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Día: 19 de enero de 2018 (página 1 de 1)

Stark: el papel de la CIA en el tráfico de drogas en Europa

El libro que escribió el sociólogo Giuseppe De Lutiis hace 20 años, “I servizi segreti en Italia” (Los servicios secretos en Italia), es un obra autorizada no tanto por la titulación universitaria del autor como por ser un integrante de los servicios secretos. De Lutiis escribe, pues, desde dentro.

En 1994 le nombraron consultor de una comisión parlamentaria que se formó en Italia para analizar ciertos atentados cometidos por la OTAN/Gladio y sus colegas del espionaje durante los “años de plomo” (1968-1978 aproximadamente).

De Lutiis tuvo la oportunidad de analizar documentación reservada de Estados Unidos que bien podría resumirse en el informe de ROS (Raggruppamento Operativo Speciale), un equipo de los Carabineros, titulado “Apuntes sobre las actividades de guerra psicológica y no ortodoxa llevadas a cabo en Italia entre 1969 y 1974 a través del Aginter Presse”.

Dedica varias páginas a exponer detalles sobre el papel de la CIA en el tráfico de drogas, tanto dentro de Estados Unidos como en Europa, un asunto ya muy conocido que en De Luttis aparece vinculado a la OTAN/Gladio, a los grupos fascistas y, naturalmente, a la mafia, que no es nada distinto de los otros dos.

Además de la mafia, Estados Unidos tiene en común con Italia a un espía de la CIA, Ronald Stark, al que sus jefes encargaron la difusión de las drogas desde los años sesenta dentro de los movimientos progresistas de la costa oeste de Estados Unidos para lograr su desmovilización. Se llamó Operación Luna Azul.

El juez italiano Giorgio Floridia documentó que el origen de Stark era militar. A principios de los años sesenta trabajó en el departamento de “proyectos especiales” del Pentágono y luego, de forma periódica, siguió recibiendo cheques firmados en Fort Lee, en Nueva Jersey, uno de los centros logísticos del ejército estadounidense.

Stark empezó en la costa oeste, de donde pasó a Nueva York y luego saltó a Europa donde no se presentaba como agente de la CIA, ni tampoco como vendedor de drogas. Era un “revolucionario” entregado a “la causa” en cuerpo y alma, sobre todo a la de Palestina. No había mejor salvoconducto. Al mejor estilo de aquella época, el postureo le permitía meter las narices en todo tipo de ambientes y no hacer nada.

La policía italiana le detuvo en febrero 1975 en el hotel más lujoso de Bolonia, donde encontraron mucho dinero en divisas y casi 5 kilos de marihuana, morfina y cocaína. Portaba cuatro pasaportes diferentes, uno de ellos británico bajo el nombre de Terrence W. Abbott.

Lo interesante del caso es que el pasaporte era genuino, pero la historia de quién se lo dió nunca se divulgó, ni falta que hace, porque es obvia la condición de una institución que puede expedir un pasaporte auténtico que es falso (o al revés).

No obstante, la policía no tardó en descubrir su verdadera identidad. Había nacido en Nueva York el 9 de abril de 1938, era propietario de dos granjas en California y un “holding” en Liechtenstein, aunque lo más jugoso era su centro de investigación biomédica en Le Clocheton, Bélgica, la tapadera de un laboratorio de la CIA para la fabricación de LSD. En sólo dos años, según el informe de ROS, el laboratorio había fabricado 50 millones de dosis de LSD.

Como buen espía, además Stark tenía una caja fuerte en una sucursal romana del Banco Comercial, donde la policía encontró documentación para la síntesis del LSD, además de cálculos para el envío y siembra de semillas de marihuana y cristales de LSD que entonces no eran muy conocidos. En una ampolla había algo no identificado, quizá una muestra de THC, el principio activo del cáñamo.

Otro tipo de documentos de la caja fuerte probaban la relación de Stark y de la CIA con la escoria italiana: el antiguo presidente de la Junta Minera Siciliana, el mafioso Graziano Verzotto, el procónsul de Andreotti y de la democracia cristiana, Salvo Lima, el príncipe golpista Giovanni Alliata di Montereale, y el antiguo jefe del Servizio Informazioni Difesa, Vito Miceli.

Además, Stark mantenía sus contactos al otro lado del Atlántico, de los que recibía cartas con membretes de embajadas. En la cárcel, recibió la visita del vicecónsul de Estados Unidos en Florencia, Wendy M. Hansen, y sostuvo reuniones con varios policías y agentes de inteligencia italianos.

La biografía de cada uno de estos sujetos da para escribir una enciclopedia. Pero sería redundante; es más de lo mismo: la OTAN/Gladio, la CIA, la mafia, los servicios secretos italianos, los golpistas, los fascistas… Seis personas distintas encarnadas en un único dios verdadero.

A pesar del número y la gravedad de los delitos, Stark sólo estuvo cuatro años en la cárcel, aunque en 1982 le volvieron a detener cuando se dirigía de Nueva York a Holanda, una operación en la que la policía capturó un alijo de 16 kilos de hachís y una falsa identidad libanesa.

Esta vez la cárcel fue aún más liviana: un año de encierro.

Pero el nombre de Stark siguió apareciendo por los rincones más insospechados de los bajos fondos italianos, por lo que los jueces pidieron su extradición a Estados Unidos bajo la acusación esta vez de… terrorismo. La respuesta no pudo ser más terrorífica: el 25 de enero de 1985 la policía estadounidense asegura que Stark había muerto en las Antillas el mes de julio anterior, es decir, en julio de 1984.

La respuesta iba acompañada del correspondiente certificado de defunción… Sí, uno parecido al de Paesa y tan verídico como él.

Gran Bretaña concentra un contingente de fuerzas especiales en la región del Sahel

Gran Bretaña ha concentrado un contingente de 100 mercenarios de las fuerzas especiales en el Sahel, junto a la frontera de Argelia, apoyado por un escuadrón de helicópteros Chinook que servirań de apoyo logístico a las tropas francesas desplegadas por la Operación Barjan en el norte de Mali.

Lo anunció ayer la Primera Ministra Theresa May con motivo de la cumbre franco-británica celebrada en la Academia Militar Sandhurst. May pretende inaugurar “una nueva era de cooperación en materia de seguridad” entre ambos países con una “operación de apoyo a las fuerzas francesas que han estado involucradas durante varios años en una guerra contra grupos terroristas que operan en la zona”, para que prevalezca el “estado de derecho”, dijo.

Es el viejo colonialismo de siempre, ahora bajo la cobertura de los “Estados fallidos” que ellos mismos han creado y que les conduce a actuar como si no hubiera ninguna clase de Estado en la región de las fronteras de Malí, Níger y Burkina Faso. África vuelve a ser una “tierra de nadie”.

A los Estados de la región se los califica de “fallidos” porque desde la invasión de Libia en 2011 sus yihadistas se han instalado en ella. May afirmó que su país “ha participado durante varios años en todo tipo de operaciones en la región, bajo los auspicios de la ONU, la Unión Europea y la Unión Africana, en particular en Mali”.

En colaboración con sus socios internacionales, el gobierno británico “ha desempeñado un papel destacado para evitar que los extremistas se apoderen de grandes zonas de la región del Sahel, convirtiéndolas en una retaguardia para realizar ataques terroristas en Europa”, añadió.

El gobierno británico quiere desplegar tropas en la región del Sahel “para participar en la estrategia mundial” contra los yihadistas que representan una grave amenaza… bla… bla… bla… En resumen: si no hubiera yihadismo habría que inventarlo.

A estas indigestas explicaciones, le añadió lo que nunca puede faltar: la ayuda humanitaria que el gobierno británico tiene previsto incrementar. Todo no va ser destruir los países con una guerra tras otra. La Pimera Ministra anunció que su gobierno aportará 56 millones de euros adicionales para los países de África occidental afectados por epidemias, desastres naturales y conflictos armados.

Las mujeres en pie de guerra en Polonia contra la prohibición total del aborto

Organizaciones feministas y defensores del derecho al aborto organizaron un “miércoles negro” de manifestaciones en Polonia contra un intento de la reacción para endurecer la ley que ya es de las más restrictivas en Europa.

“Sabemos lo que está en juego: la prohibición total del aborto en Polonia”, afirma en un folleto Huelga de Mujeres, una de las organizaciones que convocan la marcha en Varsovia. Otras protestas similares se llevarán a cabo en varias ciudades del país, como Cracovia, Lodz, Breslavia y Szczecin.

La semana pasada, más de un año después de la “protesta negra” de mujeres que hizo fracasar un proceso similar en Polonia, el parlamento, dominado por el partido reaccionario PiS (Ley y Justicia) envió a comisión un texto que suprime la posibilidad de interrumpir el embarazo en caso de malformación del feto.

Si la enmienda a la ley actual -fruto de un laborioso compromiso alcanzado en 1993- propuesta por el comité “Stop Aborto” se adopta, el aborto solo será autorizado en dos casos: riesgo para la vida o la salud de la madre y embarazo resultante de una violación o de un incesto.

Estos dos casos representan un pequeño porcentaje de los abortos legales, y es la malformación del feto la principal causa de las interrupciones de los embarazos en Polonia en 2016, con 1.046 operaciones, es decir el 96 por ciento de los casos, según Stop Aborto.

Un segundo proyecto, de iniciativa ciudadana, liberalizando el aborto, fue rechazada tras un intenso debate de varias horas.

Este texto, que reunió más de 400.000 firmas, preveía poder practicar el aborto hasta la 12 semana del embarazo por razones psicológicas y sociales, así como introducir la educación sexual en las escuelas y autorizar el acceso libre a la “píldora del día después”.

La abstención o la ausencia de unos 40 diputados de la oposición centrista y liberal en este último voto provocaron la indignación de los sectores favorables al derecho al aborto.

Este hecho también desencadenó una crisis en la oposición que, desde hace dos años, intenta buscar una respuesta adecuada a los controvertidos cambios introducidos por el PiS.

El texto enviado a comisión, que tiene que prohibir el “aborto eugenésico”, debido a la malformación fetal, fue firmado por 830.000 personas, según “Stop Aborto”.

El presidente Andrzej Duda, cercano a la Iglesia Católica, se comprometió en noviembre a promulgar la ley una vez adoptada, “para suprimir el derecho de matar a niños con síndrome de Down”.

La nueva propuesta de ley es menos restrictiva que la que provocó en 2016 masivas manifestaciones de mujeres vestidas de negro en varias ciudades de Polonia y que finalmente fue rechazada por el parlamento.

Este texto preveía penas de hasta cinco años de cárcel para los médicos y otras personas participantes en el aborto, incluido para las mismas pacientes, pero autorizaba al juez a renunciar a castigar a estas últimas.

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