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Día: 25 de agosto de 2017 (página 1 de 1)

La contradicción principal

En cualquier análisis científico, uno de los problemás más importantes es dar con la contradicción principal, es decir, el motor que está influyendo de una manera más decisiva en una determinada situación. La contradicción principal expresa la esencia de dicha situación, por oposición a la apariencia de la misma, a sus elementos más superficiales.

El término “contradicción principal” no siempre aparece de la misma manera en todos los fenómenos. Así en las guerras, los estrategas militares definen a un “enemigo principal” o un frente principal de combate, cuando hay varios. La tarea de derrotar a dicho adversario es prioritaria respecto a todas las demás y a ella se subordinan las demás operaciones militares.

El ejemplo de la guerra (y otros parecidos que se podrían invocar) ponen de manifiesto que el descubrimiento de la contradicción principal no es sólo una cuestión teórica, sino también práctica: los problemas no se resuelven hasta que se aborda dicha contradicción. Es lo que a veces se llama “ir a la raíz” de la cuestión, profundizar en ella.

El reconocimiento de que en un determinado acontecimiento concure una contradicción principal pone de relieve que nunca hay una causa única, sino muchos factores concurrentes que actúan de manera simultánea o sucesiva y se influyen unos sobre otros. Es lo que la dialéctica califica como “acción recíproca”: los efectos se convierten en causas y al revés.

Del mismo modo, aunque se suele mencionar en singular, la contradicción principal no tiene que ser única; pueden ser varias. Las demás no es que no influyan o no sean importantes, sino que su peso sobre el fenómeno estudiado es menor, del mismo modo que los edificios tampoco se suelen levantar sobre un único pilar sino que tienen varios tipos de soportes.

En cualquier caso, los edificios se sostienen sobre sus pilares y vigas maestras. Su solidez depende de ellos. El resto de la construcción está bajo su influencia, de manera que para derribar un edificio basta con derribar sus pilares.

La contradicción principal da con “la clave” de una situación, a partir de la cual es posible entender el resto. Descubre la verdadera naturaleza de un problema, profundiza hasta el origen del mismo y, por lo tanto, aporta las soluciones que lo resuelven de manera definitiva o, al menos, a largo plazo, a diferencia de las medidas paliativas que actúan sobre las contradicciones secundarias: aminoran las consecuencias de un problema, pero no acaban con él.

Por ejemplo, el desempleo es una consecuencia necesaria e ineludible del capitalismo. Los seguros ayudan a paliar las consecuencias más perniciosas para los trabajadores, pero no pueden acabar con el problema. Para ello hay que acabar con el capitalismo y construir una sociedad distinta, socialista.

A veces se habla de la contradicción principal como “causa” y de la secundarias como “condiciones”, un factor que suele suponer fijo, una especie de escenario que suministra los decorados ambientales o contextuales a las verdaderas protagonistas: las causas.

No siempre la contradicción principal es la misma a lo largo del tiempo y de la historia, sino que cambia. Una contradicción principal se puede transformar en secundaria y al revés.

Dada la acción recíproca entre las causas y los efectos, descubrir la contradicción principal es muy importante porque es el factor capaz de influir sobre los acontecimientos, al tiempo que está está menos influenciado por ellos.

Así, bajo el imperialismo se califican de “hegemónicas” a un puñado de grandes potencias que son capaces de imponer sus condiciones a las demás, mientras que, en sentido contrario, éstas no son capaces de presionar a aquellas. En sus grandes líneas la situación mundial es, pues, consecuencia de las políticas implementadas por los países más fuertes, que son quienes imponen las “reglas del juego”.

Del mismo modo, no todas las corrientes de pensamiento están en un mismo plano sino que algunas de ellas son dominantes o preponderantes respecto de las demás en las distintas disciplinas: filosofía, sicología, economía, historia, etc. Mientras la ideología dominante se basta a sí misma, las corrientes minoritarias se abren camino criticándola, tomándola como referencia. La crítica es el rasgo característico de esas corrientes marginales. El blanco de dicha crítica es la ideología dominante, que es la que marca la pauta.

