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Día: 26 de junio de 2016 (página 1 de 1)

Ennahda: del integrismo integral al integrismo integrado

Juan Manuel Olarieta
Desde hace un mes, el último congreso del partido islamista tunecino Ennahda viene suscitando todo tipo de controversias en el mundo árabe ya que, por primera vez, un movimiento islamista ha declarado la separación entre la religión y la política.

Es como si la revolución burguesa llegara al mundo musulmán cogida por las orejas y con 200 años de retraso. Pero no es tanto como parece. En Europa son muchas las organizaciones políticas demo-cristianas o social-cristianas y nadie se ha rasgado las vestiduras por ello.

Este fenómeno histórico se mide con diferentes con varas de medir. Normalmente, cuando en un país no existe separación entre Iglesia y Estado, la responsabilidad se imputa al Estado, no a la Iglesia. En España hay escuelas católicas financiadas con dinero público, pero quienes se lo reprochan no se dirigen contra la Conferencia Episcopal, sino contra el Estado. Sin embargo, cuando se trata del islam el análisis se vuelve del revés: la culpa es del islam.

En Túnez Ennahda, el “partido del renacimiento”, ha decidido centrarse en la política para dejar el proselitismo religioso a las asociaciones civiles. En el mundo árabe se preguntan tanto por los motivos como por las consecuencias de esa decisión.

En unas declaraciones a Al-Monitor, Saleh Al-Raqab, que además de ministro de Asuntos Religiosos del gobierno de Hamas en Gaza, es una autoridad islámica de primer nivel, afirmó que Ennahda no ha aprobado la decisión por convicción propia sino por “presiones occidentales”. Para Al-Raqab se trata de agradar a sus vecinos del norte del Mediterráneo. Es muy extraño que en un congreso una decisión de esa envergadura se adopte sin ninguna clase de debates ni discusiones.

Ennahda quiere pasar de ser un partido confesional a uno nacional, pero no “nacionalista”. En su origen era la Hermandad Musulmana en Túnez, cuyos dirigentes se ven ahora duramente reprimidos en Egipto. Nació como un contrapeso a la penetración del marxismo y las ideas progresistas en universidades tunecinas en los años setenta.

Durante un tiempo quiso que la ruptura de relaciones diplomáticas con Israel se incluyera dentro de la Constitución tunecina. Ahora los tiempos han cambiado. Ennahda ha pasado del integrismo integral al integrismo integrado. No es una evolución, como parece, sino una involución.

Quiere convertirse en una fuerza de gobierno, para lo cual necesita dos cosas. Primero, en una sociedad fuertemente influenciada por el laicismo, como la tunecina, necesita reclutar votos de todos los rincones. Además, también necesita el visto bueno de los padrinos del norte, de los imperialistas.

El modelo es el de Erdogan en Turquía: separación entre la religión y la política en el ámbito público y fusión e islamización en el privado, coincidiendo también en la política exterior de sumisión al imperialismo, al sionismo y a los príncipes saudíes.

Inmediatamente después de la Primavera Árabe, llamada “revolución de los jazmines” en Túnez, un dirigente de Ennahda, Hamadi Jebali, se trasladó a Washington para recibir instrucciones de los senadores John McCain y Joseph Lieberman, lo peor de la reacción estadounidense.

Luego le tocó el turno al fundador y máximo dirigente, Rached Ghannouchi, un político muy apreciado por los grupos de presión sionistas en Washington. La invitación procedía del Washington Institute for Near East Policy que preside el sionista Martin Indyk que, dos años después le volvió a invitar, esta vez en nombre del Saban Center for Middle East Policy.

Como en los demás países musulmanes, el integrismo de Ennahda está plenamente integrado en la sociedad capitalista, hasta el punto de que hace de la buena vecindad con Israel una de sus señas de identidad. Si alguna vez estuvo fuera, su laicismo actual culmina el ingreso en el orden establecido.

Solución al Brexit: ¡cambiar de pueblo !

B.

En ciencia política, se suele decir que los referendums los organiza, cuando los monta, el poder, o, al menos, el Gobierno de turno, para ganarlos. Con el general Franco, si no había elecciones inorgánicas, las que conocemos, las había “orgánicas” (familia, municipio y sindicato, que se decía al gusto falangista), y también referéndums, y más de uno en pleno franquismo, que, por descontado, se ganaban por goleada, valga el símil futbolístico.

Resulta que en una democracia burguesa formal, o sea, que guardan las formas por lo menos, como la inglesa, se convoca un referéndum para que el pueblo decida si quiere salirse de la Unión Europea o seguir en ella, convocado por un Gobierno conservador (aunque dividido en sus filas al igual que la “izquierda”), y lo pierde. Inmediatamente se tacha al premier británico, David Cameron (que ya ha dimitido, por cierto) de “irresponsable”, sobre todo desde el Estado español y es que, se ha oído decir, “los referéndums los carga el diablo”, como las escopetas, al parecer. No importa el referéndum en sí ni lo democrático que supone en sí mismo, algo que no se debería discutir si se va de “demócrata” por la vida, sino que el hecho de convocarlo es un acto “irresponsable”. Y, sobre todo y encima, si el resultado de la consulta es negativo para la Europa de los mercaderes. Esos referéndums dan pie al “populismo” -nuevo mantra que aquí se adjudica a “Podemos” cuyo líder, Iglesias, acaba de decir que ellos son “la ley, el orden y las instituciones” frente a los “antisistema” que serían “la casta”, un auténtico liante si no se estuviera ya avisado de las mañas de estos tahúres- o a partidos de extrema derecha europeos que se suben al carro para pedir referéndums en sus países.

Afortunadamente, en España no ocurren estas cosas. El Gobierno, el que sea no importa su pelaje, es “responsable” y, por tanto, nos ahorrará la aventura de preguntarnos que qué cojones opinamos sobre esto, lo otro o lo de más allá (no vaya a pasar como los referéndums que se convocaron sobre la adhesión a Europa que rechazaron algunos países y volvieron a convocar hasta que saliera el “sí” gubernamental aburriendo al personal). Esto no es Suiza. Ni la “Pérfida Albión”, Gran Bretaña donde ya se arriesgó el Gobierno de Cameron con Escocia, y le salió bien, pero ahora no, ahora ha provocado un “terremoto”. Ya será menos…

Buenas tardes.

Las ‘charlas’ del ministro

Darío Herchhoren

Desde hace unos días se han difundido a través del diario digital Público unas conversaciones mantenidas por el todavía ministro del interior español Jorge Fernández Diaz, con un funcionario antifraude del gobierno de la Generalitat de Cataluña.

En esas conversaciones los interlocutores, airean un plan para desprestigiar al gobierno catalán de aquel tiempo.

Las conversaciones en sí mismas en realidad no deben llamar la atención ya que  en las «democracias» burguesas lo propio es que el propio estado burgués viole su propia legalidad.

Lo que a mi me llama la atención es que se hayan podido grabar conversaciones (muchas), durante horas; ya que fueron varias esas pláticas.

Sospecho firmemente que los únicos que pueden efectuar esas grabaciones son los servicios de seguridad (o de inseguridad) del estado, que siguiendo las instrucciones de los dueños del sistema se han esmerado en ello.

Es necesario no perder de vista que estas grabaciones se produjeron hace más de dos años atrás y que se «descubren» ahora porque es el momento preciso para que una «nueva» derecha, representada por Ciudadanos, que es una derecha más homologable a la derecha francesa o alemana, ocupe el sitio del PP (Partido podrido), ya exhausto por su implicación en la galopante corrupción en todos los órdenes del estado español.

Por su parte, la «nueva» izquierda, obediente al sistema y que es la «esperanza» de un futuro mejor  para los millones de españoles gravemente perjudicados por las políticas del PP, es la que está llamada a ocupar el lugar del PSOE, que ya está agotado.

Pero no nos engañemos; todo esto es un juego de trileros para engañar nuevamente a los  españoles. En España; el pueblo español nunca elegirá a su gobierno, mientras no se plantee un cambio que necesariamente deberá ser revolucionario y que ese cambio se lleve a cabo hasta los cimientos.

Mientras tanto, el «gobierno» español será elegido por el Ibex 35, y por el Departamento de Estado. Curiosamente; el premio Nobel de la Paz Barack Obama, vendrá a España, y se reunirá con los partidos políticos. ¿Para que será? Seguramente en esas reuniones les explicará hasta donde pueden llegar en su acción de gobierno, y ¡cuidadito con salirse del libreto!

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