martes el diario francés Le Figaro decía lo siguiente: “La segunda guerra de Siria ha comenzado. Una guerra que no se desarrolla en el terreno militar sino en el económico”(3). Hay países que están en guerra desde siempre, o que salen de una guerra para meterse en otra. Corea del norte está en guerra, Cuba está en guerra, Rusia está en guerra, Irán está en guerra, Venezuela está en guerra… El capitalismo actual no es más que una parte de la guerra permanente que Estados Unidos mantiene para defender su hegemonía mundial.

(1) http://www.treasury.gov/resource-center/sanctions/SDN-List/Pages/default.aspx
(2) https://file.wikileaks.org/file/us-fm3-05-130.pdf
(3) http://www.lefigaro.fr/international/2019/02/26/01003-20190226ARTFIG00257-l-amerique-et-l-europe-frappent-la-syrie-au-portefeuille.php

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