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Día: 21 de julio de 2016 (página 1 de 1)

Turquía abre una brecha en el sistema occidental de alianzas

M.K.Bhadrakumar

El presidente ruso Vladimir Putin hizo el domingo lo que ningún destacado dirigente occidental de los países de la OTAN se preocupó de hacer, cuando telefoneó a su colega turco Recep Erdogan para transmitirle su simpatía, buena voluntad y mejores deseos para la restauración del orden constitucional y de la estabilidad lo antes posible, tras el intento de golpe del viernes por la noche.

El Secretario de Estado John Kerry hizo un fugaz viaje nocturno a Bruselas para un encuentro el lunes con los ministros de Exteriores de la Unión Europea, para discutir una postura común ante la crisis en Turquía. El francés Jean-Marc Ayrault estaba airado tras el encuentro, declarando que surgieron “preguntas” sobre la posibilidad de que Turquía pueda ser un aliado “viable”, y difundió “sospechas” respecto a las intenciones turcas, insistiendo en que el respaldo a Erdogan no era un cheque en blanco para la supresión de oponentes.

Estados Unidos ha expresado su disgusto respecto a las acusaciones turcas de la existencia de una mano norteamericana en el fracasado golpe. Efectivamente, esas acusaciones de que un miembro conspire para derribar el gobierno de otro miembro violentamente no tienen precedente en los 67 años de historia de la OTAN. Claramente, Estados Unidos y Turquía están enfrentadas en el tema de la extradición del predicador islamista Fetullah Gulen, exiliado en Pensilvania, a quien el gobierno turco ha declarado como el elemento clave del golpe. El primer ministro turco, Binali Yildirim avisó de que Ankara consideraría a Estados Unidos como “enemigo” si daba refugio a Gülen. Los dramáticos acontecimientos exponen la brecha que ha aparecido en el sistema de alianzas occidental.

Es interesante que los oficiales veteranos turcos detenidos hasta ahora incluyan al Comandante de la base aérea de Incirlik (y a 10 de sus subordinados) en donde están localizadas las fuerzas de la OTAN y el 90 por ciento de las armas nucleares tácticas de Estados Unidos en Europa; al comandante en jefe de la frontera con Siria e Irak, al comandante al mando del contingente de la OTAN basado en Estambul y, por último, al antiguo agregado militar en Israel y en Kuwait.

Ciertamente, la aguja de la sospecha señala ahora hacia los estadounidenses que tuvieran algún conocimiento del golpe previamente. Dos F-16 y dos naves cisterna para proporcionarles combustible, empleados en el golpe, despegaron de la base de Incirlik. Obviamente, Ankara ha estado al tanto del establecimiento por parte de Francia y de Estados Unidos de bases militares en el norte de Siria con el apoyo de las tribus locales kurdas, de lo que sospecha que puede ser el cimiento de la creación de un “Kurdistán”. (El consejero de asuntos exteriores del dirigente iraní Ali Akbar Velayati, que es una influyente figura en Teherán, afirmó el domingo que Estados Unidos está intentando crear un Estado kurdo, compuesto por población kurda de los países circundantes, lo que supondría un “segundo Israel” en Oriente Medio al servicio de los intereses regionales de Washington).

Hoy el famoso confidente saudí conocido como “Mutahid” ha destapado algo sorprendente: que los Emiratos Árabes Unidos han jugado un papel en el golpe y ha metido a Arabia saudí en el tema. Igualmente, el depuesto dirigente de Qatar Hamad bin Khalifa Al-Thani (un íntimo amigo de Erdogan) ha afirmado que Estados Unidos y otro país occidental (presumiblemente Francia) han patrocinado el golpe, y que Arabia saudí estaba implicada. Y también ha trascendido a los medios de que en un informe a puerta cerrada al Parlamento iraní el domingo, el ministro de Exteriores Mohammad Zarif sugirió la implicación saudí y qatarí en el golpe.

La llamada telefónica a Erdogan sugiere la posibilidad de la inteligencia rusa y la turca están en contacto. Los dos dirigentes han acordado un próximo encuentro.

El ritmo del intento de golpe, tras el fracaso de Estados Unidos en establecer una presencia de la OTAN en el Mar Negro, y en la senda del acercamiento ruso-turco, toma significado. Igualmente, los síntomas de cambios en las políticas intervencionistas de Turquía en Siria pudieran haber puesto nervioso a Estados Unidos y a sus aliados regionales.

Israel, Arabia saudí y Qatar tienen mucho que perder si Turquía establece lazos con Siria, algo que está en las bazas. Por ello detener a Erdogan se ha convertido en un imperativo urgente para estos países. El fantasma de un gobierno sirio recuperando el control del todo el territorio del país asusta a Israel, que ha tenido la esperanza de que una Siria debilitada y fragmentada sería una ventaja para anexionarse de manera perpetua los territorios ocupados en los Altos del Golán. Además, el abandono por parte de Turquía del programa de “cambio de régimen” en Siria supone una victoria para Irán. Por el contrario, un Hezbollah triunfante y curtido en batallas al lado de la puerta significa que su amplia superioridad en fuerza militar convencional será cada vez más irrelevante si se enfrenta al movimiento de resistencia. Significativamente, Israel mantiene un silencio sepulcral.

¿Arrojará la toalla Estados Unidos y sus aliados, o se tomará su tiempo para hacer otra oferta de deponer a Erdogan? Ésta es la gran pregunta. La popularidad de Erdogan ha alcanzado niveles estratosféricos en Turquía. Puede confiarse en que complete el proceso para purgar a los gülenistas escondidos en el aparato del Estado y en el ejército. La reunión del Alto Consejo Militar en agosto para decidir sobre retiros, ascensos y transferencia de mandos militares dará a Erdogan manos libres para expulsar a los gülenistas.

Fuente: http://blogs.rediff.com/mkbhadrakumar/2016/07/18/theres-more-to-turkeys-failed-coup-than-meets-the-eye/

El fracaso en Turquía es una derrota estratégica para Estados Unidos

F.William Engdahl
En una entrevista al sitio Information Clearing House publicada esta misma mañana (*), F. William Engdahl también afirma la intervención de la CIA en el golpe de Estado fallido contra el gobierno de Erdogan, fruto de la “dramática evolución geopolítica” que estaba a punto de acometer el presidente turco.

Engdahl sitúa en junio de este año el comienzo del viraje de Erdogan, cuando destituyó al primer ministro Davutoglu, sustituyéndolo por Yildirim. “En ese momento Erdogan simultáneamente se aleja de la estrategia anti-Assad de Washington en Siria y se acerca a Israel (que esos días estaba en conflicto geopolítico con Washington), a Rusia y ahora incluso hacia Assad en Siria”.

El analista germano-estadounidense destaca la intervención de Fettullah Gülen en la asonada militar como intermediario de la CIA en Turquía, un “gesto dramático y desesperado” en el que participó la red de oficiales bajo su mando.

Como ya expuso en su libro “The lost hegemon”, el control de la CIA sobre la red de Gülen es del cien por cien. Se trata, apunta Engdahl, de un “proyecto loco” de la CIA de orquestar un islam político como instrumento del cambio de régimen bajo la apariencia de una constelación de instituciones educativas repartidas por Oriente Medio.

En 2013 se produjeron manifestaciones y graves enfrentamientos en Estambul directamente dirigidos contra el gobierno del AKP, que Gülen aprovechó para romper con Erdogan y tratar de salvarse de la quema. Concedió entrevistas en los medios que él mismo controlaba, como Zaman, acusando a Erdogan de “tirano”.

A partir de entonces Erdogan reaccionó como es conocido, atacando a Gülen, a sus partidarios y a sus portavoces con ferocidad.

En opinión de Engdahl, los acontecimientos en Turquía no van a desencadenar una guerra civil porque en los últimos años la influencia de Gülen se ha reducido por la represión y las depuraciones. El analista considera que ahora la posición de Erdogan es mucho más fuerte que antes y que ha cogido fuerte las riendas de Turquía con ambas manos.

También compara el fracaso del golpe contra Erdogan con el éxito en Kiev, cuando en febrero de 2014 Estados Unidos logró derrocar a Yanokovich, sembrando el caos y la guerra en las fronteras de Rusia. En Turquía no lo han logrado.

Tras constatar que el ejército turco ya no es lo que era, Engdahl entra en el meollo del asunto: el realineamiento de la política exterior turca, el acercamiento a Rusia y la reapertura de las negociaciones para el tendido del gasoducto Turkish Stream, la reanudación de las buenas relaciones con Israel, el cese del apoyo al yihadismo y los intentos de derrocar a Bashar Al-Assad.

“Es una enorme derrota geopolítica para Obama, probablemente el presidente más incompetente de la historia de Estados Unidos”, asegura Engdahl. A pesar de la derrota, Estados Unidos necesita a Turquía y la necesita dentro de la OTAN por lo que, inmediatamente después del fracaso, inició la típica política de “minimización de los daños” y las felicitaciones al “buen amigo” Erdogan, de cara a la galería, por el fracaso del golpe.

(*) http://www.informationclearinghouse.info/article45135.htm

Un punto de vista viciado sobre el golpe de Estado en Turquía

Las reflexiones que se van publicando sobre el golpe de Estado en Turquía se centran en la personalidad de Erdogan al que, naturalmente, presentan como un dictador, una especie de nuevo sultán que quiere reeditar las glorias perdidas del Imperio Otomano. A partir de ahora, la figura de Erdogan va a pasar a la primera plana de los portavoces del imperialismo.La impresión que quieren transmitir es que el golpe de Estado lo ha dado el propio Erdogan, que no es la víctima sino el victimario de la asonada.

A ello va unida la equidistancia de moda, “ni Erdogan ni los golpistas”, lo que oculta la importancia del antagonismo mutuo entre unos y otros, es decir, infravalora la trascendencia del golpe de Estado que, según dan a entender, no va a cambiar nada.

Este tipo de conclusiones pasa por encima de los hechos que tratan de explicar y sobre todo de las causas que ha conducido a ellos, es decir, el grado de antagonismo al que han llegado las contradicciones en Oriente Medio y cuáles son esas contradicciones (internas e internacionales).

Poner en primer plano a Erdogan es una muestra de idealismo histórico que conduce a eliminar uno de los términos de la ecuación en la que está inmersa Turquía y todo Oriente Medio, el imperialismo, todo ello después de cinco años de una salvaje guerra en las mismas fronteras del país.

Al mismo punto conducen todos esos artículos en los que parece que la población de Turquía se compone sólo de kurdos y que a partir de ahora a los kurdos les espera algo distinto a lo que ya han padecido desde hace muchos años.

Lo mismo que los golpistas, el AKP, los islamistas turcos y Erdogan no sólo son los mismos que antes del golpe de Estado sino que son los mismos que antes de llegar al gobierno en 2002. Exactamente los mismos. “Sólo” ha cambiado la situación interna e internacional.

Las depuraciones tampoco son una novedad. El gobierno de Erdogan no ha iniciado ahora una purga a gran escala de los aparatos del Estado (y de la prensa) sino que la viene implementado desde 2002, lo cual debe tener un significado preciso, a saber, que quiere -siempre ha querido- cambiar la dirección del Estado y que para ello había que cambiar el Estado mismo.

En una tradición viciada que procede de hace 60 años, es decir, de la liquidación del movimiento comunista internacional, ese tipo problemas ni se plantean siquiera porque el revisionismo cree que llegar al gobierno es llegar al poder, lo cual es un error que conduce a otro: analizar la situación política desde el punto de vista de un gobierno, una parte, y no desde el del Estado, el todo.

A partir de ahí los errores se encadenan. Los votos, por más que aúpen a un movimiento al gobierno, no son suficientes para cambiar una correlación de fuerzas; no son la causa sino la consecuencia del cambio en la correlación de fuerzas.

Para entenderlo bastará poner un ejemplo. Los imperialistas (como Obama, el Pantágono o el Fondo Monetario Internacional) no votan pero son parte del poder en un Estado burgués cualquiera. Se trata de componentes muy importantes que, como digo, no se cambian sólo con elecciones.

Como consecuencia de la crisis, en todo el mundo ese tipo de componentes, a los que antes se llamaba “poderes fácticos”, son cada vez más influyentes, lo mismo que los militares de los que, en las épocas recientes, nadie habla siquiera.

Por una serie de motivos, en Turquía esos “poderes fácticos” también tienen un protagonismo creciente y se concentran en el ejército que, a pesar del nacionalismo kemalista, es un apéndice de la OTAN. Asegurar que el reciente golpe de Estado contra Erdogan ha sido instigado por la OTAN no es ninguna novedad: todos los que se han producido desde 1960 han tenido ese mismo origen en el imperialismo, lo cual también debería desatar algunas preguntas porque si en Turquía el Estado y el poder son el ejército, y no el gobierno, ¿de dónde viene la necesidad de tantos golpes de Estado? Evidentemente de la existencia de antagonismos entre Turquía y el imperialismo, de la imposibilidad de resolverlos, ni acabar siquiera con ellos, así como de su desarrollo e intensificación.

El hecho de que en 2002 unos proscritos dentro de los aparatos del Estado de Turquía, los islamistas, ganaran las elecciones invirtió la situación, poniendo a los militares a la defensiva y, tras ellos, a la OTAN  y a los imperialistas.

La Primavera Árabe y la guerra de Siria han velado estas contradicciones que, por lo demás, no son diferentes de las que se han puesto de manifiesto en otros países, como por ejemplo en Latinoamérica, sin ir más lejos, lo cual es una constatación de que Lenin tenía razón cuando previno que bajo el imperialismo se agudizaban todas las contradicciones.

De la misma manera que las contradicciones, el golpe de Estado en Turquía no es ninguna ficción, ni es un autogolpe. No habría más que preguntárselo a los miles detenidos que están en la cárcel y a los que van a entrar en ella en un futuro inmediato, entre los cuales habrá numerosos revolucionarios e independentistas.

Lo mismo que otros países a los que el imperialismo ha conducido a un callejón sin salida, los islamistas turcos también han puesto sus ojos en Rusia, lo que ha empezado a desatar la típica campaña en los medios imperialistas que, en lo sucesivo, también se intensificará. Se ha iniciado con las críticas al plan de restauración de la pena de muerte y seguirá con la represión contra los kurdos.

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