La web más censurada en internet

Día: 17 de junio de 2017 (página 1 de 1)

El periodista al que le concedieron el Premio Pulitzer por sus mentiras sobre la Guerra de los Balcanes

Cuando la Guerra de los Balcanes ha pasado al olvido y, con ella la intoxicación mediática, la bibliografía recuerda el apoyo de Estados Unidos a lo que entonces aún no se conocía como “yihadismo”. Se trata de obras, como la de Alexandre del Valle (1), o la de F. William Engdahl (2) que ponen de manifiesto las raíces históricas de dicho apoyo, las más recientes de las cuales hay que buscarlas en Afganistán.

A esas obras hay que añadir artículos, como el del antiguo embajador de Canadá en Yugoeslavia, James Bissett, de los que basta recordar el título: “Nosotros creamos un monstruo”. En dicho artículo Bisset reconoce que desde 1998 la CIA, con la ayuda del SAS británico, envió armas al UÇK, el denominado “ejército de lilberación de Kosovo”, y adiestró militarmente a sus miembros para desatar una insurreción armada. Una vez que la región estuviera enzarzada en la guerra, “la intervención de la OTAN sería posible y estaría justificada”(3).

Para justificar la intervención de la OTAN, Clinton acusó a los serbios de limpieza étnica y adujo la necesidad de evitar una catástrofe humanitaria en Kosovo, iniciando las comparaciones con los campos de concentración del III Reich y pasando por alto que las víctimas de los mismos no habían sido otros que los serbios.

Unos años antes, durante la guerra serbo-bosnia, Itzebegovic fue el primero en hablar de “campos de concentración”, que las agencias de publicidad y los grupos de presión de Estados Unidos trasladaron luego a las ONG, los partidos políticos y la prensa.

Hay una anécdota que es muy significativa de la manera en que funciona la intoxicación mediática. A mediados de julio de 1992 el periodista estadounidense Roy Gutman llegó a Banja Luka, la capital de Bosnia, como corresponsal del New York Times y dijo al ejército serbio que quería visitar los campos de concentración. Con toda la ingenuidad del mundo, le llevaron al de Manjaca, donde fue el primero en llegar. Recorrió todo el campo de arriba abajo e interrogó a los presos, que se quejaron de la mala alimentación, pero negaron haber padecido cualquier clase de malos tratos.

A la salida el periodista reconoció que el campo respetaba la convención de Ginebra, aunque luego en su artículo publicado el 19 de julio en el New York Newsday escribió todo lo contrario. Aquel artículo se titulaba “Prisioneros de la guerra de Serbia: relatos de hambre y tortura en un campo del norte de Bosnia” (4). Dos semanas después, el 2 de agosto, volvió a la carga con otra manipulación, hablando de “carnicerías infernales” y hornos crematorios: “Los cuerpos han sido quemados en hornos crematorios y transformados en alimento para ganado”, escribió el farsante (5).

Pero la manipulación no sólo se compone de artículos periodísticos: al año siguiente a Gutman le concedieron el Premio Pulitzer por sus reportajes. La intoxicación funciona exactamente así: hay que premiar al mentiroso. Dado que con el tiempo las falsedades de Gutman han ido saliendo a la luz y que aún hay gente digna en la profesión, los periodistas Peter Brock y David Binder iniciaron una campaña para que al farsante le retiren el galardón y, de paso, lavar las numerosas falsedades periodísticas vertidas durante aquella guerra (6).

Como siempre, los desmentidos llegan tarde, cuando son políticamente inofensivos. ¿Quién se acuerda hoy de todo aquello?

(1) Guerre contre l’Europe, Editions des Syrtes, 2000.
(2) Amerikas heiliger Krieg, Kopp Verlag, Rottenburg, 2014
(3) We created a monster, Toronto Star, 31 de julio de 2001, http://web.archive.org/web/20080510052014/http://www.deltax.net/bissett/a-monster.htm
(4) Prisoners of Serbia’s War: Tales of hunger, torture at camp in north Bosnia, New York Newsday, 19 de julio de 1992.
(5) In six-week Spree, at least 3,000 killed, New York Newsday, 2 de agosto de 1992.
(6) Former NY Times Reporter: ’93 Pulitzer Prize Should Be Revoked, Sherrie Gossett, CNSNews.com, 22 de marzo de 2006.

