La web más censurada en internet

Día: 2 de noviembre de 2018 (página 1 de 1)

El levantamiento de la población de Varsovia contra los nazis en 1944: mentiras, verdades e invenciones

En el otoño de 1944, hace 74 años, se produjo un levantamiento del pueblo de Varsovia contra los ocupantes nazis que fue aplastado por el ejército alemán, que destruyó la ciudad.

Los falsificadores de la historia dicen que el Ejército Rojo, que se encontraba muy cerca de la capital, no apoyó a los insurrectos, lo que hay que interpretar como una forma de complicidad con los nazis. Ya saben: son todos iguales, unos y otros, comunistas y fascistas…

En junio y julio de 1944, cuando las tropas aliadas desembarcaron en las playas de Normandía y trataban de romper la resistencia de las unidades de la Wehrmacht, el Ejército Rojo lanzó y dirigió con éxito una de las mayores operaciones de la Segunda Guerra Mundial: la Operación Bagration para liberar a Bielorrusia y luego comenzar la liberación de Polonia y los Estados bálticos.

La campaña tenía también como objetivo atraer a algunas de las fuerzas alemanas para ayudar a los Aliados en el oeste, un detalle que no se menciona nunca -por cieto- cuando se conmemora el famoso desembarco de Normandía.

Los manuales de táctica militar dicen que tarde o temprano cualquier ofensiva se acaba agontado. A finales de julio, el impulso de las primeras unidades del frente bielorruso que intentaban llegar a Varsovia se había debilitado. El 1 de agosto algunas de ellas, encabezadas por el general Vasily Chuikov, lograron cruzar el Vístula y tomar Magnuszew. Poco más podían hacer, porque desde el comienzo de la Operación Bagration, las tropas habían avanzado más de 600 kilómetros. Los convoyes con municiones, alimentos y combustible habían quedado muy atrás, mientras que la 16 Fuerza Aérea del frente no tuvo tiempo de desplegarse en los aeródromos cercanos, privando de apoyo aéreo a la vanguardia.

El embajador de Estados Unidos en la URSS, William Harriman, así lo reconoció: “El Ejército Rojo hizo recientemente un avance tan rápido que se encontró sin suministros normales. En ese momento, no tenía ni los pontones necesarios ni los medios para construir puentes”.

El mando de la Wehrmacht lo sabía y no tenía la intención de esperar a que los soldados del Ejército Rojo reforzaran la retaguardia y las reservas. Reunió cuatro divisiones de tanques e infantería y contraatacó. En Volomin los nazis vencieron en una gran batalla de tanques.

El 1 de agosto, a las 5 de la tarde, mientras las tropas de Chuikov estaban intentando tomar Magnuszew, la población de Varsovia se levantó. Ni el Kremlin ni el comandante del primer frente bielorruso, Constantin Rokossovski, fueron informados de manera inmediata. Según recordó Rokossovsky: «El 2 de agosto, nuestros servicios de inteligencia recibieron informes de que había comenzado un levantamiento contra los invasores nazis en Varsovia. Esta noticia era muy alarmante. El personal del frente comenzó inmediatamente a recopilar información para saber con precisión el alcance del levantamiento y su carácter. Todo había sucedido de una manera tan inesperada que nos perdimos en conjeturas y nos preguntamos, en primer lugar, si no eran los propios alemanes los que habían difundido estos rumores y, en caso afirmativo, con qué propósito”.

Al margen de cualquier táctica militar, la pooblación de Varsovia se había rebelado en el momento más inoportuno, sin coordinar sus acciones con el Ejército Rojo. ¿Quién impulsó un levantamiento tan temerario?, ¿con qué objetivo?

La insurrección la inició el gobierno polaco en el exilio, que durante toda la guerra había permaneció en Londres en la pasividad más completa. Cuando el Ejército Rojo empezó a liberar Polonia, despertaron de su letargo y presionaron a las unidades que tenían en Varsovia para que tomaran el poder en la capital cuando los alemanes la abandonaran.

Ahora teníain prisa. Debían hacerlo antes de que entrara el Ejército Rojo. No se trataba, pues, de un plan dirigido contra Alemania sino contra los antifascistas polacos. Por eso el Primer Ministro polaco Stanislaw Mikolajczyk mantuvo la sublevación en secreto, de tal manera que no se enteró ni el Ejército Rojo, que poco podía ayudar en tales circunstancias.

