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Día: 18 de julio de 2017 (página 1 de 1)

¿Venezuela igual que Chile?

Darío Herchhoren

En el año 1973, se produjo un golpe de estado en Chile, que acabó con el gobierno de la Unidad Popular que presidía Salvador Allende. Luego de su caída, hubo una larga dictadura ejercida por el General Augusto Pinochet Ugarte, durante 17 años.

Ese golpe militar, rompió con una tradición  de no intervención en la política del país de las FFAA chilenas. Pero eso es evidentemente una falsedad. Las fuerzas armadas chilenas  fueron creadas, entrenadas y armadas siguiendo un modelo prusiano, por generales prusianos, que enseñaron al ejército chileno a despreciar toda actividad política; y esa es la verdadera razón por la cual el ejército chileno no intervenía en política. Desmintiendo tal afirmación hay que poner de resalto que unos pocos días antes de que Salvador Allende asumiera la presidencia de Chile hubo un atentado con bomba que acabó con la vida del general Schneider, que era el jefe del estado mayor del ejército como una provocación para que ese ejército saliera a las calles a poner «orden» . Hay una confesión del agente de la CIA Miguel Manley, autor a su vez de la muerte del General Carlos Prats y de  su esposa en un atentado con explosivos en Buenos Aires, ya caido Allende; donde reconoce ser el responsable de la muerte de Schneider, y en su confesión involucra a altos oficiales del ejército chileno, entre los cuales estaba Manuel Contreras, ex general, y luego jefe de la DINA (policía secreta ) en el gobierno de Pinochet, que actualmente está en prisión.

El gobierno de Allende implementó lo que se llamó «la vía chilena hacia  el socialismo». En palabras del propio Allende; sería un socialismo con empanadas y vino, en homenaje a un plato típico de Sudamérica.

Salvador Allende fue hostilizado desde un principio, por la gran patronal chilena, y por los intereses de la gran minería del cobre, que fue nacionalizado bajo su gobierno. Esa hostilidad se manifestó con el desabastecimiento y la práctica desaparición de artículos de primera necesidad como el aceite, el arroz, las patatas, el pollo y el pescado. A eso se sumó la gran patronal del transporte, que se excusaba para no abastecer a las ciudades en que carecía de repuestos para sus camiones, o de neumáticos. He sido testigo de como algunos transportistas quitaban una de las ruedas delanteras a sus camiones para tener una excusa para no efectuar servicios de transporte.

Hay que reconocer que Allende tuvo un escrupuloso respeto a la legalidad burguesa que era la que le permitió ganar las elecciones; pero ese mismo respeto le llevó a no tomar las medidas adecuadas, una de las cuales era necesariamente la expropiación de bienes, servicios y empresas que se negaran a cumplir con sus obligaciones. Estaba claro que Allende no se animaba a romperle el espinazo a la burguesía chilena, y eso fue lo que precipitó su fin. La International Telegraph and Telephon, con la inestimable dirección de Henry Kissinger, entonces Secretario de Estado de los EEUU, hicieron el resto,

El 11 de septiembre de 1973, se produjo un golpe militar fascista, que acabó con su gobierno y con su vida, y que inauguró un período trágico en la vida de los chilenos.

En Venezuela se está produciendo una situación muy parecida. Las diferencias están a la vista. El alma mater de lo que se llama la «revolución bolivariana» que era Hugo Chávez era militar y gozaba del apoyo total de las FFAA, que tienen un origen social muy distinto de las chilenas. Estas tienen una raíz popular; mientras que aquellas tienen un origen oligárquico.

Chávez tenía un enorme carisma y se convirtió en una figura de dimensión continental; pero cometió el mismo error que Allende. No atacó las bases del poder de la burguesía. No expropió la banca privada ni creó una banca nacional, no expropió las grandes propiedades, ni fomentó una agricultura ni una ganadería nacionales que le permitiera gozar de independencia alimentaria; y eso es básico para llevar adelante una revolución como la que planeaba. Eso permite que como ocurrió en Chile desaparezcan los alimentos y que haya largas colas para comprar los mismos, obligando a la población a perder horas para lograr subsistir.

El gobierno de Maduro debe defenderse, aplicando medidas de emergencia, expropiando, encarcelando si es preciso, y sobre todo impidiendo las llamadas «guarimbas», que son en realidad motines que se organizan contra un gobierno que tiene legalidad y legitimidad.

