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Día: 22 de octubre de 2018 (página 1 de 1)

La explotación de los trabajadores conduce hasta la muerte

El miércoles de la semana pasada un trabajador de una empresa de Quintanar de la Orden, en Toledo, murió aplastado por una máquina.

La empresa, llamada Quintaplast, se dedica a la fabricación de moldes de plástico y envases para la alimentación.

Una hermana del trabajador también murió hace unos años en otro “accidente” laboral, esta vez en una explotación agraria del pueblo.

El fallecido, de 35 años de edad, se llamaba Andrés y deja viuda y dos niños. La viuda, Daniela, ha publicado un desgarrador relato en las redes sociales. Dice que trabajó durante un año en la misma empresa en la que murió su compañero.

Pide a los trabajadores de la empresa que denuncien sus condiciones de trabajo. No quiere que “se queden callados”. Quiere que cuenten en qué condiciones tienen que trabajar.

Se pregunta también por la Inspección de Trabajo y si acudirá a la empresa cuando ya hayan puesto medidas de seguridad.

“Quiero que todo el mundo tenga claro que el padre de mis hijos no era solo mecánico de coches, el arreglaba cualquier tipo de máquina. Se que lo conoce todo el pueblo y la gente sabe que era una persona muy inteligente, trabajadora, apañada que no se le resistía ninguna máquina que tocaba”.

El 26 de julio falleció otro trabajador de 45 años en Toledo en un accidente laboral al precipitarse desde un tercer piso de un edificio en construcción en el barrio de Santa María de Benquerencia de la capital.

El mismo día otro trabajador de 49 años falleció también al precipitarse a un bidón de esmalte en una fábrica de cerámicas de Alameda de la Sagra, también en Toledo.

El 8 de octubre el consejero de economía de la Junta Autonómica convocó una rueda de prensa para asegurar que el número de “accidentes” laborales había descendido…

Malos modales

Darío Herchhoren

Son los que tienen los muchachos de los servicios secretos saudíes. Son algo rudos y se ponen nerviosos y en esas circunstancias se les va la mano (y la sierra) y cortan en pedazos a un compatriota dentro de un consulado.

Esto es al parecer lo que le ha pasado al periodista Kassoggi que entró al consulado saudí en Estambul y salió desmermbrado en varias maletas con destino a Riad con el objeto de probar ante el principe Bin Salman un trabajo bien hecho.

Hay que aclarar algunas cosas, ya que la información que vamos sabiendo es cada vez más complicada, y pone más de manifiesto esos malos modales.

Al parecer Kassoggi era sobrino del famoso traficante de armas Adnan Kassoggi que vivía en Marbella y que falleció en 2017. Este individuo fue el organizador del famoso affaire Irán Contra por encargo del otrora candidato a la presidencia de los USA Ronald Reagan.

Pero el sobrino no le iba en zaga. Era amigo personal de Ben Laden y hay fotografías que lo muestran en Afghanistán armado con una metralleta y actuando en combate junto a su compinche.

Es decir que era un hombre al servicio del imperio USA. En el momento de su muerte trabajaba como periodista del Washington Post, que está controlado por la CIA.

Pero todo este escandaloso asunto hay que enmarcarlo en la lucha que el imperio libra contra el presidente turco Erdogan que ha sido víctima de un intento de gole de estado fracasado urdido por la CIA, que fue advertido por el servicio de seguridad de Rusia y que le salvó la vida a Erdogan.

Erdogan ante ese hecho desató una inmensa purga que acabó con la carrera de miles de funcionarios, jueces, catedráticos y periodistas en Turquía y con la supresión de varios diarios turcos opuestos a él.

En Turquía permanece preso un ciudadano USA acusado de espionaje, al parecer que como represalia por la protección del imperio a Fetulah Gulen, un jerarca religioso turco cercano a los Hermanos Musulmanes, que son amigos de los USA.

A raíz de todo esto, el gobierno turco no le permite a los USA usar la base militar de Incirlik, muy cerca de la frontera con Siria y lugar de salida de aviones USA para atacar a Siria. Todo esto ha llevado a Turquía a echarse en brazos de Rusia que es el gran ganador en este complicado rompecabezas.

A su vez, sabiendo la relación especial que los saudíes mantienen con Trump, los servicios de seguridad turcos han introducido micrófonos y cámaras ocultas en el consulado saudí e Estambul que han grabado y filmado las escalofriantes escenas de la muerte de Kassoggi, y las darán a publicidad el martes 23 de octubre.

Esto ha hecho que el gobierno saudí haya tenido que dar explicaciones. Abstrusas explicaciones, que cada vez complican más a ese gobierno en este oscuro crimen de estado. Todo apunta al príncipe Mohamed Bin Salman y ha levantado una verdadera ola de indignación y tanto que personajes como Javier Solana ex secretario general de la OTAN ha dicho que Arabia debe acabar con la agresión a Yemen (ya era hora), y que Alemania deje de vender armas a ese país.

Evidentemente hay un trasfondo geopolítico detrás de todo esto, y es la inquina que siente el imperio contra Irán, y a que Arabia Saudí es el vicario de una polítia agresiva contra la nación persa. Es posible que estemos asistiendo a un cambio de gobierno en Arabia. Ya Trump, hace muy pocos días lo dijo. Si quitamos nuestro apoyo a la monarquía saudí, duraría quince días. Y lo dijo en esos términos siempre tan diplomáticos y tan propios de Trump.

Llama la atención el costado mafioso que tiene todo esto. La muerte y el desmembramiento del periodista, y luego las condolencias de la familia real saudí para con el hijo del muerto, el accidente y muerte de uno de los carniceros y las promesas de castigo a aquellos «que actuaron por su cuenta». Todo ello huele a crimen mafioso. En fin, veremos cosas raras en los próximos días.

El fascismo se nutre del miedo a ‘la ultraderecha’ precisamente

Valencia, 1981: los tanques en la calle
Volvemos una y otra vez con variaciones sobre el mismo tema, frente a quienes pretenden inculcarnos que “la ultraderecha” son esos (y sólo esos) partidos xenófobos y matones callejeros. No; alguien tiene que ponerles en el centro del escenario para que los espectadores les voten.

Se llama prensa, medios de comunicación, cadenas de radio y televisión, internet, redes sociales y tertulianos, a su vez dirigidos por empresas de imagen, publicidad y relaciones públicas, es decir, por capitalistas que invierten su dinero en negocios rentables.

Donde hay un fascista hay también una capitalista y un “experto” en comunicación que fabrica una marca política como quien fabrica una marca comercial. Luego el votante va a las urnas como el consumidor al súper del barrio.

En el mundo moderno, pero muy especialmente en el periodismo, no importa la calidad sino la cantidad; no importa que hablen mal de “la ultraderecha”. Lo importante es que hablen, aunque sea de algo insignificante como Vox, de quienes nadie se acordará dentro de muy poco tiempo.

Uno de los aspectos más importantes de la intoxicación informativa son las maniobras de distracción, llevar la atención hacia los aspectos anecdóticos de la realidad. En un escenario abrumado por la cantidad, es algo muy sencillo.

La intoxicación es como el dios bíblico, capaz de crear a partir de la nada. ¿Cómo se convierte la nada en “algo”? También es bastante sencillo: “la ultraderecha” es un peligro, luego ya es “algo”.

En España hemos conocido experiencias de ese tipo, de la mano de Carrillo y el PCE que inmediatamente después de la transición ocultaron su pacto con UCD, el partido de gobierno, con una alarma fraudulenta hacia lo que entonces era AP, Alianza Popular, calificada de “franquista”.

Para ocultar la realidad presente no hay nada mejor que inventar un peligro futuro. La falta de memoria histórica consigue lo demás. Reconvertidos en PP, aquellos “franquistas” de los que nos hablaba el PCE no gobernaron hasta 20 años después, pero entonces nadie se acordó de que eran “franquistas”, es decir, que ya no eran un peligro sino una realidad.

Por eso tuvieron que inventar otros peligros y otros franquistas y neofranquistas que hacen buenos a los anteriores porque el miedo, esos grandes peligros que nos acechan, guardan la viña. Es mejor no despertar al monstruo franquista; quedémonos como estamos.

El miedo al franquismo es la historia misma de la transición. Para sacar a aquella generación de la calle hubo que inventar toda clase de peligros, riesgos y miedos, como el “ruido de sables”, es decir, la amenaza permanente de un golpe de Estado militar. “¿No os gusta esta Constitución?, ¿no os gustan los Pactos de la Moncloa?, ¿no os gusta UCD?” Entonces recurrían al 23-F, a Tejero, y a lo que calificaban como “búnker”.

Era mentira; nunca hubo una cosa (transición) o la otra (franquismo). Era todo parte de lo mismo. De ahí que el golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 haya sido justamente calificado como un “autogolpe”. En la transición todo se lo guisaron y se lo comieron entre los mismos: los franquistas.

Igual que la transición, el “autogolpe” cumplió su papel: no sólo no desestabilizó sino que ayudó a consolidar el fraude político, mientras la “oposición domesticada” enterraba la cabeza bajo tierra de manera definitiva.

Este fin de semana los fascistas convocaron un acto para honrar la
memoria del coronel Yagüe, el asesino en masa de Badajoz, para lo cual
no se aferran a la imagen de Franco, ni a la Hitler sino a la del rey Felipe VI.

Indian Horse: la mala conciencia, la falsa conciencia, la falta de conciencia

“Indian Horse” es una película rodada el año pasado por el director canadiense Stephen S. Campanelli, que durante 20 años fue el operador de cámara de Eastwood, a quien convenció para poner la pasta.

El guión se basa en una novela del también canadiense Richard Wagamese que ha tenido un enorme éxito y ha levantado una enorme polvareda, lo que es muy frecuente cuando un país no conoce su historia porque ha vivido siempre mirando hacia otro lado.

“¿Qué?, ¿Los canadienses hicieron esto?”, preguntó Eastwood cuando leyó el guión. “¿Cómo es que nadie lo sabe?”, repitió el conocido cineasta estadounidense.

A muchos la terapia cinéfila les recordará -muy vagamente- a “Bailando con lobos” y unos pocos pasarán por encima porque son cosas sobre las que ya escribieron Fray Bartolomé de las Casas o el inolvidable Mariátegui.

Colonialismo, religión, exterminio… Volver a replantear otra vez algo de lo que ya se habló cuando los fastos del V Centenario no es un mero recordatorio sino un replanteamiento por partida doble.

Los colonialistas lo hicieron conscientemente y por eso pusieron a los curas y monjas al frente de una tarea que era la de la cruz tanto como la de la espada. La primera te convence y la segunda te mata cuando falla la primera.

Pero de la conciencia pasaron a la inconsciencia y de ahí, poco a poco, a la mala conciencia, al arrepentimiento y a solicitar el perdón por sus numerosos crímenes, que es el punto de partida para la “reconciliación nacional” entre los verdugos y sus víctimas.

Luego podríamos discutir cómo la evolución de la conciencia colonialista ha infectado a los colonizados en forma de indigenismo para difuminar la conciencia de clase. El colonizado tampoco sabe quién es realmente; tampoco sabe qué es porque, como en caso de los bebés robados en España, le han quitado tanto que nunca ha visto su verdadero álbum familiar de fotos.

Algunos llaman a eso “identidad”, que es tanto como decir que A = A, o sea, lógica formal. Los otros lo desprecian por “identitarios”, como si se pudiera ir por el mundo sin tener carnet “de identidad”.

En América y en el Tercer Mundo hizo falta alguien como Mariátegui, a medio camino entre el vasco colonizador y el indio colonizado, para reconstruir las biografías de los autóctonos como campesinos sometidos, expoliados y exterminados.

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