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Día: 22 de marzo de 2017 (página 1 de 1)

El fiscal lava la cara a la iglesia en el mayor caso de pedofilia de España

El juicio por el Caso Romanones que había empezado en Granada estaba considerado como el mayor contra la pederastia eclesial en España, un crimen que hasta ahora habia sido considerado como tabú… y seguimos igual porque la fiscalía de Granada ha retirado la acusación.

Es lo msimo que dijo Felipe González cuando su gobierno y el PSOE aparecieron involucrados en las matanzas de los GAL: “No hay pruebas ni las habrá”. Tampoco contra la iglesia católica habrá nunca pruebas, sobre todo si la fiscalía sigue mirando para otro lado.

Es lo que hace la fiscalía cuando quiere encubrir un delito, como en el Caso Noos, o ahora. La monarquía y la iglesia son los pilares intocables de este Estado, que algunos califican “de desecho”. El quiera un poco de justicia, de la de verdad, deberá pensar en otra cosa que lo que hay: no en cambiar de gobierno sino en cambiar de Estado.

El Caso Romanones empezó en octubre de 2014, cuando un joven llamado Daniel, que ahora tiene 25 años, puso en conocimiento de la fiscalía las violaciones de que fue objeto cuando contaba con 14 años de edad.

Al principio del caso lo que apareció fue una banda de delincuentes integrada por 12 imputados, diez curas y dos laicos pero, además del “no hay pruebas”, hay otro truco muy socorrido para estos casos: los delitos atribuidos a once de ellos habían prescrito. Sólo quedó como único imputado el jefe de la banda, el cura Román, a quien la acusación particular le atribuye tres delitos de violación.

La Asociación Pro Derechos del Niño y la Niña (Prodeni) también se había personado en el juicio como acción popular, acusando al jefe de la banda, el cura Román, de un delito de agresión sexual continuada, con intimidación y violencia.

La monarquía, el ejército, la iglesia, la banca… Los verdaderos poderes del Estado son intocables.

Rusia lanza sendas advertencias a Israel y Turquía sobre su intervención en Siria

El lunes Moscú envió una llamada de advertencia al ejército de Turquía. No sólo le marca los límites que no puede transpasar en su Operación Escudo del Éufrates, iniciada el verano pasado, sino que le ha puesto tropas rusas en Afrin, uno de los cantones kurdos en el norte de Siria, que han frenado su avance.

Ha sido algo parecido a lo que les ocurrió a los turcos también frente al ejército estadounidense en Manbi a comienzos de este mes. Parapetados en sus blindados y alzando la bandera de Rusia, los soldados rusos ocuparon los cuarteles de Afrin, en una zona controlada por las milicias kurdas de YPG.

En un comunicado el Ministerio ruso de Defensa aclaró que sus tropas no se establecían en una “base militar”, como había anunciado YPG, y que tampoco tenían intención de “adiestrar” a las milicias kurdas. Habían llegado a Afrin para supervisar el acuerdo de alto del fuego que entró en vigor tras los acuerdos de Astana de diciembre del año pasado, de los que tanto Rusia como Turquía son garantes.

Es posible que esa sea la intención rusa, pero no cabe duda de que también ha marcado muy claramente los límites de las fuerzas turcos en su avance hacia el oeste.

En febrero del año pasado la aviación rusa apoyó el asalto de YPG a la ciudad de Tal Rifaat, cerca del puesto fronterizo de Azaaz, que estaba en poder del ejército turco.

La Operación Escudo del Éufrates ha quedado, pues, bloqueada. Al sur por el ejército regular sirio y al oeste, en la zona de Manbi, por los sirios y los rusos.

El viernes los rusos también le pusieron el bozal a Israel. En el Kremlin le llamaron al embajador israelí para pedirle explicaciones sobre los motivos del ataque que se había producido pocas horas antes en Palmira contra un convoy de “armas sofisticadas” destinadas a Hezbollah.

Las defensas antiaéreas del ejército sirio replicaron al ataque con el lanzamiento de misiles antiaéreos, uno de los cuales fue interceptado por el sistema israelí de defensa Arrow.

El ataque israelí no se explica sólo por su intento de debilitar a Hezbollah, que tras el desenlace de la Guerra de Siria quedará como “enemigo inmediato” sino que hay otros dos motivos. En el primero de ellos Israel coincide con los yihadistas en su intento de llegar a las negociaciones “de paz” de Ginebra con una guerra ecandente, desde posiciones de fuerza o, al menos, de amenaza.

El segundo de ellos es el objetivo estratégico de Israel en este momento, en el que sus dos enemigos, Bashar Al-Assad y Hezbollah, aparecen fundidos como si fueran uno sólo: los altos del Golán.

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