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Día: 21 de octubre de 2018 (página 1 de 1)

El culebrón interno dentro de la Iglesia Ortodoxa llega a Turquía

Como decíamos ayer, al Patriarcado de la Iglesia Ortodoxa de Constantinopla se le ha ocurrido entrar en el juego que Estados Unidos se trae en Ucrania.

Tras orquestar en 2014 el golpe de Estado en Ucrania, el embajador Pyatt fue enviado a Grecia, lo cual merece una explicación sucinta: desde 1923 Turquía sólo reconoce a la Iglesia Ortodoxa no canónica, mientras que el Patriarcado de Constantinopla está principalmente vinculado a Grecia. Hay unos 9.000 fieles ortodoxos en Turquía frente a más de 3 millones en Grecia.

En otras palabras: es la religión la que sirve a la política, y no al revés. Por lo tanto, las batallas políticas multiplican las batallas teológicas dentro de la Iglesia Ortodoxa, lo mismo en Ucrania, que en Rusia, que en Turquía, que en Grecia.

El Patriarca de Constantinopla tiene poco, pues, de Constantinopla; ni siquiera de Estambul. El gobierno turco nunca ha podido admitir que 9.000 fieles ortodoxos dependan de una autoridad religiosa extranjera que, además, usurpa el nombre de Constantinopla. En consecuencia, el Estado crear su propia autoridad religiosa.

Cuando hace unos días el referido Patriarcado de Constantinopla toma partido a favor de Ucrania, la autoridad ortodoxa turca aprovecha para marcar distancias y ponerse en un primer plano con una ocurrencia feliz: presenta una demanda ante los tribunales contra el Patriarcado de Constantinopla.

De acuerdo con el Tratado de Lausana de 1923 y la legislación turca, el Patriarcado de Constantinopla no tiene poder para enviar exarcas al extranjero, ni para reconocer una Iglesia autocéfala, como la ucraniana, cuyo título es honorífico, no pudiendo prestar servicios religiosos a los griegos que viven en Turquía.

En términos políticos: el Patriarca de Constantinopla se puede convertir en un exiliado dentro de Constantinopla (Estambul), si es que le permiten quedarse en el país.

Ahora, si levantamos el telón un poco más lo que vemos es la larga mano de Rusia, que ya avisó de que utilizaría sus buenas relaciones diplomáticas con Turquía para atacar al Patriarcado, al que sólo le queda el apoyo de la OTAN, Estados Unidos y Grecia.

Es un tema apasionante para los historiadores: volvemos a los siglos XVI y XVII.

Empresas informáticas creadas y subcontratadas por la CIA: el Caso Palantir

Hace tiempo que las políticas económicas de privatización de servicios públicos llegaron a los ejércitos y al espionaje. La información se compra y se vende y, como toda mercancía, puede ser buena o mala, veraz o fraudulenta.

La CIA es una central adelantada a la subcontratación de todo tipo de tareas de espionaje, para lo cual no se ha limitado acudir al mercado, como cualquier otro cliente o consumidor. No; ha creado las empresas suministradoras, lo que tiene tres explicaciones.

La primera es que al repartir una información entre varios clientes, el precio sale más barato. Las segunda es que la información depende cada vez más del desarrollo de las fuerzas productivas y de la tecnología. Sabe más quien tiene más medios. La tercera es que la información procede cada vez más de lo que los espías califican como “fuentes abiertas”, es decir, información que está a disposición de cualquiera.

Las tres razones conducen de cabeza a internet y a lo que rodea a internet, como las gigantescas bases de datos (“big data”) que se manejan hoy.

Por eso las empresas que se ofrecen para ese tipo de servicios, no son lo que parece. No son ajenas a la CIA sino que son la CIA misma porque, además, al trabajar para varios clientes capturan mucha más información.

En España pronto todo el mundo empezará a hablar de Palantir, una de esas empresas filiales de la CIA, dirigida por Peter Thiel, consejero informático del gobierno de Trump.