Como conclusión y como pregunta: ¿hay alguna experiencia en el mundo donde se haya hecho una revolución social sin ejercer violencia?

Si cae el ‘villarato’, lo siguiente es el diluvio

B.

En efecto, y como «conspiranoicos» seguidores del dicho que dice: «piensa mal y acertarás», que así nos han enseñado en medio de patrañas y mentiras, que nacimos inocentes y los vivires nos convirtieron en escépticos, al decir de Rousseau, estamos por decir, conscientes del riesgo de que se nos tome a chacota y cachondeo, de que si cae el máximo jerifalte, Villar, del «Planeta Fútbol» (él diría «furbo»), la única religión verdadera, ese opio, lo siguiente es el caos y el acabose, señores.

Hace tiempo que le buscan las cosquillas a Villar y es justamente ahora que le detienen (incluido su hijo, Gorka, factótum de casi todo el tinglado y mangancias). ¿Por qué? Pues según nuestras conspiranoias patafísicas, para hacer ver que el Estado español es tan fuerte y democrático que hasta el pope Villar puede ser susceptible de ser imputado por corrupción. Eso ha dicho el «portacoz» del Gobierno, que nunca recuerdo su nombre. Y lo dice como diciendo, subliminalmente, si  podemos con esto, que es lo más de lo más, el non plus ultra, (Florentino es intocable), ¿cómo no vamos a poder con los (putos) secesionistas catalanes (de mierda)? Con la ley (?) en la mano, eso sí.

Conclusión: están dando patadas al independentismo catalán en diversos y variopintos culos, esta vez Villar.

No me den ahora la razón, esperen a la publicidad. En seguida volvemos.

Bon apetit.

Experiencia de un mes de trabajo en Corea del norte

Ricardo González Dávila

Mi nombre es Ricardo González Dávila. Soy entrenador de baloncesto y acabo de aterrizar procedente de Corea del Norte, el que dicen es el país más hermético y desconocido del mundo. He sido el primer español en trabajar con las autoridades deportivas de aquel país. Allí he ejercido durante un mes como seleccionador masculino y femenino. Esta es mi experiencia.

Me siento enormemente afortunado de haberlo podido vivir. Corea del Norte es un país extraordinario, su gente es maravillosa y feliz. Me siento privilegiado por haber trabajado en un lugar al que casi nadie tiene acceso. Son personas muy inteligentes y no toman ninguna decisión sin analizarla y estar convencidos de que será un acierto.

Lo peor, sin duda, ha sido estar separado de mi mujer, Lidia [Mirchandani, exjugadora internacional con España], y de María, mi hija de 17 meses. Se me hace eterno cada día que paso sin ella. Me pregunto si merece la pena el sacrificio y si me compensa. Mi gran amigo Javi Juárez [entrenador en categorías inferiores del Madrid] siempre me dice que lo hago por ellas y que cuando la niña sea mayor estará orgullosa de mí.

En Corea del Norte no existen las redes sociales. Tampoco en China, así que desde que llegué a Pekín tuve que olvidarme de Facebook, Twitter e Instagram. Tampoco hay acceso a muchas webs. Mi comunicación con el exterior era por teléfono, desde el chip con número norcoreano que compre allí, llamando desde el hotel, o bien por email.

Me decían que estaba loco

Algunos me decían que estaba loco al ir a Corea del Norte. Ahora digo que estaría loco si no hubiera ido. Desde que recibí el primer correo electrónico del Comité Olímpico norcoreano, no tuve dudas. Así que el 16 de noviembre volé a Pekín y de allí, a Pyongyang.

Aquel día, mi avión fue el único que aterrizó en el aeropuerto. Y el día que me fui, era el único que salía. El aeropuerto es muy moderno y más pequeño del que tendría otra ciudad con ese número de habitantes, pero con el tráfico aéreo que hay no necesitan más.

Desde mi llegada tuve un chófer, una traductora y una guía. Estaban alojados en mi hotel y permanentemente preocupados de que estuviera bien. Se han ocupado de todo: comidas, transporte, turismo… Si quería ir a dar un paseo yo solo, ir al pabellón andando o ir a correr un rato, lo podía hacer sin ellos.

Con la guía hablaba sólo en inglés y con la traductora, en inglés o español. Con los jugadores y el resto de la gente, todo era a través de la traductora. Muy poca gente habla inglés, aunque las autoridades del deporte sí lo manejan.

No he visto a personas occidentales. No conocí a ninguno en todo el mes. El turismo les llega casi todo de China.

En lo profesional, la verdad es que nunca tuve mejores condiciones para desarrollar mi trabajo. Lo he tenido todo. Es el sueño de cualquier entrenador: un pabellón de primer nivel, muchos jugadores, todas las horas de entrenamiento que quieras, material, audiovisuales, ayudantes… ¡Todo! Pidiera lo que pidiera, al día siguiente, en el entrenamiento, lo tenía.

Nunca he sentido como entrenador un respeto tan grande por parte de los deportistas y tanta predisposición a entrenar, aprender y mejorar. Hemos entrenado en un mes las mismas horas que puede entrenar un equipo profesional en Europa en tres meses, por sus partidos y sus viajes.

El biotipo del norcoreano es muy bueno para el deporte. Hay buenos jugadores y jugadoras. Es difícil que alguno jugara en la ACB, tal vez se adaptarían mejor a la LEB.

Sí hay jugadoras que podrían estar en Liga Femenina, incluida una de 1,97. No se les permite competir fuera del país, pero si creen que para crecer necesitan sacar a sus deportistas a jugar a las mejores Ligas del mundo, lo harán. Costeado y controlado por ellos.

Los jugadores de baloncesto son buenos técnica y físicamente por la cantidad de horas que se entrenan, y tienen el don del tiro. Al nivel de los mejores tiradores en Ligas europeas. Tácticamente tienen que crecer, ya que basan casi todo su ataque en su juego exterior. Tienen ganas de mejorar, aprender y ganar. Su conocimiento del baloncesto internacional, quitando Asia, es casi nulo. Allí no llega la NBA, pero mostraban interés por saber cuál era el lugar del baloncesto español en el mundo.

Y, por supuesto, es totalmente errónea la información sobre que allí hay canastas de cuatro puntos, mates que valen tres y esas cosas. Son todo bulos llegados desde el desconocimiento de lo que es Corea del Norte en lo deportivo.

La organización deportiva que tienen es inigualable. Jamás vi nada parecido. Todos los funcionarios del país tienen que practicar un deporte además de su trabajo. Y se hacen Olimpiadas en todo el país donde compiten el Ministerio de Agricultura contra el de Sanidad, el de Educación… Con los niños, igual: al acabar el colegio, todos deben hacer algún deporte. No pierden el tiempo con aparatos tecnológicos o la televisión.
Casi todo el mundo va en bicicleta

Las dos tardes libres que tenía a la semana las dedicaba a jugar al tenis de mesa y hacer turismo. Pyongyang es una ciudad preciosa, de los lugares más bonitos que he visitado, con un encanto muy especial. Suele haber bastante gente, aunque en las fotos no se vea porque era domingo. Sorprende la amplitud. Hay algunas avenidas que son más del doble que La Castellana. Y eso en una ciudad que tiene 100 veces menos tráfico que Madrid. Hay coches, pero casi todo el mundo va en bicicleta. Es muy plana y ayuda.

Hay carriles bici del tamaño de calles enteras. También se mueven mucho en metro, que es de primer nivel y gratis para ellos, como el autobús. En Pyongyang hay de todo: centros comerciales, mercados, tiendas… No en la cantidad y variedad de otras grandes ciudades, pero puedes comprar lo que necesites. Es más bien barato para un bolsillo europeo. Comer o cenar en un buen sitio son 10 ó 15 dólares. Se puede funcionar en dólares o euros sin problema, pero en pocos sitios aceptan tarjetas de crédito. Eso sí, es imposible encontrar cosas occidentales. Todo es de fabricación propia. No hay Coca Cola, Sony, McDonalds… Ni de tabaco vi una marca conocida. Sólo mantienen relaciones comerciales con China, pero tienen absolutamente de todo. Ah sí, los jugadores llevaban zapatillas Nike, la mayoría del mismo modelo.

Hemos acabado todos muy contentos: ellos conmigo y yo con ellos. Ya hemos cerrado un acuerdo para el año que viene de otros tres meses, quizá más, dependiendo de mi disponibilidad profesional y de las fechas de las competiciones internacionales en las que decidan participar. Estoy seguro de que será una vinculación de varios años. Quieren que trabaje con ellos en muchas más cosas que entrenando a sus jugadores. La idea es ir participando con las diferentes selecciones de todas las edades, pero tienen claro que irán a jugar cuando sepan que están preparados para competir.

No he tenido ocasión de conocer al presidente Kim Jong-un, aunque me habría encantado. El máximo dirigente de la Federación me dijo que eran grandes amigos porque jugaron muchos años juntos al baloncesto. De ahí su afición por este deporte. Ojalá el año que viene tenga la oportunidad de conocerle.

http://www.marca.com/primera-plana/2016/12/19/5856c99f268e3ea5648b45f6.html

En Hamburgo el gobierno de Merkel quería un baño de sangre y lo ha conseguido

El jueves de la semana pasada un estudiante relataba al diario Hamburger Morgenpost la salvaje represión de la policía en Hamburgo por las protestas contra la reunión del G-20. Mientras desfilaban pacíficamente por la calle, fueron obligados por los antidisturbio a subirse a un muro de dos metros de alto y luego los obligaron a saltar desde lo alto, para acabar derribándolo a golpes para que cayeran todos. Fueron muchos los que se compieron los huesos, padeciendo dolorsas fracturas, mientras la policía les grutaba “¡Cerdos antifascistas!” Algunos aún permanecen en los hospitales.

En una carta abierta dirigida a Olaf Scholz, el alcalde socialdemócrata de Hamburgo, y a Andy Grote, del mismo partido, el colectivo que convocó las manifestaciones, Alles allen (Todo para todos), también narra el salvajismo policial en Hamburgo, el ataque del sábado por la tarde a un campamento organizado en un parque y a la propia manifestación por parte de comandos especiales de la policía.

Las agresiones policiales causaron un enorme número de heridos y lesionados, varios de ellos en la cabeza, a causa de golpes brutales, incluso contra personas que yacían tumbadas en el suelo.

A pesar de las agresiones de los antidisturbios, la defensa de la actuación policial ha pasado aun primer plano en la capaña electoral alemana, de manera unánime. Así cabía esperarlo por parte del gobierno de Merkel, que dio patente de corso a la policía. Pero si podemos extrañarnos de algo es de la posición de quienes ejercen de oposición y no se oponen a nada, y menos a las agresiones de la policía.

Tanto por parte del SPD, como de Die Linke (La Izquierda) o de Los Verdes hay plena unanimidad y ninguna diferencia con las fuerzas de la reacción, sino más bien al contrario. La “izquierda” justifica, aplaude y quiere más palos, más cabezas rotas y más manifestantes heridos.

A los que protestan no les defiende ningún diputado, ningún partido institucional, nadie que ocupe ningún cargo pública. Se tendrán que defender a sí mismos porque al gobierno no le basta con los porrazos sino que ha amenazado con acudir a los tribunales para encarcelar a los que han protestado en las calles en el ejercicio de uno de sus derechos más importantes: el de manifeistación.

Los enchufados, los vividores, la legión de parásitos de la política institucional aseguran unánimente que en Hamburgo no ha existido ninguna clase de violencia policial. Así lo ha asegurado en la televisión Olaf Scholz, el alcalde socialdemócrata de Hamburgo. Por definición, no hay más que un único tipo de violencia: aquella que los manifestantes llevan a cabo contra las instituciones, y no al revés.

Tras el baño de sangre, los políticos han quierido volver a lo suyo, a embaucar con la magia electoral, las votaciones y demás cuentos. Cuando el viernes Martin Schulz, candidato del SPD a la cancillería, llegó al barrio de Schanzen, en Hambrugo, con la sonrisa en los labios, se encontró con lo que no esperaba. Los vecinos empezaron a increparle “¡Aquí no tienes nada que hacer!”, “¡Sucio traidor!”, entre otros insultos de los que hasta el periódico Süddeutsche Zeitung se ha tenido que hacer eco.

Algunas declaraciones institucionales han sido más repugnantes que otras. El portavoz del grupo parlamentario de Los Verdes, Anjes Tjarks, ha dicho que la policía ha trabajado mucho y bien, por lo cual sus jefes derían dar a los mamporreros una gratificación en la próxima nómina, aumentar sus vacaciones y pagarles las horas extras que han empleado en aporrear a personas indefensas.

Alemania es la mejor demostración de que la oposición política no existe en el terreno institucional, de que no hay pluripartidismo y de que todos los grupos institucionales actúan al unísono. Para eso no hacen falta tantos partidos; con uno basta.

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