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Día: 9 de febrero de 2019 (página 1 de 1)

La ola de huelgas obreras se extiende por las fábricas de México

La victoria de la ola de huelgas de 70.000 trabajadores de 45 maquiladoras en Matamoros, en el norte de México, se ha extendido a los trabajadores de otras empresas. Según los datos del gobierno, durante la última semana 15.000 obreros más han lanzado huelgas espontaneas o “salvajes” en rebelión contra las empresas y los sindicatos amarillos.

Los paros actuales incluyen trabajadores de los sectores eléctrico, supermercados, textil, alimentación y recogida de basura, entre otros. Al mismo tiempo, hay llamamientos para que los trabajadores en las 45 fábricas originales vuelvan a huelga para defender a los 1.500 obreros que han sido despedidos como represalia por la huelga.

El Estado y las empresas siguen amenazando a los obreros con marcharse de Matamoros, dejando a 20.000 trabajadores sin empleo.

Ayer los obreros afiliados al Sindicato Industrial de Trabajadores en Plantas Maquiladoras y Ensambladoras de Matamoros (Sitpme) iniciaron una huelga en 30 empresas.

Los trabajadores de las maquiladoras Candados Universales y Kearffort, las últimas dos empresas en aceptar la exigencia del Sjoiim, cedieron a las reivindicaciones de sus trabajadores: 20 por ciento de aumento salarial y 32.000 pesos de un bono anual, lo que los obreros califican como 20/32.

A unos 500 conductores de la planta de Coca-Cola en Matamoros, la segunda embotelladora más grande que tiene la marca en América Latina, se les obliga a trabajar horas extras gratis y se les cobra por las botellas que se rompen en el transporte. “Acabamos restando, no sumando dinero aquí”, dicen los obreros.

En la embotelladora Coca-Cola así como en las cadenas de distribución comercial Soriana, Smart y Chedraui, la lucha de los trabajadores continúa. Los trabajadores de cinco sucursales de Soriana comenzaron paros escalonados en demanda de un aumento de 20 por ciento y el pago de horas extras.

En Chedraui, la cuarta cadena de supermercados más grande de México, la huelga de los 200 trabajadores de dos de las plantas ha finalizado porque les devolvieron el bono de asistencia que la empresa les habían eliminado.

En tanto, Smart despidió a 90 trabajadores que el lunes comenzaron la huelga. Cinco refirieron no haber recibido su liquidación. Los disconformes habían denunciado que la empresa les subió el sueldo a 176 pesos, pero eliminó tres bonos, por lo que sus percepciones en lugar de mejorar disminuyeron este año.

El capitalismo contra el arte y la cultura

Juan Manuel Olarieta

El paso del feudalismo al capitalismo cambió totalmente la posición social de la intelectualidad y de los productos que elabora en sus diversos campos: música, literatura, pintura… Hasta entonces el intelectual era un criado más de la aristocracia, los reyes, los príncipes y los nobles, a los que las hagiografías describen como “mecenas” y protectores de las artes y las letras.

El capitalismo es un “sálvese quien pueda”, una sociedad diseñada para los triunfadores. El producto de un intelectual se convierte en una especie singular de mercancía que, sin embargo, no es de las que Marx analiza en “El Capital”. Aparecen los “marchantes” que nada tienen que ver con el intelectual sino con su obra. Son los que la compran y venden. Un artista es bueno es bueno si vende mucho y es malo si vende poco, o vende barato, porque el valor de su obra es comercial. Lo dicta el mercado.

El intelectual ya no come la sopa boba. Como todos los demás, tiene que vivir de su trabajo, lo cual está al alcance de muy pocos, por lo que la inmensa mayoría se arruina, vive en la miseria, en los barrios más pobres de las grandes urbes.

Para que los intelectuales puedan vender su cultura (y su incultura), el capitalismo fabrica una de sus grandes entelequias jurídicas, la propiedad intelectual, que es hoy el fundamento de eso que califican como “industria cultural”, cinematográfica, musical, gráfica…

A partir de entonces son muchos los que se escudan en la defensa de la cultura para defender la industria cultural y la propiedad intelectual frente a los piratas y el plagio, no vacilando en imponerles castigos carcelarios.

A eso le llamaron “bohemia” a mediados del siglo XIX, un neologismo acuñado entonces por el francés Henri Murger, autor de “Escenas de la vida bohemia”. Nadie como los propios intelectuales han descrito mejor su vida y la de sus colegas como consecuecia de la penetración del capitalismo en la cultura.

