La web más censurada en internet

Día: 21 de mayo de 2017 (página 1 de 1)

Tropas del Pentágono ejecutan cientos de operaciones militares en África simultáneamente

Las fuerzas especiales de Estados Unidos ejecutan cientos de operaciones simultáneas en África, según documentos del Pentágono a los que ha tenido acceso el portal canadiense Vice.

Se ha producido un alza espectacular sobre los diez últimos años, ya que en 2006 sólo un 1 por ciento de los comandos del Pentágono estaban desplegados en África. En 2010 la crifra pasó al 3 por ciento y hoy un 17 por ciento de las tropas de élite desplegadas fuera de Estados Unidos están en territorio africano.

Según estos informes, transmitidos a Vice por el mando de las fuerzas especiales, la presencia militar americana es más importante en África que en cualquier otra región del mundo, con excepción de Oriente Medio.

La etapa de Obama en la Casa Blanca supuso un vuelco en el despliegue de fuerzas militares estadounidenses en África. En enero de 2012 Obama anunció, poco después de lograr su segundo mandato, que Estados Unidos estaban dispuestos a “mantener su superioridad militar con una fuerza armada ágil, flexible y dispuesta a actuar”.

De forma simultánea, en África hay 1.700 soldados que operan en una veintena de países del Continente Negro para colaborar con los aliados de Estados Unidos, según indica un informe fechado en octubre de 2016 de Socafrica, el mando de las fuerzas especiales en África.

África es un continente con grandes recursos naturales que siempre han atraído a los imperialistas, que han visto en la influencia en la región un componente clave en la lucha por la influencia en el mundo.

Tras el colapso de la Unión Soviética, Estados Unidos intensificó sus esfuerzos para fortalecer su presencia en Sudán y Etiopía, que en el pasado habían cooperado activamente con la URSS. Posteriormente la actividad de Washington se expandió a otros países, en competencia con las viejas potencias coloniales, como Francia.

Uno de los casos más sangrientos de su expansión es el de Libia. Washington “siempre estará hombro con hombro con el pueblo libio”, aseguró Obama en 2011, a inicios de la campaña militar de la OTAN contra el país árabe. “Junto con la comunidad internacional, Estados Unidos está comprometido con el pueblo libio. Ustedes han ganado su revolución”, proclamó Obama el 20 de octubre en respuesta a la noticia del asesinato de Gaddafi.

Hoy Libia es un país destruido después de seis años y medio de guerra cuyo final es imposible vislumbrar.

http://www.jeuneafrique.com/440209/politique/forces-speciales-americaines-menent-centaine-de-missions-simultanees-sol-africain-selon-pentagone/

El arte de las portadas de libros soviéticos en los años 30

Olivia Camp

A menudo allá donde menos se espera se encuentran cosas magníficas, maravillosas, como una colección de cientos de portadas de libros soviéticos de los años 30 puestas en dominio público por la Biblioteca Pública de Nueva York. Tal vez estuvieran al alcance de cualquiera en algún archivo de la actual Rusia, o tal vez no. Sea como fuere, en enero de 2016 la New York Public Library puso a disposición de quien quisiera prestarles atención un total de 656 portadas de libros soviéticos, fundamentalmente de la década de los 30, perfectamente digitalizadas y en dominio público. Cualquiera puede visitarlas en la excepcional web de la Biblioteca, y descargarlas gratuitamente. El magazine neoyorquino The Paris Review fue el primero en hacerse eco de la noticia.

Se pueden hacer infinitas selecciones entre las más de seiscientas muestras de portadas digitalizadas en Nueva York. Cualquier recorrido por parte o el conjunto de la colección deja una verdad incontrovertible: la calidad artística de un trabajo, en principio, subsidiario de la obra literaria, de funcionalidad artesanal, podría decirse. Lo que en su contexto no debió ser más que algo acostumbrado, el paso del tiempo lo devuelve convertido en arte. Con estas portadas ocurre algo similar a lo que pasa con la cerámica antigua, que un simple vaso o un plato de hace mil quinientos años, industrialmente decorados, son hoy piezas que trascendieron su uso primero para convertirse en símbolos definitorios de una determinada cultura, en forma de medir el desarrollo de una sociedad. Las portadas de los libros soviéticos de los años 30, de la misma manera, dan testimonio del grado de desarrollo artístico de la sociedad que los produjo, más si cabe por tratarse de un arte inserto en objetos de uso cotidiano y masivo, extrañamente… libros. Otra sociedad, por lo que parece, ampliamente desconocida, funestamente distorsionada en su percepción histórica actual. La colección Scrap book of Russian bookjackets, 1917-1942, de la Biblioteca Pública de la Gran Manzana, por lo tanto, es una excepcional fuente de investigación histórica, además de un deleite estético.

Es llamativa no solo la calidad pictórica de las portadas de aquella época, sino la concepción tan moderna y narrativa de muchas de ellas. Constituyen una parte más de la historia que el libro contiene en sus páginas. La portada no es un mero receptáculo con el título y el nombre del autor en cuidada tipografía, sino parte de un trabajo artístico más extenso, que conduce a la contraportada, e incluso a las solapas del libro, cuando las tiene. Hay un diálogo entre la parte delantera y la posterior del ejemplar, es decir, una forma inmediata y original, sorpresiva, de comenzar a leer el libro, de introducirse en la historia o tema que nos vaya a narrar. El grado de experimentación alcanza puntos sublimes, tan valientes que incluso hoy día resultan del todo imposibles, como la edición de un libro sin que aparezca en ninguna parte de sus tapas ni el título de la obra ni el nombre del autor, y más cuando se trata de la edición de una de las afamadas obras maestras de un grande de la literatura como Ánton Chejov. ¿Se imaginan algo así, hoy, con cualquiera de las grandes plumas de la literatura mundial?

En tiempos de lectura digital es casi un deber reclamar la belleza del libro en papel. En tiempos de confusiones históricas es también un deber romper una lanza por determinados episodios históricos, falazmente tergiversados. En tiempos de tanta atrocidad, es un deber más allá del placer disfrutar con maravillas como las portadas literarias soviéticas de los años 30. Deléitense.

http://drugstoremag.stfi.re/2016/03/el-bello-arte-de-las-portadas-de-libros-sovieticos-en-los-anos-30/?sf=oeprbne
 

La filosofía del tendero

Bianchi

Las supuraciones y excrecencias de un sistema y/o modo de producción tan bestial y salvaje como el capitalismo dan motivos sobrados para acabar con él cuanto antes aunque sólo sea por cuestiones de salud pública y medidas profilácticas y, como dicen los mexicanos, «a como dé lugar». Los desahucios son un ejemplo sangrante, pero hay muchos más, la pobreza, el paro, etc. Nos pasan imágenes por las televisiones de desahucios, que le hacen a uno hervir la sangre, pero no para excitar nuestro sentido -elemental- de la justicia, sino para que nos acostumbremos a ellas, a esas imágenes, a considerarlas algo «normal» y, apurándonos, «natural». Es como cuando en Irak uno se despertaba con el coche-bomba de rigor. O, en España, que siempre ha sido de ellos, de los fascistas, no nuestra, nos exhiben -ya sin rubor, impudicamente- los casos de corrupción que los más lerdos y amorales traducen como que en la piel de toro eso demuestra que existe un Estado de Derecho, y es que con Franco se robaba más -he leído por ahí- sólo que se tapaba, no como ahora, esto es, tenemos que estar agradecidos, encima. Lo que se pretende es que nos «acostumbremos», que la piel se nos ponga dura como el caparazón de un armadillo como su cara de cemento cuando mienten, que seamos insensibles.

Como todo lo copian, también lo hacen -igual hasta sin saberlo de lumpenburgueses que son- del Imperio, esto es, norteamericano, ya de capa caída, pero no en lo «cultural». En las novelas yankis de la posguerra, incluido Mailer, el trasunto -el «mensaje», como se decía en tiempos existencialistas- era el nihilismo y el ahí-te-las-compongas. Ni siquiera la excelente «novela negra» de los años veinte de los Hammet o Chandler, realista y crítica, pero desazonante. Ve uno cómo el penúltimo tarado se sube a un campanario y se lía a tiros contra todo lo que se menea y dice: «son gringos, zumbados». Y sí, en efecto. Aquí-se consuela uno- no hemos llegado a eso. Sin embargo, el veneno de esa deshumanización llega y se importa acá en forma de indiferencia, que es lo que tratan de transmitir, este es el quid, ante el dolor y la desgracia ajena. Y ello porque se trata, en la jungla de asfalto, en el «mundo libre», de la supervivencia individual. Es aquello de «es tu problema», que en esto consiste la filosofía -la ética- del tendero.

En la sociedad norteamericana, imbuida de calvinismo puritano, se priman a los «ganadores» (winners, como la entrega de los Óscars) y los «perdedores» (losers) es porque se lo han buscado ellos mismos. El sistema es neutral, inmaculado. Ya está bien de echar la culpa a la «sociedad» de la incompetencia -por vagos- de uno. Pero si allá la libertad de empresa es algo sagrado, que incluye la corrupción y lo que llaman «igualdad de oportunidades», acá se roba con la complicidad del sistema, no importa quién gobierne, que tapa, hasta donde ya resulta contraproducente, los casos de corrupción. En Estados Unidos los hay que se suicidan cuando los negocios les van mal; aquí, no. unos meses, a lo más, en el trullo, y venga. Siempre contarán con los micrófonos del fascista Carlos Herrera para poder despacharse y «defenderse».

En los USA, sin apenas historia, no conocieron la picaresca; aquí, con más historia, sí. El pícaro Lazarillo hacía sus trapacerías por hambre; ahora, por robo y avaricia, un pecado capital, según la Iglesia. A ver si vuelven los escraches, por lo menos. O darles de ostias, por lo más. Y me quedo corto. Porque lo más es tumbar este infame sistema y que se vayan todos, incluidos los de «Podemos», por el sumidero de la Historia. Amén.

Arrivederci.

Hitler copió el modelo racista de Estados Unidos

La legislación racista de Estados Unidos inspiró al III Reich. En su obra “El modelo americano de Hitler” el profesor de la Universidad de Yale, James Whitman, ha estudiado el impacto americano sobre las Leyes de Nuremberg, la pieza central de la legislación racista aprobada por los nazis.

En los primeros años de la década de 1930, las Leyes de Nuremberg fueron aprobadas por los nazis inspirados por la legislación racial estadounidense. El propio Hitler, en su Mein Kampf, escrito en 1925, describe a Estados Unidos como el único estado que había avanzado hacia la creación de “una sociedad racista sana”.

Los nazis estaban fascinados por la conquista del oeste y el exterminio sistemático de millones de indígenas. Después de tomar el poder en 1933 copiaron el modelo estadounidense porque admiraban la supremacía blanca que se había impuesto al otro lado del Atlántico.

En Estados Unidos el racismo no era cosa de unos exaltados con sábanas y cruces ardiendo, sino un elemento institucionalizado y regulado. A principios del siglo XX, era el país más “avanzado” (atrasado) en cuanto a legislación racista, y no solo en los estados del sur, sino también a escala federal. Su ley de inmigración se basaba en la raza y era aplaudida por los racistas de todo el mundo.

Los nazis, los de entonces y los de ahora, están obsesionados con los peligros de la inmigración y Estados Unidos era un país único por la dureza de sus leyes de segregación racial, que no sólo prohibían matrimonios entre razas, sio que amenazaban a las parejas de raza mixta con castigos criminales severos. Los juristas nazis estudiaron los estatutos de estados desde Virginia a Montana, que tenían formas de ciudadanía de segunda clase para grupos minoritarios -como chinos, japoneses, filipinos, puertorriqueños y nativos americanos- de gran interés para los nazis cuando se propusieron crear sus propias formas de ciudadanía de segunda para algunos alemanes.

El 5 de junio de 1934, un año y medio después de que Hitler se convirtiera en canciller, los principales juristas de la Alemania nazi se reunieron para redactar las Leyes de Nuremberg. Se hizo una transcripción literal por taquígrafo, como un registro del momento crucial en la creación de su nuevo régimen racial. Esa transcripción revela que hubo discusiones sobre las leyes racistas vigentes en Estados Unidos.

El ministro de Justicia presentó un memorándum sobre ellas que fue un documento recurrente en las discusiones de la sesión. Entre otras cosas, se debatió si debían importar la segregación de las leyes Jim Crow al III Reich.

Se repasaron los estatutos de los 30 estados que criminalizaban los matrimonios mixtos. Revisaron cómo determinaban quién entraba en la definición de “negro” o “mongol” para considerar esas técnicas, darle su propio enfoque y establecer a quién podía considerarse como inferior.

https://www.gonzoo.com/actualidad/story/como-hitler-modelo-la-alemania-nazi-segun-las-leyes-raciales-americanas-5498/

Estados Unidos quiere exterminar a la ‘legión extranjera’ del yihadismo

El general James Mattis
El director del Comité contra el Terrorismo de la ONU, Jean Paul Laborde, ha sido uno de los muchos que ha expresado recientemente su temor sobre el retorno a Europa de los yihadistas europeos que se fueron a combatir al gobierno de Bashar Al-Assad en la Guerra de Siria.

