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Día: 21 de enero de 2019 (página 1 de 1)

Abdul Wali: una muerte por torturas que jamás ha merecido ni una sola línea de la prensa española

Abdul Wali
En 2003 Abdul Wali tenía 28 años y vivía al sur de Asadabad, en la provincia de Kunar, Afganistán, no muy lejos de una base militar que tenía Estados Unidos y que fue atacada con lanzagranadas a mediados de junio de aquel año.

Wali viajó hasta la base acompañado de su amigo Hyder Akbar, cuyo padre era el gobernador de la provincia, y se entregó voluntariamente a las tropas estadounidenses. Creyó que la presencia de su amigo, además de testigo, era el mejor aval que podía presentar.

Un criminal de la CIA, David A.Passaro, se encargó de los “interrogatorios reforzados” y le estuvo golpeando durante dos noches seguidas, causándole heridas graves, incluyendo una fractura de la pelvis.

Una vez fallecido, a los torturadores les siguieron los periodistas con las correspondientes cortinas de humo, las mentiras y la intoxicación: la versión oficial era que Wali había muerto de una ataque cardiaco.

El relato se torció cuando tres miembros de la 82 División Aerotransportada se presentaron para testificar que Passaro había torturado al detenido, no le había dejado dormir, no le dio de comer, tampoco le dio agua y le rompió la pelvis de una patada en la ingle con sus botas de combate con tal fuerza que lo levantó del suelo; en otras palabras: una brutal patada en los cojones.

Una vez en el suelo, el criminal siguió golpeando al detenido con una linterna pesada en los brazos, en las piernas y en el abdomen, de manera que Wali no era capaz ni siquiera de orinar.

El detenido suplicaba a los esbirros a gritos que le mataran; no fue necesario porque al cuarto día de detención había fallecido y en ningún momento admitió haber participado en el ataque a la base militar.

A Passaro un tribunal estadounidense le condenó a ocho años y cuatro meses de cárcel; es el primer y único esbirro de la CIA condenado por hechos posteriores al 11 de septiembre de 2001.

También fue el primer estadounidense condenado en virtud de la Ley Patriótica, que amplió la jurisdicción de los tribunales federales de Estados Unidos para incluir ciertas violaciones de la ley cometidas por su chusma.

El gobernador de la provincia de Kunar, donde sucedieron los hechos, Said Fazal Akbar, ha asegurado que la muerte de Wali se convirtió en una formidable arma de propaganda para que quienes querían luchar contra Estados Unidos, se unieran a los talibanes.

La prensa española jamás ha pubicado ni una sola línea ni sobre a muerte de Wali, ni sobre la condena a Passaro.

El torturador de la CIA: David A.Passaro

Y, si no, nos enfadamos…

Bianchi

Que dos consumados vendedores de crecepelos en el «far west» celtibérico como Iñigo Errejón y Pablo Iglesias acaben clavándose puñales, el primero buscándose nuevo amo, en este caso ama, Manuela Carmena, con su cara de cordero degollado, y el segundo mostrándose digno y hasta solemne por la traición y felonía de su hasta ayer compañero y amigo, no se debe, desde luego, como cabría esperar de una formación que se dice de «izquierdas», a que haya unas líneas políticas claramente enfrentadas y antagónicas desde un punto de vista, digamos, «revolucionario», del tipo de, por ejemplo, ¿participamos en este engendro que llaman democracia y no lo es o les desenmascaramos sin desmayo ni descanso? Tampoco vale decir que uno, Errejón, es más «socialdemócrata» ergo: afín al PsoE, y que el otro, Iglesias, es más «ortodoxo», ergo: rojillo y esas vainas y jeribeques. Y no vale porque el PsoE de Pedro Sánchez, su Gobierno, le debe a «Podemos» su apoyo.

No van por aquí los tiros. ¿Por dónde, entonces? A mi juicio, por algo más prosaico, telúrico y hasta pedestre que casi nunca se sospecha, y menos se dice, a saber dos motivos: uno, y principal, vivir «de la política» y su invento vendiendo humo y sin hincarla, o sea, parasitando, incluso como un «profesional» de ella, como denunciara el sociólogo burgués de mediados del XIX Max Weber (con sus recompensas en forma de casoplones, que manda cojones la cosa), y dos, aparentando discordias o diferencias político-ideológicas en lo que no es más que un problema de egos y vanidades personales con piques de patio de colegio en el ambigú de la escuela. Y protagonizado por niñatos de pantalón corto que no se han pringado las manos de cola poniendo carteles en las calles, o tirar una octavilla, en su puta vida. O correr delante (o detrás) de los «grises» o una asamblea de universidad verdaderamente eléctrica.

Y es que, a poco que se escarbe y rasque, no se ve diferencia ninguna entre estos personajillos porque, en el fondo, primero, no tienen ideología ni falta que les hace y ni ganas salvo estafadores que van de «marxistas» tipo Ernesto Laclau (y otros «renovadores» eternos del marxismo) y su «significante vacío», que es su gurú de cabecera, y segundo, están de acuerdo en no tenerla, pero, ojo, aparentar que se tiene, ya saben, tácticas, estrategias, transversalidades, alianzas y demás politiquerías de baja estofa.

Por lo tanto, lo dicho: pelea de gallitos. Lo dijo Echenique (abonando mi tesis pelín simplista), no sabemos si medio beodo o en lapsus freudiano: «Errejón debría irse, pero, claro, si se va, igual no llega hasta mayo» (con pasta gansa, se supone).

Buenas tardes.

No más fraudes

Jon Iurrebaso Atutxa

Después de la firma del preámbulo del nuevo estatus o estatuto político para vascongadas, emanado y sustentado en la partición de Euskal Herria, no podía venir sino otro movimiento de deriva. Y no olvidemos que aquel estatuto (rechazado en Euskal Herria) transformó la dictadura española en una dictadura burguesa (en clave monárquica y parlamentaria) servil a los dictados del capital peninsular, continental e internacional.

Mirando un poco hacia atrás, algunos aceptaron la ley de partidos de nuestro enemigo español. Aceptaron seguir el juego post-conflicto (aún sin resolver) en base a las ideas fuerza de nuestros enemigos. Esto es, “consecuencias del conflicto” (irresuelto, repetimos), “victimas” (obviando que la primera victima es Euskal Herria, y estando sin resolver el futuro y supervivencia del PTV), “no tenía que haber ocurrido…” (Sólo hemos defendido, defendemos y defenderemos a nuestro pueblo trabajador y a nuestros semejantes), etc. Es terrible cuando se dice perseguir… en verdad, no sabemos qué, pero se supone que la “liberación” de Euskal Herria.    
   
Y ese hilo de inserción en los sistemas español y francés del conjunto de la actual Izquierda Abertzale Oficial, nos conduce a la última idea, propuesta, iniciativa, postureo proclamada por el portavoz de EHBildu. De entrada decimos que es funesta para Euskal Herria y, sobre todo, para su Pueblo Trabajador Vasco.

Seremos breves. EHBildu pide una gran alianza electoral que incluya desde PNV a la CUP de cara a las próximas elecciones generales, para hacer frente al PP, Cs y Vox… y reclamando lo que sabe que España y Francia (y sus socios aliados no pelearán) negarán a Euskal Herria. Articula un galimatías reformista y siervo de los Estados español y francés con respecto al futuro de Euskal Herria, basado en la ley del que nos ocupa y explota y nos niega como nación, como sujeto diferenciado y nos promete represión secula seculoron no, lo siguiente.

Es decir, a estas alturas de la vida, articulamos como paso cualitativo estratégico para Euskal Herria, asociarnos con la social democracia vasco española, catalana, gallega, burguesía vasca, progresía españolista, alguna sensibilidad independentista y de izquierda (¿)… y el lema de fondo es algo así como “democracia” sí o derecha española no. Esto es, el PSOE, por ejemplo y por ser breves, es un buen compañero de fatigas…

Es evidente que ese movimiento interclasista y abanderado por la burguesía y por la socialdemocracia no puede ni siquiera arañar una pared enemiga por muchas impurezas y avatares que tenga en su composición. Es otro movimiento más que el gran capital y la burguesía española, francesa y vasco-española pueden aceptar pues al fin y al cabo, y en la práctica, nada de ello socava su sistema y estatus-quo.

No hay camino de liberación nacional y social fuera de los intereses actuales y futuros del Pueblo Trabajador Vasco. Jamás la socialdemocracia ni la burguesía vascas (aún menos otras) lucharán sino es por sus intereses.

Convenimos en que la madre del cordero es qué hacer, cómo hacer, con quién hacer y cuándo. Pongámonos manos a la obra y, modestamente, una sugerencia, no juguemos a la lotería pues sólo les toca a cuatro y, con los pies en el suelo, pensemos que entre todos y todas lo haremos. No mañana, pero lo conseguiremos. Por la construcción del Movimiento socialista revolucionario vasco de liberación nacional y social, adelante.

‘Perro ladrador poco mordedor’: hay que preocuparse de los fascistas que muerden más que de los que sólo ladran

Juan Manuel Olarieta
Para que los oportunistas le pongan a alguien la etiqueta de “fascista” tiene que ser uno de esos bocazas típico al que no le gustan las mujeres ni los homosexuales, aunque estos últimos cuando son hombres sobre todo y por el mero hecho de que, en realidad, no son tales sino “afeminados”, es decir, “casi mujeres”.

Por el contrario, cuando un fascista es un poco discreto y disimula, pasa la prueba; entonces sólo es “de derechas”. Así son los oportunistas; toda su doctrina política e ideológica no se sale del recetario de la posmodernidad, ni va más allá del seudoecologismo, el feminismo burgués, la marejada LGTB…

El pragmatismo es la seña de identidad de la política posmoderna. Los políticos se callan la bocaza en función de los sondeos, de las afirmaciones que dan o quitan votos, no en función de que tengan una opinión al respecto. Los demás, los que tienen una opinión propia, son dogmáticos, doctrinarios, como ha repetido Rajoy este fin de semana en una fiesta del PP y no se refería a sí mismo, sino a “la casta”.

Entonces Bolsonaro es un fascista, pero Macron no. En el francés todo es políticamente impecable porque su lenguaje está a la altura de la vara de medir que se utiliza en las grandes metrópolis mundiales. Lo que está ocurriendo con los “chalecos amarillos” no importa nada o, en el caso de que importe, se la califica como una crisis “ecosocial”(*) porque los oportunistas siempre llevan las cuestiones al mismo terreno pantanoso de la posmodernidad.

Sin embargo, la protesta de los “chalecos amarillos” se inicia contra una medida justificada por Macron con propósitos “ecologistas”. El auténtico “verde” es el Presidente francés y quienes protestan no cuidan el medio ambiente o no quieren hacerlo a costa de su bolsillo.

Una movilización que empieza de esa manera tiene un evidente carácter social, a partir del cual Macron ha iniciado una abierta deriva fascista que no tiene nada que ver con la posmodernidad y que, a causa de ello, los oportunistas siguen sin querer destapar por razones que son evidentes.

La primera es que los “chalecos amarillos” han iniciado la movilización más importante en Europa desde hace muchas décadas.

La segunda es que dicha movilización tiene un claro contenido político y social, que es una de las razones por las cuales ha alcanzado una dimensión que los posmodernos nunca fueron capaces de soñar.

La tercera es que, lo mismo que en Catalunya, la represión del movimiento popular no está en manos de ningún partido “ultraderechista” sino del Estado porque el fascismo es algo que concierne fundamentalmente al Estado burgués contemporáneo.

Los oportunistas se callan sobre este aspecto de lo que está ocurriendo en Francia porque intentan ocultar la verdadera naturaleza del Estado con la cortina de humo de la “ultraderecha”. Se trata, pues, de poner de manifiesto lo que el Estado hace, no lo que dicen tales o cuales bocazas fascistas.

Los 4.700 detenidos, las 1.000 condenas a penas de prisión y las 5.600 órdenes de libertad vigilada no las ha dictado ningún “ultraderechista” sino jueces, fiscales y policías, es decir funcionarios del Estado que cumplen leyes y órdenes dictadas desde arriba.

Conclusión: Francia ya tiene un buen puñado de presos políticos. Ayer en Dijon unos 50 “chalecos amarillos” lograron entrar en la cárcel donde algunos cumplen condena para exigir su liberación. Desde el asalto a la Bastilla en 1789, todo movimiento popular empieza siempre de esa manera: por exigir la salida de sus presos políticos.

Desde el inicio de las movilizaciones de los “chalecos amarillos” hay entre 2.000 y 3.000 manifestantes heridos, mutilados y apaleados. Las nuevas armas que lanzan proyectiles de caucho (“flashball”) permiten a la policía disparar a discreción causando lesiones gravísimas. A 4 manifestantes les han arrancado la mano y 14 han perdido un ojo.

De facto Francia ha decretado la ley marcial, ha puesto 80.000 policías en las calles con armamento de guerra, carros blindados, helicópteros y fusiles de asalto HK G36. Los francotiradores de la policía se apostan en los tejados con rifles de mira telescópica para disparar contra la multitud, contra los manifestantes, contra los mirones y contra los periodistas.

Jamás los periodistas habían tenido tantas bajas en sus filas; ni en la peor de las guerras han caído tantos. Los reporteros acuden a cubrir las manifestaciones vestidos al mismo estilo de los antidisturbios: con casco, gafas antigases, la nariz cubierta e incluso algunos de ellos acompañados de guardias de seguridad.

Sin embargo, a pesar de que todos los medios franceses lamentan que sus reporteros hayan sido heridos y apaleados por la policía, de lo único que hablan es de lo mismo de siempre: de la violencia de los “chalecos amarillos”.

Los oportunistas están empeñados en mantener la ficción de un “cuarto poder”, de las cadenas de intoxicación (privadas) como algo distinto del Estado (lo público) y se olvidan de datos como el siguiente: en medio de las movilizaciones de los “chalecos amarillos”, el 27 de noviembre Macron suprimió tres impuestos que pesaban sobre las cadenas de radio y televisión para convertir a los medios en complices de la represión policial.

A un diputado de LREM, el partido de Macron, se le escapó en una entrevista cuando calificó a la cadena BFMTV como “la nuestra”. Todos los medios son “los suyos”.

El moderno Estado burgués está en una guerra abierta con su propia población y se prepara para futuras guerras, siempre con la excusa de la “lucha contra el terrorismo”. Por ejemplo, tras los atentados de 2015, la policía impuso el Protocolo SIVIC que le permite acceder a los informes médicos de los pacientes hospitalizados que, según la ley, deberían ser confidenciales.

Hasta hace muy poco eso sólo era posible en casos de “terrorismo”. Ahora lo están haciendo con los “chalecos amarillos” porque el mantra del “terrorismo” es como todo: primero se justifica “en caliente” para determinados casos excepcionales y luego resulta que los “terroristas” no eran los “lobos solitarios” que creíamos, sino todos nosotros.

“El personal sanitario se está convirtiendo progresivamente en auxiliar de policía”, lamentan los médicos franceses. El moderno Estado burgués es fascista porque funciona exactamente así: todo lo convierte en un auxiliar de la policía, todos se ponen al servicio de la policía.

En un Estado, como Francia, que hace años que mete de cabeza de lleno en el fascismo, es posible escuchar con la mayor naturalidad declaraciones, como las del antiguo ministro Luc Ferry, un catedrático de filosofía de pacotilla, pidiendo a la policía que dispare sus armas de fuego contra quien se está manifestando en la calle. No quiero ni pensar en lo que habría ocurrido si alguien hubiera dicho lo mismo de los “chalecos amarillos”: que hicieran uso de sus armas contra la policía…

La represión de los “chalecos amarillos” está siendo un entrenamiento. Un Estado fascista sabe lo que le espera; es esencialmente preventivo. No sólo reacciona haciendo uso de toda la fuerza de la que se dispone, sino que se prepara para algo mucho peor y no lo oculta.

Va a crear un fichero de “violentos” a los que privará de su derecho constitucional a manifestarse. No es tan difícil de entender que basta con que el listado sea un poco extenso para que nadie pueda protestar en la calle.

Los policias podrán acudir encapuchados a las manifestaciones, pero los manifestantes no. Ni siquiera podrán taparse la nariz para no aspirar los gases lacrimógenos.

Quedan prohibidas las manifestaciones que no se anuncien previamente con la suficiente antelación…

Etcétera.

Si alguien preguntaba por lo que es el fascismo, ahí lo tiene y, como puede ver, no son palabras, ni amenazas, ni proceden de charlatanes “ultraderechistas” sino que son actos de políticos y funcionarios del Estado que cumplen cabalmente con las tareas que tienen encomendadas. “Perro ladrador poco mordedor”. Preocupémonos de quienes, como Macron, ladran poco y muerden mucho.

(*) https://dedona.wordpress.com/2019/01/19/chalecos-amarillos-preambulo-de-una-crisis-ecosocial-global-jose-bautista/

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