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Día: 16 de julio de 2016 (página 1 de 1)

El matarife de Niza jamás pisó una mezquita

Mohamed Lahouaiej-Bouhlel
Según el New York Times, Mohamed Lahouaiej-Bouhlel, autor de la matanza de Niza en la que 84 personas fueron asesinadas, jamás pisó una mezquita (*), por lo que las ridículas explicaciones de los medios de comunicación sobre este tipo de atentados se vienen abajo de nuevo.

De una manera típica, tras la resaca del atentado los medios bucean en la biografía del autor en busca de carnaza, tratando de desentrañar su perturbada psicología, como si del diván de un psicoanalista se tratara. Las sicopatologías, especialmente el radicalismo, son el motor de la historia…

Rebuscando en el desván de Lahouaiej-Bouhlel, lo que han encontrado los sabuesos es todo lo contrario del prototipo del islamista que nos venden: bebía alcohol, comía carne de cerdo, estaba divorciado, se teñía el pelo de rojo y sobre todo, nunca pisó una mezquita. No mantenía relación con su familia de origen en Túnez, por lo que raramente viajó al país norteafricano, a pesar de lo cual los medios insisten, también de manera típica, en su ascendencia tunecina.

Como en tantos otros casos, los reporteros buscan islamistas radicales y se encuentran con el lumpen, con seres desarraigados y empobrecidos sumidos en la delincuencia marginal de los barrios. A diferencia de los kamikazes del Califato Islámico, Lahouaiej-Bouhlel no dejó una reivindicación del acto, ni un vídeo grabado… Nada.

Sin embargo, 36 horas después de la carnicería el Califato Islámico se apuntaba la matanza. Cuando en Siria están matando 80 personas cada día, matar 80 más en Francia no les supone gran cosa; no les hace peores… salvo que que las víctimas son francesas, es decir, VIP, First Class. En materia de yihadismo no importa la cantidad sino la calidad de los muertos, su pasaporte.

(*) http://www.nytimes.com/2016/07/16/world/europe/a-surly-misfit-with-no-terror-links-turned-a-truck-into-a-tank.html

La caída del Imperio Otomano

Juan Manuel Olarieta

Suele decir Enrique Martínez Montávez, un sabio en estos asuntos, que cuando se habla de Oriente Medio hay que tener en cuenta el componente local, el regional y el internacional. Es lo que corresponde también al analizar el intento de golpe de Estado en Turquía, un Estado que, no lo olvidemos, apenas tiene un siglo de historia y que no hereda al Imperio Otomano, como se supone, sino que se enfrenta a él.

La guerra del Imperio Otomano contra la Turquía republicana fue una verdadera yihad, declarada por las cofradías sunitas contra Mustafá Kemal, llamado Ataturk, el padre de los turcos.

Los comunistas turcos no sólo no tienen la misma concepción del kemalismo, sino que sus posiciones están radicalmente enfrentadas. Hay quien le considera un revolucionario y quien le considera un reaccionario. Hay quien ve la botella medio llena y quien la ve medio vacía.

Pocos Estados modernos se han construido en una guerra permanente consigo mismos como Turquía, de lo que son buena prueba los cuatro golpes de Estado que se han sucedido entre 1967 y 1997, uno cada diez años, en los que los militares siempre han tenido un protagonismo estelar.

El moderno Estado turco es un ejército gigantesco o, dicho de otra manera, el ejército turco es un Estado dentro del Estado. Su fundador desislamizó el país hasta límites que hoy son difíciles de imaginar. Abolió el sultanato y el califato de Estambul, convirtió a la mezquita de Santa Sofía, una de las mayores del mundo, en un museo, abolió “la sharia”, prohibió el velo y las llamadas en árabe de los almuecines en las mezquitas, sustituyó el alfabeto árabe por el latino…

Desde 2002 Erdogan, el AKP y los islamistas gobiernan un Estado que no es el suyo. Son un caballo de Troya, una de las mejores ilustraciones que se pueden poner encima de la mesa para que los reformistas entiendan que el Estado no es un instrumento, ni una herramienta, y que estar en el gobierno no es estar en el poder, como ellos imaginan.

El golpe ha fracasado porque Erdogan aún cuenta con el apoyo del imperialismo. Es otra de las demostraciones de que el origen del moderno islamismo político, desde Afganistán hasta Siria, es otro producto de importación para el mundo islámico.

Es la OTAN la que ha puesto al ejército turco a la defensiva y desde el gobierno Erdogan lleva implementado, por su parte, una purga sistemática de los kemalistas en el interior de sus filas. En 2005 suprimió los poderes políticos del MGK (Consejo Nacional de Seguridad).

Ahora las purgas se intensificarán como consecuencia del fracaso del golpe y los fieles islamistas de Erdogan entrarán en sustitución de los militares golpistas.

Pero las purgas de Erdogan no se han detenido en las fuerzas armadas, sino que se han extendido a otros sectores, como los medios de comunicación o el aparato judicial. Son muchos los que han ido a parar a la cárcel y sobre el resto pesa una amenaza permanente de represalias y despidos.

Tras el golpe llega el contragolpe de Erdogan, que se ha propuesto acabar con los últimos restos de la República laica kemalista. Al imperialismo la liquidación le ha salido mucho más barata que en otros países.

Se publican las 28 páginas secretas del informe oficial del 11-S

El espía saudí Omar Al-Bayoumi
Tras una larga campaña de movilizaciones para que se divulgaran, el Congreso estadounidense acaba de publicar las 28 páginas secretas del informe sobre los atentados del 11-S en las Torres Gemelas de Nueva York. La información estuvo guardada desde que en 2002 se leaboró el informe oficial.

Una sección del mismo confirma que miembros destacados del gobierno de Arabia saudí estuvieron involucrados en la planificación y la financiación de los ataques terroristas.

15 de los 19 terroristas implicados en dichos ataques eran ciudadanos saudíes y recibieron apoyo de agentes de alto rango de la inteligencia saudí.

“En Estados Unidos, algunos de los secuestradores del 11 de septiembre estaban en contacto y recibieron el apoyo o asistencia de individuos que pueden haber estado en contacto con el gobierno de Arabia saudí”, asegura el informe.

“Hay informaciones, principalmente de fuentes del FBI, de que al menos dos de esos individuos supuestamente eran agentes de inteligencia de Arabia saudí”, se desprende de las página recién publicadas.

El documento revela también que “en sus testimonios, ni los testigos de la CIA ni del FBI fueron capaces de identificar definitivamente el grado de apoyo de Arabia saudí a la actividad terrorista a nivel mundial o dentro de Estados Unidos”.

El informe explica que la magnitud de la participación de Arabia Saudita no está clara debido a que el gobierno de Estados Unidos comenzó a “investigar agresivamente” solo después del atentado. Sin embargo, sí enumera a varios destacados saudíes sospechosos de haber estado involucrados en actividades terroristas.

El informe da un resumen detallado sobre el agente de inteligencia Omar Al Bayoumi. Se remite a los archivos del FBI, según los cuales Al Bayoumi proporcionó “asistencia sustancial” a los secuestradores del 11-S, Khalid Al Midhar y Nawaf Al Hazmi, dos de los cinco terroristas que estrellaron el vuelo 77 de American Airlines contra el Pentágono.

Según el informe, Al Bayoumi se reunió con los secuestradores en un lugar público en San Diego “poco después de su encuentro con una persona en el consulado de Arabia Saudita” en 2000.

El espía tuvo “mucho contacto” con el gobierno de Arabia saudí en Estados Unidos en este mismo período, y recibió apoyo financiero de una empresa cercana al Ministerio de Defensa del gobierno saudí.

Fracasa el intento de golpe de Estado militar en Turquía

Ayer por la tarde una parte del ejército se levantó en armas contra el gobierno de Erdogan, llegando a apoderarse de importantes instituciones, como la televisión pública, así como del aeropuerto internacional de Estambul y los puentes sobre el estrecho del Bósforo.

Tanto en Ankara como en Estambul se produjeron enfrentamientos y tiroteos, en los que han muerto más de 90 personas. A primeras horas de la noche se escucharon bombardeos en los alrededores del Parlamento en Ankara.

No obstante, esta madrugada los golpistas se rendían y el gobierno tomaba los puentes sobre el Bósforo.

La gravedad de la situación trasciende a la propia Turquía, un país cuyo ejército forma parte de la OTAN y cuyas fronteras con Siria e Irak están en guerra.

Hace unos días ya alertamos aquí de que Turquía estaba en la cuerda floja y de que su aislamiento internacional la había conducido a un viraje político y al reciente cambio en la presidencia del gobierno.

El nuevo gobierno lo escenificó al verse obligado a reconciliarse con Rusia y los continuos desmentidos que tuvieron que encadenar consigo mismos ante los medios de comunicación de todo el mundo. Turquía no sólo reconoció su culpabilidad en el derribo del avión ruso que participaba en la guerra de Siria sino que reconoció públicamente que se disponía a indemnizar por todos los gastos que ello hubiera ocasionado.

El intento de golpe de Estado pone de manifiesto la ruptura de uno de los eslabones más importantes del imperialismo en Oriente Medio. En el momento de la intentona, John Kerry se encontraba en Moscú y no pudo disimular un gesto de contrariedad durante la rueda de prensa.

Los imperialistas creen poder estrechar el cerco sobre países como Siria, Rusia o China, entre otros, para lograr sus propósitos. Para ello cuentan con lacayos, como Turquía. Ahora ya saben que sus lacayos no son tan sólidos como creían. También han aprendido que no les va a bastar “con estrechar el cerco”. Necesitan tratamiento de choque.

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