Al empujar al pueblo de Varsovia al levantamiento, los exiliados de Londres no les informaron de que los británicos y estadounidenses se habían negado a ayudar activamente a los rebeldes. La población estaba condenada a padecer una carnicería a manos de los nazis.

Sin embargo, el 26 de julio, cuando ya tenía los planes decididos y aprobados, el Primer Ministro Mikolajczyk estaba en Moscú, a pesar de lo cual no informó a Molotov de un levantamiento que empezaría cuatro días después.

La primera vez que Mikolajczyk anunció oficialmente que la capital polaca se había levantado fue el 3 de agosto, durante una reunión con Stalin. Pero es curioso porque no le pidió ayuda. Estaba absolutamente convencido de que la población de Varsovia sería capaz de expulsar a los nazis de la capital y varios ministros, y él personalmente, tenían planes para trasladarse en avión a fin de hacerse cargo de la situación.

Como tantos otros exiliados, Mikolajczyk no tenía ni idea de la situación real en la capital, donde el comandante del Armja Krajowa (AK, Ejército Nacional), el general Tadeusz Bor-Komorowski, dudó hasta el último momento en iniciar la insurrección.

A pesar de que la insurgencia se preparó durante bastante tiempo, los rebeldes lograron reunir muy pocas armas: 60 ametralladoras ligeras, 7 ametralladoras pesadas, 35 lanzagranadas, 1.000 fusiles, 3.000 fusiles de asalto, 1.700 pistolas y 25.000 granadas de mano.

Aún no se sabe si Bor-Komarovsky se creyó las promesas de Mikolajczyk de que, desde el comienzo del levantamiento, los británicos transportarían por vía aérea más unidades del Armja Krajowa y les enviarían armas, municiones y alimentos. A pesar de todo, el 1 de agosto ordenó el levantamiento.

Durante los primeros cuatro días, cuando los insurgentes sólo se enfrentaron a la policía, consiguieron apoderarse de gran parte de la ciudad. Pero la Wehrmacht mantuvo el control de los transportes, los puentes, las estaciones de ferrocarril, las centrales telefónicas, los cuarteles y los principales edificios gubernamentales. Luego retiraron tanques, armas y trenes blindados del frente para llevarlas a Varsovia. Las unidades de seguridad y policía de las SS también acudieron, además de la 29 División de Granaderos de las SS.

La insurrección se prolongó durante 63 largos días y las promesas de los británicos resultaron ser una mentira.

El 9 de agosto, antes de abandonar Moscú, Mikolajczyk dejó de hablar de una salida inminente de alemanes de Varsovia. Fue entonces cuando pidió ayuda a Stalin, asegurando que “los alemanes ya no son lo suficientemente fuertes para echar a los polacos de los barrios de Varsovia que ocupan”. Stalin le respondió que la insurrección del ejército nacionalista había sido algo “poco realista”, porque no tenían armas. Lamentablemente, añadió Stalin, “los alemanes exterminarán a los polacos”.

No obstante, Stalin le prometió ayudar a los insurgentes con armas y municiones, aunque sus objetivos no coincidían con los del gobierno soviético.

A lo largo de la guerra, el gobierno polaco en el exilio no sólo no ayudó a la URSS sino que obstaculizó sus acciones con golpes bajos.

En 1942, en medio de la batalla de Stalingrado, enviaron unidades del Armja Krajowa al mando del general Wladyslaw Anders, que se había formado en la Academia del Ejército Rojo, a luchar a Irán.

En 1943 apoyaron la provocación de Goebbels en Katyn y condenaron a muerte en ausencia al general Zygmunt Berling por deserción, bajo cuyo mando había luchado el 1 Cuerpo de Ejército del Armja Krajowa.

Cuando Stalin le preguntó a Mikolajczyk si había algún lugar en la ciudad donde se pudieran tirar las armas, el polaco no pudo responder. Sin embargo, Stalin mantuvo su promesa. Si los británicos dejaban caer su carga desde una gran altitud, con nulos resultados para los insurgentes, “nuestros aviones son capaces de operar a alturas extremadamente bajas”, añadió el dirigente soviético.

La eficacia de la ayuda soviética fue mucho mayor que la británica, lo que fue reconocido tanto por los alemanes como por los polacos. El 15 de septiembre, en su telegrama al mariscal Rokossovski, el polaco Bor-Komorowski, le dio las gracias por “la cobertura aérea, las armas, municiones y alimentos”. Sólo del 13 de septiembre al 1 de octubre los soviéticos lanzaron 156 proyectiles de mortero, 505 fusiles antitanque, 2.667 ametralladoras y rifles, 41.780 granadas, 3 millones de cartuchos, 131.221 kilos de alimentos y 500 kilos de medicamentos.