A los europeos no les importó cuando marcharon, pero sí les importa que regresen.

Lo que ni Laborde ni ningún otro admite en las cancillerías europeas es que con tanto yihadista que hemos exportado a Siria, debemos dejar de hablar de guerra “civil” en Siria. Empieza a quedar claro que en dicha guerra casi todos los sirios están en un único bando: el que encabeza el gobierno de Damasco.

Según Laborde, en el último año el número de yihadistas retornados desde Siria ha aumentado un tercio. Informes oficiales de la ONU indican que de los 30.000 combatientes del Califato Islámico, casi la mitad han tomado el camino de vuelta a casa, porque “la casa” del yihadismo no es otra que Europa. En otras palabras: en Europa los yihadistas están como en su casa.

Portavoces de Estados Unidos han reconocido que no quieren que los yihadistas regresen. Hace unos días, el jefe del Pentágono, el general Mattis, ha hablado de que Trump le ha ordenado el inicio de una “campaña de exterminio” contra los yihadistas, pero sólo contra los que sean “extranjeros”, cuando en Irak y Siria son extranjeros (casi) todos ellos.

“Los combatientes extranjeros son una amenaza estratégica si regresan a Túnez, Kuala Lumpur, París, Detroit o cualquier otro lugar”, ha dicho Mattis.

Eso puede tener varios significados. Algunos dicen que van a cercar las posiciones de los yihadistas para impedirles cualquier posibilidad de fuga. Pero lo cierto es que sobre el terreno no hay ningún cerco. Lo que las últimas campañas militares ponen de manifiesto es una aceleración de las operaciones de las tropas estadounidenses, a las que se las ve con bastante prisa.

Para incrementar la rapidez de respuesta, el Pentágono ha ampliado las facultades de los jefes militares que están sobre el terreno, que no necesitan evacuar consultas para tomar determinadas decisiones.

En Tabqa también han intensificado los bombardeos sobre las columnas yihadistas que abandonan sus posiciones o se desplazan.

Pero es difícil no imaginar que el exterminio de los yihadistas también tiene por objeto silenciarles, que no se sepa quién, cómo, dónde y cuándo fueron reclutados y conducidos a Siria.

El hecho de que sólo se persiga el exterminio de los “extranjeros” precisamente puede significar que a los demás los necesitan sobre el terreno y que los imperialistas no van a dejar de hostigar al gobierno de Damasco a corto plazo. Es posible que pretendan reconvertir la guerra actual en una ofensiva terrorista en la retaguardia, sin frentes delimitados.

La heridas de la Guerra de los Balcanes no acaban de cicatrizar

El año pasado el Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoeslavia dictó sentencia en los juicios que tuvieron lugar contra los serbios Radovan Karadzic y Vojislav Seselj. La decisión judicial pasó muy desapercibida para los medios de comunicación, por lo que en algún lugar debe haber gato encerrado. Estamos hablando de acusaciones graves, como crímenes de guerra, genocidio y otros espantos que tanto escandalizan a los “humanistas” y las ONG.

En Europa a nadie le interesa recordar la destrucción de la antigua Yugoeslavia, la ingente cantidad de matanzas cometidas y la intervención en ellas de la Unión Europea, especialmente Alemania, y de la OTAN.

Tras la liquidación de Yugoeslavia, en 1992 a Radovan Karadzic le nombraron Presidente de la República Srpska, que entonces la prensa renombró como “República Serbia de Bosnia”. Algunos serbios, como Karadzic, creyeron que una vez que el mapa se dividió en pedazos, podían continuar dividiendo y subdiviéndolo en trozos cada vez más pequeños.

Lo mismo que Gadafi en Libia o Bashar Al-Assad en Siria, el imperialismo puso a los serbios la etiqueta de “malvados” y no les dio tregua en ninguno de los rincones: ni en Bosnia, ni en Croacia, ni en Montenegro… ni en Serbia.

No hace falta explicar que el flamante Tribunal, sus jueces y fiscales, son un rebaño de peleles con toga impuestos por los imperialistas después de bombardeos sobre la población con armas de uranio y que los primeros y principales criminales fueron matarifes como Javier Solana, entonces Secretario General de la OTAN.

