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Día: 15 de abril de 2018 (página 1 de 1)

Érase una vez la prima Victoria que vivía en Yaroslav, un pueblo de la Rusia profunda

Había una vez una vez una familia común y corriente que vivía en Rusia. El padre, Serguei Skripal, trabajaba de espía hasta que se puso al servicio del MI6, el bando contrario, los espías británicos.

Le detuvieron, le condenaron por alta traición, entró en la cárcel pero le canjearon por otro espía como quien intercambia cromos. Al salir del talego se fue a vivir con sus padrinos británicos.

Tenía una hija, Julia, que se dedicaba a los negocios y viajaba frecuentemente de ida y vuelta entre Rusia y Gran Bretaña.

Tras la muerte de su hermano, Julia recibió una gran suma de dinero, lo cual hubiera sido un alivio para su futuro y el de su padre de no ser porque un mes después ambos fueron envenenados durante una visita en Salisbury, un pueblecito de la campiña inglesa.

Se montó un lío muy gordo. Intervino hasta la Primera Ministra, Teresa May, quien se enfadó mucho con los envenenadores, aunque no sabía quiénes eran. Pero en los cuentos esas cosas no importan porque los malos son siempre los mismos. Los malos son los malos, o sea, los rusos, Iván El Terrible, Rasputín, Stalin, Putin y demás.

Theresa les dijo a todos que el padre y la hija envenenados agonizaban en un hospital y que nunca podrían recuperar su salud porque los malvados les habían suministrado una pócima a la misma altura, o sea, muy mala y venenosa. Letal.

Un Estado (Rusia) había atacado en el territorio de otro Estado a civiles comunes y corrientes, como los Skripal, lo cual es intolerable, dijo Theresa muy enfadada. “Es una declaración de guerra”, añadió a gritos.

Entonces apareció la prima Victoria, que vivía en Yaroslavl. La noticia de sus primos envenenados en Gran Bretaña la tenía agobiada y quería hablar con ellos para saber de primera mano lo que había ocurrido.

Naturalmente eso no era posible porque Serguei y Julia agonizaban en el hospital.

Pero la prima Victoria quería mucho a sus primos y se empeñó en que le dieran un visado para viajar a Londres. Como no le hacían caso, empezó a protestar. Se convirtió en el elefante en la cacharrería: se fue a hablar con los periodistas británicos, aparece en las cadenas de televisión rusas…

En un asunto así, donde todo está bajo un estricto control, no hay nada peor que una mosca cojonera como la prima Victoria.

Fue en ese preciso momento cuando, de repente, Julia despertó de su letargo. La moribunda no era tal; no agonizaba, sólo descansaban y dormía plácidamente. Incluso había recuperado el habla y lo primero que hizo fue llamar por teléfono a su prima Victoria desde un número desconocido. Su voz no era la de alguien que se había enfrentado a la muerte y salía del coma. En absoluto.

Por medio de Julia, May y sus chicos del MI6 querían calmar a una prima de Yaroslav que no entraba dentro de los cálculos y podía meter sus narices en el pastel que cocinaban en el horno.

Los espías (rusos, claro) que lo graban todo, grabaron también aquella conversación y, lo que es peor, no se lo guardaron en el acostumbrado armario sucio, sino que fueron con el cuento a sus amigos, reporteros como nosotros, que tenemos una copia y la vamos a traducir del ruso:

Victoria: ¡Hola!
Julia: ¡Hola!, ¿me oyes?
V.: Te escucho.
J.: Soy Julia Skripal.
V.: ¡Oh! ¡Julia, eres tú! ¡Oh, Dios mío! ¡Se por tu voz que eres tú! ¡No lo entiendo! Te dimos el teléfono, ¿verdad?
J.: Sí, sí, sí.
V.: ¡Gracias a Dios! Mi pequeña Julia, ¿estás bien?
J.: Estoy bien. Todo está bien. Todo está bien.
V.: Mira, si mañana consigo el visado, puedo ir a verte el lunes.
J.: Um, Vic, nadie te va a dar el visado.
V.: Bueno, eso es lo que pienso yo también. Vale, pero si lo regalan, necesito que me digas si puedo verte o no. Tienes que decir que sí.
J.: Um, no lo creo. Aquí, la situación es así. Veremos más tarde.
V.: Sí, lo sé. Lo sé todo.
J.: Sí, más tarde será mejor. De todos modos, todo está bien. Después todo será más claro.
V.: ¿Es ese tu teléfono?
J.: Es temporal, ya sabes, esto.
V.: Um, entiendo.
J.: Hasta ahora todo va bien. Entonces veremos, arreglaremos todo sobre la marcha. La situación es así, ¿entiendes? De todos modos, todo está bien. Todo está bien. Todo está bien. Todo va a ir bien. Todos se curarán. Todo el mundo está vivo.
V.: OK. ¿También Papá está bien?
J.: Todo está bien. Ahora está descansando. Está durmiendo. Todo el mundo está sano. Nada irreparable para nadie. Ya ves. Pronto saldré del hospital. Todo está bien. Todo está bien.
V.: Vale, te beso conejito mío.
J.: ¡Vamos, hola!

Como ven, un cuento nunca tiene nada que ver con la realidad: una
moribunda Julia que sale del coma profundo trata por todos los medios de que su prima de Yaroslav
no viaje a Londres para visitarles en el hospital.

No debía ir a Londres porque podía meter la pata. Podía ver con sus propios ojos algo que no tenía nada que ver con la verdad: nadie estaba enfermo, sólo dormían, descansaban.

El cuento podía acabar aquí y quedaría redondo: sin razón alguna, el gobierno británico no le da el visado a la prima Victoria de Yaroslav para que pueda visitar a sus familiares moribundos, despedirse de ellos, darles el último abrazo…

Pero los pérfidos rusos volvieron a hacer de las suyas y revelaron la conversación telefónica entre los primos que habían grabado con muy malas artes. Entonces los británicos tuvieron que despertar también al padre. ¡Qué éxtasis!

Estuvimos al borde de una guerra internacional por nada, por la agonía de una familia común y corriente.

Luego estuvimos al borde de otra por otro envenenamiento, aunque esta vez no ocurrió en Salisbury sino en el mismo lugar de la Mil y Una Noches: en un oasis de Oriente Medio, muy cerca de Damasco. Alguien se ha aficionado a los cuentos y no para de contarlos a quien quiera escucharlos.

Tenemos
muchos cuentos como estos, de pócimas, venenos, brebajes, brujas y malvados. ¿Les
gustan a Ustedes los cuentos o prefieren la cruda realidad?

El tóxico con el que envenenaron a los Skripal procede de la OTAN y no de Rusia

El laboratorio suizo de investigación Spitz asegura que el tóxico con el que envenenaron a los Skripal procede de los arsenales del ejército de Estados Unidos, Gran Bretaña y otros países de la OTAN y que nunca ha sido fabricado en Rusia.Según el ministro de Asuntos Exteriores ruso Sergei Lavrov, el 27 de marzo el laboratorio suizo Spitz (Schweizerisches Institut für ABC-Schutz) investigó la toxina utilizada contra los Skripal.

El laboratorio trabajó sobre las muestras tomadas por la OPAQ (Organización para la Prohibición de las Armas Químicas) en el lugar de los hechos en Salisbury, y ha concluido su informe asegurando que pertenecen al arsenal de las fuerzas armadas de Estados Unidos, Gran Bretaña y otros países de la OTAN:

El informe ha sido remitido a la OPAQ, ha explicado Lavrov. En el curso de la investigación se detectaron en las muestras rastros de la sustancia química tóxica BZ y sus precursores, incluidas dentro de las armas químicas prohibidas por una Convención Internacional.

“BZ es un veneno neurotóxico que causa daño temporal. El efecto psicotóxico se desarrolla entre 30 y 60 minutos después de la ingestión y dura de dos a cuatro días”, dijo Lavrov.

“Esto significaba que pertenecía al arsenal de las fuerzas armadas de Estados Unidos, Gran Bretaña y otros países de la OTAN. En la Unión Soviética y Rusia  nunca se fabricanron tales sustancias químicas”.

El neurotóxico A234, conocido en Gran Bretaña como “Novitschok”, también se encontró en las muestras pero, según los especialistas, la alta concentración de Novitschok causaría inevitablemente la muerte.

El laboratorio militar británico de Porton Down ya había anunciado también que no había podido probar el origen ruso del tóxico.

Siria: concurso de tiro al plato con misiles

La mafia Washington-París-Londres ha vuelto a bombardear Siria. Han enviado a sus aviones de guerra contra un Estado miembro de la ONU para destruir lo que ya está más que destruido.

Han vuelto a experimentar con la táctica de los golpes quirúrgicos, ensayados desde tiempos de Clinton.

Operan a distancia, con misiles, teniendo cuidado para no enfrentarse a un adversario capaz de darle réplica en el campo de batalla.

El ataque relámpago de ayer es militarmente inútil. Es sólo una venganza por la derrota que no va a cambiar el equilibrio de fuerzas.

Está destinado para la galería, para el consumo de los medios y la propaganda de guerra.

No tuvo ningún resultado operativo, ni ningún impacto sicológico. Fue lo más parecido a un concurso de tiro al plato.

Eso han sido los misiles “inteligentes y bellos” de Trump, que acabarán como piezas de chatarra en el futuro museo de la guerra de Damasco.

La defensa antiaérea siria, que ha sido la única en responder, ha disfrutado de un ejercicio de entrenamiento a escala real absolutamente exitoso: ha destruido las tres cuartas partes de los misiles lanzados.

Si el bombardeo hubiera sido una batalla real, no cabría lugar a dudas de que Siria ha vuelto a ganar. De ahí que las primeras imágenes de Damasco sean las de una población feliz que ondea con orgullo la bandera árabe y el retrato de Bashar Al-Assad.

Los portavoces del imperialismo dicen que el objetivo era castigar al gobierno sirio por el uso de armas químicas contra civiles en Guta, pero las únicas pruebas que muestran son los vídeos que los yihadistas han subido a Youtube.

Nos aseguran que tienen otras pruebas “abrumadoras” pero que no nos las pueden enseñar porque son “secretas”.

Se reproduce la misma cantinela de 2003 con las “armas de destrucción masiva” que nunca aparecieron en Irak.

Primero disparan y luego preguntan. La Organización Internacional para la Prohibición de las Armas Químicas aceptó la invitación del gobierno sirio para investigar el asunto, pero el mismo día en que llegaron los expertos, los imperialistas ya habían bombardeado Damasco.

La guerra a distancia que han emprendido está perdida de antemano. La salva de misiles que ha caído sobre Siria no cambiará absolutamente nada el curso de los acontecimientos. Guta ha sido liberada y las demás provincias serán lo serán muy pronto.

Todo el mundo se ha dado cuenta, si es que antes no lo sabía. También lo saben los criminales de Washington, Londres y París. Por eso tensan pero no rompen la cuerda. Sus intereses inmediatos ya no están en Siria. Este país es una batalla perdida para ellos.

Fotografía nocturna de Damasco con el lanzamiento de un misil de la defensa antiaérea siria para interceptar las bombas lanzadas por los bandidos imperialistas

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