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Día: 1 de julio de 2017 (página 1 de 1)

Una placa conmemorativa dedicada a Stalin preside el paraninfo de la Universidad más importante de Rusia

La Universidad de Derecho Kutafin de Moscú, la más importante de Rusia, ha restaurado una placa conmemorativa dedicada a Stalin (1) que recuerda que en 1924 leyó allí, en el paraninfo, una declaración sobre las conclusiones del XIII Congreso del Partido bolchevique.

Desde 1949 la placa siempre había estado en aquella Universidad, aunque la trasladaron a un lugar más discreto, donde no provocara polémicas. Ahora preside todos los actos solemnes que se celebran. Ocupa un lugar de honor.

Merece la pena prestar atención a los pormenores del asunto desde el principio porque pone al descubierto toda la complejidad histórica de la Rusia actual y de la desaparecida URSS, que algunos quieren reducir a mera caricatura ridícula.

La Universidad quiso recuperar la placa de una manera vergonzante, sin que nadie se enterara, sin ceremonias oficiales y sin anunciarlo en el sitio web. Quien lo publica primero es un abogado británico y a partir de entonces se desata la caja de los truenos (2). Tomen nota: un tipo que vive en Nueva York inicia una campaña de recogida de firmas en change.org dirigida al rector para que retire la placa.

A medida que la bola de nieve baja por la pendiente, cuando al rector le piden explicaciones, saca a relucir un decreto de… 1960, nada menos, en plena desestalinización, que declaraba que el paraninfo era un monumento histórico o, como diríamos aquí, “patrimonio nacional” de obligada conservación (3).

Entonces los truenos se convirtieron en tormenta que, como procede de ciertos sectores poderosos de la sociedad, parece aún mayor. Una parte del equipo directivo de la Universidad dimite, algunos profesores se niegan a impartir clases y el Centro de Derecho Constitucional de la Escuela Superior de Economía, un feudo de los “neoliberales rusos” (digámoslo así, para entendernos), cesa cualquier clase de colaboración con la Universidad Kutafin mientras la placa siga ocupando ese lugar honorífico.

Uno de los aspectos más curiosos de este asunto es que los mequetrefes que presionan al rector mienten descaradamente (como no podía ser de otra forma tratándose de Stalin). Dicen que el dirigente bolchevique arrasó con el sistema jurídico, cuando fue justamente al revés: tras la Revolución de Octubre las facultades de derecho se integraron en las de ciencias sociales y no volvieron a adquirir autonomía hasta después de la Segunda Guerra Mundial (incluido el estudio del Derecho Romano).

El asunto adquiere verdadero interés cuando se traslada a las redes sociales, donde los que no son tan poderosos como los que presionan también tienen la posibilidad de expresarse. La polémica cambia de tono. Los internautas se burlan de quienes tratan de seguir la campaña de desestalinización iniciada en 1956 y, por pura reacción, sus simpatías por Stalin se multiplican: si determinados personajes —a los que los internautas rusos detestan— odian tanto a Stalin, es porque debía ser un gran tipo.

“Stalin el nuevo héroe de Rusia”, titulaba el año pasado el New York Times (4). No es algo reciente. El aprecio por el dirigente bolchevique siempre ha estado en la conciencia de los rusos, como de todos los pueblos de la antigua URSS, pero es especialmente significativa en Rusia porque Stalin no era ruso. Las sucesivas campañas difamatorias que se han vertido desde 1956 han tenido el efecto opuesto de acrecentar cada año la admiración por su figura.

El comunista georgiano acabará convirtiéndose en un mito, para unos tanto como para otros. Es una parte indigesta de la historia del siglo XX, detestada por una minoría insignificante (pero muy poderosa) y apreciada por las grandes masas que le recuerdan por lo que fue tanto como por la esperanza que para ellos representa. Como siempre, las masas tienen razón: en Stalin no sólo hay un problema con el pasado sino, sobre todo, con el futuro.

China teme la explosión inminente de la burbuja especulativa

Nick Beams

La agencia reguladora bancaria de China ordenó investigar a algunos de los mayores inversores del país en el extranjero, mencionando la posibilidad de un riesgo generalizado para toda la red financiera debido a las prácticas que los inversores han empleado en la adquisición de activos.

La investigación que llevará a cabo la Comisión de Regulación Bancaria de China (CRBC) está dirigida a esclarecer las conexiones de bancos chinos con cuatro empresas: el gigante inmobiliario y de entretenimiento, Dalian Wanda, los conglomerados empresariales Fosun International y el Grupo HNA, las cuales son empresas cotizadas, además de la aseguradora no cotizada, Anbang.

Según una estimación, las cuatro empresas han sido responsables de 56.000 millones de dólares en negocios en el extranjero durante los últimos cinco años.

Sus adquisiciones incluyen la compra del Waldorf Astoria Hotel de Nueva York, la empresa estadounidense de cine AMC Entertainment, el grupo de producción teatral Cirque du Soleil y una participación del 10 por ciento en Deutsche Bank.

Aunque trataron de contrarrestar los efectos de la investigación al emitir garantías de que nada iba a cambiar, las empresas cotizadas experimentaron ayer una venta de sus acciones y bonos. Los grandes bancos públicos también declararon que no tenían intención de cortar sus fondos a las empresas involucradas.

La CRBC examinará si las empresas utilizaron o no productos financieros de alto interés y préstamos en el extranjero para su conjunto de compras, que se llevaron a cabo en gran medida fuera del alcance de los reguladores chinos.

La decisión de la CRBC llega tras la detención a principios de junio de Wu Xiaohui, el titular de Anbang, por inquietudes sobre sus compras de activos en el extranjero mientras los reguladores chinos intentan controlar la salida de capitales del país.

Liu Zhiqing, subdirector del departamento de riesgo de la CRBC, dijo que la comisión estaba preocupada por “el riesgo sistémico de algunas grandes empresas” y que este riesgo “podría transmitirse al sistema financiero y a otras instituciones, incluyendo bancos chinos más pequeños”.

Liu se negó a dar detalles específicos de las empresas que constituyen el foco de la investigación, diciendo que los riesgos sólo aplican “en un sentido amplio”.

El gobernador del banco central, Zhou Xiaochuan, destacó las preocupaciones sobre la estabilidad del sistema financiero a principios de esta semana. “La experiencia de la crisis financiera mundial nos dice que la primera prioridad es mantener las instituciones financieras sanas para que se puedan evitar crisis financieras”, dijo. “No podemos tolerar fenómenos como el fuerte apalancamiento, el bajo capital y los préstamos morosos”.

La seriedad de la investigación CRBC fue subrayada por los comentarios al Financial Times, de Frederic Cho, fundador de una consultoría de inversiones especializada en China. “Esta es una investigación minuciosa de grandes grupos con una presencia de inversión en el extranjero a fin de evitar ‘un momento Lehman Brothers’ [como el que antecedió la crisis del 2008 en Estados Unidos] en el sistema financiero chino”, dijo.

China teme que una crisis o incluso la quiebra de uno o más de los principales inversores en el extranjero causen un enorme daño a la reputación financiera del país y afecten gravemente al intento del gobierno de integrar a China en el sistema financiero mundial por completo.

El presidente de CBRC, Guo Shuqing, ha prometido limpiar el sistema bancario y financiero chino. Fue citado a principios de este año diciendo que renunciaría “si la industria bancaria se convierte en un desastre completo”.

Sin embargo, una depuración financiera también presenta problemas. Los intereses bancarios y financieros están estrechamente entrelazados con diferentes facciones y a veces rivales dentro del régimen del Partido Comunista de China que ejercen una considerable influencia política y por lo tanto económica.

El crecimiento del gigantesco y, en gran parte, no regulado sistema financiero paralelo o “en la sombra” preocupa. El gobierno quiere ponerlo bajo control, reconociendo los peligros que representa. Sin embargo, el régimen también depende de éste para financiar a las autoridades locales y mantener el crecimiento económico.

Todo el régimen del PCCh vive con el temor de una crisis económica mayor que conduzca a una desaceleración del crecimiento o una recesión porque su única fuente de legitimidad política descansa en su capacidad para sostener la expansión económica.

El gobierno espera poder lograrlo haciendo que China sea reconocida como parte del sistema financiero mundial. Pero este objetivo depende de su capacidad para asegurar que China no sea considerada un “oriente financiero salvaje”.

Mientras que la mayoría de las compras chinas de activos en el extranjero se financian con préstamos de las reservas estatales o con fondos proporcionados por bancos chinos y extranjeros, y por lo tanto pueden ser supervisadas por reguladores, algunas empresas utilizan financiación y emiten productos financieros fuera del país para esquivar las regulaciones estatales.

El Grupo HNA, una de las empresas seleccionadas en la investigación, es un caso concreto. Ha comprado unos 40.000 millones de dólares en activos extranjeros en los últimos dos años, a menudo utilizando la empresa elegida como garantía para préstamos en el extranjero. Esto le permite hacer acuerdos fuera del alcance de los controles sobre flujos de capital y préstamos bancarios nacionales.

La atención internacional en el sistema financiero chino también aumentó la semana pasada con la decisión de MSCI, el indexador más influyente de las acciones de mercados emergentes, de incluir las acciones A-Share chinas en sus principales índices globales.

En agosto de 2018 las acciones chinas representarán el 0,7 por ciento del índice MSCI para mercados emergentes. Si bien esta es sólo una pequeña parte del índice, se espera que este paso atraiga alrededor de 17.000 millones de dólares de capital extranjero a los mercados bursátiles chinos. Más adelante, este flujo podría aumentar ya que el mercado chino de acciones A-Share es ahora el segundo más grande del mundo por capitalización, sólo por detrás de Estados Unidos.

Goldman Sachs calcula que podrían ingresar unos 430.000 millones de dólares en los mercados chinos si se incorpora completamente a China. Para que esto suceda, sin embargo, el MSCI exige cambios radicales en el sistema financiero chino, incluyendo tratar las preocupaciones sobre las suspensiones del comercio de acciones y de administración de empresas, particularmente de las empresas públicas.

También preocupan las conexiones, a menudo a oscuras, entre las principales empresas chinas e instituciones financieras y el mercado financiero paralelo, que ha triplicado su tamaño en los últimos cinco años a casi diez billones de dólares, el 87 por ciento del producto interior bruto (PIB).

Otra cuestión es el nivel de la deuda. Las empresas chinas son las más endeudadas del mundo, con una cantidad equivalente al 170 por ciento del PIB. Algunas de las 222 empresas que se incluyen en el índice MSCI están entre las más endeudadas y hay preocupaciones de que algunas tengan problemas para pagar sus préstamos si la economía crece más lentamente.

Las autoridades chinas acogieron con satisfacción la decisión del MSCI, viéndola como otra palanca para mejorar el régimen regulador del sistema financiero. Pero, debido al peso que tienen las deudas y el sistema financiero paralelo en la economía china, los esfuerzos con base en reformas están plagados de contradicciones y conflictos.

http://www.wsws.org/es/articles/2017/06/29/chin-j29.html

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