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Día: 17 de octubre de 2018 (página 1 de 1)

El Proyecto Jedi del Pentágono: las guerras imperialistas 2.0 no se acabarán nunca

El Pentágono está invirtiendo grandes sumas de dinero en tecnologías que intensificarán las guerras posteriores al 11-S, según el periódico The Guardian. “Al adoptar las últimas herramientas que ofrece la industria de la tecnología, el ejército de Estados Unidos está creando una forma más automatizada de guerra, una forma que aumentará enormemente su capacidad de hacer la guerra en cualquier lugar y para siempre”.

“El Ministerio de Defensa cerrará el período de licitación de uno de los mayores contratos de tecnología de su historia: la Infraestructura Conjunta de Defensa (Jedi). Jedi es un ambicioso proyecto para construir un sistema informáatico en la nube al servicio de las fuerzas estadounidenses en todo el mundo, desde analistas detrás de una oficina en Virginia hasta soldados patrullando en Níger. El contrato tiene un valor de hasta 10.000 millones de dólares en 10 años, por lo que las grandes empresas de tecnología están luchando por conseguirlo”.

El Proyecto Jedi tiene como objetivo militarizar la llamada “inteligencia artificial”. El Ministerio de Defensa habría empezado a llamar a esto “guerra algorítmica”. Al reunir la información militares en una plataforma moderna en la nube y usar los servicios de aprendizaje que estas plataformas proveen para analizar estos datos, el Jedi ayudará al Pentágono a lograr sus propósitos de “inteligencia artificial”.

Hasta ahora, la “inteligencia artificial” del Pentágono se ha centrado en armas autónomas, como los robots asesinos de tipo Terminator que matan a la población sin ninguna intervención de un operador humano. El Pentágono se centra en la ayuda de la “inteligencia artificial” para determinar a quién matar o qué objetivos bombardear en el contexto de la guerra algorítmica.

El Proyecto Maven del Pentágono ya está poniendo en práctica esta idea. Maven, también conocido como el Equipo de Guerra Algorítmica Multifuncional, apareció recientemente en los titulares por provocar una protesta de los trabajadores de Google por la participación en él de la multinacional.

Maven es el proyecto exploratorio del ejército sobre inteligencia artificial. Su fase inicial consiste en utilizar el aprendizaje automático para escanear secuencias de vídeo de los aviones no tripulados para ayudar a identificar a las personas, los vehículos y los edificios que pueden ser bombardeados.

“Tenemos analistas viendo vídeos en pantalla completa durante 6, 7, 8, 8, 8, 9, 10, 10, 10, 11 horas a la vez”, dice el general Jack Shanahan, director del Proyecto. los programas de Maven automatizan esta tarea y luego transmiten sus hallazgos a un humano.

Hasta ahora, ha sido un gran éxito: el programa se ha desplegado en hasta seis sitios de combate en Oriente Medio y África. El objetivo es cargar el programa en los propios drones, para que puedan localizar los objetivos en tiempo real.

Estos programas fortalecerán el complejo militar-industrial, tecnológico e informático para perpetuar las guerras en el mundo, concluye The Guardian.

—https://www.theguardian.com/commentisfree/2018/oct/11/war-jedi-algorithmic-warfare-us-military

Emiratos Árabes Unidos contrata mercenarios en Estados Unidos para cometer crímenes ‘a la carta’ en Yemen

Una empresa de mercenarios radicada en el paraíso fiscal de Delaware, Estados Unidos, fue contratada en 2015 por el gobierno de Emiratos Árabes Unidos para asesinar a Anssaf Ali Mayo, dirigente del partido Al-Islah colocando explosivos en sus oficinas.

La empresa militar se llama Spear Operations Group y utiliza a antiguos miembros de las fuerzas especiales estadounidenses y su base en Delaware les garantiza el anonimato en el corazón mismo de Estados Unidos.

Los mercenarios debían disimular una bomba cerca de la puerta del cuartel general de Al-Islah, situado junto a un estadio de fútbol en el centro de Adén, una importante ciudad portuaria del Yemen. Uno de los capataces de la misión dijo que la explosión iba a matar a todos los que estuvieran en la oficina.

Cuando el 29 de diciembre llegaron a las 9:57 de la tarde, todo parecía tranquilo en la sede. Los mercenarios salieron del vehículo con armas en las manos. Uno de ellos transportaba la carga explosiva al edificio, pero cuando estaba a punto de llegar a la puerta, otro miembro de la tripulación abrió fuego en una calle poco iluminada y el plan fracasó.

Este ataque armado, descrito por dos de sus participantes y corroborado por imágenes tomadas desde drones, es la primera operación de una empresa estadounidense con fines de lucro en un país, como Yemen, devastado por la guerra.

La empresa Spear Operations Group es propiedad de Abraham Golan, un ciudadano húngaro que también posee pasaporte israelí. El hombre afirma haber vivido en Francia y haberse unido a la Legión Extranjera antes de embarcarse en el lucrativo negocio de los mercenarios.

Parece ser que que Golan vivió en Israel e incluso apareció con Danny Yatom, el antiguo jefe del Mossad, diciendo en 2008 a una revista estadounidense que había estado con él en Londres celebrando una fiesta.

El contrato yemení se concertó en una comida de negocios en Abu Dhabi, en un restaurante italiano del club de oficiales de una base militar de Emiratos Árabes Unidos en la que participaron Golán e Isaac Gilmore, un antiguo miembros de los SEAL, las fuerza especiales de la Armada de Estados Unidos.

https://www.buzzfeednews.com/article/aramroston/mercenaries-assassination-us-yemen-uae-spear-golan-dahlan

La Santísima Trinidad: partidos, elecciones y Estado

Hace tiempo que los cronistas de la burguesía aseguran que el comunismo está anticuado, que es una ideología del siglo XIX o que no responde a los desafíos de los nuevos tiempos.

No obstante, leyendo sus exposiciones, por ejemplo sobre el tema de moda, “la ultraderecha”, es más que obvio que son ellos quienes tienen una concepción anticuada de lo que es un Estado o un partido político y, por lo tanto, una concepción anticuada de la manera en que ella misma se organiza como clase para dominar políticamente.

Esa concepción sobre la naturaleza del poder político está muy arraigada. El partido político que gana unas elecciones (y cualquiera puede hacerlo) es como quien se pone al volante del Estado, lo pilota y lo dirige hacia un lado u otro. Desde el gobierno, el partido victorioso cambia el rumbo, modifica leyes, puede decidir una cosa o la contraria…

Es un pensamiento propio de todos esos que creen que “las cosas se cambian desde dentro”, pero es porque nunca han intentado cambiar nada, ni desde dentro ni desde fuera. Si lo hubieran hecho, no dirían tales cosas.

La experiencia directa que todos tenemos es otra diferente. No solamente dentro del Estado sino en algo mucho más pequeño, como un ayuntamiento, cuando un neófito llega a concejal con la ingenua pretensión de cambiar algo, quien cambia es él (y si no cambia dimite), cambia su partido o cambia su programa.

Son los Estados, las instituciones públicas, las que cambian a los partidos, y no al revés. Cuando alguien ocupa por primera vez el cargo de concejal y no sabe siquiera dónde está su despacho, el ayuntamiento lleva ya décadas funcionando de manera más o menos parecida.

Hoy los Estados necesitan partidos políticos. Si no existen se los inventan y si están en crisis necesitan recambios para que todo siga como siempre.

El desgaste de una institución pública durante décadas acumula frustración, desengaño y malestar que las víctimas atribuyen a tal o cual dirigente que la encabeza; cambiando la cabeza esperamos que cambie toda la institución.

Cuando en el ayuntamiento hay un partido nuevo, como en Madrid, parece que todo reluce otra vez.

Los partidos políticos, sobre todo los nuevos, son capaces de vestir a una anciana con un traje de bodas para quitarle años de encima. No cambian la calle, pero la asfaltan de nuevo. Nadie va al cine a ver siempre la misma película. Necesitamos ilusiones y expectativas, que nos digan “hasta ahora todo iba mal, pero a partir de ahora”…

No hay que menospreciar las ilusiones de las personas porque viven de ellas, de renovarlas una y otra vez cada cuatro años. La burguesía hace todo lo posible para que la política y lo público aburra al más atento. Pero al mismo tiempo un exceso de aburrimiento es peligroso y entonces tienen que cambiar los partidos, los rostros, los programas electorales, las frases, las consignas…

Es como volver de fin de semana y encontrarte con que alguien ha pintado tu piso, ha cambiado las cortinas, la sobrecama y las alfombras. Parece como nuevo.

El problema es cuando ya no puedes vivir en ese piso y tu pareja insiste en volverlo a pintar por cuarta vez en un año: “cariño, no es que el piso no me guste, es que no podemos pagar lo que nos cuesta el alquiler todos los meses”. Además, caen goteras, no tiene agua caliente y se oye el ruido de la calle.

Ese es el problema del Estado monopolista moderno y no se arregla llevándolo al chapista.

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