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Día: 20 de junio de 2016 (página 1 de 1)

Similitudes

Darío Herchhoren

Decía Marx en el 18 Brumario de Luis Bonaparte, que la historia tenía dos versiones; una vez como tragedia y otra vez como farsa. Debemos recurrir a Lampedusa, que le hace decir a su personaje Il Gattopardo que todo debe cambiar para que todo siga igual. Marx y Lampedusa nos ayudarán a entender que está pasando en España a la vista de las próximas elecciones que se celebrarán el próximo domingo.

Todo parece indicar que el sistema; no el gobierno, desean que tanto el PP como el PSOE se amorticen  y que sean reemplazados por una nueva (vieja) derecha, representada por Ciudadanos; un partido de nueva creación, más “europeo”, más civilizado y no tan “español” y cavernícola como el PP, que no es más que la continuación del franquismo; y que una nueva (vieja) izquierda haga lo propio con el PSOE; y para ello cuenta con la coalición Unidos Podemos, que encarnaría mejor las ansias de cambio de los españoles.

Si seguimos la trayectoria corta de Podemos, ahora aliado con los restos de los revisionistas del PCE, constituidos en Izquierda Unida, veremos que el discurso incendiario de su máximo dirigente Pablo Iglesias se ha ido moderando, hasta convertirse en una caricatura de sus primeros pasos. En efecto, se ha pasado de acusar a casi todos los partidos existentes de pertenecer a la “casta”. Se ha hablado de la mafia al referirse al PP. Se ha hablado de transformaciones revolucionarias en materia política (salida de la Otan, de la UE, del euro), hasta cambios muy importantes en materia estructural como volver a una banca pública.

En ese tráfago de cambios; sin embargo nada se dijo de los presos, ni de las torturas, ni de los refugiados ni de como se iba a resolver el problema de los parados, ni de como se iba a crear empleo ni de como se iba a gestionar la educación. Cambiar todo para que todo siga igual. El discurso incendiario del principio, donde Pablo Iglesias actuaba como pirómano, se cambio por el discurso del bombero que apaga los fuegos. Se pasó a ser socialdemócrata; de admirar a Zapatero y tenerlo de hombre de consulta, y se dijo que la oposición “moderada” de Venezuela encarnada por Enrique Capriles Radonsky, ganaría las elecciones próximas a la presidencia en ese país.

No quiero abrumar más al lector con citas de este hábil prestidigitador político. Ocupémonos ahora de lo que el viejo Marx dijo con respecto a la farsa como segunda parte. ¿Recuerdan ustedes al Felipe González de 1982? Cuando prometía el cielo y la creación de un millón de puestos de trabajo; cuando utilizando un lenguaje de trilero decía “Otan de entrada no” (y nos metió en la Otan y en su estructura militar).

Recordemos también al Felipe amigo de Cuba, que recibía de su “amigo” Fidel cajas de puros. Y ahora hagamos el traslado a 2016. ¿No nos recuerda todo esto el lenguaje de Felipe González? ¿No se parece el lenguaje de Pablo Iglesias al de Felipe en 1982? ¿Podemos creer a alguien que tiene entre sus candidatos al  antiguo Jefe de Estado Mayor de la Defensa General Julio Rodríguez, y hombre de confianza de la Otan?

Entre 1982 y 2016 han transcurrido 34 años, y supongo que algo hemos aprendido. La farsa está a la vista. Es posible que Iglesias pase a formar gobierno junto con el PSOE; pero cabe la pregunta ¿Para qué? ¿Tendrá el manejo de las finanzas públicas y creará una banca pública; o por el contrario nos atornillará aún más a la UE? ¿Los medios de producción seguirán siendo privados o públicos? La farsa está servida y todo está preparado para que todo cambie, y que todo siga igual.

De la teoría de la evolución a la teoría de la involución

Si Ustedes se han tomado la molestia de analizar la película “Gravity”, producida en 2013 por el mexicano Alfonso Cuarón, entenderán un poco más el papel de Hollywood en las diversas fabricaciones ideológicas en forma de Óscar de la Academia, de “best-sellers”, “prime time”, “trending topics” y demás.

Lo podemos ver desde el punto de vista escrupuloso de la ciencia para poner de manifiesto la torpeza del argumento. También se puede analizar desde el punto de vista político más coyuntural: el desencadenante de la acción es Rusia, con toda la basura que tiene circulando por el espacio o, dicho de otra manera, todo lo que procede de Rusia es una basura y los demás somos víctimas suyas.

Como es típico en Hollywood, incluido el de los mexicanos, el mensaje llega envuelto en medio de anestesiantes efectos visuales y espaciales propios de la gravedad cero y los abismos espaciales.

Pero el mensaje ideológico va mucho más allá. Hace 50 años la exploración espacial (la de la NASA) excitó la confianza en la capacidad de la humanidad para progresar y desplazar las fronteras del conocimiento más allá de la Tierra.

A pesar de que ahora hay una Estación Espacial Internacional permanente en el espacio, el asunto ya no nos subyuga; no le prestamos atención. Lo que “Gravity” nos dice es que en el espacio lo que hay realmente es “basura espacial”. No sólo no es nada interesante sino contaminación y una fuente de problemas. No hay astronautas al volante de sofisticadas naves, no hay aventura, no tiene el encanto de la Fórmula 1, sino más bien el aburrimiento de un oficinista delante de una mesa y un teléfono. La vida en el espacio es tan deprimente como en la Tierra, o quizá un poco más porque no te puedes ir al jugar al pádel un sábado por la tarde.

Antiguamente al espacio exterior se le llamaba cielo, el paraíso, una palabra con reminiscencias religiosas. Frente a un planeta caótico, el cielo era el cosmos, el lugar donde las galaxias, las estrellas y los planetas orbitaban majestuosamente siguiendo curvas regidas por las leyes armoniosas de la gravedad.

Ahora el espacio también es caos (khaos, un abismo y un gas), algo desorganizado y sucio al que no merece la pena viajar. En la URSS tenían otra concepción y a los astronautas les llamaban cosmonautas porque los comunistas saben que tanto el cielo como la Tierra se rigen por las leyes de la astrofísica.

A través de sus medios de propaganda, el imperialismo asegura que el recorrido de la historia no va del caos al cosmos, sino al revés, al modo de la estúpida “teoría del caos” tan de moda en los ambientes universitarios. Es la entropía inexorable que predica la ideología burguesa en su etapa imperialista: todo se pudre, todo degenera… Vamos de mal en peor.

La burguesía se identifica a sí misma con la humanidad y generaliza su propia situación histórica. Lo que predica no es que su clase social esté en decadencia sino que toda la biosfera lo está. Ha sustituido la teoría de la evolución por la teoría de la involución.

La basura espacial demuestra, además, que nada escapa del caos, que los problemas de la Tierra nunca se podrán solucionar huyendo al espacio exterior. Todo es una mierda.

Moraleja: la burguesía se ha deprimido.

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