A finales de agosto, las tropas soviéticas, que entretanto habían recibido refuerzos, lanzaron una ofensiva. El 14 de septiembre, desde la otra orilla del río Vístula, los soldados del Ejercito Rojo podían saludar a los insurrectos que mantenían liberados muchos barrios de la parte oriental de Varsovia.

Sin embargo, los nazis habían volado todos los puentes sobre el río y los insurgentes no habían sido capaces de impedirlo. En la mañana del 15 de septiembre, Berling recibió la orden de intentar cruzar el Vístula. Las unidades del 1 Cuerpo de Ejército lo habían estado preparando durante muco tiempo, pero sólo lo iniciaron al día siguiente al amanecer. La Wehrmacht lanzó bombardeos masivos, impidiéndoles transportar tanques y armas de fuego a la otra orilla.

Los intentos fracasados de establecer una cabeza de puente demostraron que los insurgentes no controlaban aquella orilla. Después de una semana de combates, los alemanes lograron retrasar el desembarco en la orilla occidental. Las unidades polacas tuvieron 3.764 bajas, entre muertos y heridos.

El 27 de septiembre los alemanes pasaron al contrataque con una ofensiva contra las zonas controladas por los insurgentes. Bor-Komorowski no cruzó el Vístula y firmó un acuerdo de rendición el 2 de octubre con el comandante de las tropas alemanas en Varsovia. Según estimaciones del historiador polaco Ryszard Nazarevich, que participó en el levantamiento, se rindieron más de 17.000 insurtentes. Los nazis asesinaron a todos los civiles que aún permanecían en la ciudad, enviando a 87.250 personas a realizar trabajos forzados en Alemania y a 68.707 a campos de concentración. Una gran parte de Varsovia fue destruida.

En una nota interna, el cuartel general del Armja Krajowa reconocía: “La razón del fracaso de la Batalla de Varsovia radica en el fracaso general de la ofensiva soviética en el Vístula debido al traslado de nuevas divisiones alemanas a la zona a finales de junio y principios de agosto“.

Afirmar que las tropas soviéticas se desentendieron de la insurrección en Varsovia, es un fraude histórico, otro más.

https://arctus.livejournal.com/237934.html

¿Mantendrá Bolsonaro a Brasil dentro del grupo de países Brics?

Con la elección de Bolsonaro en Brasil hay que ver lo que ocurre con los Brics, la alianza de Brasil con Rusia, India, China y Sudáfrica.

Si Bolsonaro fuera como Trump trataría de dejar a China fuera de juego. Al menos así lo había prometido, pero ya conocen la diferencia entre una campaña electoral y lo que se aprueba en los consejos de ministros.

La economía está por encima de todo, como no podía ser de otra manera. Por eso las últimas declaraciones de Bolsonaro, que datan de ayer, van en dirección contraria: para él la cooperación con China es ahora “prioritaria”. Faltaba más.

El Brics es cosa de China, cuyo PIB constituye el 45 por ciento del PIB total del grupo. En 2014 la cumbre de Fortaleza, en Brasil, creó sus propias instituciones financieras: el banco y fondo de reserva de Shangai como alternativa al FMI.

En las reuniones del grupo, China rechaza las solicitudes de los países miembros relativas a la cotización del yuan, lo mismo que las solicitudes de ingreso de países candidatos como México, Argentina, Indonesia y Corea del sur.

La llegada de Bolsonaro coincide con un plan chino para poner a África en donde nunca ha estado: en el primer plano de los intereses del grupo Brics. En Benin, por ejemplo, esperaban impacientes la llegada de los Brics porque tenían importantes proyectos aprobados en el sector aéreo, sanitario y transportes.

Pero en África no sólo es la financiación. En pocos lugares del mundo hay menos cabida para el fascismo y el racismo que en el Continente Negro, donde la elección del capitán brasileño no ha gustado nada.

Ayer el presidente sudafricano, Cyril Ramaphosa, advirtió de que si Bolsonaro se aleja de los Brics y de su defensa irrevocable del multilateralismo, irá en detrimento de los intereses de Brasil.

