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Día: 31 de enero de 2019 (página 1 de 1)

El juicio del Chapo no ha expuesto los secretos de la narcocorrupción en México

Alan Feuer
Durante un tiempo, parecía que el juicio de Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera se convertiría en una suerte de comisión para la verdad y la reconciliación que no solo revelaría los detalles de la vida criminal del acusado, sino también los secretos sobre la narcocorrupción en México.

Sin embargo, luego de un torrente de solicitudes de los fiscales y dictámenes por parte del juez durante las primeras tres semanas, ahora parece poco probable que se produzca una extensa revelación de casos de soborno. El jurado ya ha escuchado bastante sobre los pagos a la policía y los políticos mexicanos, pero queda mucho por saber y es probable que eso jamás suceda.

Imponer límites a la evidencia en los juicios penales es una medida común con el fin de enfocarse en los cargos específicos en contra de los acusados. No obstante, las restricciones impuestas en este caso parecen oponerse al deseo profundo que existe en México por exponer públicamente los excesos de su policía y la élite política durante la larga guerra contra el narcotráfico.

“Tenía muchas expectativas”, dijo Daniel Ortiz de Montellano Vásquez, un empleado de una casa de cambio en el aeropuerto de Ciudad de México. Pero, por lo menos hasta ahora, no han cumplido con esas expectativas, comentó.

“Estamos hartos de este juego”, agregó Montellano Vásquez, y dijo que había esperado que el juicio fuera un suceso que “no dejara que la impunidad ganara”.

Quizá la restricción más importante a la evidencia ocurrió la semana pasada, cuando el juez Brian Cogan decidió que un testigo estrella de la fiscalía no podía testificar acerca de haber pagado por lo menos 6 millones de dólares en sobornos a uno de los presidentes de México. Aunque el mandatario nunca fue identificado, el juez decidió que el testimonio avergonzaría innecesariamente a ciertos “individuos y entidades”, y que además sería una distracción del objetivo central del juicio: decidir si Guzmán es inocente o culpable.

La semana pasada, el juez emitió otros dictámenes que restringen testimonios que también involucran evidencia de posible corrupción. La naturaleza exacta de esas pruebas ha sido difícil de discernir porque los dictámenes del juez Cogan se han editado mucho.

Uno de ellos se refiere al “Testigo colaborador 1”, o CW1 en inglés, que trabajó para Guzmán de 2006 a 2014. El juez decidió que, aunque le permitirían a CW1 testificar sobre haber sobornado a funcionarios mexicanos con “cantidades de cocaína”, no le permitirían hablar sobre un soborno de 10.000 dólares que habría entregado para salir de la cárcel después de que lo arrestaron. Esa evidencia se excluyó del juicio, explicó el juez, debido a la “relación del soborno con…”, y se editó esa frase del dictamen.

Una orden aparte hablaba de un testigo identificado como “CW3”, que podrá testificar sobre haberle pagado a la policía federal mexicana para “escoltar un cargamento de drogas” y sobre darle “a un político mexicano de alto nivel un préstamo de 300.000 dólares sin intereses”, dictó el juez. Sin embargo, Cogan no le permitirá testificar sobre haber sobornado a un fiscal para que retirara un cargo criminal que enfrentaba.

Algunas de estas restricciones parecen haberse impuesto, en parte, para limitar la agresiva estrategia de defensa que los abogados de Guzmán pusieron en marcha al comienzo del juicio. En su argumento inicial, los abogados sostuvieron que la verdadera mente maestra del Cártel de Sinaloa era Ismael “el Mayo” Zambada García, exsocio de Guzmán.

En una declaración sorprendente, afirmaron que Zambada urdió durante años una gran conspiración para incriminar a Guzmán con la ayuda de agentes antidrogas “corruptos” de Estados Unidos y funcionarios mexicanos involucrados, entre ellos “el presidente y el expresidente del país”.

Aún no está claro si los abogados de Guzmán intentarán presentar evidencia sobre la corrupción de agentes de la policía estadounidense, o cómo reaccionará Cogan si lo hacen. El juez ya ha frenado esfuerzos por parte de la defensa para cuestionar a los testigos sobre el operativo “Rápido y furioso”, un controvertido programa de la policía federal en el que los funcionarios estadounidenses perdieron la pista de cientos de armas mientras investigaban una red de contrabando de armas vinculada con narcotraficantes mexicanos.

Las continuas batallas sobre la evidencia reflejan la cuestión de a quién está dirigido el juicio en realidad. Estrictamente hablando, la única audiencia que importa son los dieciocho miembros del jurado que escuchan el caso.

No obstante, el juicio ha generado un enorme interés público. Al limitar la evidencia sobre la corrupción, el juez Cogan quizá está ayudando a los fiscales a mantener al jurado enfocado en Guzmán. Sin embargo, también parece estar frustrando a la audiencia afuera de la corte, sobre todo en México.

Es difícil saber cuándo los fiscales estadounidenses tendrán otra oportunidad para analizar tan de cerca el funcionamiento interno de un gran cártel mexicano de la droga.

“Entiendo que el objetivo del juicio del Chapo es juzgar al gran capo mexicano”, dijo Bianca Salces, actriz y comediante de 45 años de Ciudad de México. Pero también es “importante para entender nuestro pasado y la historia actual, además de ofrecerle justicia y paz a un país devastado”, agregó.

Para Carlos Aguirre Ley, un ingeniero veracruzano de 40 años, el juicio es una oportunidad para exponer finalmente los vínculos entre “los narcos, el dinero y el poder” en este país, o, como lo dijo, “para que salga a la luz toda la verdad”.

Aunque el proceso podría ser doloroso, dijo, también es valioso. “Vale la pena adentrarse en las entrañas de la bestia”, comentó.

https://www.nytimes.com/es/2018/11/29/chapo-guzman-juicio-mexico-sobornos-corrupcion/

En China los marxistas se toman muy en serio la unidad de la teoría y la práctica

La esquizofrenia política de China es aún más acusada que la de Rusia, porque se denomina a sí mismo como un país “socialista” y el Partido Comunista sigue en pie a pesar de los achaques propios, que no son los de su edad precisamente.

A ello hay que añadir la esquizofrenia de quienes dicen que este tipo de países han regresado al capitalismo como si dar la vuelta a la historia fuera lo mismo que dar la vuelta a un calcetín. O no saben lo que es la historia o no saben lo que es un calcetín.

Una larga experiencia muestra que la construcción del socialismo es un fenómeno extraordinariamente complejo, mientras que -por el contrario- su destrucción sería “coser y cantar”, según algunos “expertos”.

Algo está fallando aquí y es lo siguiente: el imperialismo es una época de la historia caracterizada por la transición del capitalismo al socialismo, de tal manera que cuando se da el fenómeno contrario -como se ha dado- hay que hilar muy fino porque entonces aparecen muchas paradojas.

Esas paradojas no sólo conciernen a la arena internacional, donde son muy llamativas, sino también en las cuestiones internas.

Por ejemplo, en China a los estudiantes les enseñan marxismo en las escuelas y universidades. Recientemente el Partido Comunista de China ha estrenado una serie de animación de siete capítulos sobre la biografía de Carlos Marx que se difunde a través de Bilibili, el canal más visitado del mundo en películas de animación.

El problema en China es que los estudiantes no sólo aprenden sino que ponen en práctica el marxismo y cuando salen de las aulas se van a las fábricas y a los tajos a conocer las condiciones laborales y vitales de los obreros, van a sus manifestaciones, asisten a sus reuniones, a sus protestas y a sus luchas.

El verano pasado muchos estudiantes viajaron hasta Guangdong para apoyar a los trabajadores de la empresa Jasic Technology, que fabrica de maquinaria de soldadura y tiene su sede en Shenzhen. Los trabajadores intentaban organizarse y unos y otros han encendido las alarmas dentro del Partido Comunista; una cosa es leer “El Capital” y otra tomárselo en serio.

Los estudiantes van a la cafetería de la fábrica, ayudan a los trabajadores a recoger las bandejas sucias y a limpiar las mesas, proyectan películas para los obreros, arreglan sus móviles, charlan, bailan, imparten cursos, pasan el tiempo con ellos en la cafetería o hacen “taichí” conjuntamente en las plazas públicas.

Los estudiantes se califican a sí mismos como “marxistas” y lo que ven en China es lo mismo que Marx vio en Inglaterra hace 150 años, o muy parecido, o lo que vieron sus abuelos en la vieja China, aquella contra se declararon en guerra.

Se han agrupado en torno a la Asociación para el Desarrollo Popular “Nueva Luz” y a través de una perseverante propaganda están consiguiendo que todos pongan el foco de atención sobre las condiciones laborales de la clase obrera, los despidos, los desahucios de las viviendas o la deficiente atención sanitaria.

En China los marxistas son fuertes en determinados aparatos del Partido Comunista, como la propaganda, y del Estado, y su influencia crece, por lo que se les empiezan a cortar las alas, de tal manera que la teoría no tenga nada que ver con la práctica exponer el marxismo de la misma manera que se expone a Wittgenstein en las aulas.

“Como marxistas, lo más importante es tener un vínculo emocional con los trabajadores, y considerar su sufrimiento como nuestro”, dice un estudiante de la Universidad de Nanjing dando en el clavo de lo que está ocurriendo en China ahora mismo.

En internet las publicaciones de estos estudiantes defienden al Partido Comunista de China al mismo tiempo que lo dejan en evidencia, lo mismo que al Estado, a los gobiernos regionales y a los ayuntamientos.

Cuando se la mira de frente, en una sociedad así todo son paradojas. A los universitarios que viajaron a Shenzhen el verano pasado les obligaron a marcharse y algunos fueron puestos en arresto domiciliario durante varias semanas, e incluso detenidos. La universidad les ha advertido de que no deben participar en las manifestaciones de los trabajadores. La propaganda de los marxistas también empieza a ser censurada por el rectorado de la propia universidad.

Es el duro camino del aprendizaje. “La letra con sangre entra”, decía un viejo refrán reaccionario. Los estudiantes están tan perplejos como el propio país. “Creo que lo que estamos haciendo debe ser apoyado por el gobierno”, dice una estudiante. “Crecimos en un país socialista. La Universidad Popular nos ha enseñado a apoyar a los trabajadores”, añade.

Como dirían los buenos marxistas, China es un país de contradicciones más que de contrastes. En 2015 la Asociación “Nueva Luz” fue muy elogiada por el Diario del Pueblo, el más oficial entre los medios oficiales chinos, por su tarea de apoyo a los trabajadores migrantes. Pero han dado un paso más: tratan de acercarse a esos mismos trabajadores, se reúnen con ellos, los atienden gratuitamente en clínicas, bailan en las plazas conjuntamente…

Ha sido como cruzar otra línea roja. Tanta cercanía con la clase obrera no gusta nada.

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