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Día: 17 de octubre de 2016 (página 1 de 1)

Filipinas revisa su alianza con Estados Unidos y bascula hacia China

Duterte, nuevo presidente de Filipinas
En 2012 China se apoderó a las bravas del atolón Scarborough, de 150 kilómetros cuadrados, situado en el Mar de China Meridional, cuya soberanía reivindica Filipinas.

El gobierno filipino llevó el litigio al Tribunal Permanente de Arbitraje de La Haya que en julio resolvió que la reivindicación china sobre el atolón carecía de fundamento y que el gobierno de Pekín había violado los derechos soberanos de Filipinas.

Antes de esta resolución, Manila había estrechado -aún más- sus vínculos militares con Washington, con quien mantiene un tratado desde 1951, firmdo durante la Guerra Fría. En virtud de ese acuerdo, comenzaron a patrullar conjuntamente las aguas jurisdiccionales filipinas del Mar de China Meridional.

La asistencia militar del Pentágono tiene un componente “antiterrorista”, por lo que los comandos de operaciones especiales intervienen activamente en la lucha contra la guerrilla comunista.

Así estaban las cosas hasta que esta primavera llegó al gobierno un personaje muy singular, Rodrigo Duterte, un tipo del estilo Trump en ciertos aspectos que ha empezado a hacer muchas cosas de otra manera, empezando por llamar “hijo de puta” a Obama. Así, literalmente, algo a lo que nadie se había atrevido hasta ahora.

Duterte ha dado un vuelco de 180 grados al alineamiento internacional de Filipinas, empezando por eliminar las patrullas marítimas conjuntas con Estados Unidos sobre sus aguas jurisdiccionales y siguiendo por una petición dirigida a los consejeros y tropas gringas para que se larguen de Filipinas.

Para ello no ha utilizado los canales diplomáticos habituales, siempre tan discretos, sino que lo ha dicho públicamente esta mañana en una entrevista a la cadena de televisión Phoenix de Hong-Kong.

Ante tamaño petardo, el entrevistador ha estado rápido y le ha preguntado si tenía pensado realizar maniobras militares conjuntas con Rusia y con China, y Duterte no lo ha dudado ni un momento y ha respondido que sí, añadiendo lo siguiente: “Ya he dado tiempo de sobra a los americanos para que jueguen con los soldado de Filipinas”.

“Las recientes maniobras navales con la US Navy serán las últimas”, ha manifestado a la televisión. “Ya está programado. No quiero que mis soldados sean humillados”, ha concluido el Presidente filipino, que también quiere acabar con la compra de material militar a Estados Unidos en exclusiva. El mercado chino está a la vista. Las conversaciones entre ambos países ya han comenzado y se pueden mover miles de millones de dólares.

Estados Unidos no sólo tiene dificultades en Oriente Medio, sino también en el núcleo primordial de sus preocupaciones, que es la cuenca del Pacífico.

El siguiente paso será poner en dificultades a Duterte. Para ello cuentan Filipinas con una sucursal del Califato Islámico dispuesta emprender una contrarrevolución de colores como en Siria para acabar con otro dictador.

Dos guardias civiles borrachos provocan una pelea en un bar de Altsasu

Una asamblea popular celebrada en la localidad de Sakana, en Nabarra, denuncia que los medios de comunicación han manipulado la pelea en un bar de la localidad, que fue provocada por los dos guardias civiles borrachos, un teniente y un sargento.

A pesar de ello, la Policía Foral no ha detenido a los borrachos sino a dos personas a las que acusa de haber tomado parte en la pelea.

La pelea tuvo lugar en las inmediaciones de un bar sobre las cinco de la mañana. Los guardias civiles fueron increpados y les pidieron que abandonaran el local. No hubo ninguna agresión multitudinaria, como afirman los medios, sino todo lo contrario, ya que tres personas han sufrido contusiones.

Uno de los detenidos no tiene relación con los hechos y al otro lo detuvieron tras una carga policial a las puertas de la comisaría de la Policía Foral contra quienes exigían la libertad de los detenidos.

La población se congregó para pedir explicaciones por la detención del joven y aprovecharon para detener a otro más. La reunión estuvo vigilada de cerca por decenas de guardias civiles equipados con material antidisturbios, que hicieron uso de sus porras contra varios de los presentes.

El movimiento Ospa! de Altsasu ha denunciado “la situación de represión” que se vive en la localidad nabarra contra quienes quieren aclarar los hechos ocurridos, y recuerdan que la violencia policial en forma de amenazas, agresiones y controles de carretera es cotidiana.

Es habitual la presencia de policías y guardias de paisano en los espacios de ocio, mencionando que en el último Ospa Eguna fueron expulsados varios policías de los conciertos que se celebraban.

Ospa! afirma que “no hubo ninguna emboscada” y critica a los medios de comunicación e instituciones que han propalado la versión de la Guardia Civil. Aseguran que en Altsasu “hay un gran escarmiento en torno a estas situaciones, pues muchas veces han utilizado la manipulación y tergiversación”.

Denuncian que la actitud de los guardias civiles borrachos fue provocadora, que empujaron y amenazaron con frases como “te voy a matar” o “te voy a meter un tiro entre ceja y ceja”, lo que desembocó “en todo lo demás”.

Esos dos millones de europeos a los que les niegan hasta los papeles

La presidenta letona Viķe-Freiberga
El 13 de abril del año pasado el presidente estonio, Toomas Hendrick Ilves, pretextando la anexión de Crimea por Rusia, puso el grito en el cielo de que su país también estaba amenazado y pidió la presencia de tropas de la OTAN en su país.

Habitualmente, para lavar a la cara a este tipo de personajes, como el presidente estonio, se les califica como “nacionalistas”. Pero la presencia de tropas extranjeras en el propio país no parece muy propio de “nacionalistas”.

Cuando los dirigentes actuales de los países bálticos recuerdan su antigua incorporación de la URSS, utilizan el término “ocupación”, que para ellos es sinónimo de sufrimiento. No tendríamos ningún inconveniente en creerles a pies juntillas si nos explicaran la diferencia entre una ocupación (la de la URSS) y otra (la de la OTAN).

Pero como no lo explican, seguramente porque para ellos la OTAN no es un ejército extranjero sino algo de su misma sangre, tenemos la sospecha de que su punto de vista no es nacional sino de clase.

No pueden tener ningún punto de vista nacional ni nacionalista porque los dirigentes bálticos tienen muy poco de bálticos, ya que vivieron toda su vida fuera de su país. Eran refugiados que incluso nacieron en Estados Unidos o Canadá, que es donde se han formado. Su pasaporte es gringo y su cultura es gringa. Puestos a elegir, prefirieron Estados Unidos a la URSS, lo cual no parece una opción de tipo nacionalista, sino más bien de clase.

No entraremos ahora a divagar sobre nuestras habituales suspicacias derivadas de que Estados Unidos no le concede a cualquiera un permiso de residencia, y mucho menos un pasaporte. Pregunten a los millones de espaldas mojadas por el trato que reciben de la policía de inmigración estadounidense y los motivos de dicha discriminación.

Los dirigentes políticos bálticos y los del este de Europa, en general, son unos zipayos a la inversa. Cuando tras la caída del Muro de Berlín en 1990 los países bálticos recuperaron su independencia, todos esos exiliados desembarcaron en su país como una legión extranjera. Si ellos desembarcaron en masa en 1990, ¿por qué no pueden hacerlo ahora las tropas de la OTAN?

Si de Estonia pasamos a Lituania, su presidenta, Dalia Grybauskaitė, es doctora honoris causa en la Universidad de Georgetowon, como Aznar, y tampoco vivió nunca en su país, lo mismo que el citado Ilves. La letona Vaira Viķe-Freiberga que metió a su país con calzador en la OTAN y en la Unión Europea, fue profesora de sicología en la Universidad de Montreal entre 1965 y 1998. Se la puede ver posando para una revista de la OTAN.


En el este de Europa, la burguesía no es como en Londres; siempre fue mucho más allá de su clase social. Por ejemplo, el padre del dirigente polaco Donald Tusk, que presidió el Consejo de Europa, luchó en la Wehrmacht contra su propio país (y contra la URSS, por supuesto). ¿Les parece un nacionalista o más bien un fascista?

Si en lugar de poner encima de la mesa todos esos nombres bálticos que nos suenen más bien poco, ponemos los de Brzezinski o Soros, tendremos una imagen un poco más aproximada del personal político que tiene la burguesía en el este de Europa. El gobierno de este tipo de elementos, forjados a imagen y semejanza del III Reich, es lo que explica que en los países bálticos haya dos millones de apátridas: rusos a los que no les reconocen ninguna nacionalidad.

Como los países bálticos pertenecen a la Unión Europea ese tipo de situaciones aberrantes hay que explicarlas con otras palabras: hay dos millones de europeos indocumentados por el hecho de ser rusos y en el mundo actual no tener un documento de identidad es como no tener ninguna clase de derechos.

Son las cosas que tiene la Unión Europea, los campeones de la libertad y los derechos humanos. Pero no se descuiden: la culpa de eso seguro que también la tiene Rusia.

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