La contradicción principal no siempre es evidente por sí misma. Descubrir los vectores fundamentales que influyen sobre un fenómeno es uno de los más grandes avances del conocimiento. Ayuda a ordenar el cúmulo de condicionantes que pesan sobre cada acontecimiento, por lo que es lo contrario a las enumeraciones anodinas e insustanciales que suelen aparecer en los tratados académicos.

En los análisis superficiales y vulgares, todas las contradicciones se ponen en el mismo plano, o confunden a unas con otras, o se concentran en los aspectos secundarios, descuidando los más trascendentales. En el caso de la historia, la narración se llena de anécdotas, de un tipo de relatos banales, de tipo periodístico.

Los aspectos subordinados de un determinado acontecimiento se desentrañan a partir de los principales. Por ejemplo, los relatos vulgares atribuyen al asesinato en Sarajevo del heredero del trono de Austria, el archiduque Francisco Fernando, la causa desencadenante de la Primera Guerra Mundial, lo cual es falso.

La causa fueron las contradicciones entre las grandes potencias imperialistas, que exacerbaron la opresión nacional en los Balcanes, utililzando a los países de la región como mecanismo para un nuevo reparto del mundo. El asesinato de Sarajevo no fue la causa sino más bien la consecuencia de dicha rivalidad.

Si el análisis de un acontecimiento como la Primera Guerra Mundial no se centra sobre la contradicción principal, se confunden los efectos con las causas, a los victimarios con las víctimas, o se buscan soluciones técnicas (económicas, judiciales) a problemas que son de otra índole (políticos, sociales).

Las contradicciones no suelen operar, normalmente, de manera simultánea. Unas son remotas y anteceden inmediatamente en el tiempo a otras, que están más próximas al fenómeno. Incluso las contradicciones operan en cadena, unas detrás de otras o unas a través de otras. Pero la contradicción principal no se puede confundir con la más cercana en el tiempo.

El punto de vista partidista consiste en tomar posición en la contradicción principal. A dicho punto de vista no se le califica de partidista sólo porque sea subjetivo sino, además, porque el punto de partida de cualquier explicación científica es siempre parcial. Por importante que sea el reconocimiento de una contradicción como principal, es una parte del asunto que no agota la descripción. Para ello es necesario identificar también las contradicciones secundarias. El desarrollo de cualquier ciencia evoluciona, pues, de la subjetividad (de la parte) a la objetividad (al todo).

Sin embargo, en ocasiones las ciencias atraviesan etapas de tipo empírico, dominadas por descripciones exhaustivas del “cómo” (de las contradicciones secundarias), pero aún no alcanzan a responder al “por qué”, esa fase del conocimiento que Engels calificaba como “ciencia teórica” (1) en la que la investigación se concentra en averiguar la contradicción principal.

En ocasiones, cuando se trata de fenómenos sociales o de acciones humanas, la contradicción principal se expresa como “responsabilidad”, e incluso como “culpa” de una persona, de una clase social, de un gobierno o de un país. Del otro lado, identifica a las víctimas o sujetos pasivos de los anteriores.

El responsable es quien controla (o debe controlar) la situación, quien la domina (o debe dominarla). De aquí deriva la noción de “hegemonía”, que la burguesía denomina con el neologismo de “liderazgo”. Tiene varios aspectos destacables:

a) lleva la iniciativa; su comportamiento no es reactivo, es decir, no responde a una acción previa sino que la crea
b) su acción tiene un peso decisivo sobre la situación, es capaz de modelarla a su favor
c) a la inversa, está menos influido por la situación, como ya he expuesto antes
d) puede elegir, tiene opciones, mientras los demás países tienen muy pocas, una o ninguna alternativa y, si las que tienen, no les permiten optar a ellas

Aunque el predominio de fuerzas hegemónicas puede ser muy abrumador, nunca es absoluto, por lo que las explicaciones conspiracionistas son erróneas. El mundo no es una pirámide que gobierna una pequeña sinarquía de magnates, donde todos los demás son dóciles sujetos pasivos, engañados y manipulados.

La responsabilidad de unos, por importante que sea, no exime la de otros. La historia muestra muchos ejemplos de que en una guerra desigual, un ejército inferior puede derrotar a uno muy superior en fuerza, si defiende una causa justa, su estrategia es correcta y compensa su debilidad militar con otro tipo de factores, como los políticos, o en palabras de Clausewitz, “el pueblo en armas” (2), por lo que deberá comprender la guerra no como un asunto técnico-militar sino político-militar.

En la misma línea, a veces se atribuye el desmantelamiento de las organizaciones revolucionarias a la represión, es decir, a factores técnicos, (militares, policiales o judiciales), cuando lo cierto es que una organización revolucionaria, por su propia naturaleza, es indestructible. Por brutal que sea la represión, dichas organizaciones han desaparecido como consecuencia de sus propios errores y, finalmente, han acabado capitulando.

Una organización revolucionaria es siempre inferior desde el punto de vista técnico, pero es muy superior siempre desde el punto de vista político. La burguesía comete el error de creer que es posible aplastar a una organización revolucionaria con el empleo de una fuerza técnicamente superior; el proletariado comete otro si no está preparado para hacer frente a ello.

Como también ha quedado expuesto, la detección de la contradicción principal tiene un aspecto práctico y partidista para una organización revolucionaria. Aún siguiendo una línea política correcta, es imposible que una organización revolucionaria avance si no tiene en cuenta las fuerzas más importantes que condicionan la situación en su país, que son tanto internas como internacionales, y son cambiantes además.

(1) Engels, Dialéctica de la naturaleza, Madrid, 1978, pg.158.
(2) Clausewitz, De la guerra. Táctica y estrategia, Barcelona, 2006, pgs.265 y stes.

El director de la inteligencia antiterrorista saboteó a los Mossos d’Esquadra

La descoordinación entre los cuerpos policiales que ha salido a la luz tras los atentados yihadistas en Catalunya tiene su origen en el bloqueo informativo al que el Ministerio de Interior sometió a las fuerzas de seguridad durante el mandato de Fernández Díaz. De esa época de “brigada política” y Operación Cataluña queda un protagonista: José Luis Olivera, actual director del CITCO y antes jefe del Centro Nacional de Coordinación Antiterrorista que bloqueó el acceso de los Mossos a las bases de datos

Eran los tiempos del ministro Jorge Fernández Díaz y de sus conversaciones grabadas en su despacho oficial de Interior, de la conspiración contra políticos y partidos independentistas catalanes –que confirmó hace poco la comisión de investigación del Congreso de los Diputados–, de la consulta popular del 9-N contra la que la brigada política organizó la denominada Operación Cataluña…

Mientras todo eso ocurría, un hombre de la máxima confianza del ministro dirigía el Centro Nacional de Coordinación Antiterrorista (CNCA), y bloqueaba el acceso de los Mossos d’Esquadra a los bancos de datos policiales sobre las tramas yihadistas internacionales de Europol (SIENA o SIRENE) y de la Interpol. Incluso, les negaba la integración en el propio CNCA y hasta boicoteaba las investigaciones de la policía autonómica catalana contra el yihadismo, como las de la Operación Caronte.

“Es un despropósito que se aislase así a una de las fuerzas de seguridad”, subraya a Público un comisario con larga experiencia en la lucha contra el terrorismo islamista. “El responsable del CNCA tenía que haberle dicho al ministro que esa estrategia era enormemente contraproducente, porque si un cuerpo policial no puede consultar una base de datos, tampoco va a introducir sus averiguaciones en ella, como respuesta muy humana de rechazo, y se crean compartimentos estancos que sólo conducen a la duplicidad de esfuerzos y a la descoordinación”.

Pero el entonces responsable de la coordinación antiterrorista, José Luis Olivera Serrano, “siempre decía ‘sí, ministro’ porque sabía que así se abría el camino hacia otro ascenso”, afirma un alto funcionario del Ministerio del Interior que conoció desde dentro esa etapa y es muy crítico con la estrategia de hacerle el vacío a los Mossos en un campo tan sensible. Fue en aquella etapa cuando Fernández Díaz proclamó, en referencia a la policía autonómica catalana: “La lucha y la política antiterrorista deben ser de Estado, y no se puede dejar en manos de los que no tienen el más mínimo sentido de Estado” (14 de mayo de 2015).

Para esa última fecha, Olivera ya había sido ascendido a la dirección del recién creado CITCO (Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado), producto de la fusión entre el CNCA y el Centro de Inteligencia contra el Crimen Organizado (CICO), convirtiéndose así en el auténtico Zar de la lucha contra el yihadismo. Un puesto que ostenta en estos momentos y desde el que hace poco más de dos meses aseveró, en una entrevista: El Daesh [el autodenominado Estado Islámico que se ha atribuido la matanza de las Ramblas de Barcelona] puede tener, si no los días, a lo mejor los meses contados”.

Olivera –quien también afirmó que este verano “se puede estar muy tranquilo [sobre la amenaza terrorista global] dentro de España”– empleaba en esa desafortunada profecía el acrónimo árabe (Daesh) del más conocido como ISIS (siglas en inglés de “Estado Islámico de Irak y Siria”), correspondiente a “Al-dawla al-islâmiyya fi l-‘Irâq wa l-shâm”. Pero la realidad es que no es en absoluto un especialista en terrorismo islamista, como subraya el comisario antes citado, quien domina el árabe clásico y el árabe dialectal de la región de Siria y Jordania al haberse formado durante meses en la zona con los servicios de inteligencia israelíes.

De hecho, el único título con que cuenta Olivera para dirigir el más alto cargo de lucha contra el terrorismo es el de “graduado en Criminología” que concedía la Universidad Rey Juan Carlos, tras un seminario a distancia on-line de un año de duración y sólo 60 créditos. Un grado que ya no se imparte porque la Secretaría General de Universidades calificó el contenido del mismo de “insuficiente a todas luces” siquiera para obtener un título de diplomado.

Por ello, el inspector de la Policía Nacional Jesús Andrés de Dios presentó un recurso contra su nombramiento como director del CITCO, que finalmente fue desestimado por el Juzgado de lo Contencioso Administrativo número 3 de la Audiencia Nacional, aduciendo que en las bases de la convocatoria para opositar a ese nuevo cargo de Zar del Antiterrorismo “no se exigía efectivamente ningún título específico o cualidad de doctor, licenciado, ingeniero, arquitecto o equivalente para su provisión”.

Un altísimo cargo que se inventó el ministro Fernández Díaz hacia el final de su mandato y con el que recompensó a Olivera por su lealtad y su participación –como anterior director de la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF)– en la brigada política de Interior. Ya antes de la llegada de Rajoy al poder, Olivera había ayudado desde la UDEF a altos dirigentes del PP a zafarse de escándalos como el del espionaje entre sus líderes políticos en la Comunidad de Madrid.

Diversas fuentes policiales y de inteligencia coincidentes aseguran que Olivera fue el ejecutor, tanto desde el CNCA como después al frente del CITCO, de la política de aislamiento de los Mossos de las redes policiales internacionales sobre terrorismo islamista. Estrategia que envenenó las relaciones entre la Generalitat y el Ejecutivo de Rajoy y que fue airadamente protestada desde el Parlament de Catalunya y en el Congreso por el portavoz de Esquerra Republicana Gabriel Rufián.

Tras los atentados de Catalunya ha estallado de nuevo la polémica en torno a ese boicot nacional e internacional a los Mossos –que por fin el nuevo ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, ha prometido levantar– a causa del clamoroso fallo de inteligencia que supuso no tener vigilado al imán de Ripoll que era el cabecilla del comando. Un imán extremista que estuvo preso en Castellón y años antes había sido vinculado con el jefe de otra célula islamista… hechos de los que no tenían información los Mossos.

Interior incluso ha contraatacado acusando a los Mossos de haber desestimado una advertencia de las autoridades belgas sobre ese imán. Pero la comunicación de un policía belga con los Mossos era en realidad una petición de información –de la que los agentes catalanes no disponían porque tampoco tenían acceso a la base de datos del CITCO– y tuvo que ser necesariamente a extraoficial y a título personal porque la policía autonómica no está integrada en la Europol.

Otra polémica sobre la falta de acceso de los Mossos a información internacional sensible sobre grupos terroristas se desencadenó tras publicarse que la mismísima Agencia Central de Inteligencia (CIA) de EEUU les había informado directamente de que habían detectado una amenaza yihadista concreta contra las Ramblas de Barcelona. El propio presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, lo desmintió en el programa El Objetivo de Ana Pastor: “Las policías tienen relaciones con otras policías y las agencias de inteligencia tienen relación con otras agencias de inteligencia”, explicó a la periodista. “A una policía como los Mossos d’Esquadra ya nos gustaría tener relación directa con la CIA, pero evidentemente eso no ha ocurrido”.

Pocos minutos después, Ana Pastor le preguntaba directamente a Olivera si se había transmitido a los Mossos alguna alerta de atentado, procedente de servicios secretos extranjeros, sobre una amenaza yihadista contra Barcelona, y su respuesta resultó evasiva e inconsistente.

Fuentes cercanas a los servicios secretos españoles han confirmado que tanto la CIA como otras agencias de inteligencia de países aliados habían advertido desde hace meses de que Barcelona era un objetivo prioritario de los grupos yihadistas. Incluso se produjeron amenazas directas en páginas web islamistas, con ilustraciones alegóricas en la que aparece la Sagrada Familia, que se acaba de identificar como el blanco contra el que inicialmente pretendía atacar el comando, un plan frustrado por la explosión accidental de su arsenal en Alcanar (Tarragona, a 200 kilómetros de las Ramblas), que causó la muerte del imán.

Esas alertas de la inteligencia internacional sobre la amenaza yihadista contra Barcelona sí acabaron llegando a conocimiento de los Mossos, pero siempre por vías extraoficiales e informales, ya que el CITCO no les proporcionaba información.

http://www.publico.es/politica/atentados-yihadistas-director-inteligencia-antiterrorista-dirigio-boicot-informativo-mossos.html
El policía Olivera, el perrito faldero de los chanchullos del PP

En la Rusia capitalista el arte también se ha transformado en industria

Kirill Serebrenikov
El mundillo de la farándula está muy revuelto en Rusia. Vive sus horas más bajas porque son las más falsas de su historia. Se ha llenado de una “culturilla” de medio pelo, ese tipo de mercancía que es el equivalente en la cultura del serrín en la carpintería. La causa es el capitalismo, esto es, una imposibilidad absoluta: el intento de convertir el arte en una industria.

Si siguen las noticias de Rusia les habrá llegado el eco lejano de que el director de cine y de teatro Kirill Serebrenikov ha sido detenido y luego sometido a arresto domiciliario, lo que a algún medio cultureta ha aprovechado para lo de siempre, al más viejo estilo URSS: Putin es un dictador, en Rusia se persigue a los intelectuales díscolos, críticos, etc.

El caso es que Serebrinkov ha sido detenido por el delito de malversación de fondos públicos, es decir, por meter en un bolsillo indebido unos dineros que el Estado le dio para que desempeñara su función seudocultural; en otras palabras: Serebrenikov no era alguien ajeno al gobierno de Medvedev sino todo lo contrario (vivía del presupuesto público).

Si damos otra vuelta a la rosca habría que añadir que Serebrenikov se disponía a rodar una película sobre Viktor Tsoi, el icono del rock ruso por antonomasia que empieza con una falsificación de la realidad que, vista desde occidente, no puede ser más oportunista: Serebrenikov hace pasar al ídolo como un homosexual, lo cual es falso.

Podríamos sospechar, entonces, que se trata de otra campaña homófoba auspiciada por el Kremlin. Pero a la revista Shanghai y demás gacetilleros occidentales nadie les ha avisado de que aquí tienen carnaza para otra campaña como la de Chechenia. Ellos se lo pierden y nosotros nos quedamos frustrados con una mentira menos.

Para hacernos una idea: recientemente otro de los “escándalos” del cine ruso es la película (una superproducción financiada por el Ministerio de Cultura) del realizador A. Uchitel sobre las aventuras íntimas del último zar, Nicolás II, en la que quien encarna el papel imperial es un actor porno alemán. Ya saben cómo funcionan estos falsos “escándalos”, que no son otra cosa que publicidad gratuita y encubierta para ayudar a pagar el derroche de gastos que genera la basura seudocultural. A falta de estímulos de otro tipo, el morbo siempre vende.

