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Día: 22 de septiembre de 2017 (página 1 de 1)

Facebook destapa los ‘trolls’ del Kremlin que han manipulado las elecciones en Estados Unidos

El “show” del brazo largo del Kremlin que pesa sobre Estados Unidos no debe acabar nunca. Facebook se ha unido a la farsa y a los gregarios de las redes sociales les ha faltado tiempo para volver a la carga. No importa que Facebook haya quebrado el compromiso de confidencialidad de las cuentas privadas de sus usuarios convirtiéndolas en públicas… sólo si son rusas.

A falta de otros, el argumento que ahora pone Faceboolk encima de la mesa través del Washington Post es propio de trileros de baja estofa: ha habido usuarios rusos de su red social que durante las elecciones pagaron para insertar comentarios políticos sobre Estados Unidos como publicidad.

El Washigton Post lo expone de la siguiente manera (1): Facebook ha dado marcha atrás en la política de confidencialidad de sus usuarios que había mantenido hasta ahora y va a enviar todas esas informaciones al Congreso para que investigue la injerencia rusa (o mejor dicho, la injerencia del Kremlin).

Este montaje ha hecho olvidar el origen de toda la comedia, de la que nadie se acuerda, cuando piratas informáticos rusos penetraron en el servidor del Partido Demócrata para manipular las elecciones. Cambia el método pero no el objetivo, que es el de cualquier dictadura: manipular elecciones.

Según The Guardian, durante dos años los usuarios rusos pagaron 100.000 dólares en publicidad (2) para difundir al máximo los mensajes que llegaban de… de donde siempre.

Hasta aquí se trata de las insinuaciones típicas de los conspiranoicos que despotrican contra las teorías de la conspiración de los demás. En un estado de guerra, como el actual, podemos dar por buenas este tipo de sospechas siempre, aunque en este caso debemos en tener en cuenta un par de detalles, al menos.

El primero es que nos parece impropio y chapucero que el FSB, el servicio secreto ruso, utilice cuentas de usuarios rusos para llevar a cabo sus manejos en las redes sociales. Les resultaría muy fácil camuflarse utilizando cuentas de Tanzania, Honduras o Indonesia. ¿O tenemos que pensar que son unos inútiles?

El segundo es que la cifra de 100.000 dólares que se han gastado en publicidad en Facebook es propia de tacaños, sobre todo si tenemos en cuenta las cifras que multimillonarias que se manejan en ese tipo de elecciones en Estados Unidos. Con 100.000 dólares se puede influir muy poco.

De cualquier modo, se vuelve a poner de manifiesto que las redes sociales e internet, en general, no son otra cosa que un campo de batalla. Son propicios para mercenarios como Morgan Freeman, que se ha prestado a poner su rostro en un vídeo que forma parte de la absurda campaña de intoxicación mediática contra Rusia. “Nos han atacado. Estamos en guerra”, dice el actor con tono sensacionalista al comienzo de su intervención para insistir en la necesidad de una investigación sobre la interferencia del gobierno ruso en las elecciones presidenciales.

Pero si estamos en guerra nos gustaría reconocer que son ambas partes las que disparan, es decir, esa parte de la realidad que nadie pone sobre la mesa. Lo vamos a ver con las próximas elecciones presidenciales en Rusia. Esperemos que los que hablan de una injerencia, hablen también de la otra y que Facebook levante el velo de las cuentas que tiene la CIA en su red social.

(1) https://www.washingtonpost.com/business/technology/facebook-to-turn-over-thousands-of-russian-ads-to-congress-reversing-decision/2017/09/21/9790b242-9f00-11e7-9083-fbfddf6804c2_story.html
(2) https://www.theguardian.com/technology/2017/sep/21/facebook-adverts-congress-russia-trump-us-election 

Rusia amenaza con atacar a las tropas de Estados Unidos en Deir Ezzor

El ministro ruso de Defensa ha dirigido una advertencia formal al ejército estadounidense sobre el comportamiento de sus fuerzas en la provincia de Deir Ezzor.

“Rusia ha declarado sin equívocos a los comandantes de las fuerzas estadounidenses en la base aérea de Al-Udeid (Qatar) que no tolerará ningún bombardeo procedente de las zonas en las que están posicionadas las FDS”, ha declarado esta madrugada el portavoz del Ministerio ruso de Defensa, Igor Konashenkov, quien añadió que los ataques ponían en peligro a los consejeros militares rusos enmbarcados con las tropas del ejército regular.

“Los disparos procedentes de posiciones situadas en esas regiones [controladas por las FDS] serán reprimidas por todos los medios necesarios”, ha destacado.

Cumpliendo su amenaza, las FDS han bombardeado las posiciones del ejército sirio en Deir Ezzor al menos dos veces esta semana, lo que ha obligado al Ministerio ruso de Defensa a lanzar la advertencia a sus jefes en el Pentágono.

La presencia de las FDS en Deir Ezzor carece de cualquier clase de explicación lógica, cuando aún están embarcadas en la liberación de Raqqa, la capital del Califato Islámico, una operación en la que Estados Unidos trató de sacar un gran rédito propagandístico y que se ha disuelto como un azucarillo. Lo que más han matado los bombardeos sobre Raqqa han sido civiles indefensos.

Antes de acabar la tarea que se habían empeñado en Raqqa, han trasladado a sus secuaces de las FDS a Deir Ezzor para cerrar el paso al ejército regular, al que han atacado, en la orilla del Río Éufrates.

Las declaraciones oficiales de Washington sobre el cese del apoyo a los grupos combatientes en Siria, emitidas en julio, se han mostrado como otra falsedad. Las FDS se han convertido en la última carta que pueden jugar los imperialistas en Siria.

https://www.almasdarnews.com/article/russia-threatens-attack-us-backed-forces-deir-ezzor/

El jefe de la campaña electoral de Trump ha dirigido a los kurdos en el referéndum del lunes

Paul Manafort
El jefe de la campaña electoral de Donald Trump, Paul Manafort, está ayudando al equipo del presidente del Kurdistán irakí, Masud Barzani, a promover el referéndum independentista del próximo 25 de septiembre, asegura el New York Times (*).

Además, los kurdos han creado un grupo de presión, al más puro estilo corrupto de las grandes potencias. “Manafort aceptó ayudar con el referéndum, incluyendo un empuje para que sea reconocido en Occidente, después de que hace unos meses se le acercó un intermediario de Mansur Barzani”, hijo del presidente del Kurdistán irakí, añade el periódico.

Un portavoz de Mansur Barzani, que dirige el consejo de seguridad en el gobierno de su padre, confirmó que Manafort fue contratado para ayudar en el referéndum y en sus postrimerías.

El funcionario, que prefirió mantener el anonimato, rehusó especificar el papel de Manafort en esa campaña. Señaló que Manafort fue contratado por su experiencia en plebiscitos y asuntos internacionales.

Uno de los auxiliares de Manafort está en Erbil ahora y también su jefe puede desplazarse a la región en los días que quedan para la votación, según los independentistas kurdos.

Mientras, el gobierno de Barzani está en quiebra total y el Kurdistán irakí padece una recesión muy severa, después de unos años de gigantescas inversiones de los sionistas, que se acabaron en 2014. La tasa de pobreza ha pasado del 3,5 al 8,1 por ciento, según un reciente informe del Banco Mundial.

El país entero está hipotecado. En tres años las multinacionales petroleras se han llevado crudo por valor de 3.000 millones de dólares a cambio de la cancelación de viejas deudas que el gobierno lleva años sin pagar y los derechos de explotación de nuevos pozos.

(*) https://www.nytimes.com/2017/09/20/us/politics/manafort-kurdish-referendum.html

Un viejo comunista surcoreano que pasó 30 años encarcelado lucha por regresar al norte

Condenado dos veces por espionaje a favor del Corea del norte, con 30 años de reclusión a sus espaldas en Corea del sur, no hay ONG humanitaria que se apiade para cumplir el último sueño de Seo Ok-Ryol: morir en el país por el que ha sacrificado su vida (Corea del norte).

El sueño tiene su explicación: Seo nació y vivió en el sur, lo mismo que su familia, pero él quiso algo muy distinto: que fuera como el norte. Toda su lucha fue por ese sueño. Está muy cerca, apenas unos cuantos kilómetros; pero le separan las alambradas y los nidos de ametralladora del paralelo 38.

Eligió un bando que tiene muy mal cartel. Si hubiera sido al revés, ya habríamos visto su rostro en Tele5, la CNN, la Cadena Ser y toda clase de tertulias, donde hablarían de presos políticos y de que es muy poco humano tener a un anciano de 90 sin poder ver a sus familiares durante décadas.

En su pequeño apartamento se mueve despacio, con bastón, aspecto fatigado, la espalda curvada y los ojos hundidos en sus cuencas. Otra cosa es la cabeza y la argumentación, al que le llevan siempre empezando por el mismo punto: “¿No se arrepiente Usted?”

Entonces el abuelo saca energías de alguna parte escondida del alma para levantar un poco la voz: “No he hecho daño a nadie, sólo he amado a mi patria”, que no es ni el sur ni el norte sino ambas a la vez.

Corea sigue “de moda”. Alguien no se conforma con haber destruido a un anciano, como Seo Ok-Ryol, y quiere acabar con todos los coreanos, uno por uno. El candelero del Extremo Oriente ha permitido que la agencia AFP envíe a su corresponsal en Seúl a hablar con el viejo espía.

