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Mes: octubre 2016 (página 6 de 11)

La táctica de desestabilización del imperialismo en la Guerra de Siria

Desde los tiempos del Golpe de Estado en Irán en 1953 (“Operación Ajax”), el imperialismo siempre inicia la desestabilización de un país con protestas callejeras, manifestaciones e incluso huelgas con tres objetivos:

(a) simula o amplifica un problema interno
(b) oculta una intervención externa del imperialismo
(b) el descontento de la población justifica la destitución del gobierno

En la Primavera Árabe el plan del imperialismo es una etapa breve de protestas, seguidas de deserciones y acciones terroristas para tumbar al gobierno. Pero en lugar de hablar de “contrarrevoluciones” se permitieron el lujo de hablar de “revoluciones”.

En América Latina los mercenarios locales del imperialismo se llamaron “contras”, una abreviatura de “contrarrevolucionarios”. Ahora se llaman al revés, “revolucionarios”, lo que al imperialismo le sirve para contar con el apoyo de la escoria de los grupos oportunistas y medios que alardean de ser “alternativos” pero confunden deliberadamente una cosa con su contraria.

El decorado decía que quien se levantaba contra el gobierno era el propio pueblo sirio, calificando como “pueblo” a las mesnadas de yihadistas fanatizados. La mayor parte de ellos ni siquiera eran sirios. Según un informe del BND, el servicio secreto alemán, el 95 por ciento son chechenos, pakistaníes, uigures, libios, tunecinos…

El 10 de abril de 2016 el patriarca greco-católico, monseñor Gregorio III Laham, afirmó también que “la discordia en Siria ha venido del exterior mientras que todo el mundo vivía en paz”.

Para tratar de calmar los ánimos, el gobierno de Bashar Al-Assad realiza importantes concesiones de todo tipo a las exigencias populares:

(a) subieron los sueldos
(b) crearon un fondo de ayuda contra la carestía de alimentos
(c) bajaron los impuestos
(d) liberaron a los presos
(e) concedieron la nacionalidad a muchos refugiados kurdos
(f) derogaron las leyes represivas

Las concesiones no sirvieron para nada e incluso se volvieron contra el gobierno. Por ejemplo, los medios de la “oposición” dicen que al liberar a 1.500 presos políticos condenados por yihadismo, es el propio gobierno el que favorece la formación de las organizaciones armadas, ya que los liberados pasaron a formar parte de las milicias que, efectivamente, realizaron ataques sectarios.

Cuando estaban en la cárcel era luchadores injustamente represaliados por el gobierno; cuando los ponen en libertad se convierten en yihadistas…

Las reivindicaciones no eran más que una coartada. El verdadero objetivo es la destitución de Bashar Al-Assad.

Las protestas son, además, otras tantas provocaciones que desatan una espiral de represión, detenciones, torturas y tiroteos en las calles.

También en Siria, el imperialismo pone en marcha las redes sociales para ocultar su propio protagonismo y presentar un decorado presidido por el impulso anónimo del movimiento, un pueblo desorganizado que se alza espontánea y pacíficamente.

La técnica de manipulación no se dirige a la razón sino al corazón. Más que informaciones el imperialismo ha utilizado imágenes para explotar abusivamente la sensibilidad y el humanitarismo de los espectadores. En los medios de todo el mundo la represión del gobierno de Damasco es un acto unilateral y gratuito, en el que hay una enorme desproporción de fuerzas: la policía abre fuego en la calle contra el pueblo indefenso.

Así obligan al espectador a tomar partido por el más débil, el pueblo, con montajes propios de guión cinematográfico, como los niños grafiteros, menores de edad que son detenidos, torturados y encarcelados por la policía del régimen por hechos inocentes.

El componente sicológico y propagandístico de la guerra contra Siria tiene por objeto acarrear apoyo internacional a las milicias yihadistas, mientras las poblaciones que quedan en manos del gobierno no existen, no son visibles, no sufren, no tienen hambre, no necesitan agua ni medicinas y, además, están sujetas al bloqueo económico, por lo que carecen de cualquier clase de solidaridad.

La batalla de Alepo la ha relatado así la intoxicación informativa: los terroristas no ocupan una parte la ciudad, no son responsables de las masacres ni de la destrucción sino todo lo contrario: ellos la “defienden” del “asedio” del ejército regular.

El humanitarismo ha sido un apoyo para el yihadismo y todas las treguas han servido para su rearme y la continuación de la guerra con energías renovadas.

En una farsa así no podían faltar las ONG como Amnistía Internacional, Human Rights Watch, Cascos Blancos y demás, cuyos informes nutren una parte muy importante de las noticias de la prensa imperialista.

El papel de los medios ha consistido en inventar un “régimen” y un dictador (Bashar Al-Assad) execrable que tiene los días contados por obra y gracia de un pueblo heroico que sale a la calle sin temor a la represión.

El imperialismo no deja las cosas al azar. La “oposición” siria fue un movimiento planificado, armado y adiestrado, sobre todo en Jordania, con bastante antelación, cruzando la frontera con armas y explosivos y asesinando de manera indiscriminada, es decir, tanto a policías y militares, como a manifestantes. A finales de 2011 una investigación de la Liga Árabe concluyó:

“En Homs, Idlib y Hama, la misión observadora atestiguó que se cometían actos de violencia contra las fuerzas gubernamentales y los civiles, que resultaban en múltiples muertes y heridos. Ejemplos de esos actos incluyen la voladura de un autobús civil, asesinando a ocho personas e hiriendo a otras, incluyendo mujeres y niños, y el bombardeo de un tren que cargaba diesel. En otro incidente en Homs, explotaron el autobús de la policía, matando a dos oficiales. Un oleoducto y algunos puentes pequeños también fueron volados”.

El cura holandés Frans van der Lugt, que residía en Siria hasta que fue asesinado en abril de 2014, escribió en enero de 2012:

“Desde el principio los movimientos de protesta no eran puramente pacíficos. Desde el principio vi participantes armados marchando en las protestas que dispararon primero contra la policía. Con mucha frecuencia la violencia de las fuerzas de seguridad era una reacción a la brutal violencia de los rebeldes armados”.

Unos meses antes, en septiembre de 2011, había observado:

“Desde el inicio ha existido el problema de los grupos armados, que también son parte de la oposición… La oposición en la calle es mucho más fuerte que cualquier otra oposición. Y esta oposición está armada y frecuentemente emplea violencia y brutalidad, sólo para luego culpar al gobierno de ella”.

Los medios internacionales crean un nuevo lenguaje y un nuevo relato de ficción en el que la guerra comienza como una lucha que presenta dos rasgos fundamentales: es interna y es pacífica. Como consecuencia de la represión posteriormente “degenera”en un choque militar y, en una tercera fase, intervienen otros países desde el exterior.

A diferencia de Túnez y Egipto, la desestabilización fracasa. Pero aunque no cumple todos sus objetivos, logra al menos uno de ellos en la fase inicial de la guerra: a finales de agosto de 2011 crea un fantasmagórico Consejo Nacional Sirio, una especie de gobierno en el exilio que se reúne por primera vez en Estambul el 2 de octubre.

El tinglado desempeña varias funciones. La primera, es ponerle una cara a lo que hasta entonces era anónimo, crear una referencia para seguir nutriendo de contenidos a los medios de todo el mundo. La segunda es mostrar el alineamiento inequívoco de los imperialistas contra Al-Assad, dar respetabilidad a la oposición y elevar su nivel diplomático. Otra función del “gobierno” en el exilio es la de ofrecer una imagen de unidad, de coordinación de la oposición, una tarea que nunca ha podido cumplir. La cuarta es la de delimitar los dos bandos, un aspecto importante que permitió llevar la guerra a su segunda fase.

Quien empieza reconociendo al nuevo “gobierno” sirio como legítimo portavoz de su pueblo es otro fantasma, su homólogo libio del Consejo Nacional de Transición; detrás van los primeros espadas del imperialismo.

‘¡Rusia es culpable!’

Esta semana se ha celebrado en Moscú un foro de inversores en el que Putin pronunció unas palabras contra las acusaciones “totalmente infundadas” y afirmando que Rusia no era culpable de “todos los pecados mortales y de todos los crímenes”.

Se refería, entre otras, a las recientes acusaciones de crímenes de guerra por los bombardeos rusos contra las posiciones yihadistas en Alepo.

La culpabilización tanto de la URSS, mientras existió, como de Rusia, en la actualidad, está muy arraigada en un país, como España, que hace décadas que no respira otra cosa que fascismo, que corre el riesgo de convertirse en una auténtica tradición, como la Semana Santa o las corridas de toros.

España tiene la patente de la culpabilización de Rusia. En 1941, dos días después del ataque de Alemania contra la URSS el ministro franquista, Ramón Serrano Súñer, pronunció un discurso desde la sede del Movimiento Nacional, situado en la castiza calle de Alcalá. Acababa de terminar una manifestación fascista contra “Rusia” y el ministro gritó desde el balcón:

“Camaradas, no es hora de discursos; pero sí de que la Falange dicte en estos momentos su sentencia condenatoria”, dijo. Luego continuó en medio de los aplausos de las hordas enardecidas por el ataque nazi:

“¡Rusia es culpable! Culpable de nuestra guerra civil. Culpable de la muerte de Jose Antonio, nuestro fundador, y de la muerte de tantos camaradas y tantos soldados caídos en aquella guerra por la agresión del comunismo. El exterminio de Rusia es una exigencia de la historia y del porvenir de Europa”.

Si tuviéramos memoria histórica nos daríamos cuenta de que, después de 75 años, las cosas no han cambiado tanto. Lo mismo que ahora, entonces “Rusia” también era culpable, una frase que fue destacada por la prensa franquista, que era idéntica a la actual: cualquier información sobre la guerra que no procediera del III Reich y sus aliados estaba prohibida, silenciada y perseguida.

La frase de Serrano Súñer se convirtió en la consigna de la División Azul. El 13 de julio los primeros fascistas partieron en tren hacia “Rusia” desde la Estación del Norte de Madrid y el ministro volvió a arengar a las tropas que salían a aplastar al Ejército Rojo: “Vais a defender los destinos de una civilización que no puede morir, y a contribuir a la fundación de la unidad de Europa. Vais a combatir junto a las mejores tropas del mundo”.

Los fascistas ya pensaban en construir la Unión Europea, una “nueva” civilización que se debía lograr a costa del exterminio de la URSS-Rusia. El diario oficial de la falange, Arriba, publicó un editorial titulado “Guerra por la causa de Europa”.

A pesar de la propaganda aquella movilización fue un fracaso. Los franquistas se habían comprometido a reclutar 17.000 voluntarios, pero no lo lograron. Sólo llevaron 9.154 efectivos al frente y el ejército tuvo que contribuir con otros 7.292 un poco menos voluntarios.

Todo para pagar la deuda que los franquistas habían contraído con Hitler por su apoyo durante la guerra civil. Los fascistas pagan en esa moneda: con carne de cañón.

Turquía trata de salir de su aislamiento diplomático viajando a Damasco

Ayer el diario turco Aydinlik anunció que en 4 ó 5 días una delegación diplomática turca viajará hacia Damasco para negociar un acuerdo con el gobierno de Damasco. La información se basa en las declaraciones anónimas de un alto responsable del Ministerio turco de Asuntos Exteriores.

La fuente indica al periódico que la visita es consecuencia del viaje de Putin a Estambul el día 10 de este mes, donde se entrevistó con Erdogan.

Se trata, asegura el diario turco, de un cambio “importante” en la política exterior de Ankara. El restablecimiento de relaciones entre ambos países sera inevitable, tarde o temprano, a pesar de que el ejército turco ha invadido el norte de Siria.

Según las fuentes turcas, el gobierno de Damasco estaría dispuesto a cooperar con Turquía en la Operación Escudo del Éufrates que el ejército mantiene en la frontera común entre ambos países.

En el verano de 2011 el gobierno de Erdogan rompió relaciones con Siria y pasó a prestar toda clase de apoyo a las milicias yihadistas que desencadenaron la guerra.

El 22 de junio de 2012 un caza turco F-4 Phantom fue abatido por la defensa antiaérea siria cuando se introdujo en su espacio aéreo. Turquía convocó una reunión de la OTAN, que no apoyó al gobierno de Erdogan.

Tras la caída de Mosul, en Irak, Turquía se convirtió en uno de los mayores cómplices del Califato Islámico en el contrabando de petróleo, del que la familia de Erdogan obtuvo suculentos beneficios económicos.

En la última entrevista concedida por Bashar Al-Assad a la prensa rusa, afirmó que cuando los terroristas sean desalojados de Alepo, “irán por donde han venido”, en referencia a que los mismos que han protagonizados una guerra en Siria pueden establecerse en Turquía con los mismos propósitos desestabilizadores.

La situación de Turquía con sus vecinos sigue siendo extraordinariamente complicada. Además de Siria, su ejército está presente también en el norte de Irak, una zona que las milicias del dirigente chiíta Muqtada Al-Sadr le han conminado a abandonar.

Los turcos han justificado su presencia para intervenir en la liberación de Mosul, pero el gobierno irakí ha negado su intervención y también les ha ordenado que salgan de Irak.

Las claves de la guerra de Siria

Juan Manuel Olarieta

La Guerra de Siria fue desencadenada a comienzos de 2011 por el imperialismo dentro de la campaña de la Primavera Árabe que tiene por objeto cambiar la correlación de fuerzas en Oriente Medio y el norte de África y proceder a un nuevo reparto de las esferas de influencia.

El documento oficial de la DIA (Agencia de Inteligencia del Pentágono) de 12 de agosto de 2012, desclasificado el 18 de mayo de 2015, señala que “los países occidentales, los Estados del Golfo y Turquía apoyan en Siria a las fuerzas de oposición para establecer un emirato salafista en el este de Siria, conforme a los deseos de las potencias que respaldan a la oposición para aislar al régimen sirio”.

La agresión imperialista tiene una estrecha relación con la invasión de Irak en 2003. El gobierno de Bashar Al-Assad fue uno de los pocos que se opusieron a ella y apoyaron a la resistencia contra las fuerzas ocupantes del Pentágono. Los imperialistas obligaron a millones de irakíes a cruzar la frontera y establecerse en el país vecino.

Una vez desencadenada la Primavera Árabe, en diciembre de
2011 las tropas estadounidenses se retiraron de Irak. Pero, lo mismo que en
Afganistán, la retirada nunca fue completa ni duró mucho tiempo.

Estados Unidos trataba de reproducir en Siria el mismo guión que en Irak, dibujar un nuevo mapa, no sólo geográfico sino también político, fragmentar Oriente Medio en territorios religiosa y nacionalmente homogéneos, crear nuevos reinos de taifas, engendrar inestabilidad y, en suma, dividir para dominar.

Es mucho más que una estrategia de “caos controlado” porque a medida que el tiempo transcurría y el gobierno de Siria se mantenía en pie, la estrategia imperialista se convirtió en una guerra de desgaste, interminable, agotadora y cruel.

La elección de Siria como objetivo militar se debe a varios motivos. El primero es su estrecha alianza con Irán, la bestia negra del imperialismo en la región. El segundo es su guerra permanente con Israel, que desde 1981 ocupa los altos del Golán, una parte fronteriza del territorio sirio. El tercero es su oposición a la invasión de Irak, tras la cual muchos irakíes se refugiaron en Siria huyendo de la represión.

La eliminación de Saddam Hussein en Irak fortalece a Irán que, junto con Siria, es uno de los componentes más importantes del denominado “eje de la resistencia” contra el imperialismo en Oriente Medio. En los correos electrónicos de Hillary Clinton, cuando era secretaria de Estado, aparece uno escrito en diciembre de 2012, en el que asegura que, dada la “relación estratégica” entre Irán y Siria, el derrocamiento de Bashar Al-Assad sería un beneficio inmenso para Israel y haría que Israel perdiera el temor a perder el monopolio nuclear.

Además de romper ese “eje de la resistencia” en Oriente Medio (Irán, Siria, Hezbollah), la Guerra de Siria también tiene como objetivo la alianza de Bashar Al-Assad con Rusia, estrechar el cerco sur sobre Rusia, una continuación del que la OTAN intenta trabar desde el Báltico, Ucrania, Cáucaso y Asia central. La Primavera Árabe es una continuación de las “revoluciones de colores” desatadas por los imperialistas desde 1990 en los nuevos Estados surgidos de la fragmentación de la Unión Soviética.

La guerra trató de interferir en la Ruta de la Seda, meter una cuña entre Rusia y China, lo mismo que ya tiene una introducida entre Rusia y Europa.

Ha sido el mayor fracaso del imperialismo en la guerra, ya que ha fortalecido el protagonismo de Rusia, no sólo en Oriente Medio sino en el mundo entero y ha estrechado sus relaciones con Irán y con China.

Al inicio de la guerra la relación de Siria con Turquía es buena. Ambas partes habían firmado en 1999 el Acuerdo de Adana. En plena etapa de esplendor económico, el gobierno de Erdogan se había opuesto tanto a las sanciones contra Irán como al ataque contra Irak en 2003. Turquía está contra los planes del imperialismo en Oriente Medio porque sería una de sus víctimas. Por eso se opone al nuevo reparto.

Sin embargo, muy rápidamente los imperialistas presionan a Turquía para que desempeñe el papel de base logística de los salafistas. Al miso tiempo Siria permite que el PKK se convierta en Rojava en una plataforma contra los vecinos del norte.

Turquía experimenta un doble fracaso. El primero es el de la paz. La política de “cero problemas con los vecinos” fracasa. El segundo es el de la guerra, que le conduce al enfrentamiento con Rusia y un aislamiento total en la región. El realineamiento de Turquía en 2016 es otro de los grandes fracasos del imperialismo en la guerra.

Un preso de Guantánamo fue torturado y violado por la CIA durante tres años

Mustafa Al-Hawsawi, un ciudadano saudí de 48 años acusado de planear los ataques del 11-S, se debe someter hoy a una cirugía rectal por una lesión infligida mientras estaba secuestrado por la CIA en el campo de concentración de Guantánamo, informa el periódico “Miami Herald”.

El preso saudí fue secuestrado en Pakistán en 2003 y antes de ser trasladado a Guantánamo tres años después, estuvo custodiado por la CIA en una de sus cárceles secretas, donde fue torturado y violado cobardemente.

En Estados Unidos se enfrenta a la pena de muerte si finalmente le condenan haber participado en los ataques del 11-S.

“El señor Al Hawsawi fue torturado en los ‘pozos negros‘, donde fue sodomizado”, ha afirmado el abogado del saudí, Walter Ruiz. “Continúa bajo dolor, con problemas para defecar, necesita reinsertar su recto cada vez que hace sus necesidades”, añadió Ruiz.

Durante los tres años que permaneció secuestrado por la CIA perdió 20 kilos de peso y ahora en las sesiones preparatorias del juicio el detenido ha tenido que usar una almohada para sentarse.

La investigación de la Comisión de Inteligencia del Senado de Estados Unidos sobre las torturas en las prisiones secretas de la CIA, conocidas como “pozos negros”, obligó a que Al-Hawsawi fuera sometido a “exámenes rectales que se realizaron con fuerza excesiva”.

Tras una exploración médica practicada en diciembre de 2014, al secuestrado le fueron diagnosticadas hemorroides crónicas, una fisura anal y prolapso rectal.

Según su abogado, Al-Hawsawi se someterá hoy, durante la audiencia previa al juicio, a una cirugía anal en el hospital que hay en Guantánamo, donde aún permanecen secuestrados 61 presos que no han sido juzgados a pesar de haber transcurrido 15 años de los atentados del 11-S.

En total, 780 personas han sido secuestradas y encarceladas en Guantánamo desde los atentados. Aunque Obama prometió cerrar el campo de concentración, ha acabado su mandato sin cumplir la promesa que realizó a sus electores.

El Senado redactó un informe secreto de 6.700 páginas sobre las torturas de la CIA en las cárceles que mantiene ocultas en varias parte del mundo.

Un resumen del documento fue desclasificado en 2014 y revela que Al-Hawsawi fue sometido a interrogatorios con técnicas brutales, como la simulación de ahogamiento y violaciones rectales que le han destrozado el ano.

Estados Unidos establece una base militar en Rojava

Las fuerzas del Pentágono se instalan en Rojava
Estados Unidos han emplazado una base militar al sur de Kobane, en Rojava, según una información de BasNews, que ha confirmado un oficial militar del partido kurdo PYD.

El referido oficial añadió que la base militar reforzará el apoyo del imperialismo al PYD y se utilizará para supervisar y adiestrar a sus milicianos.

La base militar está emplazada en la ciudad de Karah Kuzak, junto al río Éufrates, a unos 35 kilómetros al sur de Kobane.

Anteriormente BasNews había informado de los preparativos del imperialismo para instalar dos bases aéreas en Rojava para entregar suministros militares a las fuerzas kurdas que operan en el norte de Siria.

En enero esta misma información fue difundida por la agencia de noticias France Press, si bien situaba el emplazamiento de la base aérea en Abu Hajar, al sur de la provincia de Hasaka.

El Observatorio Sirio de Derechos Humanos confirmó la noticia y dijo que el objetivo de la base no era servir a los aviones que bombardean las posiciones del Califato Islámico, sino el aprovisionamiento y apoyo a las milicias kurdas.

Dicha información fue desmentida oficialmente por el coronel Pat Ryder, portavoz del Centcom, y lo mismo hicieron entonces las llamadas Fuerzas Democráticas Sirias, de las que forma parte el PKK-PYD.

Sin embargo, la noticia fue confirmada por fotos tomadas vía satélite por Stratfor,
la agencia privada de la CIA, y divulgadas por la BBC. En ellas se veía
una pista de 1.300 metros en la que no había aviones de combate sino de
transporte, así como helicópteros.

Durante los dos primeros debates con Trump, la candidata del Partido Demócrata a la presidencia de Estados Unidos, Hillary Clinton, ha defendido la necesidad de armar y reforzar al PKK-PYD a fin de hacer frente al gobierno de Damasco, que asumiría el papel que hasta ahora el imperialismo ha adjudicado a Al-Qaeda y el Califato Islámico.

Actualmente en Rojava las operaciones políticas y militares del PKK-PYD están dirigidas por 300 soldados de la CIA y las fuerzas especiales del Pentágono, que combaten con distintivos kurdos.

Fuentes: http://basnews.com/index.php/en/news/kurdistan/303813,
http://southfront.org/us-sets-up-new-military-base-in-kurdish-controlled-areas-of-syria-report/

¿Por qué la historia de la URSS es imposible? (y 3)

Nikita Jrushov, dirigente renegado del PCUS
En los tiempos de Kronstadt y Majno, los anarquistas ya pusieron en circulación el discurso ultrarrevolucionario, que también les conduce a los paraísos del idealismo histórico. Lo que ellos dicen es que en el repertorio de víctimas y perseguidos de la URSS, no sólo están los burgueses sino también ellos, los anarquistas, que son proletarios, por lo que la represión bolchevique no tuvo nada que ver con las clases sociales sino con la ideología. En la URSS encarcelaban a las personas por sus ideas políticas.

Es siempre el mismo argumento circular: sean capitalistas o socialistas, los Estados son todos iguales. Como los anarquistas son los revolucionarios de verdad, siempre van a ser las víctimas, perseguidos y encarcelados por sus ideas políticas.

Los anarquistas lo quieren todo y lo quieren ya, como los niños pequeños. En 1917 ellos hubieran empezado las cosas por el final, por la abolición del Estado mismo, que es el prototipo de la instantaneidad, de que las cosas se pueden cambiar de la noche a la mañana, el borrón y cuenta nueva de la historia.

Donde hay un Estado, cualquiera que sea, no hay nada bueno. No importa que se erradique el hambre o el paro, que se alfabetice, que se organice un servicio de salud… Lo único realmente importante es que hay un Estado, un poder y una coerción.

En los años treinta al acervo de renegados se le unen los trotskistas, que recurren a otras palabras para sostener los ataques de la burguesía mundial: la URSS fue pero ya no es, cambió en un momento determinado de su evolución.

Lo mismo que los anarquistas, también ellos relatan una serie de cambios históricos fulminantes que convierten en negro lo que hasta entonces era blanco. A partir de los años veinte la URSS es un Estado obrero degenerado, burocrático, capitalismo de Estado…

Nadie como los trotskistas aprovecha el mito de la pureza, que ellos convierten en el lema infantil “clase contra clase”. Todo lo que no sea poner a los obreros contra los  burgueses en campos nítidamente separados por una trinchera, es un error, el mayor de los cuales es el Pacto Molotov-Von Ribbentrop de 1939, una alianza antinatural donde las haya.

Jrushov es la estrella de los renegados. Su Informe de 1956 fue el sostén más importante que tuvo nunca la propaganda imperialista porque era la URSS contada desde dentro por sus propios protagonistas. Si comunistas como él decían tales cosas, tenían que ser ciertas; es más, posiblemente Jrushov se quedó corto.

Al repertorio imperialista de críticas Jrushov le añade un matiz, el personalismo, que es imprescindible para una propaganda de masas porque le da un aire concreto. Las personas son identificables, tienen rostro. Lo que se critica no son abstracciones como la URSS o el socialismo, sino algo tan concreto y eficaz como Stalin, el culto a la personalidad, la dictadura, el ejercicio del poder político como manifestación de la voluntad omnímoda de una única persona.

Hasta 1956 Stalin fue el dirigente político mejor valorado de la primera mitad del siglo. No sólo era un héroe para los soviéticos sino para el mundo. A partir de entonces se convirtió en lo contrario, un Calígula de la historia contemporánea, capaz de engendrar por sí mismo un subgénero propio, el más importante dentro de la literatura antisoviética: atacar a Stalin es atacar a la URSS y al socialismo.

El momento histórico permite, además, poner en marcha otra simetría eficaz: la equiparación entre Hitler y Stalin. Ambos quedan asimilados, son iguales: dictadores que persiguen intereses propios, descabellados.

Jrushov lleva la simetría hasta las últimas consecuencias, embarcando a la URSS en una especie de competición deportiva que sólo tiene sentido si los competidores son equiparables. “Vamos por detrás, pero pronto adelantaremos a los grandes países capitalistas”, fue la consigna de Jrushov.

La Guerra Fría quiso parecer una sucesión de carreras: carrera espacial, carrera armamentística… Se trataba de llegar al mismo sitio, pero un poco antes.

Las equiparaciones son piruetas inagotables del intelecto. Dan mucho juego a un escritor medianamente hábil y son extraordinariamente impactantes. Estados Unidos tiene bombas nucleares, pero la URSS también las tenía; no es posible diferenciar a unas de otras. Saltando por encima de cualquier aspecto concreto y de la historia, se pueden hacer comparaciones sincrónicas, del tipo Stalin y Hitler, pero también diacrónicas, como la de Stalin con Iván El Terrible.

Con los ataques a Stalin se abre camino otra forma de idealismo histórico típicamente utópico: el socialismo a la carta, que tiene múltiples variantes. Hay quienes defienden a la URSS, pero en ningún caso a Stalin; hay quienes defienden el socialismo, pero en ningún caso el soviético, y así sucesivamente es posible que una revolución se adapte a nuestros gustos, a nuestros sueños y a nuestros más nobles ideales de perfección y pureza.

En el capitalismo los seres humanos somos libres, podemos elegir. La alternativa al ideal que imaginamos es lo real que padecemos, o sea, el propio capitalismo. Lo que la URSS demuestra es que las cosas no se deben cambiar porque cuando lo intentamos, lo empeoramos. Hay un largo listado de clichés que llevan agua al molino de la burguesía: “es peor el remedio que la enfermedad”, “todas las teorías son buenas, pero las prácticas son muy malas”… El renegado oculta lo principal: ¿cómo es posible que una buena teoría ocasione tan malas prácticas? O la teoría no es tan buena, o la práctica no es tan mala.

En todas las apuestas la banca, o sea, el capitalismo, siempre gana porque es el “mal menor”, “lo malo conocido que lo bueno por conocer”. Es la excusa perfecta de los renegados para ponerse del lado de la burguesía contra la revolución.

Las teorías y las utopías no ganan ni pierden. Ninguna de ellas le interesa lo más mínimo a la burguesía. Lo que le preocupa son las prácticas, las revoluciones. La URSS le preocupa porque teme que la experiencia se reproduzca y que el proletariado vuelva ser capaz de desafiarla de la única manera que eso se puede hacer: por la fuerza de los hechos.

¿Por qué la historia de la URSS es imposible? (2)

En la propaganda antisoviética los mejores aliados de la burguesía son siempre los renegados, la legión de los frustrados, los que una vez fueron pero ya no son. Aportan un punto de vista nuevo a las campañas típicas: “yo también simpaticé una vez, pero ahora estoy desengañado”.

Es una cuña hecha con la propia madera, un tipo de ataque superior al de la burguesía porque es interno al movimiento revolucionario, destapa sus interioridades y secretos. Expone un argumento irrefutable del tipo “yo estaba allí” o “yo soy víctima del socialismo” que no admite discusión. Las víctimas siempre tienen razón. En la literatura antisoviética hay numerosas vivencias, relatos subjetivos y directos que conmueven al oyente, que no puede dejar de identificarse con ellos.

Da la impresión de que el renegado abre los ojos al oyente, pero no es así. Lo que hace es cerrárselos porque logra que asuma su mismo punto de vista: hay que ahorrarse un viaje personal que conduce a la frustración indefectiblemente.

Es, pues, un ataque preventivo cuya meta es llegar al propio revolucionario para defraudarle desde el primer momento. La URSS no es el Nirvana, no creó una sociedad perfecta, seguía habiendo muchas lacras… Hablemos de ellas; hablemos sólo de ellas.

La burguesía siempre había atacado a la URSS desde su propio punto de vista, es decir, de la contrarrevolución. Con los renegados empiezan las críticas desde el punto de vista de la revolución. No tratan sobre lo que se ha hecho, sino sobre lo que falta por hacer. La botella está medio vacía.

Este tipo de ataques no se apoyan en la historia, ni en la experiencia, sino en ideales absolutos de pureza. Instrumentalizan el socialismo utópico para enfrentarlo al socialismo real, es decir, otra incursión del idealismo en la historia, el de quienes quieren: 1) cambiarlo todo, 2) hacerlo, además, instantáneamente y 3) hacerlo siempre bien, acertar con los cambios correctos.

El renegado aparenta asumir la defensa de la revolución verdadera, el punto de vista ultrarevolucionario. En la URSS lo criticable no es la revolución en sí sino que en algún momento de la historia se detuvo. Hubo poca revolución. Por eso hay cosas que se dejaron sin cambiar.

El idealismo histórico conduce al voluntarismo, un terreno que el renegado aprovecha para justificarse a sí mismo: “las cosas no han ido como a mí me hubiera gustado y el equivocado no soy yo sino la URSS porque a mí me gustan las cosas perfectas. Si yo hubiera tomado las decisiones, hubieran sido las adecuadas”.

Los ataques de los renegados llevan a la pasividad. Si algo va mal no hay que esforzarse por cambiarlo sino desistir. Las cosas que no se hicieron en 1917 jamás se harán; las que se hicieron mal no se mejorarán.

La fuerza de los ataques de los renegados es que tienen razón en un punto: hay cosas que en 1917 no cambiaron. De ahí deducen que todos los Estados son iguales: hacen lo mismo precisamente porque son Estados. Es una tautología que inicia la fase de las equiparaciones de lo que es cualitativamente distinto: la URSS no sólo fue un Estado, no sólo tenía ejército, policía, juicios o cárceles, sino que además era homologable a cualquier otro Estado capitalista. La URSS era un país poderoso, una potencia, pero también el III Reich lo fue, Stalin era como Hitler, Estados Unidos es un país imperialista y la URSS exactamente igual…

Los renegados se llaman así no sólo porque se han pasado al bando de la burguesía, sino porque la burguesía también se ha pasado al bando de los renegados. Se ha producido una simbiosis; ambos forman una piña. Para atacar a la URSS a la burguesía no le importó nunca ser anarquista, ni trotskista.

Sin embargo, el renegado se presenta a sí mismo como una tercera opción, que es diferente tanto de la burguesía como del proletariado. Dicen que no “atacan” a la URSS sino que la “critican”.

Pero eso no es verdad porque ellos no son nada por sí mismos, sino uno de los brazos de la propia burguesía, que es de donde deriva su influencia ideológica. Una crítica se sirve de medios propios y tiene por objeto impulsar la revolución. Ninguna de esas dos circunstancias reunían los ataques renegados.

Desde Trotski ha habido numerosos ejemplos de renegados, pero el perfecto llegó con Jruschov, que en 1956 dio un salto cualitativo a la propaganda antisoviética.

¿Por qué la historia de la URSS es imposible? (1)

Como todas las revoluciones que ha habido en la historia moderna, la de 1917 desató una oleada de simpatía en todo el mundo de tal calibre que en varios países del mundo se transformó rápidamente en revoluciones, insurrecciones y levantamientos.

Con el tiempo esa oleada no se detuvo sino que, por el contrario, llegó a su culmen en 1945 por la victoria soviética contra el III Reich, que liberó al mundo entero de la peste nazi.

Hasta entonces la burguesía no vio la necesidad de poner en marcha un dispositivo especial de propaganda en el mundo entero capaz de contrarrestar esa corriente de simpatía hacia la Revolución de 1917, la URSS y el comunismo, que iban mucho más allá de la clase obrera y llegaron a representar una esperanza para toda la humanidad en su conjunto.

Al principio, en 1940, en Europa sólo se hablaba de que la Wehrmacht era un ejército invencible. Al final, en 1945, todo se veía de una manera muy distinta. No ocurrió lo que la burguesía mundial esperaba: la URSS no fue rápidamente vencida por el fascismo.

La burguesía es una clase social que ni entiende ni acepta ninguna clase de argumentos. Sólo tiene en cuenta el peso de la fuerza militar y la Segunda Guerra Mundial le demostró algo fundamental que hasta entonces no sabía: que el socialismo no sólo era viable sino, además, muy superior al capitalismo.

La victoria de 1945 fue posible porque la revolución de 1917 sacó a un país entero del atraso y la miseria, poniéndole a la altura de cualquier potencia mundial de primera línea en un tiempo histórico que ninguna otra sociedad ha conocido jamás.

En 1945 la URSS ya no contaba entre los parias del mundo, uno de esos países que los imperialistas estaban acostumbrados a tratar. Por el contrario, estaba por encima de una gran potencia imperialista, como Alemania, y tuvo que ser tratada en consecuencia en lo sucesivo.

Por lo tanto, las campañas de propaganda que los imperialistas desataron contra la URSS a partir de entonces no procedían del fracaso sino del rotundo éxito en la construcción del socialismo.

El aspecto más importante de todas las campañas de propaganda de la burguesía consistía en no reconocer esa evidencia: que la URSS no sólo había demostrado la viabilidad del socialismo sino también que sólo el socialismo era capaz de acabar con el atraso.

En ese argumento había una única excepción: la burguesía podía admitir el éxito soviético sólo para denunciar que había pasado de una etapa de guerras defensivas (guerra civil, Segunda Guerra Mundial) a otra de guerras ofensivas, es decir, que el éxito de la URSS la había conducido, al mismo destino que a cualquier otra potencia mundial, al expansionismo.

Si la URSS no hubiera salido del atraso, hubiera fracasado. Pero al salir del atraso, murió de éxito porque nadie se compadece nunca de los países poderosos, geográfica y económicamente. La burguesía nos ha inculcado que quienes tienen mucho poder nunca lo utilizan bien. Siempre abusan.

Si mutuamente las grandes potencias se tratan como iguales es porque son iguales. Es la conclusión que se desprende de la foto tomada durante la Conferencia de Yalta, donde las grandes potencias se repartieron el mundo, según dicen. A todas ellas se las debe meter en el mismo saco, todas son imperialistas y quieren lo mismo: expansionarse, dominar, controlar…

Dos factores diferenciaban el expansionismo soviético de los demás: 1) utilizaba un caballo de Troya, los partidos comunistas locales, que no estaban al servicio de su clase sino de intereses extranjeros, los de la URSS, y 2) porque justificaba sus propios intereses nacionales bajo una cobertura internacionalista (falsa).

Un Estado es sólo un Estado. Entre ellos no hay diferencias de clase. En la diplomacia, que es un asunto “de Estado”, tampoco. La URSS funcionaba como cualquier otro Estado (burgués) y, por lo tanto, ponía sus propios intereses nacionales por encima de cualesquiera otros.

A pesar de todas las mixtificaciones, el lenguaje propagandístico debe ser sutil: Estados Unidos tenía aliados, como Gran Bretaña por ejemplo, mientras que la URSS tenía satélites, como Bulgaria por ejemplo.

En el mundo entero la coordinación de las campañas de propaganda sólo las podía llevar a cabo Estados Unidos, que desde 1945 era la potencia hegemónica. Para ello crearon la CIA que funcionaba también como una agencia de publicidad y relaciones públicas, una disciplina académica que acababa de nacer en Estados Unidos.

Pero en 1945 la propagada experimentó un salto cualitativo: el mundo jamás ha conocido una campaña de las proporciones iniciadas por la CIA contra la URSS, ni en cantidad, ni en calidad, ni en intensidad, ni en alcance.

La literatura antisoviética es un género en sí mismo creado por mercenarios del intelecto que está presente por todas partes: en las hemerotecas, las bibliotecas, el cine, los documentales…

La URSS ha pasado a la historia pero los ataques a la URSS
siguen presentes, de plena actualidad, porque la burguesía confía más que el proletariado en que algo como lo que ocurrió en 1917 se pueda
reproducir en cualquier lugar del mundo.

A fecha de hoy la historia de la URSS es imposible. Lo que hay escrito es una montaña de propaganda y algunos intentos aislados por contrarrestarla.

La historiadores podrán empezar a pensar en la historia de la URSS cuando sean conscientes de que lo que se ha escrito hasta este momento sólo es una parte de una gran campaña de publicidad.

Estados Unidos no quiere compromisos ni con sus mejores amigos

En una sola película “Tras las líneas enemigas” (Behind Enemy Lines), la maquinaria de propaganda imperialista más eficaz, Hollywood, mató varios pájaros de un tiro.

Trataba de la Guerra de los Balcanes, mostrando los crímenes de guerra de los serbios (los malos), con sus matanzas indiscriminadas y sus fosas comunes, mientras que los buenos entonces aún no se calificaban como yihadistas, sino de una manera apologética. La Wikipedia les llama “guerrilla musulmana”.

La Guerra de los Balcanes fue una agresión imperialista de la OTAN, que es lo que permite expresar el aspecto más relevante de la película: el enfrentamiento entre los militares estadounidenses (el almirante Gene Hackman) y los demás comparsas de la OTAN (el almirante Joaquim de Almeida), así como la insoportable situación de que en un operativo militar unos (los estadounidenses) tengan que subordinarse a los demás (los portugueses nada menos).

La película se estrenó en 2001, con la llegada de Bush a la Casa Blanca y muy poco antes de la fatídica voladura de las Torres Gemelas, cuando a la historia se le dio una vuelta de tuerca: convirtieron a los yihadistas en los malos de la película y empezó la “guerra contra el terrorismo”.

El nuevo jefe del Pentágono, Donald Rumsfeld, llevó al Pentágono la amarga experiencia de la Guerra de los Balcanes. Aquello nunca se debería volver a repetir. El tiburón Rumsfeld inició una “revolución” (RMA o “Revolution in Military Affairs”) que no es consecuencia sino causa del atentado contra las Torres Gemelas.

La RMA o Doctrina Rumsfeld se puede resumir en que en el futuro Estados Unidos quiere tener las manos completamente libres. Por ello renuncia a cualquier clase de compromisos, empezando por Rusia, como es lógico, acabando con todos y cada uno de los tratados de reducción de armas que había venido firmando desde los tiempos más remotos de la URSS y no van a firmar ningún otro que les ate las manos.

Por supuesto que tampoco admite ninguna clase de subordinación hacia la ONU, ni instituciones internacionales de ninguna clase.

El Pentágono ni siquiera quiere supeditarse a la OTAN, ni a sus aliados más incondicionales porque está dispuesto a a asumir la iniciativa, sin esperar el beneplácito de terceros. En el Trío de las Azores no había más que un único actor, Bush, mientras que los otros dos (Blair y Aznar) eran meros comparsas.

El ejemplo fue el ataque contra Afganistán en 2001. El Pentágono aceptó la intervención de una fuerza de la ONU, pero sus tropas se quedaron fuera y, desde luego, jamás admitieron instrucciones procedentes de ella.

Hay otros aspectos militares interesantes en la RMA, pero posiblemente el que muestra la película es el más significativo: Estados Unidos no quiere compromisos, ni siquiera con sus mejores amigos (si es que los tiene).

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