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Día: 17 de enero de 2018 (página 1 de 1)

Los atletas rusos podrían participar en los Juegos Olímpicos de Invierno bajo la bandera soviética

La posibilidad de que la simbología soviética sea utilizada por parte de los deportistas rusos en los Juegos Olímpicos de Invierno será decidida por una comisión especial del Comité Olímpico Internacional (COI). La idea de usar la bandera y el himno de la Unión Soviética ha sido sugerida por usuarios de las redes sociales, indignados después de que el COI prohibiera a los rusos representar a su país.

Los Juegos Olímpicos de este año tendrán lugar del 9 al 25 de febrero en Pyeongchang, Corea del sur.

El pasado 5 de diciembre el presidente del Comité Olímpico Internacional, Thomas Bach, anunció que la delegación olímpica rusa no podrá participar en los Juegos Olímpicos de Invierno de 2018. En cambio, el COI determinó que los llamados deportistas “limpios” de este país pudieran tomar parte en la competiciones de manera individual.

Esta decisión del organismo olímpico fue un intento de encontrar un equilibrio entre castigar a Moscú por su supuesta “manipulación sistemática de las normas antidopaje” y “proteger los derechos de los atletas limpios”.

Por el momento, a los deportistas de la Federación de Rusia que han obtenido la invitación de participar en las competiciones no les quedará otra que verse obligados a hacerlo bajo bandera olímpica. Igualmente, en las ceremonias de entrega de medallas los rusos no podrán escuchar su himno ni podrán ir vestidos con su uniforme nacional.

Mientras que una parte de los deportistas rusos han optado por boicotear los Juegos Olímpicos de Pyeongchang al considerar que las condiciones son humillantes, otros han decidido competir bajo las circunstancias actuales.

La Asamblea Olímpica del Comité Olímpico de Rusia (COR) votó a favor de la participación de los atletas rusos en los Juegos Olímpicos de Invierno. Putin también apoyó a los deportistas que planean competir bajo bandera “neutra”.

Una comisión especial del COI decidirá si los deportistas rusos pueden utilizar los símbolos soviéticos en los Juegos Olímpicos de Pyeongchang 2018 después de que se les prohibieran representar a su país.

El dopaje es una excusa, según se deprende de una investigación publicada por el grupo de piratas informáticos Fancy Bears. Hace años que en los deportes mundiales hay una lucha por el poder y, por lo tanto, del dinero (*). La cruzada no es contra Rusia sino contra toda Europa. Se trata de eliminar a los europeos de la dirección del COI, del movimiento olímpico e incluso del fútbol, donde la FIFA tiene abierto un juicio en Nueva York por corrupción.

El antiguo director de asuntos jurídicos del COI, Howard Stupp, manifestó que a Richard McLaren, jefe de la comisión de la Agencia Mundial Antidopaje (WADA), le dieron una orden política clara de expulsar al equipo ruso de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro. Por eso en el caso de Rusia los casos de dopaje no se tratan de manera individualizada, sino en bloque.

(*) https://fancybear.net/pages/wada-vs-ioc.html

Blair compensa los crímenes cometidos en Irak con suculentos negocios con la escoria del mundo

En 2002 el Consejo de la UE promovió la creación de un directorio formado por EEUU, Rusia, la ONU y la propia UE, para acabar con la Segunda Intifada (2000-2005). Se le conoce como “el Cuarteto” y su director es Tony Blair.

En lugar de negociar la paz entre israelíes y palestinos, Tony Blair aprovechado su cargo para hacer negocios con los gobiernos de la región, especialmente Emiratos Árabes Unidos. “Ningún líder británico ha ganado tanto dinero como él a base de ofrecer contactos, consejos e influencia”, dice La Vanguardia (1).

Es casi imposible saber con exactitud el presupuesto anual del que dispone Blar como director del Cuarteto. Lo que sí sabemos es que sus ingresos han experimentado un incremento exponencial desde que ejerce ese cargo.

Desde que en 2007 salió de Downing Street, Blair ha ganado unos 100 millones de dólares, principalmente mediante negocios de su empresa consultora Tony Blair Associates.

Según un documental emitido por Channel 4, cobró una cantidad indeterminada por facilitar la implantación en Cisjordania de la segunda empresa de telefonía móvil palestina, Wataniya, de capital qatarí, con un préstamo del banco JP Morgan del que Blair es consejero.

El laborista ejerce de intermediario entre la familia real saudí y el gobierno chino para la venta de petróleo. A cambio de ponerlos en contacto, Blair pasa una factura de 55.000 euros al mes, más una comisión del 2 por ciento sobre cualquier negocio entre las partes.

En 2013 el antiguo primer ministro laborista firmó un contrato con Emiratos Árabes Unidos para asesorar al gobierno colombiano sobre beneficios mineros (2).

Una de las empresas que consultan a Blair es Mubadala, un fondo soberano de inversión emiratí que en 2014 compró una mina de oro en Colombia, un país donde nadie se toma la molestia de averiguar el papel que desempeñan Emiratos Árabes Unidos y Tony Blair.

Pues bien, aquí sospechamos que al laborista británico le siguen recompensando por su nefasto papel en la invasión de Irak en 2003 para buscar “armas de destrucción masiva” (pero no tenemos ninguna prueba de ello, ni maldita la falta que nos hace).

Hasta ahora no ha habido manera de sentarle en el banquillo del Tribunal de La Haya por los crímenes de guerra cometidos durante la invasión de Irak y, a medida que acumule una fortuna mayor, la tarea será aún más complicada. Está rodeado de muy buenos amigos.

(1) http://www.lavanguardia.com/internacional/20160430/401463327413/tony-blair-diplomatico-al-mejor-postor.html
(2) http://www.telegraph.co.uk/news/politics/tony-blair/11547808/Revealed-how-Tony-Blair-makes-his-millions.html

Una homilía ‘odiosa’ y otras patrañas típicas de la politiquería más reciente

Juan Manuel Olarieta
Maduro ha pedido la apertura de una investigación para determinar si una homilía del obispo Victor Hugo Basabe constituye un “delito de odio”.

El obispo pronunció su arenga el domingo tras una procesión que conmemoraba el 162 aniversario del milagro de la Divina Pastora. En ella le pedía a la virgen que librara a Venezuela de la peste de la corrupción política, que ha llevado al país “a la ruina moral, económica y social”.

Maduro considera que estas palabras “pretenden generar enfrentamiento entre los venezolanos: violencia, muerte, exclusión y persecución” y demuestran la “maledicencia” de los jerarcas católicos, “su maldad, su veneno, su odio, su perversidad”.

Como se ve, el incidente acapara todos los ingredientes de un sainete ridículo, cuajado de los eufemismos típicos de la politiquería actual, un mal que sacude a todo el mundo, empezando por ese lugar llamado Hispanistán.

En Venezuela a los chavistas no se les ha ocurrido otra cosa que apuntarse a la moda del “odio”, que desempeña hoy la misma función que la piedra filosofal, el éter, el flogisto y tantas otras entelequias que lo mismo sirven para un roto que para un descosido.

Hay pócimas que todos los males curan, lo mismo que hay otras que todos los males causan. El odio pertenece a esta última especie y lo explica casi todo, empezando por los atentados yihadistas y acabando por la halitosis. No hay cretino que no haya aprendido rápidamente a recurrir a los “delitos de odio”.

El antídoto contra el odio es el amor. Las cosas en este mundo irían mucho mejor si los seres humanos nos amáramos los unos a los otros, en lugar de odiarnos, si fuéramos comprensivos, benévolos y… políticamente correctos, impecables, cínicos, hipócritas, falsos…

Esos famosos “delitos de odio” nunca existieron; son un invento moderno para acabar con la libertad de expresión, especialmente en ese “cajón de sastre” que es internet.

Originariamente el “odio” fue un recurso que se introdujo en los tratados internacionales de la posguerra como un límite a la libertad de expresión, correctamente impuesto para la protección de las minorías nacionales, religiosas o sexuales.

No creo que sea necesario aclarar que esa protección se debe a que la mayoría ejerce un poder que la minoría no tiene y, como muy bien dicen los anarquistas, “el poder corrompe”.

Sí es necesario afirmar que no tienen razón los que creen que el ejercicio de un derecho, y más de un derecho fundamental, les habilita para hacer o decir cualquier cosa. Todos los derechos tienen límites, incluidos los derechos fundamentales.

Recordarlo es una obviedad en la que se empeñan los fiscales hispánicos en todos los juicios inquisitoriales que tienen abiertos contra la libertad de expresión.

Ahora bien, cuando alguien se extralimita en el ejercicio de un derecho fundamental, no comete un delito necesariamente; lo que significa es que no ejerce un derecho, que es muy distinto para cualquiera, salvo para un inquisidor con mala baba.

En su sentido jurídico, para que haya “odio” tiene que estar en juego la protección de una minoría. Sin embargo, cuando los fiscales, los policías o el mismísimo Tribunal Supremo, hablan de odio es para proteger a la mayoría, o sea, a sí mismos, de las críticas de una minoría. Han vuelto a darle la vuelta a la tortilla otra vez.

“Con la Iglesia hemos topado Sancho”, dijo el Quijote, el mismo que curaba sus heridas con bálsamo de Fierabrás. Ahora esa misma Iglesia puede decir: “Con los chavistas hemos topado”.

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