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Día: 12 de junio de 2018 (página 1 de 1)

Los mineros saquean los edificios oficiales de Mali durante una huelga

Ayer varios edificios gubernamentales fueron saqueados en el sur de Malí durante la huelga de los trabajadores contra la dirección de las minas de oro de Randgold en Loulo y Gounkoto.

La sede de la oficina del prefecto y su residencia han sido atacadas por mineros que han quemado tarjetas de identificación biométrica de votantes que iban a ser utilizadas en las elecciones presidenciales del mes próximo.

Una portavoz de la empresa Randgold, propietaria de tres minas de oro en Malí, no ha respondido de inmediato a las peticiones de comentario al respecto.

Por el momento se desconocen las causas de este último brote de violencia, pero los trabajadores se pusieron en huelga en abril en Loulo y Gounkoto para reclamar las pagas extraordinarias. El contencioso se resolvió con acuerdo en un día.

En 2016 los mineros también estuvieron varios meses en huelga, teniendo que intervenir el gobierno para que las multinacionales aceptasen las reivindicaciones de los trabajadores, relativas a la seguridad social.

En 2015 Mali obtuvo 50.000 millones de francos CFA por la venta de oro, lo que supuso casi un 20 por ciento de las exportaciones del país.

Las minas de Loulo y Gounkoto se encuentran en el sur del país rico en oro, lejos de la inestabilidad del norte, con presencia de grupos yihadistas. Estas minas produjeron más de 20 toneladas de oro el año pasado.

http://m.europapress.es/internacional/noticia-saqueados-varios-edificios-gubernamentales-sur-mali-conflicto-laboral-minas-randgold-20180611223652.html

Para negociar con Corea del norte Estados Unidos realiza tres concesiones fundamentales

No cabe duda que el encuentro de esta mañana en Singapur entre Trump y Kim Jong Un es un acontecimiento histórico. Ambas partes firmaron un documento conjunto por el que Estados Unidos se compromete formalmente a proporcionar “garantías de seguridad” a Corea del norte.

No obstante, no dice en qué consistirán. Mike Pompeo ha prometido que serán “únicas” y “diferentes” de las propuestos hasta ahora.

El texto aprobado también es bastante vago en lo que se refiere al calendario, y deja su aplicación a la continuación de las negociaciones, que comenzarán la próxima semana bajo la dirección del jefe de la diplomacia estadounidense Mike Pompeo, un actor clave en el relanzamiento del diálogo.

El encuentro hubiera sido imposible si Trump no hubiera hecho una segunda concesión: poner fin a los ejercicios militares conjuntos con Corea del sur, descritos como “muy provocativos” desde el norte. La congelación de estas maniobras, fuente de tensiones recurrentes, era una antigua exigencia del gobierno de Pyongyang.


Finalmente, a última hora desde Singapur Trump anunció una tercera concesión: que contemplaba retirar las sanciones, según informó KCNA, la Agencia Telegráfica Central de Corea.

“Esta es una gran victoria para Kim Jong Un, que ha dado un verdadero golpe con su cara a cara con el presidente”, señala Michael Kovrig, del Grupo Internacional de Crisis en Washington, señalando que tanto su padre como su abuelo “soñaban con ello”.

“Tanto para Estados Unidos como para la comunidad internacional, este es un punto de partida positivo para unas negociaciones que deberían ser largas y difíciles”, añadió.
Kim Jong Un afirmó que había “pasado página” después de haber superado “muchos obstáculos” para llegar a esta reunión, que es “un buen preludio para la paz”.

China, el principal socio de Pyongyang, acogió inmediatamente el comienzo de una “nueva historia”. Japón, por su parte, ha sido más mesurado, acogiendo con beneplácito sólo un “primer paso hacia una resolución integral”.

El encuentro, que duró cinco horas, es el primero entre un presidente estadounidense en ejercicio y un dirigente norcoreano. Estuvo marcado por los apretones de manos entre los dos hombres, una imagen inimaginable hasta hace unos meses, cuando intercambiaron insultos.

Las multinacionales saquean las riquezas de África a precio de saldo

En los archivos del despacho de abogados británico Appleby han aparecido millones de documentos ligados a los Papeles de Panamá, de los que ya nadie se acuerda.

Los documentos registran la implicación de la petrolera francesa Total apoderándose a precio de saldo de un campo petrolífero en alta mar propiedad pública de Congo, un país dominado por uno de los peores sátrapas africanos, Denis Sassou-Nguesso, un perro fiel de esos que tanto le gustan al imperialismo.

Resumimos telegráficamente los aspectos fundamentales del negocio. El Congo es uno de los países más corruptos del mundo cuyas riquezas son saqueadas al alimón por las grandes multinacionales y la camarilla de Sassou-Nguesso.

Como consecuencia de ello, el sátrapa endeuda al país por cantidades gigantescas que no tiene ninguna posibilidad de pagar. A cambio de poner (sobornar) cantidades cada vez mayores de dinero, el FMI obliga al Estado a no vender al contado el petróleo que se pueda extraer en el futuro de los yacimientos.

Pero la voracidad de Sassou-Nguesso y los suyos no tiene límites; quieren más dinero y lo quieren ya. Al borde de la quiebra, el fondo buitre Elliott Management, muy conocido en Argentina, compra la deuda del país africano.

En 2000 la petrolera Total se apodera de Elf y tres años después llega a un acuerdo con Sassou-Nguesso: a cambio de cerrar los litigios que enfrentan a ambas partes, compra por un franco CFA la parte que el Estado tiene en un yacimiento marítimo de petróleo.

Para tapar el saqueo, Total orquesta una parodia, creando una empresa fantasma llamada Likouala con ayuda del banco francés BNP Paribas.

El asunto nunca hubiera salido a la luz si no hubiera intervenido el fondo buitre Elliott Management, que quiere cobrar su deuda del Congo e inicia los trámites judiciales para ello.

Para pagar sus deudas, el Congo trata de obtener dinero del FMI, que no tarda en caer en la cuenta de que los caciques congoleños no han jugado limpio y han vendido uno de los pozos petrolíferos de manera ilegal, comprometiendo las riquezas del país (las de hoy y de las futuro).

https://www.lemonde.fr/les-decodeurs/article/2018/04/10/total-le-congo-le-fmi-et-le-fonds-vautour-l-histoire-d-un-montage-offshore-derriere-un-champ-petrolier_5283395_4355770.html

El estrepitoso fracaso del G7 en Quebec: un signo de los nuevos tiempos

La reunión este fin de semana en Quebec del G7, el grupo de potencias imperialistas más fuertes que operan en el mundo, ha vuelto a poner de manifiesto de una manera palpable el cúmulo de contradicciones y crisis, a pesar de lo cual los elementos esenciales de las mismas siguen pasando desapercibidas.

El G7 no es otra cosa que el intento de sus participantes por atenuar sus propias contradicciones internas o, en otras palabras, por ponerse acuerdo acerca de la dirección a seguir en los asuntos candentes que afectan al imperialismo y, por lo tanto, al ejercicio de la hegemonía.

A diferencia de las estapas anteriores, escribió Lenin, “para el imperialismo es consustancial la rivalidad  de varias grandes potencias en la aspiración a la hegemonía”(1), un rasgo que ha demostrado ser mucho más fuerte que las alianzas y el acuerdo. La existencia del G7 y otros muchos organismos lo que demuestra no es la existencia de consenso entre las grandes potencias, la llamada “comunidad internacional”, sino todo lo contrario, como evidencian a cada paso los resultados de las votaciones en el Consejo de Seguridad de la ONU.

En el elenco de países que participan en el G7 y en el entramado de organizaciones internacionales, formales e informales, que sostienen la hegemonía imperialistas, no están ni Rusia ni China por razones históricas relacionadas con las revoluciones habidas en ambos países durante el siglo pasado.

No obstante, durante un tiempo Rusia tomó parte de dichas reuniones, lo cual también tiene una explicación histórica en las políticas implementadas en los últimos años de la URSS y primeros de Rusia, es decir, que tenían relación con la liquidación definitiva de los últimos restos de socialismo, un proceso ligado a los intentos de someter a un país, que es más bien un continente en sí mismo.

El imperialismo logró lo primero, liquidar el socialismo, pero no lo segundo, imponer un yugo estrecho sobre el pescuezo del Kremlin, a pesar de que estuvo a punto de conseguirlo cuando lo despedazó parcialmente, creando 16 Estados diferentes donde antes sólo había uno e instalando en ellos una larga trinchera dispuesta para el asalto final, un plan que reproduce el escenario de la guerra civil rusa de 1918 a 1922.

Ante el fracaso del bloqueo y la amenaza de guerra, durante el fin de semana la prensa internacional ha especulado con la posibilidad de incorporar a Rusia el G7, una especie de concesión a “multipolaridad” que predican tanto en Moscú como en Pekín. Dicha incorporación no sólo no se ha producido sino que las contradicciones internas se han agudizado y no han logrado gran cosa que llevar a las ruedas de prensa.

Mientras en Quebec los 7 llegaban a las manos, Putin viajaba a Pekín… Todo un símbolo destacado por la versión rusa de la revista “Life”(2) y un fracaso sobre otro fracaso, un fracaso al cuadrado, tanto más estridente en cuando que la propuesta de incorporación de Rusia procedía del mismísimo Trump.

Hay que destacar el hecho de que las demás potencias, salvo Italia, se hayan negado a secundar la propuesta de Estados Unidos, lo cual es otro signo de los nuevos tiempos. Los que intentaron aislar a Rusia están cada vez más aislados.

Quizá por la moraleja del zorro y las uvas, Rusia ha dejado de interesarse e incluso de preocuparse por el G7. El centro de gravedad del mundo ya no está en occidente sino en oriente, dicen por Moscú, lo cual es cierto, consecuencia de la ley del desarrollo desigual (3). Pero la alternativa del G20 que propone Putin tampoco convence. Si los imperialistas no se ponen de acuerdo entre 7, nunca lo van a lograr con 13 más.

La causa es evidente. Como también expuso Lenin, el mundo ya está repartido; la política colonial se ha terminado (4). Rusia pretende que -entre otros- los países emergentes, como los denominados Brics (India, Sudáfrica, Brasil), dejen de ser lo que son para adquirir un relieve protagonista o, por lo menos, sacudirse de encima las acciones desestabilizadoras y golpes de Estado, como el que Estados Unidos emprendió recientemente contra Dilma Rousseff.

Es muy difícil (por no decir imposible) sentar a esos 20 países en la misma mesa, a los golpistas con los golpeados. Un puñado de grandes potencias imperialistas pretenden someter al resto, lo que conduce -como es natural- a la “intensificación de la resistencia” por parte de estos últimos (5). El tiempo no juega a favor de los primeros, los imperialistas, sino de los segundos. La Guerra de Siria así lo está demostrando.

(1) Lenin, El imperialismo, fase superior del capitalismo, Pekín, 1972, pg.116.
(2) https://life.ru/t/%D0%BF%D0%BE%D0%BB%D0%B8%D1%82%D0%B8%D0%BA%D0%B0/1124498/g7_prievrashchaietsia_v_g6_kak_slomalas_izoliatsiia_rossii
(3) Lenin, El imperialismo, fase superior del capitalismo, Pekín, 1972, pg.161.
(4) Lenin, cit., pgs.96, 101 y 113.
(5) Lenin, cit., pg.157.

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