Para no alargar la explicación, aquí hablaremos sólo de Karadzic, a quien dicho Tribunal condenó por todos los delitos de los que le acusaba el fiscal, excepto uno, que es justamente el que merece la pena analizar ahora. Se trata del genocidio cometido en siete municipios de Bosnia (Bratunac, Focha, Kljuc, Prijedor, Sanski Most, Vlasenica y Zvornik) que se debían sumar al más importante y conocido de todos los genocidios: el de Srebrenica.

En cualquier guerra es necesario el empleo de voces fuertes como “genocidio” u “holocausto” para justificar y edulcorar grandes matanzas y bombardeos como las de la OTAN. Pero uno de los crímenes de genocidio se cayó del cartel, no porque no hubiera un gran número de muertos sino porque no hay constancia de que Karadzic tuviera alguna participación en ellos.

En tales casos hay que preguntar que si Karadzic no fue, quién ordenó entonces los crímenes en masa que se cometieron. Pero también hay que deducir que si Karadzic no fue, entonces la OTAN bombardeó al bando equivocado y debió bombardear al bando contrario. Finalmente, la absolución de Karadzic en el genocidio de los siete municipios deja en el aire también la cuestión del gran genocidio de Srebrenica, del que recientemente se celebró un aniversario solemne.

Pero la gran matanza de Srebrenica es uno de esos tabúes históricos que casi todos los pueblos del mundo arrastran sobre su conciencia como si fuera su pecado original. En este caso la culpabilidad oficial recae sobre Serbia y ese tipo de imputaciones con membrete no se pueden borrar fácilmente, a no ser que el pecador, además de matar, quiera cometer un segundo pecado: no admitir que es el asesino.

Pues bien, Serbia aprobó recientemente un nuevo Código Penal entre cuyos delitos hay uno de esos que los historiadores de pacotilla califican como “negacionismo” y consiste en no admitir una verdad oficial, en este caso que en Srebrenica se cometió una gran matanza y que los culpables de ella son ellos mismos, los serbios.

Este tipo de delitos son delitos sobre delitos y cuando una verdad oficial se tiene que refrendar castigando al que afirma algo distinto, también hay gato encerrado. La verdad no necesita ningún Código Penal. Pero si la verdad necesita un Código Penal en Serbia, necesitará otro en Bosnia, y otro en Croacia, y otro en… en todas partes.

Ahora bien, ¿quién es el que necesita ese tipo de incriminaciones? Desde luego que no se trata de Serbia. La criminalización de los “negacionistas” de la matanza de Srebrenica es una imposición expresa de la Unión Europea para sacar al país del ostracismo en el que lo dejaron después de la guerra.

Por lo demás, aquella matanza es como las armas de destrucción masiva en Irak o los ataques químicos del ejército sirio en Jan Sheyjun. Lo que podemos y debemos decir sobre ella es lo siguiente: que fue utilizada por los imperialistas para liquidar los acuerdos de Dayton y con ellos, liquidar a la propia Serbia, un país agredido por el imperialismo que arrastra el estigma de los malditos como Estado “genocida” por más que los peleles del Tribunal Penal Internacional no se hayan atrevido a tanto.

Pero, ¿acaso eso importa a estas alturas de la historia?, ¿quién se acuerda ahora de este tipo de crímenes y matanzas? Los que siguen llorando.


Por cierto, casi se nos olvida. En su libro ‘Paz y castigo’ el portavoz del Tribunal, Florence Hartman, relata un incidente que pone de manifiesto la proximidad de los jueces y fiscales del Tribunal con los diferentes centros de inteligencia de las grandes potencias. Cuando al fiscal Jeffrey Nice algún periodista se atreve a preguntarse si iniciaría una acusación contra quienes ordenaron los bombardeos de la OTAN en 1999, responde:

‘Les aseguro que nosotros, la OTAN y los principales países occidentales somos los mismos que el Tribunal […] Les puedo asegurar que Louise Arbour [fiscal principal] sólo acusará a ciudadanos yugoeslavos y a ningún otro’.

Más datos a tener en cuenta que no podemos pasar por alto: no crean que un tipo de la calaña del fiscal Nice es un vulgar picapleitos. Se trata de un miembro veterano del MI6, el servicio secreto británico.

Lo mismo podemos decir de los demás jueces y fiscales, cuidadosamente seleccionados para la ocasión.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies