Se trata del municipio de Luzón, situado a apenas 100 kilómetros de la capital alcarreña, y que es famoso por dos cosas: los llamados Diablos de Luzón, una celebración pagana que se realiza durante el carnaval, y porque su Ayuntamiento  (PSOE) ha comenzado los trámites para la instalación de una macrogranja porcina que tiene en guardia a varios municipios de la zona, a tenor de las consecuencias ambientales que conlleva.
En la Semana Santa luzonense es habitual hacer la quema del Judas, donde se expresa un deseo popular de que arda en el infierno el personaje elegido.
Históricamente, las figuras elegidas eran variopintas, desde el Príncipe Carlos de Inglaterra hasta Osama Bin Laden. Pero en esta ocasión, los promotores de los actos religiosos han elegido al líder del PDeCAT en el exilio Carles Puigdemont como la persona a la que hay que desearle la muerte, es decir, que esto se hace con el visto bueno del Obispado.
Además, es un aviso a navegantes a los emigrantes del pueblo residentes en Cataluña, que si bien no expresan una adhesión al independentismo, se muestran contrarios a este tipo de salvajadas e imposiciones, de la que participaron varios niños, haciendo los honores de prender la mecha que quemaría a Puigdemont.
En los años precedentes, se hizo lo mismo con Pablo Iglesias, líder de Podemos, o Manuela Carmena, la alcaldesa de Madrid, también con el apoyo de la Iglesia Católica.