Nikita Mijalkov
Cambiemos de tercio; pasemos a hablar de alguien mejor y más conocido en los medios cinematográficos occidentales, el gran Nikita Mijalkov, que ha abandonado -dando un portazo- otro nido de dinero: el Fondo con el que el gobierno ruso subvenciona determinadas películas (y no otras), administrado por un consejo de 16 personas al que acaba de llegar uno de esos personajes de la farándula moscovita, Natalia Timakova, que auna en su persona dos cargos simultáneos: ejerce portavoz del gobierno y es Directora General de Cine.

La explicación que Mijalkov expone en su despedida nada entre dos aguas, pero es muy interesante por lo sorprendente, ya que tiene poco que ver con la imagen que se expone en occidente del tipo de colaboradores, como Timakova, que rodean a Medvedev y, en última instancia, también a Putin.

Empecemos por explicar que el consejo que gestiona los fondos del cine ruso lo componen tanto tanto políticos -la mayoría- como integrantes del llamado “séptimo arte”. Mijalkov reconoce que Timakova es una persona cualificada, es decir, que si bien aterriza en el consejo por su condición de persona de confianza del Primer Ministro, Dimitri Medvedev, conoce de cerca el mundo del cine.

Sin embargo, el punto de vista “ideológico” de ambos es opuesto, añade Mijalkov, y Timakova va a imponerlos en el consejo porque tiene poder y competencias para ello. Lo que el cineasta quiere decir es algo así como que en Rusia la política se va a imponer al arte, una tesis muy repetida en todas las partes del mundo, mucho más que la otra tesis, la de que el dinero se va a imponer al arte, que se acepta resignadamente como si fuera una maldición que hay que aguantar, es decir, el arte está obligado a soportar la presencia del dinero pero no la de la política (ni siquiera cuando uno, el dinero, llega a través de la otra, la política).

Pero todo esto es un aburrido seudodebate. Lo mejor llega cuando Mijalkov sale de la rueda de prensa y a preguntas de un periodista afirma que “Timakova afronta numerosas cuestiones corrientes con una rusofobia latente”. ¿Es rusófoba la portavoz del gobierno ruso?, ¿de un gobierno calificado de nacionalista?, ¿de qué está hablando Mijalkov?, ¿quién es Timakova?

El choque entre ambos, Mijalkov y Timakova, refleja el dilema en el que se mueven los círculos ideológicos dominantes en Moscú. El cineasta expresa la aversión (por no decir repugnancia) de grandes masas de la sociedad rusa actual contra políticos del estilo Timakova que hace 25 años en Madrid hubieran calificado de “beautiful people”.

Para entendernos, Timakova es como Carmen Alborch cuando era ministra de Cultura del PSOE; gente exquisita que se viste de gala para la ópera o la galería de arte, con la diferencia de que la rusa (y su marido Alexander Budberg) forman parte de los círculos “liberales”, o “neoliberales”, o “ultraliberales” que en Rusia son aún más indeseables que aquí.

En Rusia a estos círculos se los asocia con los tiempos duros de Yeltsin y Gaidar, cuando la liquidación del socialismo cayó como un fardo sobre las costillas de los trabajadores, los cooperativistas, los pensionistas, los funcionarios… En las altas esferas, a los críticos de aquella etapa, como al mismo Putin, se los considera nacionalistas, partidarios de la autarquía, las empresas públicas, etc.

En lo sustancial, desde 1999 Putin depuró implacablemente a aquella costra de vividores, pero en absoluto se desprendió totalmente de ella que está muy presente en altos cargos del gobierno y la administración, ciertos medios de comunicación opositores, empresas, universidad…

En el terreno cultural (por llamarlo de alguna manera), si el cine se convierte en una industria (como cualquier otra), se somete a las leyes del mercado, que son las del más fuerte, es decir, las de Hollywood, por lo que ocurrirá como en todo el mundo: las salas se llenan de ese tipo de cine insufrible, taquillazos que lo mismo se exponen en Moscú, que en Madrid o en Tegucigalpa.

La cultura es nacional; la industria es internacional (“global”). Ahora bien, no se confundan: una industria internacional es como la socorrida “comunidad internacional” o la “coalición internacional” que masacra Siria, o sea, Estados Unidos.

Mijalkov quiere otra cosa; quiere financiar cine ruso.

La portavoz del gobierno ruso, Natalia Timakova, con su marido Alexander Budberg

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