El dinero negro procedente de la ‘mafia rusa’ ¿elude el bloqueo económico y se lava en Gran Bretaña?

Como ya anunciamos, el 20 de marzo de este año el diario británico The Guardian publicó una extraña información sobre un amplio dispositivo de blanqueo de dinero procedente de Rusia y destinado a los países occidentales. Era extraño porque Rusia es objeto de un estrecho bloqueo económico que hubiera debido impedir el lavado, sobre todo si las cifras a las que se refería el The Guardian eran aproximadas: entre 20.000 y 80.000 millones de dólares habían salido de las cajas fuertes de los bancos rusos.

O el bloqueo es una comedia, o la noticia del The Guardian es falsa.

Antes de llegar a occidente, según la noticia, ese dinero circuló por los viejos países de la URSS, sobre todo Moldavia y Letonia, saltando por sociedades pantalla domiciliadas en países en los que impera el secreto bancario, como Chipre, lo que ya es conocido, y luego por Escocia, lo que sorprende bastante más.

Otro elemento extraño es que la publicación del artículo coincidía con el primer aniversario de la aparición de los Papeles de Panamá, de los que ya nadie se acuerda, en los que figuraban 214.000 sociedades ficticias con un despacho de abogados por medio, que siempre era el mismo.

El artículo de The Guardian veía a decir que “en todas partes cuecen habas”. Si Rusia es un país capitalista y corrupto, a nadie podía extrañar que también tuviera una lavadora de dinero negro, como cualquier otro.

El firmante del artículo era Luke Harding, el antiguo corresponsal de The Guardian en Moscú que, además, ha publicado varios libros sobre la trastienda de las instituciones públicas dependientes del Kremlin, por lo que fue expulsado en 2011. Los libros llevaban título tan tópicos y poco imaginativos como “El Estado mafioso”.

El artículo de Harding no mencionaba ninguna fuente, algo que también es típico: cuando se trata de periódicos (des)“prestigiados” como The Guardian, las fuentes no son necesarias; se suponen por le hecho mismo de su (des)“prestigio”.

Era un intento de involucrar a Putin con los grandes grupos monopolistas rusos a los que, a diferencia de otros países capitalistas, se les califica como “mafias”, como si fuera necesario cargar las tintas un poco más. Por eso el periodista británico mencionaba a Igor Putin, el primo del Presidente, que se sentaba en el consejo de administración de uno de los numerosos bancos participantes en el blanqueo.

Como dijimos en marzo, el artículo se apoya única y exclusivamente en un informe del año pasado de un organismo anticorrupción, la OCCRP (Organized Crime and Corruption Reporting Project), que durante dos años llevó a cabo una investigación con el diario “Novaia Gaceta”, uno de los mayores enemigos de Putin, el mismo que ha levantado la campaña contra el gulag de los homosexuales en Chechenia.

A su vez, la OCCRP es un grupo de periodistas especializados en la investigación de eso que las películas de Hollywood llaman “crimen organizado”, con el matiz de que lo que les preocupa es única y exclusivamente el crimen organizado en Europa del este. Tiene su sede en Sarajevo, Bosnia, lo que ya empieza a oler a podrido y si seguimos afinando el microscopio veremos que es una filial del Journalism Development Network, que tiene su sede en… Washington.

A partir de ahí empiezan a encenderse las alarmas y el tufo a Soros se confirma, una vez más, lo mismo que la financiación de la USAID y el Departamento de Estado, es decir, los mismos de siempre que, bajo la apariencia de organizaciones sociales y privadas, siempre encubren tinglados políticos de las grandes potencias.

Es un montaje paralelo al de los Papeles de Panamá, cuando La Sexta nos quiso hacer creer que todo procedía de otro grupo de periodistas de investigación, el International Consortium for Investigative Journalism, también con sede en Washington, también con dinero de dos fundaciones manejadas por Soros.

De cualquier manera, si la información de The Guardian es buena, lo que no nos explica es el por qué y el cómo los bancos escoceses eluden el bloque económico y el motivo por el cual dichas cuentas, procedentes de “la mafia rusa”, no han sido embargadas, a pesar de tener su origen en el crimen.


Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies