La web más censurada en internet

Día: 18 de marzo de 2017 (página 1 de 1)

Baltasar Garzón desechó investigar a militares españoles entrenados por la dictadura argentina

En el año 1998, el Ministerio de Defensa español remitió a su juzgado en el marco de la causa por los vuelos de la muerte, un listado parcial de altos oficiales españoles entrenados por la dictadura. Víctor Basterra, fotógrafo secuestrado en la ESMA y hoy director del Instituto para la Memoria, señaló ante Garzón a otro militar más al que reconoció como partícipe de los grupos de tareas del gobierno de facto. El ex juez desechó actuar contra ellos.

Baltasar Garzón tuvo en sus manos una lista de militares españoles que hicieron cursos de formación con sus pares argentinos y que participaron activamente en la represión durante la última dictadura militar, y decidió no citarlos ni tampoco investigar sobre tan graves hechos. Esta información fue cubierta por varios medios de comunicación argentinos y españoles, entre ellos los diarios Página 12, La Nación, Clarín y El País de Madrid.

En mayo de 1998, la cartera de Defensa española remitió al entonces hombre fuerte de la Audiencia Nacional, una lista de diez oficiales que visitaron Argentina entre 1979 y 1983 para realizar cursos de formación en las Escuelas de Guerra y de Inteligencia locales.

En la lista remitida por el Ministerio a Garzón, se señala que en 1979 -en plena dictadura- los coroneles Isidoro Calderón Portilla y Francisco Acin Gallego fueron parte de los cursos de la Escuela de Inteligencia argentina. A su vez, Rafael Sáinz Torres lo hizo en la Escuela de Guerra. En 1980, el coronel Juan Meléndez Jiménez realizó un curso en Inteligencia; en 1981, los coroneles Enrique Gómez Rueda y Joaquín Rodríguez Solano también estuvieron en la Escuela de Inteligencia, mientras que el coronel Amadeo Martínez Inglés estuvo en la de Guerra, y en 1982, el coronel Eduardo Fuentes Gómez de Salazar realizó un curso en la Escuela de Inteligencia.

También, estuvieron en Buenos Aires el general de división José Villaroya Chueca y el teniente coronel Julián Soutuelo Pérez, ambos en actividad cuando el Ministerio de Defensa remitió los datos a Garzón.

Todos estos militares compartieron información con sus pares argentinos, que para ese entonces -período 1979-1982- se encontraban en la fase final de aniquilamiento de lo que ellos denominaban «subversión» y que no era otra cosa que el secuestro, desaparición y asesinato de miles de militantes populares, algunos de sus familiares y una buena cantidad de personas secuestradas al azar que jamás volvieron a aparecer.

Además, obviamente, algunos de ellos visitaron los Campos de exterminio en la Escuela de Mecánica de la Armada y en Campo de Mayo.

Listado parcial

Cabe decir que el ahora ex juez Garzón había requerido expresamente estos informes, acicateado entre otras cosas por la investigación llevada a cabo por el periodista Carlos Bianco, entonces productor de Radio Mitre, que partió del hecho de que el Coronel español de Infantería de Marina, Cristóbal Gil y Gil fue señalado por el hoy director del Instituto para la Memoria, Víctor Basterra, como partícipe de los grupos de tareas con sede en el campo de exterminio. Es por lo que se entiende que el listado remitido por el entonces ministro de Defensa del Gobierno de Jose María Aznar, Eduardo Serra, es incompleto dado que la denuncia de Basterra hace referencia a un período anterior a 1979.

Con esos datos, Garzón citó a declarar únicamente como testigo a Gil y Gil, sin que hubiera más actuaciones. La gravedad de la información a la que tuvo acceso Garzón, a partir de las declaraciones de Basterra y de la información que en su momento hizo pública ante la prensa argentina el coronel Amadeo Martínez Inglés, quien hizo el curso de Estado Mayor en la Argentina e informó al gobierno español de las violaciones de los DDHH cometidos por la dictadura, implicaba un vuelco a dos causas que en ese momento llevaba adelante Garzón: la de los vuelos de la muerte y la que investigaba el terrorismo de Estado durante el gobierno de Felipe González, el llamado Caso GAL, cuyas repercusiones penales afectaron, parcialmente, a los llamados escalones medio y bajo de los partícipes de la llamada «guerra sucia».

Martínez Inglés expresó ante los medios argentinos y españoles haber elevado un informe a sus jefes sobre las aberraciones que se cometían en la Argentina, el que fue mantenido en absoluta reserva por sus superiores. Martínez Inglés aseguró en su momento a Radio Mitre que tenía en su poder un listado de militares españoles que viajaron para adiestrarse en técnicas de represión ilegal -doce de ellos en la ESMA-.

A partir de estos datos, el entonces portavoz parlamentario del Partido Nacionalista Vasco, Iñaki Anasagasti declaró al diario Página 12: «Esto confirma nuestra sospecha de que los GAL fueron una creación del ejército español. Vamos a pedir en el Congreso una investigación a fondo de todo lo ocurrido. Está claro que en España no se puede seguir hablando de una ley de Punto Final sobre la guerra sucia contra ETA, mientras haya 600 etarras en la cárcel y del otro lado sólo 2 ó 3 personas».

Lo paradójico es que Garzón, con todos estos datos en su poder nunca citó a estos militares informados por Defensa ni siquiera como testigos, generando así una fisura importante en la investigación, ya que varios de los «visitantes uniformados», sino todos, podían haber aportado datos de importancia para desentrañar muchos de los crímenes cometidos, y de los que fueron cómplices.

Como ya hiciera con el caso de las pruebas concretas de miles de víctimas del franquismo que le remitieran organizaciones de derechos humanos de Valencia, Garzón se preocupó más en generar un hecho mediático para luego, desestimar cualquier tipo de investigación. Y es que no era lo mismo en ese momento imputar a militares retirados de un Estado arrodillado ante la impunidad, que investigar la conexión española con la dictadura. Hay que recordar que la legislación española no discute la competencia de sus tribunales para juzgar los delitos cometidos por nacionales en el extranjero.

Garzón, que disfruta de permiso de residencia argentino otorgado de manera directa por la ex Presidenta Cristina Fernández, y mantuvo durante su mandato un cargo de Subsecretario en el Estado Nacional en materia de Derechos Humanos, optó por no encarar la investigación de los crímenes de la dictadura militar argentina y decidió cajonear los informes suministrados por el propio Ministerio de Defensa español, que aún siendo parciales, resultaban reveladores.

¿Quién pagará la factura por la presencia de la OTAN en la frontera occidental de Rusia?

El aumento de los contingentes de la OTAN en los países bálticos y Polonia se planificó a mediados del año pasado. Pero hace años que la aviación de la OTAN está desplegada en Estonia y el año pasado llegaron tanquistas estadounidenses. Además, entre 4.000 y 5.000 tropas de países miembros de la Alianza imperialista van a la república para participar en maniobras militares, como Tormenta de Primavera, que tiene lugar cada año.

Actualmente en el país hay un batallón de la OTAN permanente y unificado, algo que buscaban desde hace tiempo las antiguas repúblicas soviéticas del Báltico.

Se espera que en la frontera occidental de Rusia aparezca una nueva brigada, que contará con subdivsiones desde el Báltico hasta el Mar Negro. No será muy cuantiosa pero se trata del primer paso para la creación de las fuerzas de acción rápida de la OTAN.

Los países de Europa del este que acojan las unidades de esta nueva fuerza imperialista tendrán que realizar grandes gastos de mantenimiento, sobre todo después de que Trump ha advirtido que va a cerrar el grifo del maná militar, lo cual tiene su truco: uno de los principales objetivos de Washington es el aumento de las exportaciones norteamericanas de armamento a Europa. La llegada de equipos militares y de tecnología adicional, que realmente se dedicarán a entrenar y trabajar con el ejército de Estonia, encajan bien con esta política.

Todos los gastos en infraestructura en la base de Tapa, la redistribución y colocación de tropas militares extranjeras suponen un alto coste para el presupuesto de un país pequeño como Estonia. Además los instructores de la OTAN no van a enseñar así como así las tecnologías militares occidentales a los estonios.

Pero el verdadero problema para la Alianza es Kaliningrado, el enclave ruso en el Báltico, donde hay un gran agrupación de tropas rusas. Tanto en Tallin, como en Bruselas y Washington entienden que ni un batallón, ni cinco, podrían lanzar una ataque contra San Petersburgo desde la ciudad estonia de Narva.

¿Por qué Rusia no forma parte de la OPEP?

“Actualmente no contemplamos la posibilidad de que Rusia entre en la OPEP, aunque nuestra relación con los países exportadores de petróleo ha demostrado que la cooperación es algo necesario y adecuado”, señalaba el ministro de Energía Alexander Novak. Anteriormente, Novak había declarado en repetidas ocasiones que las posibilidades de la OPEP de influir en el mercado son limitadas.

Los últimos meses de 2016 la coordinación de las negociaciones entre Rusia y otros países exportadores de petróleo se llevó a cabo gracias a los esfuerzos de Rusia en materia de política exterior.

El 30 de noviembre los miembros de la OPEP decidieron reducir la extracción de petróleo a partir de principios de 2017 en 1,2 millones de barriles al día. Otros 11 países, incluida Rusia, se comprometieron a rebajar la producción de petróleo en 558.000 barriles al día, de los cuales 300.000 barriles al día corresponden a Rusia.

“La OPEP y Rusia no tienen confianza mutua, somos competidores, no socios”, comenta el editor de Thomson Reuters responsable de mercados petroleros, Gleb Gorodiankin. Para Rusia es difícil confiar en la OPEP debido a la diferencia de sus objetivos y a las contradicciones existentes dentro del cartel, opina el experto.

“Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Irán y Qatar no están sobrecargados por deudas demasiado significativas y apuestan en la OPEP por incrementar su presencia en el mercado, mientras que los países pobres que forman parte del grupo (Angola, Nigeria, Venezuela y Kurdistán), están interesados en subir los precios para poder salir adelante”, señala Gorodiankin.

El cártel petrolero no podrá seguir garantizando las restricciones a la extracción. Hasta el momento estas medidas han provocado una subida de la inversión en el petróleo de esquisto en Estados Unidos.

Los países miembros de la OPEP siguen de cerca la subida de la extracción del petróleo de esquisto y partiendo de estas valoraciones tomarán la decisión de ampliar el acuerdo sobre limitar la extracción a finales del próximo mes.

Estados Unidos prevé una subida de la extracción de petróleo hasta los 10 millones de barriles al día (un 10 por ciento del volumen actual), muy próximamente, superando el máximo nivel, registrado en 1970.

Las empresas que explotan reservas de petróleo de esquisto están robando cuota de mercado a la OPEP, que redujo la extracción a principios de año esperando contribuir a la subida de los precios del petróleo.

Según el economista jefe del grupo de compañías BP en Rusia y la CEI, Vladimir Drebentsov, la OPEP no tiene una buena respuesta para el mercado hasta que se agoten los recursos de la extracción de petróleo de esquisto en Estados Unidos.

“Si los precios no hubieran subido en su momento hasta los 120-140 dólares el barril, habríamos estado muchos años más sin oír hablar de los yacimientos de petróleo de esquisto en Estados Unidos. Ahora es tarde, la revolución ha llegado, no hay vuelta atrás, es algo inevitable”, asegura Drebentsov.

Según el analista de Citi Futures, Tim Evans, el mercado petrolero actualmente es similar a una casa de cartón que puede  venirse abajo por culpa de cualquier noticia negativa. Por ejemplo, Irán, que forma parte de la OPEP, según el acuerdo para la estabilización del mercado puede extraer hasta 3,8 millones de barriles al día. No obstante, el país está incrementando la exportación: vende el petróleo procedente de sus reservas acumuladas durante años de sanciones y a principios de 2017 había reducido su volumen de los 29,6 millones de barriles a los 16,4 millones de barriles.

Irak también está incrementando la extracción. El primer ministro del país, Haider al-Abadi, ha denunciado una subida de la extracción en Kurdistán. En diciembre el suministro de petróleo desde los yacimientos controlados por los kurdos a Turquía alcanzó los 587.000 barriles al día, una cifra que supera en más del doble la cuota de 250.000 barriles al día a la que se había comprometido el país. Además, según The Wall Street Journal, en enero Irak se proponía incrementar en un 7 por ciento la exportación a través de la terminal en Basora hasta los 3,53 millones de barriles al día. También planea suministrar volúmenes adicionales de petróleo a India y China.

Otro factor desestabilizador: Libia se propone duplicar la producción de petróleo en 2017. El país está aumentando la extracción en su mayor yacimiento, el de El Sharara, y ha retomado la exportación desde la terminal de Az Zawiya. A principios de enero, el país alcanzó una extracción diaria de 700.000 barriles (el índice medio del pasado mes de diciembre fue de 630.000 barriles al día).

La OPEP es una organización con sede en Viena fundada en 1960. Está integrado por 13 países productores y exportadores de petróleo, ubicados en América, Asía y África, los cuales agrupan una población de alrededor de 554 millones de personas y cuyo principal producto de exportación es el petróleo. Los países miembros son: Angola, Arabia Saudí, Argelia, Ecuador, Emiratos Árabes Unidos, Indonesia, Irak, Kuwait, Nigeria, Qatar, Irán, Libia y Venezuela.

http://es.rbth.com/economia/2017/03/16/por-que-rusia-no-quiere-entrar-en-la-opep_720668

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies