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Día: 15 de marzo de 2017 (página 1 de 1)

El gobierno de Colombia iniciará una ofensiva contra los disidentes de las FARC

El sábado el vicepresidente de Colombia, Germán Vargas Lleras, ordenó al ejército de Colombia iniciar operaciones contra los disidentes de las FARC.

Desde Cartagena del Chairá, el segundo del gobierno de Juan Manuel Santos, pidió especialmente atacar al Frente 14 en esa localidad.

En diciembre el ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas, ya declaró como objetivo de alto valor estratégico para el ejército colombiano a cinco jefes de frente de las FARC que manifestaron su oposición al proceso de paz.

Entre ellos está Miguel Botache Santillán, (“Gentil Duarte”), integrante del Estado Mayor, que estuvo en las negociaciones de La Habana y regresó al país para dirigir la disidencia del Frente Primero que opera en el Guaviare.

En julio del año pasado las FARC ya expulsaron a “Iván Mordisco” y los demás guerrilleros del Frente Primero que también se habían apartado del proceso de paz.

Otro de los disidentes es Géner García Molina (“John 40”), que ingresó a las filas de las FARC desde muy joven, después de haber pasado por las filas de las Juventudes Comunistas. Inicialmente inició en el Frente 31 de la guerrilla, hasta convertirse en uno de los mayores dirigentes de las operaciones guerrilleras en la zona fronteriza con Venezuela y Brasil.

También han roto con la dirección “Euclides Mora”, “Julián Chollo” y “Giovanny Chuspas”. Este último fue uno de los jefes del frente 16 de las Farc que asumió el mando tras la muerte de Tomás Medina Caracas, alias “Negro Acacio”.

A los ataques del vicepresidente del gobierno se ha sumado la CNN, que acusa a los disidentes de haberse pasado a la delincuencia común (*), en la típica ofensiva de guerra sicológica que subirá de tono en adelante.

A la campaña se sumarán los propios dirigentes de las FARC, que ya hablan de que los disidentes han sido expulsados y que se dedican al narcotráfico, ya que en los acuerdos de paz, las FARC han admitido formar parte de las redes de narcotraficantes, con las que están obligados a romper.

“Quienes se declaren en disidencia de las FARC no podrán seguir utilizando su nombre, insignias y armas”, dijeron en un comunicado.

(*) http://cnnespanol.cnn.com/2017/02/01/disidentes-de-las-farc-estarian-delinquiendo-en-la-frontera-entre-colombia-y-brasil/

Los ‘antimilitaristas’ son los cómplices de los yihadistas en España

Aday Quesada

En España los colectivos supuestamente “antibelicistas” han tratado en los últimos tiempos, con escaso éxito, de movilizar a la opinión ciudadana en favor de los grupos terroristas proccidentales que actúan en Siria.

Una de esas organizaciones es el MOC (Movimiento de Objeción de Conciencia), creado por José Beúnza, el primer objetor de conciencia de la historia de España. Según precisaba Andrei Kononov en un artículo titulado “El movimiento antimilitarista en España: un agente al servicio del imperialismo?”, el MOC es una organización adscrita a la “Internacional de Resistentes a la Guerra”, una entidad que ha prestado y presta un indisimulado apoyo a los activistas del Euromaidán ucraniano y de la oposición golpista venezolana.

Según consta en la página web de esta “Internacional”, uno de sus principales representantes en España es el colectivo Antimilitaristas.org -conocido por Insumissia- desde cuyas publicaciones se hace una encendida defensa de las fraudulentas “revoluciones de colores” de la denominada “Primavera Árabe”.

En el curso de los últimos meses, los colectivos “antimilitaristas” y de objeción de conciencia han estado particularmente movilizados para lograr que en el Estado español se generara un movimiento a favor de la “pacificación en Siria”. Se trata de un reclamo tardío. Durante los últimos cinco años, Siria ha estado sometida a una auténtica invasión extranjera, protagonizada por los países occidentales y por los grupos yihadistas ultraconservadores, a las órdenes de las monarquías feudales de la península arábiga. En el curso de la misma se calcula que ha muerto más de un millón de personas. Durante todos estos años, las voces que pudieron escucharse en los grandes medios internacionales reclamaban  una victoria sin concesiones de los grupos ultraconservadores. Éstos fueron visitados con gran despliegue publicitario por destacados políticos de la Unión Europea y de los Estados Unidos, que les expresaron su solidaridad y apoyo.

Justo cuando la situación militar ha dado un giro de 180 grados, nuestros “pacifistas” y “objetores de conciencia” han comenzado a reclamar hipócritamente la “pacificación de Siria”. Lo que podría haber sido un loable deseo, a estas alturas no se puede interpretar más que como una trampa artera, urdida sin duda con el deliberado propósito de confundir. Y ello sea dicho sin prejuzgar la ingenuidad de no pocos integrantes de esas ONG que, con muy buenos deseos pero con poca cabeza, desconocen los datos y significados de la raíz de este conflicto.

En Canarias, las organizaciones de objeción de conciencia, como el MOC, son exiguamente minoritarias. No tienen incidencia social alguna, aunque aún así tratan de vender entre nosotros la mercancía averiada de los “Cascos Blancos”.

Según obra en nuestro conocimiento, el MOC grancanario realizó una “presentación semiclandestina” de esa organización en Las Palmas. Presentaron su acto como una reflexion sobre Siria. Luego, de rondón, metieron una conexión directa con los hombres del agente James Le Mesurier. Según nuestras fuentes, el secretismo de la presentación estuvo motivado por el temor a que se presentaran en el acto gente que cuestionaran los argumentos defendidos por “los héroes” recientemente galardonados. Pensamos, sin embargo, que hubiera resultado de mucho interés ese careo ideológico. Pero nuestros peculiares objetores prefirieron la “clandestinidad” a la confrontación argumental. Y fue, naturalmente, peor para todos nosotros.

http://canarias-semanal.org/not/19997/el-fraude-de-los-cascos-blancos-y-sus-simpatizantes-en-espana-y-en-canarias/

Torturada por los guardias civiles que la detuvieron

Sandra Barrenetxea llega a la Audiencia
El juicio contra cuatro guardias civiles, acusados de agresión sexual, torturas y lesiones a Sandra Barrenetxea vivirá hoy su segunda sesión en la Sección Primera de la Audiencia de Bizkaia. Este miércoles es la propia Barrenetxea la que narra al tribunal lo que vivió en 2010, cuando fue detenida acusada de pertenecer a Ekin y durante los días que permaneció incomunicada.

A su llegada a los juzgados Barrenetxea ha estado arropada por decenas de personas que se han concentrado frente a los juzgados, entre los que se encontraba una representación de EH Bildu. Según ha explicado, el trato inicial fue “correcto” pero después comenzó el tormento. “Fue un shock absoluto”, recuerda.

Barrenetxea ha relatado que le trasladaron a Madrid en coche, acompañada de cuatro agentes: “Me bajaron los pantalones, se reían de mi, me insultaban…”, ha apuntado. Asimismo, ha explicado las prácticas de asfixia que le aplicaron con la bolsa. Cree que fueron los mismos agentes que viajaron con ella en el coche: “Me insultaban, me llamaban puta… Era un caos”.

El juicio se ha parado unos minutos cuando Barrenetxea no ha podido continuar con el relato al recordar las amenazas de violación vividas en dependencias de la Guardia Civil. Tras reanudar la narración, ha señalado que el médico forense “no se preocupó” pese a lo que ella le contaba respecto a golpes y amenazas de dejarla estéril. “Para qué le iba a decir al forense que me habían bajado los pantalones, si no era capaz de darme un analgésico”, ha matizado.

Uno de los momentos más tensos ha llegado cuando Barrenetxea ha mirado a los cuatro guardias civiles juzgados y ha identificado a tres de ellos, tras lo que ha vuelto a romper a llorar.

Tras ello, Carlos Aguilar, letrado de los guardias civiles, ha tratado de desacreditar el estado de Barrenetxea tras su detención en 2010. Sin embargo, Barrenetxea ha defendido que sus denuncias “son coherentes”, aunque ha reconocido que, por lo vivido, “es difícil tener un relato completo”.

Asimismo, ha recordado que “ir a un sicólogo no es un trago fácil. Asumir que no eres capaz de gestionar tú vida”, ha subrayado para explicar su calvario. Pese a ello, ha destacado que no sabe de dónde sacó las fuerzas para negarse a declarar en comisaría. “No quería estar en la cárcel 20 años como me habían amenazado”.

La sesión ha seguido con la declaración por videoconferencia del abogado de oficio que asistió a Barrenetxea en dependencias de la Guardia Civil, cuando estaba incomunicada. No habló con la detenida ni en las dependencias de la Guardia Civil ni en su asistencia en la Audiencia Nacional española.

La acusación particular pide para los encausados penas que suman los 19 años de cárcel por agresión sexual torturas y lesiones, mientras Fiscalía y defensa solicitan su libre absolución al estimar que no cometieron delito ni falta.

http://www.naiz.eus/eu/actualidad/noticia/20170315/el-juicio-por-torturas-continua-hoy-con-el-testimonio-de-sandra-barrenetxea

Ni terrorismo de Estado ni ostias en vinagre

B.
Parece ser que -lo acabamos de oír a las 12 del mediodía de hoy, día 15- el Tribunal Constitucional ha denegado la indemnización a los familiares de Lasa y Zabala -asesinados por los GAL, o sea, por el Estado- por considerar a éstos miembros de ETA a tenor de lo dicho en su día en el juicio al comandante de la Guardia Civil Rodríguez Galindo. Hubo otras sentencias donde se les declaraba miembros de «la izquierda abertzale», sin más, refugiados en Iparralde (el País Vasco francés).

En otras palabras, aquí no hay dos «terrorismos» sino uno solo: el de ETA. Y los GAL serían una banda, organizada o no, o igual ni banda, pero nada que ver con el Estado. Por eso hubo una Ley Antiterrorista hoy metida con calzador en la Ley de Enjuciamiento Criminal, creo, no estoy seguro. No se va a promulgar una Ley Antiterrorista para aplicarla al propio Estado, es de cajón y de género tonto lo contrario, ¿por qué?, pues porque no existe el terrorismo de Estado y sí el otro, ya saben, el otro. En el fondo, estamos de acuerdo cuando se dice que sólo hay un terrorismo, adivine el lector en cuál estamos pensando.

A todo esto, y dicho con toda ingenuidad, creíamos que estos tiempos estaban «superados», que ya vivíamos en el País de las Piruletas.

Buenos días.

La descolonización del Sáhara en tiempos de la transición política

Ernesto Valderrey

El antiguo Sáhara español (Sáhara Occidental) ha sido objeto de numerosos estudios, especialmente su abandono por parte de España a finales de 1975. Destaca la comparecencia en marzo de 1978, ante la Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso de los Diputados, de diversas
autoridades con responsabilidades en esa descolonización, ministros incluidos, que informaron de sus actuaciones y respondieron a las preguntas de los grupos parlamentarios. Se quiso conocer cómo ese proceso condicionaba en 1978 las decisiones sobre Canarias, Marruecos,
Argelia o el Sáhara (marco de un enfrentamiento armado entre la nueva potencia ocupante, Marruecos y fuerzas saharauis independentistas, el Frente Polisario, que ya actuó contra la anterior potencia ocupante, España).

Desde 1960, en plena ola descolonizadora, nuestro país se vio obligado a informar a la ONU de que administraba territorios no autónomos, aunque disfrazados de provincias, de los que se fue desembarazando (Guinea, Ifni) quedando el Sáhara, reconocimiento que obligaba a garantizar el derecho a la autodeterminación de su población. La retrocesión en 1967 de Ifni a Marruecos no apaciguó las relaciones con este país que reivindicaba también el Sáhara, amén de Ceuta y Melilla.

Además, la pérdida de influencia de España en Guinea, tras su independencia en 1968 (colonia que contó en su momento con ¡partidos políticos, elecciones y gobierno autónomo!) hizo que vacilara en qué hacer con el Sáhara, más cuando no estaba claro qué población debía participar en el proceso de autodeterminación y qué países debían ser tenidos en cuenta. La “desgracia” del rico subsuelo, no solo los fosfatos de Bu Craa, y la posición estratégica del Sáhara, internacionalizan y complican más la disputa.

España, para ir desbloqueando la situación, prepara en 1974 un Estatuto de Autonomía que la primera enfermedad de Franco y otros acontecimientos paralizan. Por ejemplo, Marruecos desencadena contra España una ofensiva diplomática –y de hostigamiento militar de baja intensidad en el Sáhara– de tal forma que consigue que la ONU, además de hacer suya su propuesta de que el Tribunal Internacional de La Haya dictamine sobre los posibles derechos de Marruecos, paralice el referéndum anunciado por España. A mediados del 75 una misión de la ONU visita el territorio, lo que aprovecha el Polisario para un gran despliegue en las calles, con protestas contra la presencia de España, que impactan negativamente en las autoridades españolas, que habían tolerado su actividad política y la del PUNS, un partido más afín.

En noviembre, con la enfermedad que ya se palpa irreversible de Franco, Marruecos concreta su amenaza de  la “Marcha Verde” en apoyo a su distorsionada versión favorable a sus tesis del reciente dictamen del Tribunal Internacional de La Haya. Una operación que monta su ejército, aunque aparecen decenas de miles de civiles desarmados, mujeres y menores incluidos, que desean ocupar pacíficamente el entonces Sáhara español: el conflicto, esta vez en su plano militar y en esas dimensiones, estaba servido.

El contencioso se fue apartando del marco de la ONU (autodeterminación y tener presente a los tres países limítrofes) y se “bilateraliza” entre España y Marruecos, con contactos directos, algunos secretos, que dan pie a los Acuerdos de Madrid de 14 de noviembre del 75, que instauran una administración tripartita provisional (con Mauritania), con unos anexos y que el gobierno español, el 19 de noviembre, de alguna manera legaliza, aunque no publica, al aprobarse, con Juan Carlos como Jefe del Estado interino, la Ley 40/1975 de descolonización del Sáhara, cerrando España su presencia el 28 de febrero de 1976.

Las comparecencias de 1978 se aprobaron gracias a la indisciplina de voto de cuatro diputados de UCD, pues este partido y AP (PP) votaron en contra de su realización. Además, no hay Diario de Sesiones de la Comisión del 12 de enero que aprobó esta medida, cuyo objetivo, según sus promotores (PSOE) no era enjuiciar unas actuaciones y menos exigir responsabilidades; sólo obtener información de los comparecientes, cuya asistencia era voluntaria. Se invitó a doce personalidades que (excepto el Jefe del Estado y la cúpula militar) tuvieron un papel destacado en la descolonización: no comparecieron el ex presidente Arias, por decisión propia y el que fuera embajador en Argelia, por problemas graves de salud.

Todos los grupos preguntaron a los comparecientes, excepto AP. El PCE no lo hizo al entonces Director General de Promoción del Sáhara, el general Blanco (quizás por su pasado como Director General de Seguridad). El PCE no “apretó” mucho y se dio por satisfecho de las respuestas. El PSOE preguntó y repreguntó, pero sin querer “hacer sangre”. Los diputados de UCD fueron los más incisivos, tanto que se dio el hecho cómico de que el PSOE les recordó que no se trataba de poner a nadie “contra las cuerdas”.

Abrieron tres militares, aunque solo uno ocupaba un puesto militar: los otros dos cargos eran de carácter político. El ex Secretario General del Gobierno del Sáhara animó el asunto al decir que el Gobierno cambió de planes, que cabía una opción diferente a la decidida, con alusiones a presiones favorables a Marruecos, citando al ministro Solís y al entorno de la familia Franco. Finalizó el entonces Gobernador General del Sáhara, que esquivó las preguntas sobre decisiones del Gobierno, por no poder entrar a valorarlas, y defendió la subordinación de las Fuerzas Armadas al Gobierno, que quizás era lo que tanto PCE como PSOE querían oír, más cuando Gómez de Salazar era, al comparecer, Capitán General de Madrid.

La segunda tanda, para la Diplomacia, la inició el embajador Piniés, representante en la ONU, antes, durante y después de la descolonización. A su juicio, hubo descoordinación en el Gobierno, siendo la relación con su ministerio, Exteriores, no tan fluida como se precisaba, pesando presiones militares en la decisión final. Le siguió Martín Gamero, embajador en Rabat en 1975 y ministro de Información y Turismo en el primer gobierno del Rey. Cerró el ministro de Exteriores de dicho gobierno, Areilza, que explicó que el presidente Arias no quiso debatir en las Cortes el Acuerdo Tripartito de Madrid, ni su publicación en el Boletín Oficial del Estado, aunque al poco de firmarse se protocolizó ante Naciones Unidas.

Las sesiones finales se reservaron para cuatro ministros del último gobierno de Franco. El de Industria, Álvarez Miranda, disertó sobre los fosfatos, materia de la que era una autoridad mundial y a nivel más “casero”, creador de la empresa pública que inició su explotación en la que siguió, desde abril del 76, como vicepresidente, con capital ahora mayoritario de Marruecos. Se mostró satisfecho por el cumplimiento por su ministerio de la parte correspondiente de los Anexos no públicos del Acuerdo de Madrid. El mismo ABC de 25 de abril del 76 que da cuenta de su nombramiento, nos informa de una reunión del ministro de Comercio, Calvo-Sotelo, con su colega marroquí, en la que se trató, entre otras cuestiones de fosfatos e industria química. Temas en los que debió quedar bien el futuro presidente del Gobierno, por su reciente labor al frente de “Unión de Explosivos Río Tinto”, empresa con intereses en estos campos en… ¡el Sáhara!

El de la Presidencia, Carro (responsable político del territorio a través de la Dirección General de Promoción del Sáhara) era, al comparecer, diputado de AP, pero no intervino en las demás sesiones, pauta de su partido, y eso que AP contaba con dos diputados que habían hecho como ministros de Franco, el doblete: López Bravo en Industria (Fosfatos) y López Rodó, en el entorno de Presidencia (que llevaba el Sáhara) ministro del Plan de Desarrollo, y ambos en Exteriores. Procuró no apartarse del guión de una conferencia suya de marzo del 76 y tuvo diversos incidentes, sobre todo con diputados de UCD. Insistió en la coordinación del gobierno y la continuidad de su política. Como ministro de la Presidencia le tocó explicar en las Cortes de entonces, con Franco ya agonizante, el alcance de la Ley de Descolonización, con la habilidad, por no decir algo más fuerte, de eludir citar los todavía frescos Acuerdos de Madrid del 14, más cuando estos supeditaban su entrada en vigor a la publicación de esa la Ley en el BOE.

Le siguió el ex ministro de Exteriores, Cortina, que criticó las posturas de Marruecos, Argelia y del Polisario al tiempo que resaltaba las vacilaciones de Naciones Unidas, más allá de sus limitaciones como organización y lo más importante; fue el único ex ministro que reconoció sin tapujos un giro del Gobierno hacia una solución bilateral con Marruecos. Eso sí, omitió contar que, con su conocimiento, en octubre del 75, Franco envió para hablar con el rey de Marruecos al segundo jefe de su Casa Militar, general Gavilán.

Cerró el turno Solís, que, aunque comparecía más por su condición de enviado especial de Franco, también ante el Rey Hassan II, fue ministro del Movimiento en el último gobierno de Franco, y de Trabajo en el siguiente: el único de los comparecientes que estuvo en el Gobierno desde mediados del 75 hasta que España abandona el Sáhara en febrero del 76. Optó por un tono dicharachero y consiguió que, ante algunas de sus “ocurrencias”, protestaran los diputados: total, que “se les escapó vivo”, pues con habilidad, sabiendo que era el último en intervenir, desviaba balones hacia anteriores comparecientes. No se molestó cuando un diputado del PSOE le preguntó sobre sus posibles negocios entonces con Marruecos.

En conclusión, las comparecencias no aportaron nada relevante; ni se precisó la naturaleza de los Acuerdos de Madrid de 14 de noviembre del 75 y sus Anexos, ni se pudo concretar en qué momento y cómo se produjo el giro hacia esos Acuerdos. Quedó en el ambiente que un Sáhara independiente, pero progresista y pro argelino, no era la solución deseada por España. Y cuando las preguntas eran incisivas, más de un exministro se negó a contestarlas aduciendo el secreto de las deliberaciones del Consejo de Ministros.

Sirvieron de balón de oxígeno a UCD, que vio –por un tiempo– que al hablar de Marruecos o del Sáhara, no era “el malo”, como le sucedía –en paralelo– en las sesiones del Congreso y del Senado que tenía que sufrir como Gobierno, mucho más duras que estas, más cuando el ministro Oreja fue subsecretario con Areilza.

Estas comparecencias, ya de por sí importantes por su materia, trascienden su objeto, ya que es la primera vez que las nuevas Cortes democráticas, aunque sin “apretar” mucho, consiguen sentar a varias personalidades de la España no democrática, no solo de la de Franco, para dar cuenta de su gestión.

De forma intencionada se dejó fuera de la “causa” a la cúpula de las Fuerzas Armadas, lo que extraña, pues el conflicto político se mezclaba con una casi decisiva perspectiva bélica. No son citados los ministros militares del último gobierno de Franco, ni los del primero del rey Juan Carlos y se procuró eludir esta cuestión en las preguntas, aunque la condición militar de tres de los comparecientes y la naturaleza del conflicto hicieron que saliera el asunto. El ex ministro Carro centró el tema al justificar la retirada, por lo negativo que hubiera sido para la Transición un ejército derrotado o desmoralizado, citando Portugal. De alguna manera defendió la tutela de las Fuerzas Armadas sobre la Transición, sin que nadie le rebatiera.

También resulta curioso, a la vista de las intervenciones, incluidas las de los diputados que preguntaban (con la excepción del ex ministro Carro recordando –en un momento en que se sintió presionado– que había unos órganos responsables “desde las jerarquías más altas”) que parecía que solo el Gobierno decidía, salvando así de responsabilidades políticas de más nivel, a la Jefatura del Estado. Una Jefatura del Estado con unos poderes extraordinarios: con Juan Carlos (tres semanas de interinidad y el resto con plenitud de funciones) y, qué decir de la etapa de Franco, cuando sus indicaciones, aunque no se formalizaran, eran tenidas en cuenta, y ¡cómo! Y más en esta cuestión en la que, por las implicaciones emocionales que tenían para él, nadie se atrevía a actuar con decisión y menos a llevarle la contraria.

http://www.infolibre.es/noticias/foro_milicia_democracia/2017/03/15/el_Sáhara_franco_62527_1861.html

El asesinato de Agustín Rueda fue uno de los muchos crímenes de Estado de la transición

Agustín Rueda Sierra
Emilio González tenía solo 34 años cuando trabajaba como funcionario de prisiones en unas de cárceles más crudas de la Transición, la vieja prisión de Carabanchel. “En Carabanchel vi palizas, funcionarios que obligaban a los presos a cantar el cara el sol en medio de la galería, insultos, amenazas y nunca se me irá de la memoria el caso del joven Agustín Rueda, que se fue de las manos dentro de aquellos muros en una sola noche”, apunta este exfuncionario de prisiones.

En el transcurso de dos días, del 13 al 14 de marzo de 1978, el preso Agustín Rueda sería asesinado entre los muros de la prisión de Carabanchel. En una etapa ya casi final de Transición española. Esa misma noche, otros siete reclusos resultaron heridos junto a este joven de 25 años. El motivo, la construcción de un túnel clandestino en una habitación situada junto al comedor de la séptima galería de Carabanchel.

Tres días después de aquellos hechos, un juez abrió un procedimiento contra el director de la prisión por un presunto delito de homicidio. El subdirector, un jefe de servicios y nueve funcionarios también fueron juzgados por el asesinato de este recluso. A pesar de la gravedad de los acontecimientos, los acusados lograron salir en libertad condicional.

Las horas previas a la muerte de Agustín Rueda tuvieron un carácter especial de agitación en Carabanchel. Y es que uno de aquellos funcionarios, compañero de Emilio, había descubierto en su ronda habitual un túnel de cuarenta metros previsto para una pronta fuga de la prisión.

González recuerda que aquel día tenía permiso en Carabanchel pero que ya había alertado del intenso caldo de cultivo que estaba latente. La fecha no la olvida. 14 de marzo. 39 años después, cuenta las posibles circunstancias que llevaron al asesinato de este joven.

Emilio llegó a redactar una carta al director de la cárcel por el tratamiento abusivo de aquellos funcionarios, tomando nota de cada uno de sus comportamientos para trasladarlo a la Dirección General de Carabanchel: Esta Dirección ha dado muestras públicas de confraternización con los implicados de extrema derecha; ha negado cambios de guardias a un funcionario que manifestó su disconformidad con que un preso cantara el Cara al sol, ha colocado a internos de clara ideología de extrema derecha como destinos de máxima confianza en el exterior (internos que exhiben públicamente en la chaqueta sus insignias de Falange o Fuerza Nueva)”.

La carta, con fecha del 14 de marzo de 1978, recalcaba duros episodios de aquellas cárceles a las que había aún que democratizar: “Sin duda fue una etapa muy difícil. Cuando algún interno recibía palizas por no levantar el brazo, no podía evitarlo y le dije a más de uno con malas formas  pero qué estas haciendo”, recuerda. El sector democrático de los funcionarios de Carabanchel estaban aún mal vistos en aquellos años dentro de la prisión.

Dos días después de aquella carta que Emilio escribiría por no soportar la presión, sería asesinado Agustín Rueda. “Murió el 14 de marzo y nunca se me olvidará como cambió el ambiente de la prisión. La autopsia de Rueda revelaría un ‘shock traumático’. Nadie hablaba de la brutal paliza. Ni los trabajadores. Ni sus propios compañeros”, destaca Emilio.

En una segunda carta, firmada el 16 de marzo, el entonces funcionario apelaba al criterio del director para una pronta mejora de la situación, tras el asesinato de Rueda. “Tengo confianza en que usted sabrá dictar las normas oportunas para que estos hechos desgraciados no se repitan, en bien, no solamente de los internos, sino del Cuerpo de Prisiones, que debe tener una actuación acorde con los tiempos que vivimos y no con los del pasado”.

Emilio no define bien en su memoria el rostro del preso Agustín Rueda. “Eran tantos”, afirma. Sin embargo, nadie olvidó aquella trágica noche donde los acontecimientos ocurrieron demasiado rápido.

Durante el mediodía de aquel fatídico día 13 de marzo Agustín Rueda fue llamado a declarar por el asunto de la construcción del túnel. Nadie conoce a ciencia cierta las circunstancias en la que se desarrolló aquel interrogatorio. Tampoco los detalles de las brutales palizas donde la mayoría de sus compañeros salieron con múltiples contusiones, producidas en el abdomen y el tórax.

Al salir de aquel agujero, Rueda no podía soportar el dolor. Estuvo más de seis horas agonizando, junto a la presencia de otro de los presos acusados. Ya no pudo moverse de su colchoneta. Se retorcía casi desmallado e incluso se llegó a hacer sus necesidades encima por la falta de ayuda de aquellos funcionarios.

Pasaron las horas. A las once y media de la mañana del día 14, el director de la cárcel de Carabanchel informaba de la ubicación del cuerpo de Rueda en el hospital penitenciario, ya fallecido. ¿Qué había ocurrido? Se preguntaban muchos trabajadores y los propios compañeros de Rueda.

Su cuerpo tenía hematomas y heridas producidas con vergajazos u otros objetos contundentes. El juez quiso saber entonces el origen de las lesiones. La respuesta de aquellos funcionarios fue contundente y veraz para la justicia: “A nosotros nos parece que estas lesiones las sufrió ayer por la mañana, cuando le estábamos trasladando. Se cayó por las escaleras, ¿sabe?, y cuando fuimos a levantarle nos amenazó con un cuchillo, así es que tuvimos que reducirlo”.

César Lorenzo Rubio, destaca en su libro “Cárceles en llamas. El movimiento de los presos sociales en la Transición” que  de todas las muertes, no precisamente pocas, que se produjeron en las cárceles durante aquellos años, la de Agustín Rueda a manos de un grupo de funcionarios de Carabanchel, por lo salvaje e impune de las circunstancias y avanzado del momento, reviste un carácter excepcional .

Un crimen impune

Lorenzo destaca que las extrañas consecuencias de su asesinato retrasó el juicio casi una década, de forma incomprensible. Y es que Lirón de Robles, jefe de servicios de Carabanchel en la fecha, ya había fallecido por un infarto cuando se celebró el juicio. Las defensas de los funcionarios pretendieron hacer pasar la paliza deliberada a Rueda por una maniobra de autodefensa contra el reo, un argumento que carecía de verosimilitud. “Tampoco pudieron hacer creer que los golpes que produjeron la muerte de Rueda se los propinasen individuos, ajenos a los funcionarios cuyo fin era acabar con la vida de Agustín Rueda para imputarles la muerte a éstos últimos”. Lorenzo aclara que “al no haberse tipificado el delito de torturas en marzo de 1978, se incluyó en el Código Penal, en el artículo 204 bis en una reforma de 1983 y no se les pudo acusar de ello, aunque por la voluntad de causar daño para que confesase pero sin intención de matarlo, encajaba plenamente con el tipo de delito”.

El investigador afirma la escasa condena que recibieron los funcionarios y personal implicado. Fueron acusados de lesiones graves, coacciones e imprudencia temeraria con resultado de muerte, castigadas con penas que, en el mayor de los casos, fue de seis años de prisión menor que no llegaron a cumplir, y una indemnización de cinco millones de pesetas que también eludieron al declararse la mayoría insolventes.

“Puede que Rueda tuviera sólo mala suerte. Lo pillaron en el lugar equivocado en el momento equivocado”, sentencia Lorenzo. Sin embargo, concluye que “se topó con unos funcionarios acostumbrados a administrar el castigo a su antojo en su coto particular, y eso no fue mala suerte, sino una práctica mucho más habitual de lo que llegó a trascender a la opinión pública”.

Fuente: http://www.publico.es/politica/memoria-14-marzo-carabanchel-agustin.html
 

¿Están participando las fuerzas especiales rusas en la Guerra de Libia?

En su comparecencia ante el Senado de Estados Unidos, al general Thomas Waldhauser, jefe del Africom, le preguntó el terrorista McCain por un mantra inevitable: la injerencia rusa en Libia. Un país que mete sus narices en todas partes, no podía faltar tampoco en Libia.

La respuesta del general fue la siguiente: “Es muy preocupante, senador. El general Haftar ha visitado, como ha dicho Usted, a los rusos en el portaviones. También ha ido a Rusia. Incluso esta misma semana la prensa ha informado que [el Primer Ministro Fayez Al] Sarraj del gobierno de unidad nacional también ha visitado Rusia”.

Tiene que ser muy preocupante -necesariamente- para Estados Unidos que a Rusia no sólo acudan los amigos, como Haftar, sino también los enemigos, como Sarraj.

Pero eso no es lo peor; si a Washington le preocupa que los libios vayan a Rusia, con mucha mayor razón que sean los rusos los que vayan a Libia. Es el paso que dio el domingo la agencia Reuters asegurando que el año pasado Rusia había enviado fuerzas “no oficiales” a Libia, un eufemismo para referirse al envío de mercenarios.

Decía Reuters que desde el año pasado operan en la región oriental que controla Haftar una docena de empresas de seguridad privadas, lo cual sería imposible sin el aval del Kremlin. También decía que los mercenarios se habían retirado en febrero de este año despues de desminar la zona industrial de Bengasi sin participar en combates armados.

Ayer la noticia se reprodujo: soldados de las fuerzas especiales rusas han llegado a la base militar de Sid Barrani, al oeste de Egipto, a unos 100 kilómetros de la frontera Libia, una información desmentida por el Ministerio ruso de Defensa.

En 2011 la vergonzosa resolución 1973 del Consejo de Seguridad de la ONU, que habilitó la agresión de la OTAN contra Libia, prohibió al mismo tiempo el envío de armas a Libia, que hasta ahora Rusia ha respetado. Sin embargo, es en Rusia donde Haftar ha imprimido 4.000 millones de dinares libios por cuenta del Banco Central de Tobruk.

Quien no respeta el embargo de armas es Egipto, por lo que algunos medios internacionales han suscitado la sospecha acerca de si Rusia no estará enviando armas a Haftar a través de Egipto. Es muy posible que la respuesta sea negativa. La política de Moscú en Libia es la misma que en Siria. Lo que pretende es que Haftar llegue a un acuerdo con Sarraj para poner fin a la guerra de una manera sin más derramamiento de sangre.

La fuerza de Rusia en el mundo árabe se está fraguando a costa de arreglar los destrozos que la OTAN ha estado provocando hasta ahora.

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