En el siglo XIX la vida del intelectual era igual a la de cualquier artesano arruinado por la industria. Igual de miserable. Un ejemplo es Van Gogh, quien a lo largo de su vida pintó 900 cuadros pero sólo vendió uno de ellos, por más que ahora le califiquen de “genio”.

Las primeras obras de Van Gogh retrataban campesinos, tejedores y mineros. Una de sus primeras acuarelas se titula precisamente “Los pobres y el dinero”.

Las mejores obras de Gorki son autobiográficas, descripciones de un vagabundo que recorre Rusia.

Necesitado de una fuerza de trabajo cualificada, el capitalismo generalizó la enseñanza criando riadas de intelectuales que sobreviven con una dedicación diferente. Aunque para ellos la cultura no es más que un entretenimiento, se consideran su personificación misma. Incluso quisieran vivir de ella (vivir a costa de la cultura), dedicarse plenamente a ella.

Van Gogh retrató a los pobres comiendo patatas en una habitación miserable, como se ve en la imagen de cabecera. La cultura hoy es otra cosa muy diferente: un reflejo de los intelectuales, de la burguesía y la “industria” que la fabrica. Por eso lo que hoy es miserable es la propia cultura: porque refleja la miseria cultural de esa clase social a la que no le interesa el arte sino vivir de él.

Les cuadra como anillo al dedo la descripción que en “Ana Karenina” hizo Tolstoi de Esteban Arkadievich Oblonski, un “progre” de la pequeña nobleza rusa de la segunda mitad del siglo XIX:

“Profesaba firmemente las opiniones sustentadas por la mayoría y por su periódico. Sólo cambiaba de ideas cuando éstas variaban o, dicho con más exactitud, no las cambiaba nunca, sino que se modificaban por sí solas en él sin que ni él mismo se diese cuenta.

“No escogía, pues, orientaciones ni modos de pensar. Antes dejaba que las orientaciones y modos de pensar viniesen a su encuentro, del mismo modo que no elegía el corte de sus sombreros o levitas, sino que se limitaba a aceptar la moda corriente. Como vivía en sociedad y se hallaba en esa edad en que ya se necesita tener opiniones, acogía las ajenas que le convenían. Si optó por el liberalismo y no por el conservadurismo, que también tenía muchos partidarios entre la gente, no fue por convicción íntima, sino porque el liberalismo cuadraba mejor con su género de vida”.

Oblonski, concluye Tolstoi, buscaba “el olvido en el sueño de la vida”.

En su obra “El tejedor en el telar”, pintada en 1884, Van Gogh desdobla la sociedad de su época.
Al fondo, el viejo mundo campesino. En primer plano, el artesano como apéndice humano del telar.

El paramilitarismo sigue activo en Colombia

El paramilitarismo es un fenómeno político, económico, social y cultural arraigado en Colombia. Las organizaciones sucesoras del paramilitarismo tienen vínculos con las antiguas Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), teóricamente desaparecidas en 2006.

Según la Defensoría del Pueblo de Colombia, existen 27 departamentos en el país con presencia de grupos armados ilegales que son sucesores del paramilitarismo.

Las organizaciones que defienden los derechos humanos también han denunciado que los paramilitares han ocupado áreas del territorio donde anteriormente operaban las FARC.

Las raíces históricas del paramilitarismo se remontan a mediados de los años sesenta. Su objetivo es político: impedir cualquier brote que tenga como objetivo la realización de un cambio sociopolítico en el país.

Los militares crearon los primeros ejércitos privados en Colombia como una manera eficaz de combatir el comunismo y el movimiento obrero y campesino.

Fueron entrenados por Estados Unidos y a lo largo de estos años han asesinado a unas 220.000 personas.

La versión apoyada por el Estado para identificar a estos grupos armados solo como Bandas de Crimen Organizado está lejos de la realidad y oculta las profundas dimensiones del paramilitarismo.

El Centro Nacional de Memoria Histórica sostiene que las estructuras armadas actuales responden a organizaciones neoparamilitares con un vínculo directo con las estructuras antes de la desmovilización de las AUC en 2006.

Silvia Becerra, autora del libro “Organizaciones sucesoras del paramilitarismo”, afirma que este fenómeno se ha reproducido en Colombia por un marco legal que lo ha favorecido, desde el decreto 3398 de 1965 que autoriza a los militares a entregar armas a los civiles.

Otro libro que desentraña la más reciente oleada de paramilitarismo en Colombia es “Guerras recicladas”, escrito por la periodista María Teresa Ronderos.

Los grupos paramilitares se han financiado, como la mayor parte de la reacción y la contrarrevolución modernas, del narcotráfrico. Alguos de esus dirigentes fueron extraditdos a Estados Unidos no por los crímenes cometidos sino acusados de tráfico de drogas.

Tras disolver las AUC, uno de sus dirigentes, Daniel Rendón Herrera, alias “Don Mario”, creó el grupo criminal Águilas Negras Héroes de Castaño, además de las llamadas Autodefensas Gaitanistas de Colombia, también conocidas como Clan del Golfo, el mayor grupo de narcotráfico que opera en estos momentos en Colombia.

Golpe de Estado en Venezuela: la ayuda humanitaria ya está en camino

El jueves la agencia Efe lanzó la falsedad más esperada: “Maduro bloquea un puente en la frontera con Colombia para impedir la entrada de la ayuda humanitaria anunciada por Guaidó”. Hemos estado esperando a que los cazarecompensas denuncien a Efe por difunir mentiras, pero no ha ocurrido, por lo que son tan cómplices como los mentirosos. ¡Ojo con esos que “luchan” contra las noticias falsas!, ¡son los más mentirosos!

En el mundo posmoderno no hay guerra, agresión, ni Golpe de Estado en el que no surja un serio problema humanitario que el imperialismo deba resolver, porque para eso están los imperialistas, sus ejércitos y sus ONG: para ayudar a la humanidad en su carencias más acuciantes.

La ayuda humanitaria se ha convertido en tal fetiche para los medios de comunicación que desde hace años la misma noticia se viene publicando al revés, aunque hay que buscarla con lupa: Venezuela estaba enviando ayuda humanitaria a diversos países, como por ejemplo a Perú.

Da la impresión de que todos los países se intercambian la ayuda humanitaria unos con otros, lo cual puede dar lugar a una caída de las exportaciones mundiales porque esas mismas mercancías se podían vender en lugar de regalar.

Pero de ese intercambio sólo se publica una parte para indicar que Venezuela tiene un importante problema humanitario, ya que la población acude a los supermercados y faltan las mercancías más básicas, como el papel higiénico o el dentrífico.

Las noticias sobre ayuda humanitaria son la etiqueta del desastre. Sólo se ponen a los países parias. Por ejemplo, no hay noticias sobre el envío de energía eléctrica humanitaria a España para que quienes padecen “pobreza enérgica” no se congelen de frío este invnierno. ¿Por qué sólo ayudan al Tercer Mundo y no a las personas que padecen hambre en Nueva York, Londres, Paríso Madrid?

Nadie se ha preocupado de señalar las causas del desabastecimiento en Venezuela, como el bloqueo imperialista, para poder remediar ese tipo de carencias; se trata de remediar sólo sus consecuecias con una ayuda humanitaria que ha sido solicitada por Guaidó porque él, a diferencia de Maduro, se preocupa de las necesidades más básicas de los venezolanos.

Las preguntas siempre quedan en el aire: si a ayuda humanitaria era tan acuciante, ¿por qué la Cruz Roja Internacional se negó a participar en dicha tarea?, ¿quién envió la ayuda humanitaria?, ¿quién pagó los gastos de transporte?

La población colombiana no tiene esos mismos problemas y carencias. Por eso la ayuda humanitaria nos dejó perplejos: ¿por qué envían la ayuda humanitaria a Colombia y no a Venezuela? Nos imaginamos a la población colombiana hambrienta viendo pasar a los camiones de ayuda humanitaria con destino a Venezuela sin poderse apoderar ni de una lata de leche en polvo o de melocotón en almíbar.

La pregunta es: si los venezolanos son los únicos que necesitan ayuda, ¿por qué no la enviaron directamente a Venezuela? En Veneuela hay puertos y aeropuertos en los que se podía haber descargado. ¿Por qué no lo hicieron de la manera más sencilla?

Depositarla en Colombia es un engorro porque en las fronteras no las pueden cruzar fácilmente, ni las personas ni las cosas. Hay que llevar encima un montón de papeles y permisos sobre la carga, las personas y los camiones. Hay que registrar los paquetes para que no entren drogas o armas camufladas…

Las ayudas humanitarias son las típicas noticias fabricadas para que den la vuelta al mundo en las portadas de las cadenas de televisión. Cuando el imperialismo quiere poner a un país la etiqueta de “Estado follado”, no tiene más que enviarle un poco de ayuda humanitaria a través de alguna ONG que se preste a la farsa. Además es necesaria alguna agencia de prensa, como Efe, que lo publique.

En la ayuda humaniaria los países donantes muestran su buen corazón, mientras que los demás son las alcantarillas del mundo. Nos dan pena porque nosotros no somos insensibles al sufrimiento de los demás (por lejos que vivan).

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