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Día: 10 de abril de 2017 (página 1 de 1)

El País: otro mito de la transición que se hunde

Prisa-El País fue el emblema de la transición, el indicador de que algo había cambiado en 1976 y su más fiel apologista. El periódico, alabado hasta el ridículo, era tan fraudulento como la propia transición.

Llegó a convertirse en el primer monopolio desinformativo español, con 800 millones de beneficios en la década de 2000. Ahora agoniza, por fin, lo mismo que la transición que contribuyó a adornar.

Es el capitalismo escribiendo su propia historia. En los tiempos de la burbuja se endeudó hasta los 5.000 millones de euros. Su primer capataz, el fascista Juan Luis Cebrián, equiparó su sueldo con los del sector financiero, embolsándose 12 millones de euros en 2011.

Al pinchazo de la burbuja le sucedió lo de siempre, despidos en todas las unidades de negocio, incluidos los 129 en El País y la entrada a saco en el capital de los fondos buitres, agrupados en Liberty Acquisitions Holdings y tres grandes bancos —Banco Santander, CaixaBank y HSBC—, que se han hecho con el control accionarial desplazando a la familia Polanco.

Las acciones de Prisa cotizan al valor más bajo y los problemas de la empresa se han trasladado a la mafia Polanco, los padres fundadores del engendro. El actual segundo mayor accionista del monopolio ha tenido que solicitar varias ayudas a sus bancos acreedores ante la imposibilidad de pagar sus deudas. El Banco Santander y CaixaBank han tenido que salir al rescate de Otnas, a través de la cual controlan parcialmente su participación del 17 por ciento en Prisa, sindicada con el grupo mexicano Herradura.

Otnas es una empresa patrimonial que a finales de 2015 tenía un balance negativo, por lo que según establece la ley, se debía haber disuelto, pero no lo hizo porque los bancos acreedores salieron en su ayuda, refinanciando un préstamo de más de 170 millones de euros.

Ante nuevos impagos, el año pasado ambos bancos, Santander y CaixaBank, accedieron a convertir en capital 41,31 millones de euros del citado crédito, lo que los convirtió en accionistas de Otnas.

Los buitres sólo tienen que esperar nuevos impagos pacientemente para apoderarese por completo de las acciones del monopolio desinformativo. Como garantía del agujero, los Polanco han puesto 3.659 millones en acciones de Prisa que son papel mojado: hoy apenas valen 15 millones de euros.

Además de la transición, la historia de Prisa cuenta todos los viejos tópicos del capital financiero: los bancos apoderándose de las empresas industriales ruinosas. En este caso, los banqueros desplazan a los periodistas. Los medios de comunicación forman parte del capital financiero y, por su carácter monopolista, están indisolublemente ligados al Estado. No hay cuarto poder (nunca lo hubo).

No hay nada como morirse (humor negro en un acto)…

B.

… Para que lo loen a uno. Este blog tuvo acceso a la conversación mantenida entre «compañeros» (?) de una reciente exministra fallecida. He aquí lo que pudimos grabar. Pedimos disculpas por la mala y a veces pedrestre grafía de la reproducción, así pues, dentro vídeo.

— José Bono: ¡qué mala noticia (al enterarse del occiso): estoy consternado!
— A: yo también estoy consternado.
— B: y yo compungido.
— Pepe Bono: sí, pero yo egggtoy más consternado.
— C: ¿y de qué se ha muerto la finada?
— B: ¿qué importa eso?
— C: hombre, por saber…
— Bono: mi grado de consternación no variará por saber la causa del óbito, sea cual fuere éste o fuera o fuese aquella, la causa, digo.
— D (filósofo): no somos nada.
— Bono: polvo somos y en polvo, etc.
— B: ya salió el democristiano chupacirios.
— Bono (alteradísimo): ¿qué, cómo, quién ha dicho eso? ¿quién ha sido el hijoputa?
— C: calma, Pepe, se supone que estás consternado.
— Bono: es verdad, estoy consternado de cojones. Probablemente no haya en el mundo mayor consternación que la mía.
— A: esas formas, Bono, que te pierden… Y hoy todo se graba. Mira a ese paleto que le han pillado llamando «hijaputa» a Margarita Robles.
— Bono: la pena es que no haya cámaras para que vean lo consternado que estoy.
— C: luego, al salir de aquí, estará la «nube de periodistas» y podrás despacharte y mostrar tu profundo dolor por la irreparable pérdida y…
— Bono (le interrumpe): ¡y consternación, mecagoendiós, sobre todo, consternación, ostia!
— A: ¡jodé, Pepe, qué carácter!, cómo se nota que no hay micrófonos a la vista…
— B: pues yo, aparte de compungido, estoy contrito y atrito.
— Bono (mosqueado): ¿eh? ¿qué palabros raros son esos? ¿no me estarás insultando, eh, cabrón de mierda?
— B (tapándose la risa con la mano): no, no, Pepe, son palabras de cariz religioso, deberías saberlo, tú que eres un tragahostias insoportable, al decir del Viejo Profesor (Tierno Galván, que formó un partidito donde militaba Bono, luego fusionado al «pesebre», perdón, al PsoE).
— Bono: hummmm, no sé, no sé, suena a como que estás más apenado que yo y, sobre todo, ¡¡¡consternado!!! Y nadie, repito, nadie, ¿entendéis? ¡nadie está más consternado que yo! (con cara de iluminado y ojos de loco: ¡¡¡¡nadie, ni dios, ni cristo que lo fundó, está más consternado que yo!!!!, ¿lo habéis entendido? Repetid, pues, conmigo estas líricas palabras (Bono adopta postura de chamán hindú en pose de loto y casi levitando): ¡om!, otra vez: ¡om!, y ahora con hache, por si hay algún tiquismiquis por aquí: ¡hom!
— C: ite missa est.
— Bono: ¿qué has dicho, marica?
— C: es latín, Pepe, no te mosquees.
— B: ¿latín culto o latín vulgar?
— A: bueno, salgamos, ya se oye en el pasillo a la canallesca (la prensa).
— Bono (sale el primero atusándose el tupé que se ha echado): consternado, estoy francamente consternado,no encuentro palabras para manifestar mi compunción, bueno, sí hay una palabra: consternado, muy consternado y mucho consternado, que diría Mariano.

FIN

El año en que Argentina se convirtió en un refugio nazi

Alejandro López

Tras la Segunda Guerra Mundial, la cantidad de funcionarios, oficiales y colaboradores nazis detenidos fue irrisoria para el alcance del régimen fascista. La sospecha invadió a la comunidad internacional ante la pregunta obligada: ¿Dónde están miles de hombres y mujeres que se encargaron de enaltecer el régimen y exterminar a millones de personas?

El germen más reacio a desaparecer del fascismo aún se mantenía en pie a través de ODESSA, una organización secreta formada a inicios de 1946 con la intención de establecer nexos con naciones lejanas y ajenas al conflicto para ayudar a exiliar a integrantes del Tercer Reich a escapar de la justicia internacional. A pesar de las dificultades para rastrear históricamente el funcionamiento de la red, un sinfín de pruebas llevan a Latinoamérica, específicamente Colombia, Brasil, Paraguay y especialmente a  Argentina, como el destino de escape nazi por excelencia.

El carácter clandestino de la organización para el resto del mundo, resultaba diametralmente opuesto en la Argentina. Según Uki Goñi, periodista especializado en el tema ODESSA, la enorme red de escape se gestó en la misma Casa Rosada a través de una serie de reuniones entre Juan Domingo Perón y oficiales alemanes, belgas y franceses, todos criminales de guerra. Ahí, en la propia sede del ejecutivo argentino, se plantearon las alternativas y la logística para llevar a buen puerto a los altos mandos nazis a disfrutar el resto de su vida.

El tema circula como un vieja leyenda en Buenos Aires, donde a menudo se presume junto con otros mitos urbanos rioplatenses; sin embargo, las evidencias y la portentosa investigación histórica de Uki apunta a una política sistemática de rescate peronista de los nazis sobrevivientes hacia la Argentina.

Públicamente, Juan Domingo Perón se refirió en distintas ocasiones a los Juicios de Nuremberg como “una infamia” que no podía ser tolerada por la comunidad internacional. La estrategia arrancó oficialmente en 1947, donde misiones especiales enviadas por el ejecutivo ayudaron a los alemanes fugitivos sortear la justicia para finalmente llegar a Sudamérica.

La mayoría de las operaciones corrieron a cargo de Carlos Fuldner, un agente germano-argentino que durante la cima del Tercer Reich fungió como Hauptsturmführer (capitán) de la SS. Las principales vías de escape, conocidas como ratlines en Europa que gestionó incluyeron países alejados de Alemania, como Italia, y Suiza. Sujetos encargados de gestionar el genocidio en Europa como el propio Adolf Eichmann y Josef Mengele se ocultaron en el Cono Sur durante la segunda mitad del siglo XX, en un episodio oscuro de la Argentina que aún hoy es un tabú en América Latina.

http://culturacolectiva.com/la-historia-del-refugio-nazi-en-argentina/
 

La CIA estudia a los teóricos franceses: cómo desmantelar a la izquierda cultural

Michel Foucault
Gabriel Rockhill

Se suele asumir que los intelectuales tienen poco o ningún poder político. Subidos en su privilegiada torre de marfil, desconectados del mundo real, enredados en debates académicos sin sentido sobre minucias, o flotando en las nubes abstrusas de la teoría de altos vuelos, se suele retratar a los intelectuales como separados de la realidad política e incapaces de tener cualquier impacto significativo sobre ella. Pero la Agencia Central de Inteligencia (CIA) piensa de otra forma.

De hecho, el organismo responsable de planificar golpes de Estado, cometer asesinatos y manipular clandestinamente a gobiernos extranjeros no solo cree en el poder de la teoría, sino que asignó importantes recursos para mantener un grupo de agentes secretos dedicados a estudiar a fondo lo que algunos consideran la teoría más recóndita e intricada jamás producida. Un documento de investigación escrito en 1985 y que recientemente ha sido desclasificado y publicado con ligeras adaptaciones, haciendo uso de la Ley de Libertad de Expresión, revela que la CIA dispuso de agentes dedicados a estudiar las complejas e influyentes teorías asociadas a los autores franceses Michel Foucault, Jacques Lacan y Roland Barthes.

La imagen de unos espías estadounidenses reuniéndose con asiduidad en cafés parisinos para estudiar y comparar notas sobre los popes de la intelectualidad francesa puede chocar a quienes asumen que este grupo de intelectuales eran lumbreras cuya sobrenatural sofisticación no podría caer en una trampa tan vulgar, o que, por el contrario, no eran sino charlatanes de retórica incomprensible con poco o ningún impacto en el mundo real. Sin embargo, no sorprenderá a quienes están familiarizados con la prolongada y continua utilización de recursos de la CIA en la guerra cultural global, incluyendo el respaldo a sus formas más vanguardistas, lo que ha quedado bien documentado gracias a investigadores como Frances Stonor Saunders, Giles Scott-Smith y Hugh Wilford (yo he realizado mi propia contribución con el libro “Radical History & the Politics os Art”).

Thomas W. Braden, antiguo supervisor de las actividades culturales de la CIA, explicaba el poder de la guerra cultural de la agencia en un relato sincero y bien informado publicado en 1967: “Recuerdo el inmenso placer que sentí cuando la Orquesta Sinfónica de Boston [que contaba con el respaldo de la CIA] ganó más elogios para EE.UU. en París de los que pudieran haber ganado John Foster Dulles o Dwight D. Eisenhower con cien discursos”. No se trataba, de ninguna manera, de una operación liminal o sin importancia. De hecho, como sostenía acertadamente Wilford, el Congreso para la Libertad Cultural con sede en París, que posteriormente resultó ser una organización tapadera de la CIA en tiempos de la Guerra Fría, fue uno de los principales patrocinadores de la historia mundial y prestó apoyo a una increíble gama de actividades artísticas e intelectuales. Contaba con oficinas en 35 países, publicó docenas de prestigiosas revistas, participaba en la industria editorial, organizó conferencias y exposiciones artísticas de alto nivel, coordinaba actuaciones y conciertos y proporcionó generosa financiación a diversos premios y becas culturales, así como a organizaciones encubiertas como la Fundación Farfield.

Jacques Derrida
La agencia de inteligencia consideraba que la cultura y la creación teórica eran armas cruciales del arsenal global dirigido a perpetuar los intereses estadounidenses en todo el mundo. El documento de investigación de 1985 recién publicado, titulado “Francia: la deserción de los intelectuales de izquierda”, examina –indudablemente con el fin de manipularla– a la intelectualidad francesa y el papel fundamental que desempeñaba en la configuración de las tendencias que generan la línea política. El informe, a la vez que sugería que en la historia de la intelectualidad francesa existía un equilibrio ideológico relativo entre la izquierda y la derecha, destaca el monopolio de la izquierda en la era inmediatamente posterior a la Segunda Guerra Mundial –al que, como sabemos, se oponía de modo furibundo la CIA– a causa del papel fundamental que jugaron los comunistas en la resistencia al fascismo y que, en último término, permitió ganar la guerra. Aunque la derecha estaba enormemente desacreditada a causa de su contribución directa a los campos de exterminio nazis, así como su agenda xenófoba, anti-igualitaria y fascista (según las propias palabras de la CIA), los agentes secretos anónimos que escribieron el borrador del informe resumen con palpable regocijo el retorno de la derecha a partir de los inicios de la década de los setenta.

Más concretamente, los guerreros culturales clandestinos aplauden lo que consideran un movimiento doble que contribuyó a que los intelectuales apartaran a Estados Unidos del centro de sus críticas y las dirigieran a la Unión Soviética. Por parte de la izquierda se produjo una desafección gradual hacia el estalinismo y el marxismo, una progresiva retirada de los intelectuales radicales del debate público y un alejamiento teórico del socialismo y del partido socialista. Más hacia la derecha, los oportunistas ideológicos a los que se denominaba Nuevos Filósofos y los intelectuales de la Nueva Derecha lanzaron una campaña mediática descarada de difamación contra el marxismo.

Mientras otros tentáculos de la organización de espionaje de alcance mundial se dedicaban a derribar gobiernos elegidos democráticamente, a proporcionar servicios de inteligencia y financiación a dictadores fascistas y a apoyar escuadrones de la muerte de extrema derecha, el escuadrón parisino de la CIA recogía información sobre el giro hacia la derecha que estaba teniendo lugar en el mundo y que beneficiaba directamente a la política exterior de EE.UU. Los intelectuales simpatizantes de la izquierda de la posguerra fueron abiertamente críticos con el imperialismo estadounidense. La influencia en los medios de comunicación que ejercía la crítica marxista sin pelos en la lengua de Jean Paul Sartre y su notable papel –como fundador de Libération– a la hora de revelar la identidad del responsable de la CIA en París y de docenas de agentes encubiertos fue seguida de cerca por la Agencia y considerada un grave problema.

Por el contrario, el ambiente antisoviético y antimarxista de la emergente era neoliberal sirvió para desviar el escrutinio público y proporcionó una excelente excusa para las guerras sucias de la CIA, al “dificultar en extremo cualquier oposición significativa de las élites intelectuales a las políticas estadounidenses en América Central, por ejemplo” […]

Este es el contexto en el que los mandarines enmascarados elogian y apoyan la incesante crítica que una nueva generación de pensadores antimarxistas como Bernard-Henri Levy, André Glucksmann y Jean-François Revel desencadena contra “la última camarilla de eruditos comunistas” (compuesta, según los agentes anónimos, por Sartre, Barthes, Lacan y Louis Althuser). Dada la inclinación izquierdista de aquellos antimarxistas en su juventud, constituyen el modelo perfecto para construir las narrativas falaces que fusionan una pretendida evolución política personal con el avance continuo del tiempo, como si la vida individual y la historia fueran simplemente una cuestión de “evolución” y de reconocer que la transformación social igualitaria es algo del el pasado, personal e histórico […]

Es en este contexto donde debemos situar la afición de la agencia de inteligencia por las narrativas de conversión y su profundo aprecio por los “marxistas reformados”, un leitmotiv transversal al informe de investigación sobre los teóricos franceses. “A la hora de socavar el marxismo –escriben los agentes infiltrados– son aún más eficaces aquellos intelectuales convencidos, dispuestos a aplicar la teoría marxista en las ciencias sociales, pero que acaban por rechazar toda la tradición marxista”. Citan en particular la enorme contribución realizada por la Escuela de los Annales, de historiografía y estructuralismo –especialmente Claude Lévi-Strauss y Foucault– a la “demolición crítica de la influencia marxista en las ciencias sociales”. Foucault, a quien se refieren como “el pensador francés más profundo e influyente”, es especialmente aplaudido por su elogio de los intelectuales de la Nueva Derecha, cuando recuerda a los filósofos que “la teoría social racionalista de la Ilustración y la era Revolucionaria del siglo XVIII ha tenido consecuencias sangrientas”. Aunque sería un error echar por tierra las políticas o los efectos políticos de cualquiera basándose en una sola posición o resultado, el izquierdismo antirrevolucionario de Foucault y su perpetuación del chantaje del Gulag –es decir, la afirmación de que los movimientos expansivos radicales que pretenden una profunda transformación social y cultural solo resucitan la más peligrosa de las tradiciones– están perfectamente en línea con las estrategias generales de guerra psicológica de la agencia de espionaje […]

La obra de figuras como Foucault, Derrida y otros teóricos franceses de vanguardia suele asociarse intuitivamente a una crítica profunda y sofisticada que presumiblemente va más allá de cualquier relación con el socialismo, el marxismo o las tradiciones anarquistas. No cabe duda y es preciso resaltar que el modo en que el mundo anglófono acogió la obra de los teóricos franceses, como acertadamente ha señalado John McCumber, tuvo importantes implicaciones políticas como polo de resistencia a la falsa neutralidad política, las tecnicidades cautelosas de la lógica y el lenguaje, o al conformismo ideológico puro activo en las tradiciones de la filosofía anglo-americana apoyada por [el senador] McCarthy. No obstante, las prácticas teóricas de aquellas figuras que dieron la espalda a lo que Cornelius Castoriadis denominó la tradición de la crítica radical –la resistencia anticapitalista y antiimperialista– ciertamente contribuyeron al alejamiento ideológico de la política transformadora. Según la propia agencia de espionaje, los teóricos posmarxistas franceses contribuyeron directamente al programa cultural de la CIA destinado a persuadir a la izquierda de inclinarse hacia la derecha, al tiempo que desacreditaban el antiimperialismo y el anticapitalismo, creando así un entorno intelectual en el cual sus proyectos imperialistas pudieran medrar sin ser estorbados por un escrutinio crítico serio por parte de la intelectualidad.

Como sabemos gracias a las investigaciones realizadas sobre los programas de guerra psicológica de la CIA, la organización no solo ha vigilado e intentado coaccionar a los individuos, sino que siempre ha intentado comprender y transformar las instituciones de producción y distribución cultural. De hecho, su estudio sobre los teóricos franceses señala el papel estructural que desempeñan las universidades, las editoriales y los medios de comunicación en la formación y consolidación de un ethos político colectivo. En las descripciones que, como el resto del documento, deberían invitarnos a pensar críticamente sobre la actual situación académica del mundo anglófono y otros lugares, los autores del informe destacan cómo la precarización del trabajo académico contribuye al aniquilamiento del izquierdismo radical. Si los izquierdistas convencidos no podemos asegurarnos los medios materiales para desarrollar nuestro trabajo, o si se nos obliga más o menos sutilmente a ser conformistas para conseguir empleo, publicar nuestros escritos o tener un público, las condiciones estructurales que permitan la existencia de una comunidad izquierdista resuelta se ven debilitadas.

André Glucksmann
 Otra de las herramientas utilizadas para conseguir este fin es la profesionalización de la educación superior, que pretende transformar a las personas en eslabones tecnocientíficos integrados en el aparato capitalista, más que en ciudadanos autónomos con herramientas solventes para la crítica social. Los mandarines teóricos de la CIA alaban, por tanto, las iniciativas del gobierno francés por “presionar a los estudiantes para que se decidan por estudios técnicos y empresariales”. También señalan las contribuciones realizadas por las grandes casas editoriales como Grasset, los medios de comunicación de masas y la moda de la cultura americana para lograr una plataforma postsocialista y antigualitaria […]

El informe debería servirnos para recordar convincentemente que si alguien supone que los intelectuales no tienen ningún poder y que nuestras orientaciones políticas carecen de importancia, la organización que se ha convertido en uno de los agentes más poderosos del mundo contemporáneo no lo ve así. La Agencia Central de Inteligencia, como su nombre irónicamente sugiere, cree en el poder de la inteligencia y de la teoría, algo que deberíamos tomarnos muy seriamente. Al presuponer erróneamente que el trabajo intelectual sirve de poco o de nada en el “mundo real”, no solo malinterpretamos las implicaciones prácticas del trabajo teórico, sino que corremos el riesgo de hacer la vista gorda ante proyectos políticos de los que fácilmente podemos convertirnos en embajadores culturales involuntarios. Aunque es verdad que el Estado-nación y el aparato cultural francés proporcionan a los intelectuales una plataforma pública mucho más significativa que muchos otros países, la obsesión de la CIA por cartografiar y manipular la producción teórica y cultural en otros lugares debería servirnos a todos como llamada de atención.

En segundo lugar, en la actualidad los agentes del poder están particularmente interesados en cultivar una intelectualidad cuya visión crítica esté atenuada o destruida por las instituciones que los patrocinan basadas en intereses empresariales y tecnocientíficos, que equipare las políticas de izquierda-derecha con lo “anticientífico”, que relacione la ciencia con una pretendida –pero falsa– neutralidad política, que promueva los medios de comunicación que saturan las ondas hertzianas con cháchara conformista, aísle a los izquierdistas convencidos de las principales instituciones académicas y de los focos mediáticos y desacredite cualquier llamamiento al igualitarismo radical y a la transformación ecológica. Idealmente, intentan nutrir una cultura intelectual que, si es de izquierdas, esté neutralizada, inmovilizada, apática y se muestre satisfecha con apretones de manos derrotistas o con la crítica pasiva a la izquierda radical movilizada. Esa es una de las razones por las que podemos considerar a la oposición intelectual al izquierdismo radical, que predomina en el mundo académico estadounidense, una postura política peligrosa: ¿acaso no es cómplice directa de la agenda imperialista de la CIA en todo el mundo?

En tercer lugar, para contrarrestar este ataque institucional a la cultura del izquierdismo resolutivo, resulta imperativo resistir la precarización y profesionalización de la educación. Similar importancia tiene la creación de esferas públicas que posibiliten un debate realmente crítico y proporcionen una amplia plataforma para aquellos que reconocen que otro mundo no solo es posible, sino necesario. También necesitamos unirnos para contribuir a la creación o el mayor desarrollo de medios de comunicación alternativos, diferentes modelos de educación, instituciones alternativas y colectivos radicales […]

http://www.investigaction.net/es/la-cia-estudia-a-los-teoricos-franceses-como-desmantelar-a-la-izquierda-cultural/

Venezuela ante la traición histórica uruguaya

Darío Herchhoren

Las noticias que nos llegan de Venezuela no son precisamente tranquilizadoras. La derecha está utilizando los mismos métodos que utilizó en Chile para caldear el ambiente político previo al golpe militar de 1973. Escasez de alimentos, paro de camioneros, desabastecimiento, disturbios, falsas denuncias de actuaciones dictatoriales; y finalmente el pinochetismo. Salvo esto último, la metodología parece calcada.

Pero sin embargo hay una diferencia, y no menor. Se trata de la actuación del ejército. Para entender esa diferencia hay que entrar en las entrañas de ambas instituciones militares; la chilena y la venezolana.

El ejército chileno (Ejército, marina y fuerza aérea) está integrado en cuanto a sus cuadros de oficiales, por miembros de la aristocracia, y generalmente hijos de ingleses y alemanes, que forman los estados mayores. El ejército chileno tiene una matriz prusiana, que implicaba un desprecio absoluto por la política. Esa es la razón por la cual ese ejército nunca golpeó a los gobiernos civiles surgidos de elecciones.

Pero esa “tradición democrática” se rompe cuando el gobierno de la Unidad Popular presidido por Salvador Allende es percibido como un peligro para la gran propiedad, y sobre todo por los planes socialistas del gobierno de Allende. Decía Salvador Allende, que él quería un socialismo con empanadas y vino, que es una combinación propia de la cocina criolla, es decir, que quería un socialismo a la chilena, lo que se llamó la vía chilena al socialismo, que cometió el fatal error de creer que las fuerzas armadas se iban a mantener fieles a su tradición falsamente democrática que acabamos de describir.

Las fuerzas armadas venezolanas en cambio, están integradas en su inmensa mayoría por individuos de origen humilde, incluso en sus estados mayores, y sus oficiales salidos de las academias militares provienen de las clases menos favorecidas, y esta diferencia sustancial es en realidad el reaseguro de la revolución bolivariana.

Pero hay algo que es el talón de Aquiles de toda la estructura bolivariana, y es que no existe experiencia histórica en el mundo donde no se haya aplicado la violencia. Los cambios sociales para que sean tales deben llevar como distintivo la expropiación violenta de las clases acomodadas por las clases desposeidas, y ello solo se puede llevar a efecto aplicando la violencia revolucionaria, y ello generará resistencias que habrá que reprimir por la fuerza. La permanencia en la OEA, de Venezuela es algo inexplicable. La OEA es, como la calificara el canciller cubano Raúl Roa, el Ministerio de Colonias de los EEUU, y permanecer en esa organización es un grave error del gobierno bolivariano.

Es curioso cómo algunas veces se da una constante histórica que parece que no puede romperse, y es como los sucesivos gobiernos uruguayos han sido siempre servidores lacayunos y genuflexos de los diversos imperios. El nacimiento de Uruguay como nación fue una maniobra del imperio inglés para evitar que Argentina controlara ambas orillas del Río de la Plata, que era la llave para penetrar por el Paraná a los ricos territorios bolivianos y paraguayos, y la creación de un estado tapón como Uruguay garantizaba que el imperio inglés utilizara a esa desgraciada nación para sus fines de conquista y agresión.

Esa circunstancia preanunciaba con varias décadas de anticipación las guerras de la Triple Alianza (Argentina, Brasil y Uruguay) contra Paraguay y su posterior saqueo y hundimiento en beneficio de Inglaterra, y mucho después la guerra del Chaco entre Paraguay y Bolivia donde los  intereses petroleros de Inglaterra y Alemania despedazaron a ambos pueblos.

Cuando se produce la revolución cubana, la OEA, cumpliendo las órdenes del imperio USA, expulsa a Cuba en la famosa reunión de Punta del Este en Uruguay, gracias al voto que faltaba y que solícitamente le proporciona el canciller uruguayo Carlos Clulow. Otra vez el Uruguay.

Ahora la OEA intenta intervenir en Venezuela y genera una cantidad enorme de declaraciones todas ellas amenazantes contra la revolución bolivariana; y ¿quién preside la OEA esta vez? El antiguo canciller uruguayo Luis Almagro, que fuera miembro del gobierno del traidor venerado José (Pepe) Mugica.

Por si todo esto fuera poco, hay que tener muy presente que Tabaré Vasquez, actual presidente de Uruguay, pertenece a una linea política que finge ser revolucionaria y de origen Tupamaro, pero en realidad es un traidor que aplica políticas muy similares a las PSOE en España.

Uruguay parece tener una suerte de sino trágico, que solo se romperá cuando haya una revolución de verdad y se cumpla el sueño que encarnaron San Martín, Bolivar, Sucre, Manuel Ugarte, Fidel, Chaves, Raúl Sendic, fundador de Tupamaros. (Su hijo, del mismo nombre, ha traicionado a su padre y es el vicepresidente de Tabaré Vasquez) y tantos otros, “La patria grande”, que será desde el Río Bravo a Tierra del Fuego.

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