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Día: 19 de septiembre de 2016 (página 1 de 1)

El ejército regular sirio da por terminado el alto el fuego

El Ejército regular sirio ha dado por terminados los siete días de alto el fuego acordado por Estados Unidos y Rusia el 9 de septiembre y que entró en vigor el día 12.

Los grupos yihadistas han violado más de 300 veces la tregua desde que ésta entró en vigor el 12 de septiembre y no han cumplido con lo estipulado en el acuerdo.

El pasado sábado 62 soldados murieron y otro centenar resultaron heridos a consecuencia de un bombardeo de aviones de Estados Unidos, Reino Unidos, Australia y Dinamarca. Algunas fuentes indican que en la acción también murieron siete miembros de las fuerzas especiales rusas.

El ejército sirio defiende que el alto el fuego debía ser una “oportunidad real para detener el derramamiento de sangre”, pero los grupos yihadistas no lo han respetado, mientras que los militares han hecho todo lo posible para mantenerlo.

Los yihadistas han aprovechado la calma para seguir con sus ataques, frente a lo cual el Ejército ha actuado con “moderación” y solo ha respondido cuando se ha visto obligado a ello. En particular, ha denunciado los ataques perpetrados en Alepo, Hama y Quneitra.

Así las cosas, ha anunciado que seguirá adelante con su lucha contra las organizaciones yihadistas, término empleado por el gobierno de Damasco para incluir tanto al Califato Islámico, como al Frente Fatá Al-Sham (antiguo Frente Al-Nosra), a Ahrar Al-Sham y demás milicias yihadistas.

Por su parte, esta tarde Al-Assad ha calificado el bombardeo de Estados Unidos contra las posiciones del ejército sirio en Deir-Ezzor como “una agresión que sirve a los intereses de los milicianos del Califato islámico”.

“Este incidente, en el que participó la coalición liderada por Estados Unidos, es una prueba de apoyo a los terroristas por parte de los países que se oponen a Siria”, afirmó el presidente sirio.

¿Fuego amigo?

Darío Herchhoren

Hace tres días, y como consecuencia de la tregua firmada por los USA y Rusia para silenciar las armas en Siria, comenzó  un alto el fuego que en principio fue más o menos respetado, salvo por el Estado Islámico y el Frente Al-Nusra.

Así las cosas, la fuerza aérea de los USA, bombardeó posiciones del ejército siro que causó la muerte de alrededor de 70 militares sirios y más de 100 heridos. Según el departamento de defensa de los USA, se trató de un error.

En el mismo acuerdo firmado por Rusia y USA se convino que los bombardeos iban a ser coordinados entre ambos países, para lo cual ambos debían comunicar a la otra parte sus posiciones. Inexplicablemente la fuerza militar USA no comunicó a Rusia esas posiciones y se produjo ese trágico error.

Siguiendo con ese argumento del error, se produjo en forma aparentemente coordinada con el bombardeo anterior un ataque del Frente Al-Nusra y del Estado Islámico contra las mismas posiciones del ejército sirio.

¿Casualidad o causalidad? En estos casos no hay casualidades ni errores. Lo que hay son horrores. Los horrores propios de una guerra de agresión imperialista y sus aliados que no cejarán en sus intentos de desangrar a Siria por el simple hecho de que Siria sigue una política que no gusta a los USA.

¿Alguien puede creer que con los medios de que disponen los USA, no sabían la ubicación del ejército siro? Lo sabían perfectamente y precisamente por eso se coordinaron con los terroristas takfiríes y atacaron con “fuego amigo” al ejército de la nación  siria, al que la prensa proimperialista llama el ejército del régimen.

En la reunión urgente  del Consejo de Seguridad de la ONU, solicitada por Rusia, el representante de ese país Churkin desenmascaró los lamentos hipócritas de la representante de los USA en la ONU, que dijo “que habían aprendido  la lección”. Se trata sin duda de otra añagaza del imperio para tapar sus crímenes.

Todo esto confirma lo que se sospechaba: El poder real en los USA esta en manos del criminal complejo militar industrial, y que Obama y su secretario de estado John Kerry, mandan poco en realidad. Con estos “amigos” y sobre todo con el “fuego amigo”; no hacen falta enemigos. Estos son seguramente “daños colaterales”.

Cuando los imperialistas pagaban el precio de la carne de cañón construyendo mezquitas

Mezquita de Wilmersdorf, en Berlín
En los primeros años del pasado siglo los dominios coloniales de los imperialistas eran tan remotos que nunca se habían preocupado por saber nada sobre ellos ni sobre sus habitantes. La Primera Gran Guerra imperialista cambió aquello.

Los países imperialistas necesitaban lanzar a la batalla a su carne de cañón: los millones de personas que poblaban sus dominios coloniales, muchos de los cuales eran musulmanes.

Se produjo un fenómeno aún más preocupante: los musulmanes hablaban de liberación, e incluso de revolución algunos de ellos, como Shakib Arslan, el abuelo del actual dirigente druso libanés Walid Jumblatt, un conocido agitador panislamista de Ginebra.

El islam atrajo la atención de los imperialistas. Si el saber es poder, hace 100 años el imperialismo no sabía nada. Si querían sostener sus dominios necesitaban poner la oreja, obtener información y, además, ser capaces de digerirla, de entenderla.

En el islam las mezquitas han desempañado en papel de las universidades. La del barrio berlinés de Wilmersdorf la construyeron en 1920 los misioneros de Ahmadiyya de la región de Penjab, entonces bajo el Imperio Británico, para convertirse en un lugar en el que se pudieran celebrar discusiones políticas, religiosas y filosóficas.

La Guerra imperialista había decepcionado a muchos alemanes, que culpaban de ella a la civilización cristiana y buscaban otras alternativas.

Hoy algo así resultaría extraño en cualquier país de Europa, que quiere prohibirlo todo en nombre de la lucha contra el islam, una lucha fantasmal como pocas veces se ha visto en Europa y, desde luego, cínica.

En la época de Weimar la capital alemana tenía una intelectualidad musulmana muy apreciada, que no sólo se componía de emigrantes sino también de autóctonos interesados por las culturas orientales. Entonces aún había quien quería saber, quien buscaba y quien hacía preguntas.

La situación no era muy diferente en otros países de Europa, como Inglaterra u Holanda. Pocos recuerdan ya aquel florecimiento intelectual, que les gustaría olvidar para siempre, lo mismo que a exponentes suyos tan cualificados como Hugo Marcus, un erudito judío y homosexual que estudió la influencia histórica del islam sobre la cultura europea.

Marcus era uno de los administradores de la mezquita de Wilmersdorf. Se convirtió al islam en 1925, cambió su nombre por el de Hamid y dirigió la revista de la mezquita, donde publicó artículos sobre Spinoza, Kant, Goethe, Nietzche, entre otros.

Los mismos que construyeron esa mezquita, construyeron la de Shah Jahan en Woking, Inglaterra, que también atrajo a numerosos intelectuales. Fue encargada en 1889 por Gottlieb Wilhem Leitner, un orientalista políglota anglo-húngaro que trabajó como intérprete durante la Guerra de Crimea y realizó numerosos viajes por los países musulmanes..

Tras la muerte de Leitner, la mezquita quedó abandonada y la compró un abogado hindú, Khwaja Kamaluddin, miembro de la cofradía Ahmadiyya, antes de estallar la Primera Guerra Mundial.

Entre los habituales de aquella mezquita se encontraba Harry St. John Philby, el padre del famoso Philby, el espía soviético, que también era espía y vivió muchos años en Arabia saudí.

En 1905 Francia había aprobado la hoy famosa ley declarando la laicidad del Estado, pero la guerra imperialista necesitaba hacer una distinción con los musulmanes: en 1925 la República financió la construcción de la Gran Mezquita de París y diez años después también les construyó un hospital en Bobigy.

El dispendio desató las iras de los católicos, que se sintieron discriminados. No entendían que tanto el hospital como la mezquita eran el precio que pagaba el colonialismo francés por la carne de cañón musulmana que había sacrificado su vida para salvar a la metrópoli y como dijo el alcalde de París “para defender la civilización”.

Entonces la civilización colonial francesa aún no tenía, como ahora, apellidos, es decir, no era “cristiana” exclusivamente.

Lo mismo ocurrió en la Segunda Guerra Mundial, cuando los nazis se presentaron en los Balcanes, el Cáucaso y Crimea como los más ardientes defensores del islam. Para contrarrestar la campaña nazi (y seguir utilizando a los musulmanes como carne de cañón), Inglaterra financió la construcción de dos mezquitas en Londres.

Fuente: http://foreignpolicy.com/2016/05/05/when-europe-loved-islam-interwar-weimar-republic-wilmersdorf-mosque/

43 años después del golpe de Estado que derrocó a Allende en Chile

Salvador Allende
Ejército de Liberación Nacional

Un 11 de septiembre, de 1973, fue asesinado por fuerzas norteamericanas y la oligarquía de su país, el electo presidente de Chile, Salvador Allende. Con su muerte dijimos, una vez más y en aquel entonces, que las vías legales para acceder al poder estaban cerradas para el pueblo.

El Secretario de Estado de los EEUU, Henry Kissinger, lo dijo sin rodeos, no se puede dejar prosperar cambios socialistas, así sea por medios pacíficos, porque sería un mal ejemplo mundial, que pronto seguirían en otros países, como Italia. De esta manera justificó la intervención de los EEUU, para derrocar al primer presidente socialista de Chile.

Hoy los EEUU siguen haciendo lo mismo, al buscar revertir los cambios democráticos y soberanos instaurados por diversos gobiernos progresistas y revolucionarios del continente. Otra vez, no resisten cambios que lesiones sus intereses, así hayan sido logrados por medios legales y pacíficos.

El dilema de cambio al interior de cada país sigue siendo idéntico al de hace 43 años. Si las fuerzas políticas mayoritarias optan por un camino de cambio favorable al pueblo y la nación, ¿las Fuerzas Armadas lo respetan, o, lo agreden como hizo Pinochet y los militares chilenos?

Hay un sector de unas Fuerzas Armadas nacionales que sí respetan las decisiones mayoritarias de la sociedad a la que sirven; que se encuentra en pugna con el camino de los militares entrenados en las escuelas de contrainsurgencia de los EEUU.

Cada camino tiene un doctrina y una geopolítica que lo alumbran. Los del camino pro estadounidense siguen viendo al pueblo como el enemigo interno a atacar, mientras los otros lo ven como el soberano a quien sirven.

La geopolítica que guía al camino soberanista y democratizador, se basa en dejar de considerar a estos pueblos, como vasallos de la potencia imperial; mientras los seguidores de Washington siguen inscritos en los planes de guerra global de la OTAN.

Los retos de hoy son los mismos, que en Chile del 73: ¿Son viables los caminos legales para que el pueblo tome el poder? ¿Las Fuerzas Armadas están para servir al pueblo o para subordinarse ante la potencia imperialista?

Las respuestas las pueden dar las elites dominantes de los EEUU y del régimen colombiano; pero es la sociedad quien decide el destino del país.

Fuente: http://www.eln-voces.com/index.php/voces-del-eln/militancia/777-43-anos-despues-del-golpe-de-estado-en-chile

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