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Día: 20 de agosto de 2018 (página 1 de 1)

Del capitalismo liberal al capitalismo monopolista y financiero en la era del endeudamiento masivo

En 1933 Roosevelt tomó posesión de su cargo como Presidente de Estados Unidos en medio de la Gran Depresión. Nada más sentarse en su despacho oval tuvo que cerrar los bancos durante varios días.

La crisis sacaba el oro del país y, como tantos otros países capitalistas, Roosvelt tuvo que adoptar una medida típica de la transición del capitalismo liberal al monopolista: tanto las personas como las empresas estaban obligadas a vender su oro a la Reserva Federal a un precio tasado de 20,67 dólares la onza, bajo penas de multas y cárcel.

El 20 de abril, finalmente, Estados Unidos abandonó el patrón oro, lo que provocó una caída en la cotización del dólar.

En aquella época el mundo no era tan ingenuo como ahora y la mayoría de los contratos de deuda incluían una cláusula de oro, que preveía un reembolso en oro que protegía al inversor de la caída en la cotización del dólar.

Una cantidad considerable de deuda, 120.000 millones de dólares (el 180 por ciento del PIB) tenía esa cláusula que, en definitiva, obligaba a pagar las deudas en la única moneda de verdad, el oro, lo cual era imposible.

Había que anular dichas cláusulas para que las deudas se pagaran en dólares y, por lo tanto, se pagara menos dinero, es decir, una declaración generalizada de quiebra, un verdadero “corralito” que, como veremos, no es típico de los países tercermundistas sino de las grandes potencias imperialistas.

Eso suponía acabar con uno de los pilares del capitalismo y del derecho civil: “pacta sunt servanda” (los compromisos están para cumplirlos).

Es lo que hizo el Congreso el 5 de junio de 1933: anular con carácter retroactivo todas las cláusulas oro de todos los contratos.

Además hubo un segundo reconocimiento de la quiebra: el 31 de enero de 1934 Roosevelt devaluó el dólar en un 69 por ciento: el precio del oro pasaba a 35 dólares.

Acostumbrados al viejo liberalismo del siglo XIX, los capitalistas recurren al Tribunal Supremo porque la declaración de quiebra era contraria a la sacrosanta Constitución. Roosvelt tenía perdida la partida porque, sin ningún género de dudas, el Tribunal Supremo revocaría la anulación de las cláusulas en oro de los contratos.

Entonces se puso en marcha eso que llaman “independencia judicial”, es decir, una campaña de presiones dirigida desde la Casa Blanca, que logró los frutos deseados: el 18 de febrero de 1935 los jueces fallaron a favor de Roosvelt por cinco votos contra cuatro.

Gracias a la magia legal y judicial, a partir de entonces en Estados Unidos hubo un 69 por ciento menos de deudas, lo cual era algo más fácil de digerir.

La sentencia del Tribunal Supremo era pintoresca porque dictaminó que la anulación de la cláusula oro era contraria a la Constitución, pero que a pesar de ello el demandante, John Perry, no había sufrido perjuicio en términos de poder adquisitivo.

“Para nosotros la Constitución ha muerto”, protestó James Clark McReynolds, uno de los magistrados del Tribunal Supremo que votó a favor de la minoría. Con la Constitución lo que había muerto era el viejo capitalismo del siglo XIX.

Así fue como coló la aprobación de una norma anticonstitucional, porque las leyes y decretos, lo mismo que las resoluciones judicial, no regulan nada sino que son reguladas, en este caso por otras leyes más importantes, que son las del capital monopolista y financiero.

Hay que refrescar de nuevo la memoría histórica porque estamos a las puertas de una bancarrota mucho mayor que la que padeció Estados Unidos a partir de 1929. La diferencia es que ahora ya no queda nada del patrón oro. La crisis no se va a ceñir a Estados Unidos, sino al mundo entero, que querrá salir otra vez del apuro con una triquiñuela como la del Tribunal Supremo en 1935, es decir, haciendo que su quiebra la paguen los demás.

El espionaje alemán durante la guerra 1939-1945 en Argentina

Dario Herchhoren

El estudio del espionaje alemán en Argentina, requiere una reflexión previa sin la cual no es posible entender como actuaba dicho espionaje; y para ello hay un dato insoslayable, y es que Argentina que se había independizado del imperio español en 1810, en realidad gozaba de una independencia puramente formal, ya que el imperio británico era en realidad quien movía los hilos de la economía y de la política argentinas, convirtiendo a la Argentina en una semicolonia.

Dicho esto es necesario indagar en la situación de la clase obrera tanto rural como industrial en Argentina durante ese período.

Todos los paises dependientes, y Argentina sin duda lo era, crecen a merced de los aflojamientos que los imperios coloniales ejercen sobre ellos, y el comienzo de la guerra en 1939 era una ocasión de oro para romper los violentos vínculos que ataban a la nación argentina al imperio inglés, y el movimiento obrero no desaprovechó esa magnífica oportunidad.

Durante toda la década de 1930, se sucedieron en Argentina gobiernos espúreos surgidos del golpe militar de 1930 contra el gobierno de Hipólito Yrigoyen, lo que abrió un período espantoso de la historia argentina conocido como «la década infame», y que culminaría con un nuevo golpe de estado el 4 de junio de 1943, que acabó con ese período ominoso.

Según palabras de Winston Churchill, Inglaterra sería el taller del mundo y Argentina su granja. Esta terrible sentencia se venía cumpliendo en forma inexorable, hasta que el nazismo alemán desata la guerra atacando a Polonia y poniendo en alerta al imperio británico que siente en su pescuezo el aliento alemán que le acecha.

Este período produce importantes transformaciones económicas, ya que al no poderse importar productos europeos a raíz del conflicto mundial hay que suplirlos con productos nacionales y ello hace que florezcan infinidad de fábricas y talleres argentinos que comienzan a surtir las necesiades del país.

Ello a su vez hace que crezca la calse obrera, y que los sindicatos se hagan más fuertes, y puedan defender mejor a sus afiliados, y se constituyan en un auténtico poder.

En Argentina, hay una gran cantidad de empresas alemanas, entre las cuales estaban Hanomag, y Otto Deutz, fabricantes de tractores; Pelikan, fabricante de tintas y tinturas para la industria textil; Shultz, fabricante de motores marinos, Borgward, fabricante de piezas para la industria automotriz, Daimler Benz, fabricante de automóviles y piezas de repuesto; dos periódicos diarios en alemán, el Fraie Presse de tendencia filonazi, y el Argentinische Tageblatt de clara orientación izquierdista.

Hay además una gran colonia alemana que se traduce en varias iglesias luteranas; y muy especialmente hay un gran banco alemán, que es el Banco Alemán Transatlántico, antecesor del actual Detsche Bank, que financia a las empresas alemanas. Y por encima de todo ello, el embajador alemán Conde Luxburg, que cumplía fielmenter las instrucciones del ministro de AAEE alemán Joachim Von Ribbentrop. ¿Cuáles eran esas instrucciones? Pues consistían en informar diariamente al alto mando militar alemán que buques ingleses  partían  de los puertos argentinos cargados con mercancías de primera necesidad, especialmente alimentos para saciar las necesidades de las cocinas del imperio de Su Graciosa Majestad, para que los U Bote (Submarinos alemanes) los hundieran.

Por aquello de que el enemigo de mi enemigo es mi amigo, había en los sectores populares argentinos un profundo odio hacia el imperio británico y una enorme simpatía hacia los alemanes, que estaban atacando a ese imperio. Esto no significa que el pueblo argentino sea nazi ni que simpatizara con los campos de exterminio, ni con la invasión de la URSS que  gozaba de las simpatías de la clase obrera; nada de eso. Simplemente las clases populares argentinas que eran víctimas de la sobreexplotación de las empresas inglesas que se habían apropiado de la industria de la carne y de los granos, estaba recibiendo una paliza a manos de los alemanes.

Pero todo esto cambia a raiz del golpe de estado del 4 de junio de 1943, en el que militares nacionalistas separan de la presidencia a Ramón Castillo, un profesor de derecho mercantil de la Universidad de Buenos Aires y abogado de las grandes compañías inglesas de la industria de la carne, siendo reemplazado por el General Edelmiro Farrell, que expulsa al embajador alemán conde Luxburg, expropia la propiedad alemana, italiana y japonesa declarando la guerra a esos paises; y formando con ese grupo empresrial  de vital importancia, un nuevo grupo llamado «Grupo Dinie» (Grupo de empresas del estado) que fueron un puntal importantísimo para la transformación de Argentina de un país con una economía rural a un país de economía industrial.

Esto es el inicio de la etapa más fascinante de la historia argentina moderna. Pero eso será para otra entrega.

Decenas de espías de la CIA han sido ejecutados en China en 2010, uno de sus mayores fracasos

El fracaso de la CIA en China es uno de los más estrepitosos del espionaje en décadas. Entre 2010 y 2012, unos 30 espías estadounidenses (o más, según algunas fuentes) fueron detenidos y ejecutados, y la red que la CIA había construido durante décadas en el país asiático fue desmantelada prácticamente por completo.

Las razones fueron investigadas por una comisión especial de la CIA en colaboración con el FBI, que logró identificar tres causas potenciales del histórico fracaso: una traición, un trabajo incorrecto de los propios espías que permitió que los chinos los detectaran y una infracción en el sistema de comunicaciones. Como resultado, los investigadores llegaron a la conclusión de que fue una combinación de los tres factores lo que facilitó que China destruyera la red de espionaje.

Cuando los espías de la CIA comienzan a trabajar con uno nuevo, a menudo recurren al uso de un sistema de comunicación cifrado temporal que es totalmente independiente de la red principal de la CIA, algo que permite garantizar la seguridad en caso de que la persona resulte ser un espía doble.

Durante la investigación se descubrió que el sistema temporal de la CIA contenía un error técnico, a causa del cual se conectaba a la plataforma de comunicaciones principal. La CIA rompió el cortafuegos entre los dos sistemas y los expertos chinos pudieron penetrar en el sistema temporal a través de un espía doble, o del ordenador de una de las fuentes reveladas por un traidor o tras detectar patrones de actividades sospechosas en la red. Desde allí entraron en la base común y descubrir toda la red de espionaje.

Estados Unidos empleó por primera vez el sistema de comunicaciones encubiertas que utilizó en China en zonas de guerra de Oriente Medio, donde los desafíos de seguridad y los objetivos tácticos son diferentes. El sistema no fue diseñado para afrontar un servicio de inteligencia altamente sofisticado como el de China y un entorno digital completamente diferente.

En el desmantelamiento de la red de espionaje estadounidense también influyeron otros factores, incluido el supuesto reclutamiento por parte de China del espía Jerry Chun Shing Lee. Los fiscales federales han acusado a Lee a principios de este año de este asunto.

Lee fue el posible informante de China y estuvo en contacto con el Ministerio de Seguridad del Estado del país por lo menos hasta 2011. China le pagó cientos de miles de dólares por su trabajo.

La CIA cree que China compartió sus hallazgos con Rusia, donde algunas fuentes de la CIA estaban usando un sistema similar de comunicaciones encubiertas. Varias de esas fuentes en Rusia repentinamente cortaron su relación con sus mentores de la CIA en el mismo período en que tuvo lugar el desmantelamiento de la red en el país asiático.

El fracaso del sistema de comunicaciones ha reavivado un debate dentro del espionaje acerca de la conveniencia de recurrir a métodos más antiguos y menos tecnológicos para llevar a cabo interacciones encubiertas con las fuentes.

Los espías de la CIA que operan en China desde aquel fracaso han vuelto a los viejos métodos de comunicación, incluida la interacción subrepticia en persona con las fuentes, pese a que dichos métodos pueden consumir mucho tiempo y conllevan sus propios riesgos.

https://foreignpolicy.com/2018/08/15/botched-cia-communications-system-helped-blow-cover-chinese-agents-intelligence/

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