Para que se hagan una idea, Thiel fue uno de los primeros inversores de Facebook, uno de los fundadores de PayPal, estuvo en la creación de YouTube, la red LinkedIn, la aplicación Yelp… Cuando se analizan los “grandes éxitos” de internet (“start ups”), lo que aparece es que casi todos ellos fueron creados por las mismas personas, un grupo muy selecto de personajes, como Peter Thiel, todos ellos muy estrechamente relacionados entre sí.

El nombre elegido para la empresa no es ninguna casualidad. Procede de las novelas de J.R.R. Tolkien, autor de “El señor de los anillos”, entre otras, donde la palabra “palantir” no es más que el panóptico de Bentham: “el ojo que todo lo ve”, la bola de cristal que permite predecir el futuro, la vieja la piedra filosofal.

Thiel creó Palantir con dinero de In-Q-Tel, es decir, de la CIA y hay que recordar algo importante: en abril Estados Unidos aprobó la Ley Nube (Clarifying Lawful Overseas Use of Data Act) que obliga a las empresas estadounidenses a informar al gobierno, incluso aunque hayan obtenido la información fuera del país.

Palantir trabaja con grandes monopolios, bancos, aseguradoras y multinacionales, lo mismo que con instituciones públicas, dentro y fuera de Estados Unidos, del tipo de la agencia tributaria, los juzgados o la seguridad social. Trabaja con la policía Nueva Orleans y Los Angeles en los programas de policía predictiva, de los que ya hemos hablado. Tampoco hay que olvidar a tinglados tan sospechosos, como el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación que destapó los Papeles de Panamá (de los que ya nadie se acuerda).

Prologado por el mafioso de Zuckerberg, Thiel escribió un libro en 2015, traducido al castellano (*), que se titula del “Del cero al uno” para dar la impresión de que trata sobre lógica binaria. Lo realmente bueno es el subtítulo, “Cómo inventar el futuro” porque la CIA, y otros organismos parecidos, no sólo tienen la pretensión de conocer el futuro sino de diseñarlo (a su imagen y semejanza). Quieren que en el futuro seamos como ellos quieren.

Es como uno de esos libros de autoayuda tan anglosajones que te enseñan a triunfar en la vida, lo cual consiste en ser un emprendedor, crear una empresa exitosa que rente muchos beneficios. Para ello no tienes más que seguir el manual de instrucciones de Thiel, aunque no te dice nada de asociarte con la CIA. ¿Por que será?

(*) Los más morbosos lo pueden descargar desde este enlace: https://mega.nz/#!S08CWbTT!BDkOcB1X9Cho0u6afnDpuPIUqcmyEc6_GsQg_m2757M

Mueren 11 espías extranjeros al explotar un arsenal de armas químicas que tenían los yihadistas en Siria

La explosión ayer de un taller de fabricación de explosivos y armas químicas en Idlib causó la muerte de 11 yihadistas británicos, chechenos y turcos, miembros de las centrales de inteligencias extranjeras que dirigen la guerra contra Siria.

El arsenal estaba situado en el distrito de Turmanin, en la ZONA norte de Idlib, a sólo 15 kilómetros de la frontera turca y contenía grandes cantidades de explosivos, fertilizantes y barriles de cloro líquido.

Los muertos son 9 espías extranjeros y 2 miembros de los Cascos Blancos, aunque el número podría aumentar porque han aparecido calcinados varios restos humanos.

Una parte del arsenal albergaba un laboratorio de producción de explosivos y productos químicos y los extranjeros que lo supervisaban se encontraban dentro en el momento de la violenta explosión.

En colaboración con los Cascos Blancos, Tahrir Al-Sham (Al-Qaeda, Frente Al-Nosra) transportó sustancias desde este arsenal a lugares desconocidos y el 14 de octubre anunció en un comunicado su oposición al acuerdo sobre el establecimiento de una zona desmilitarizada en Idlib, firmado por los turcos y los rusos en Sochi.

Desde 2013 las grandes cadenas de intoxicación acusan al gobierno de Damasco de fabricar y lanzar armas químicas como pretexto para posteriores ataques, pero las evidencias siguen poniendo de manifesto de dónde procede dicho armamento.

A pesar de las pruebas de los crímenes de guerra cometidos por los Cascos Blancos que operan en Siria, tanto ellos como sus familiares serán recibidos como héroes en Gran Bretaña.

En Canadá Jacques Trudeau también ha concedido asilo político a muchos miembros de los Cascos Blancos, rindiéndoles homenaje público.

Los Cascos Blancos son una organización creada por el MI6 para la campaña de intoxicación propagandística contra el gobierno de Bashar Al-Assad.

El capitán Bolsonaro.com.br no dispara balas porque sus armas son virtuales (al menos de momento)

“Bolsonaro representa a la clase media, herida y abandonada por la izquierda”, dice Paulo Guedes, un economista que es el brazo derecho del candidato nazi brasileño, pero que estudió en Chicago (dicho sea de paso). “Bolsonaro es una creación de la clase media”, repite el uruguayo Raúl Zibechi en La Haine (*).

Así les luce el pelo a algunos: si la “izquierda alternativa” y “seudoprogre” está diciendo lo mismo que el fascismo y la famosa “Escuela de Chicago”, es que algo va rematadamente mal (en esa “izquierda”, naturalmente).

En fin, el auge del fascismo no puede extrañar a nadie porque había dejado de existir, y cuando “reaparece” ya nadie se acuerda de lo que fue, lo que es y lo que seguirá siendo en el futuro, lo llamen como lo llamen.

Parece increíble, pero es así: el esperpento Bolsonaro, como el de Vox, está delante de las narices y los sesudos analistas, incluidos los “alternativos”, no lo ven, o no lo quieren ver. Por lo menos ocultan datos fundamentales ampliamente conocidos, como que en Brasil ha habido un “golpe de Estado dulce” que ha destituido a Dilma Rouseff y ha llevado a Lula a la cárcel.

En 2016, durante la campaña para la destitución de Rouseff, en las pancartas de la reacción se podía leer una consigna que no necesita traducción: “Intervençao militar jà”. Una vez que eso ocurrió, ¿qué esperaban los “alternativos”?, ¿qué otra cosa que un capitán como Bolsonoro podían esperar? Desde luego que Lula y Rouseff se cayeron por su propio peso (por su propia falta de peso) y, en todo caso, quien les dio la patada en el culo no fue “la clase media” sino las fuerzas que verdaderamente detentan el poder en Brasil desde hace décadas que, por cierto, son las mismas que dieron el golpe de Estado en 1964, a saber, una oligarquía estrechamente ligada al imperialismo, por decirlo de la manera más sintética posible.

Esa es la fuente del verdadero poder político que con tanta facilidad ha podido desembarazarse en Brasil de los millones de votos del lulismo, “la izquierda” y el reformismo ramplón, a pesar de que el propio Bolsonaro se lo advirtió desde el principio: “vamos a acabar con el activismo en Brasil”, repitieron una y otra vez. Lo advirtieron porque “el capitán Bolsonaro” y sus matones sabían que esa tarea era muy sencilla.

¿En qué estaban pensado esos “activistas” cuando Bolsonaro dijo en televisión que los del Movimiento Sin Tierra eran terroristas?, ¿creyeron que era una broma?, ¿cómo reaccionaron?

Fuera de Brasil Bolsonaro es un absoluto desconocido, pero en el interior le conocen (o mejor dicho, deberían conocerle) desde hace 30 años, lo mismo que a su vicepresidente “in pectore”, otro militar, el general Hamilton Mourao: “Yo soy capitán, él es general, pero el futuro Presidente de Brasil seré yo”, vociferaba Bolsonaro.

Al nazi brasileño los “progres” le podrán reprochar muchas cosas, excepto la de no haber sido claro, porque siempre ha confesado su admiración por los golpistas de 1964, de los que se considera un continuador. A mayor abundancia: a diferencia de Argentina, Chile o Uruguay, en Brasil (como en España) nadie exigió nunca responsabilidades criminales a los matarifes golpistas que ensangrentaron el país durante 20 años, por lo que debemos volver a la catarata de preguntas que tenemos hacia “la izquierda”: ¿en qué han estado pensando todo este tiempo?

Mucho mejor un blog que un mitin

A diferencia de 1964, hoy hay que hablar de Bolsonaro.com.br más que del propio Bolsonaro porque las empresas de publicidad de Estados Unidos fabrican así, a medida, a los “nuevos” políticos de siglo XXI en sus cursillos de “liderazgo”. Cuando se necesita un buen candidato (fascista) no hay que empezar por las reuniones o el programa electoral sino por el blog, la página web, YouTube, Facebook, Instagram, Twitter, WhatsApp…

Algunos posmodernos tienen el desparpajo de llamar a esto “democracia directa”. El caso es que en el fascismo 2.0 ya no hay militantes sino seguidores. Por lo tanto, tampoco hay partidos políticos y los electores no votan un programa electoral sino una página web, y Bolsonaro tiene la suya, aunque los “progres” no lean esas cosas.

Bolsonaro.com.br es un fascismo 2.0 con todos los “adelantos” de las últimas tecnologías de la galaxia virtual, como los bots. Para ser un fenómeno en la política fascista tienes que pasar por ser un fenómeno digital, muy visible, “trending topic”. Contacto directo con tus seguidores y fans. Un cuarto de hora de chat en WhatsApp es más importante que un mitin y no hay que desplazarse a ningún sitio; basta con estar sentado en el sofá de casa con el móvil en la mano.

Claro que los aficionados a las redes sociales no saben que al otro lado del móvil lo que hay son expertos y empresas publicitarias capaces de enviar y reproducir millones de mensajes en Facebook, Twitter, Instagram, WhatsApp, correo electrónico, SMS…

Bolsonaro ha seguido cursillos para chatear en las redes y, por cierto, su consejera de imagen, Olga Curado, es la misma que dirigió la promoción de Lula y Ruseff. Por si no lo sabían: en la política del siglo XXI la “imagen” es neutra; vale lo mismo para los fascistas que para “la izquierda”. Es así como se luce esa “izquierda”.

El Frente Parlamentario Evangélico

Pero, como es natural, el apoyo más importante de Bolsonaro está en el imperialismo, que en este caso actúa con la cobertura de las sectas protestantes, que no sólo predican los domingos por la mañana desde el púlpito sino que disponen de cadenas de televisión, como TV Record, propiedad del capitalista Edi Macedo Bezerra. Es el “Frente Parlamentario Evangélico” de las tres BBB (Biblia, buey y bala) que nutre de ideología reaccionaria a Bolsonaro, un protestante converso y un fugitivo en el santuario mismo de la Teología de la Liberación católica.

Volvemos así al punto de partida: la destitución de Rouseff en 2016 estuvo promovida formalmente por la abogada Janaina Paschoal, del PSL, el partido de Bolsonaro, y la bancada de diputados evangelistas, por cierto, corrompida hasta el tuétano por mil escándalos, aunque como todos los corruptos, son los que más ladran contra la corrupción.

Como en España pervive el fascismo, en Brasil lo que pervive de forma aún más patente, es el golpismo militar, del que nunca se depuró, ni siquiera bajo los gobiernos de Lula y Rouseff. Cuando quienes les destituyeron gritaban por la calle “Intervençao militar jà” y “Vamos a acabar con el activismo”, tenían muy claro tanto lo que no querían como lo que sí querían. Son los demás los que necesitan aclararase.

(*) https://www.lahaine.org/mundo.php/bolsonaro-es-una-creacion-de

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