No ha pasado tanto tiempo cuando, tras la histórica cumbre de 2000 entre las dos Coreas, el gobierno de Seúl permitió que 60 ancianos encarcelados durante décadas pudieran volver a sus casas en el norte, casi en silencio para que nadie se entere que donde realmente hay presos políticos no es donde creíamos sino al otro lado de la línea de alto el fuego que separa a ambas Coreas.

Entre aquellos ancianos no estaba Seo Ok-Ryol, convertido en un héroe también para los movimientos progresistas del sur, un símbolo de resistencia inquebrantable. Ahora hacen campaña por su liberación y de la de otros 17 ancianos, uno de ellos de 94 años, para que puedan vivir sus últimos años en el lugar de sus sueños: Corea del norte.

Hace ya muchas décadas, cuando Seo Ok-Ryol era estudiante en Seúl, se afilió al Partido del Trabajo, incorporándose al ejército del norte en 1950, durante la guerra contra Estados Unidos.

Tras el armisticio comenzó a impartir clases en la universidad de Pyongyang, hasta que en 1961 se matriculó en una escuela de espionaje y le destinaron al sur para reclutar a un alto miembro del gobierno cuyo hermano había desertado al otro lado. Cruzó ilegalmente la frontera por el Río Yeomhwa y pudo ver a sus familiares por última vez.

Pero su encuentro con el alto cargo del gobierno de Seúl resultó un fiasco total. Llevaba una carta para él escrita por su hermano, pero no quiso recibirla. “Mi hermano ha muerto para mí. Le dije a las autoridades que murió durante la guerra”, fue su respuesta.

Al tratar de regresar al norte llegó tarde a la cita con el barco. Trató de cruzar el paralelo 38 a nado, pero la corriente le devolvió al sur, donde le detuvieron. Le interrogaron durante meses y fue duramente torturado. Le dejaron sin comer y le privaron del sueño. Finalmente, un consejo de guerra le condenó a muerte.

En la cárcel ha vivido en estricto  aislamiento, con una alimentación a base de arroz hervido y pescado salado. En 1963 le conmutaron la pena de muerte por la cadena perpetua, aunque diez años después le volvieron a condenar a muerte por otro crimen grave: había tratado de afiliar al Partido del Trabajo a otro preso.

“Seis veces he escuchado las palabras ‘pena de muerte’ en boca de fiscales y jueces”, le dice al periodista. “Mi madre se desvaneció varias veces y mi familia vendió su casa para pagar los gastos de mi defensa”. Una vez más, logró fintar a la muerte en el último momento. Pero sus padres murieron viéndole entre barrotes y rejas.

Minúsculas celdas de castigo, poco más grandes que un féretro… Palizas… Torturas… Simulacros de ahogamiento… Un año, otro y otro. Luego una década tras otra… No es el relato de la vida de un preso en las cárceles del norte sino en las del sur.

Después de una infección que la cárcel se negó a curar, el anciano perdió un ojo. En medio de la penumbra del apartamento, su mayor orgullo es poder gritarle a todo el mundo a la cara que él tampoco ha cedido ni un ápice porque cuando ya no te queda nada, la derrota depende de tí mismo: de seguir diciendo que no, a pesar de las promesas, de las migajas y de los cantos de sirena. “No puedo cambiar mis convicciones políticas a cambio de un ojo”, le dice al periodista. “Mi ideología política es más preciada que mi propia vida”.

En 1991 aceptó un compromiso con el gobierno y prometió respetar la ley surcoreana: libertad condicional bajo control judicial. Se instaló en la localidad meriodional de Gwangju, feudo de las fuerzas progresistas surcoreanas, cerca de su ligar de nacimiento, soñando con ver a su mujer y a sus dos hijos, que siguen viviendo en el norte.

A quien le quiera oir, saluda la resistencia numantina del gobierno de Pyongyang frente al imperialismo, un país al que pone como ejemplo de sociedad igualitaria donde cualquiera puede estudiar en la universidad a cargo del Estado.

El gobierno de Pyongyang -dice- tiene que defender a su pueblo con todas las armas a su alcance, incluidas las nucleares, frente a sujetos como Trump, al califica de “loco furioso”.

Este año ya ha sido hospitalizado dos veces por problemas cardiacos. Le queda muy poco aliento. En su humilde apartamento recibe a todo el mundo y tiene el apoyo más completo de 25 organizaciones populares del sur que promueven una campaña para que pueda volver al norte a ver a su mujer y a sus dos hijos.

Si logra verlos, es seguro que no podrá reconocerlos. “¿Qué les diría si les viera?”, le preguntan. “Les daría las gracias por seguir vivos. Me han faltado todos estos años. No esperaba haber vivido separado de ellos tanto tiempo”.

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