La ‘ultraderecha’ en Catalunya: cuando hay un perro sujeto con una correa es que hay un amo que lo guía

En pleno “auge de la ultraderecha” no podía faltar, como es lógico, una referencia a Catalunya y al referéndum del año pasado, que ha despertado todos los fantasmas del 18 de julio que se creían adormecidos.

Con el referéndum los mequetrefes habituales han querido llevar agua a su molino para decir que el fascismo no existía y que la culpa de que haya resucitado es de los independentistas catalanes, o que ahora hay más fascistas que nunca por culpa de ellos, o cosas parecidas.

Ese tipo de vulgaridades tienen relación con eso que ahora se llama “visibilidad”, e incluso “viralidad”: si meto la cabeza debajo del ala y no quiero ver nada, no hay fascismo. Sin embargo, cuando me ponen la bandera fascista en los balcones, ya no puedo disimular y paso a quejarme… del vecino que la pone.

Según dicen los mequetrefes, el fascismo es como un “guadiana” que aparece y desaparece porque, de repente, alguien lo hace visible y obliga a los antifascistas a mirar las cosas de frente. Nadie se pregunta si un fenómeno así es posible que aparezca y desaparezca, ni quién lo hace hace de manera intermitente, ni con qué objetivo.

Lo que más “visibiliza” al fascismo son toda esa camada de grupúsculos y matones que salen a la calle para intimidar y pasear la bandera fascista en los peores momento de crisis, como ha ocurrido en Catalunya.

Pero aunque el fascismo necesita a esos matones, no se reduce a ellos. Si vemos a un perro por la calle atado con un correa colgando del pescuezo, tenemos que suponer que el amo no andará lejos. Pues bien, no tiene sentido hablar de los perros sin el amo que los guía y eso es lo que ocurre con el fascismo la mayor parte de las veces.

Es el caso del reciente artículo de Laura Aznar y Jordi Borràs en “El Critic” (*) que reúne todos los ingredientes de quien no entiende absolutamente nada del fascismo, hasta el punto de que tal expresión sólo aparece tres veces: dos son para adjetivar agresiones violentas y la otra para etiquetar a viejos fascistas, como Josep Alsina, que proceden de viejas organizaciones y que ahora están como pez en el agua en “la ultraderecha”.

Lo mismo ocurre con la palabraz “nazi” que sólo aparece dos veces, una para aludir al arraigo de los viejos dinosaurios del fascismo catalán, como el tal Alsina, y el otro con referencia a la simbología.

En un artículo largo en el que se repasa la sopa de siglas de “la ultraderecha”, hasta los grupos más insignificantes, vemos muchos perros con muchos collares, pero nunca vemos al amo, por lo que da la impresión de que, más que perros, son lobos que se mueven por sí mismos en manada.

Por ejemplo, en alusión al caso de Alsina, los autores le describen como un “intelectual con peso teórico” lo cual es extraño tratándose de un nazi, donde ese tipo de cualidades escasean tanto. También describen su dilatada trayectoria como militante de la cloaca nazi, en grupos como el Partido Español Nacional Socialista (PENS) o Fuerza Nueva.

Este tipo de referencias son significativas porque demuestran el verdadero carácter del fascismo y de todos esos grupúsculos, que han ido cambiando de chaqueta según las necesidades del momento.

Así, lo significativo del PENS es que fue la primera organización explícitamente nazi, ya que en este país, por influencia católica, los fascistas siempre se decantaron por vincularse con sus colegas italianos o por mantener una identidad propia. Hasta finales del los años sesenta, cuando surge el PENS, nunca hubo nazis autóctonos organizados como tales.

Pero puestos a refrescar la memoria, para completar su prolija exposición, los autores hubieran debido añadir que el PENS lo creó y lo mantuvo el servicio secreto franquista de Carrero Blanco, como acabaron confesando los propios dirigentes de aquel tinglado.

Es más de lo mismo, lo típico y lo de siempre desde hace un siglo: cuando vean a un perro con una correa colgando del pescuezo, deben dirigir la mirada hacia el otro extremo, donde verán al amo que lo dirige.

En el caso del Catalunya (y fuera de ella), quien dirige la manada de perros fascistas que ha salido a la calle, desde los inofensivos caniches hasta los feroces doberman, son los aparatos del Estado fascista y centralista, incluida la prensa, hasta tal punto que no se puede hablar de los unos (los perros) sin los otros (los amos que los controlan con la correa).

(*) http://www.elcritic.cat/reportatges/la-mutacion-de-la-extrema-derecha-para-luchar-contra-el-independentismo-26009

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies