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Día: 25 de abril de 2016 (página 1 de 1)

El ‘cuidadano Felipe’

Bianchi

Así tacha y se dirige el ciudadano Alberto Garzón cuando se refiere al rey borbón Felipe VI. Pareciera que quiere «rebajarle» al nivel de los mortales que componen la «ciudadanía» en una democracia y esas cosas, pero, en realidad, lo que se oculta es un complejo de quien no se atreve a decir claramente que, si por algo no se caracteriza un monarca, es justamente porque ¡¡ no es un ciudadano !!, al menos al uso. Garzón lo quiere equiparar a nosotros, al vulgo, la chusma, la plebe, la «gente», que diría Iglesias, para hacer poco menos que compadreo y coleguismo con un rey -como su padre era «campechano» a tal extremo… que no parecía un rey, ¿no es cierto?-, y ello, por supuesto, en una monarquía constitucional, como gustan decir, para diferenciarla de los monarcas absolutos feudovasalláticos. Pretende Garzón -no el mendaz juez prevaricador, correligionario, por cierto, de IU- rasar e igualar -«isocefalia», se llama esto poniéndonos flamencos- al rey para hacerlo más asequible y asimilable al pueblo escamoteando lo decisivo y principal, a saber: no ya que ese rey no fue elegido, que también, sino que ese rey ni siquiera es dinástico, sino elegido por el dedo de Franco en el caso de su padre Juan Carlos, que no tuvo escrúpulos, a su vez, en hacer a un lado a su padre, Don Juan, usando su jerga. Y ello por el complejo que decíamos de reprimir freudianamente lo básico y esencial: proclamarse republicano, cosa que hoy hace cualquiera devaluando esa consigna que sí tenía valor en los tiempos de la República, por ejemplo, de las dos Repúblicas, porque hubo dos, y también él, Garzón, pero, como decimos, tapando el hecho de que, precisamente el rey, por definición, no es un ciudadano más, ni siquiera es un ciudadano en el sentido burgués de la palabra, y ello porque, como dice la Constitución española, es «irresponsable», o sea, no es un ciudadano cualquiera, como bien sabía el revolucionario jacobino Robespierre que, lejos de buscar imputaciones contra el rey Luis XVI para guillotinarlo, simplemente dijo que se le ejecutaba por el mero hecho «de ser Rey», ese era su mayor delito, al margen, o también, de su connivencia con la reacción europea y su captura en Varennes tratando de darse el piro de París. Luis XVI no era un «ciudadano» para el abogado nacido en Arràs, ni para Marat ni Saint-Just: era el Rey, con lo que eso conlleva y suponía. Los jacobinos -representantes de la burguesía revolucionaria- no tenían ningún complejo (a diferencia de los girondinos que no quería cargárselo). Por lo tanto, no quiera Garzón confundirnos con lo que es una institución, la monarquía, con lo que es una persona, el rey, que podrá ser un cachondo o un vividor como su padre, que en eso consiste ser rey, sobre todo Borbón -ya lo dijo el general Prim buscando un rey para España por las cortes europeas: «cualquiera menos un Borbón, nunca, jamás»-, intentando que simpaticemos con la persona, y, por ende, con la institución, como si fuera su relaciones públicas o su agente comercial.

Acabamos, la verdad es que la cosa no tiene mayor recorrido, diciendo lo que puede interpretarse como una «excusatio non petita…», y es que puede que haya alguien que piense que siempre nos «metemos» con personajes de «izquierda» tipo Iglesias o Garzón. Si acaso hubiera una crítica de este tenor, primero, no los consideramos de «izquierdas», segundo, para criticar a Rajoy, Sánchez y cía, ya está la «oposición» legal y formal y democratiquísima y pacifiquísima.


Por último, se queja muchas veces Garzón, y tiene razón, de la cantidad de votos que le cuesta a su formación política, que se dice, sacar un diputado por culpa de la ley D’Hont y sus cocientes;es cierto, decimos, pero no se pregunta el economista malagueño cómo es que con tan escasa representación en el Parlamento godo, que diría un canario, sale y le sacan y pasean tanto por las televisiones. Será por su telegenia.

Buenas noches.

Aniversario

Hoy, 25 de abril, se cumplen 42 años del glorioso 25 de abril de 1974 en que la llamada «revolución de los claveles» acabó con la dictadura en el vecino país y desconocido Portugal. Fue una asonada protagonizada por militares hartos de una dictadura salazarista sin salida y putrefacta con su testaferro Marcelo Caetano en su última etapa, y de las onerosas y engorrosas colonias africanas (Angola y Mozambique, sobre todo). No hubo sangre ni tiros y sí una alegría desbordante en el pueblo. La señal fue el compás radiofónico de una canción «Grandola Vila Morena» (terra da fraternidade) interpretada por el revolucionario bardo Jose “Zeca” Afonso cuyo eco y sonido todavía nos pone la carne de gallina a quienes vivimos aquellas inolvidables fechas.

Se habló de una «Cuba comunista» en Europa, algo que, al margen de la evidente exageración, no se podía consentir, y a ello se puso, desde el primer minuto, la embajada norteamericana en Lisboa y la CIA. Primero ensayaron con golpes de mano de militares nativos cuasi fascistas como el vetusto general Spinola y, fallando este espadón, echaron mano de un político en el exilio con vitola de socialdemócrata y líder del Partido Socialista portugués, Mario Soares, el Felipe González luso que no tardó mucho en enfriar los ánimos hasta finalmente traicionar las expectativas populares, como no se cansara de denunciar el gran dirigente del Partido Comunista portugués, Alvaro Cunhal, y otros militares de corte revolucionario como Vasco Gonçalves, Rosa Coutinho u Otelo Saraiva de Carvalho, por ejemplo.

Mucho tiempo ha pasado, es cierto. Más tiempo ha pasado desde los idus de marzo, y nos seguimos acordando tanto de estos como de aquella efeméride. Hay quien cree que el tiempo, su paso, lo cura todo y que todo se olvida; pues bien, el tiempo, su paso, cura y no cura nada, y se olvida y no se olvida nada, eso es todo y como todo. En nuestra mano está y de ello depende todo.

Desde este modesto blog sólo queríamos recordar -no vemos su evocación en ninguna parte- aquella fecha donde, al menos, en cierto modo, hubo una ruptura democrática que hizo temblar y temer con un posible efecto contagio a la vecina España con Franco agonizante mientras ya estaban diseñando desde los cuarteles de la CIA y militares españoles la milagrosa «Transición democrática» lampedusiana, es decir, cambiar algo para que todo, o casi todo, siga igual.

Allí, ruptura; aquí, ni eso. Por lo menos, una diferencia cualitativa.

Buenas tardes.

La Unión Europea lava su mala conciencia dando dinero a Turquía

De aquí a julio la Unión Europea entregará 1.000 millones de euros a Turquía para sufragar proyectos que tiendan a mejorar las condiciones de vida de los refugiados sirios en Turquía, según anunció el sábado el comisario europeo Frans Timmermans, que visita aquel país.
Es literalmente así: la Unión Europea no pretende solucionar el problema de los refugiados sino mejorar sus condiciones de vida en esos nuevos campos de concentración, es decir, que sigan siendo refugiados toda su vida.

Junto con Merkel, el Presidente del Consejo Europeo Donald Tusk y otros dirigentes de la Unión Europea, el comisario visitó un campamento de refugiados y un centro de proyección de la infancia en el sur de Turquía, en la provincia de Gaziantep, muy cerca de la frontera con Siria.

Además del circo organizado en una visita tan mediática y propagandística, Timmermans no se privó de largar una de las estupideces mayores que se van escuchar en este siglo: “El mayor desafío que tienen los sirios es la educación”.

No sabemos si se refería a todos los sirios o sólo a los refugiados. Tampoco aclara si considera que la educación de los sirios es “buena” o “mala” (posiblemente esta última) y sólo le faltó decir que ahí estaba el origen de la guerra, por lo que la paz se conseguirá con un buen sistema educativo… en Turquía.

Ciertamente, no hay comentarios que estén a la altura del payaso de Timmermans, salvo que haya pretendido decir que a los refugiados hay que recibirles a tiro limpio, como acostumbra el ejército turco.

Pero el motivo de la visita de los dirigentes de la Unión Europea a Turquía no fueron los campos de
refugiados que hay junto a la frontera con Siria, sino el de entrevistarse con el Primer Ministro turco Ahmet Davutoglu.

El plan alemán no es el cortar el flujo de refugiados que llegan a Europa porque necesita mano de obra barata. Lo que quiere el regular y controlar el número de los que llegan, para lo cual va a adelantar las oficinas europeas hasta Turquía, cuyos funcionarios actuarán como delegados de Schengen en las fronteras avanzadas de la Unión Europea.

La segunda de las estupideces del día llegó cuando Merkel aseguró que Turquía era el “mejor ejemplo” de la manera en que se debe tratar a los refugiados, que fue la manera ridícula de justificar el cheque que le entregaron a Turquía como anticipo de la colaboración mutua.

Por lo tanto, de las declaraciones de sus capitostes se deduce que la Unión Europea no vislumbra el final de la guerra en Siria, ya que tiene intención de instalar escuelas para los niños sirios… en Turquía pagadas con dinero europeo, rodeadas de alambradas, de policías y militares armados hasta los dientes…

¿Por qué no las instala en Siria y entrega el dinero al gobierno de Damasco?

Las deudas agobian a la población ucraniana (y 3)

Pierre Deffontaines

La Constitución y el Código Laboral ucraniano, oficialmente muy protectores del asalariado, son poco respetados en la práctica. Los trabajadores, muy a menudo contratados en negro no pueden confiar más que en la magnanimidad de su empleador para obtener primas, adelantos, vacaciones y ayudas en caso de accidentes. Finalmente, un proyecto de ley destinado a reformar el Código laboral, ha visto la luz. Se apoya en la idea de que una simplificación de las condiciones de contratación y despidos permitirá sacar a la luz una parte de las relaciones laborales sumergida. Prevé principalmente

– disminución de las cargas sociales a la mitad
– despido sin consulta a los sindicatos
– plazos de preaviso en caso de despido y reducción de salarios a la mitad para empresas de menos del 50 empleados
– libertad de constitución de empleo del tiempo entre asalariados y empleadores

Ejerciendo la disminución de derechos, este proyecto de ley contradice abiertamente los derechos constitucionales. Tiene como meta atraer inversores disminuyendo drásticamente los costes laborales. Va en el sentido de la “desregularización de la economía” demandada por el FMI.

Con las sucesivas crisis no solamente bajan los salarios, sino también las condiciones de empleo, y con las mismas todo el sistema de protección social que descansaba en las empresas estatales en la época soviética. Las necesidades de liquidez de los hogares aumentan; tienen que comprar servicios que antes eran gratuitos, mientras que sus ingresos disminuyen.

El descenso de las ayudas sociales (ayuda de urgencia, maternidad, familiar…) duplica las necesidades de los hogares más pobres, para quienes estos ingresos sociales constituían una parte importante de sus ingresos. En 2015 la reducción de ayudas a la maternidad por ejemplo constituye, para muchas mujeres, una reducción a la mitad de sus ingresos personales y una pérdida de ganancia importante para las necesidades familiares. Las mujeres, que están casi siempre a cargo de su hogar y de la producción doméstica, son las primeras en sufrir esa necesidad.

Para la familia Sharshuk, el acceso a los bancos y a los préstamos formales a un mejor interés no está disponible. En el verano de 2014, Pavel y Lyuba buscaron un préstamo para regularizar la deuda que se les hacia insoportable. Pero vieron rechazada esa posibilidad debido a la falta de ingresos declarados. Por otro lado nunca han tenido cuentas en bancos. Esto se acompaña de prácticas agresivas por parte de los bancos, sobre todo hacia los pequeños clientes, más pobres y con menos recursos para defenderse.

En Ucrania la confianza en el sistema bancario es muy débil, lo que se explica a la vez por la situación económica y por el funcionamiento del sistema bancario. Muchas personas perdieron sus ahorros durante la crisis inflacionista de principios de los años 90 y durante la crisis monetaria rusa de 1998.

Bajo la URSS el ahorro era obligatorio: una parte del salario se giraba a una libreta, a falta de poder ser entregada directamente a los trabajadores. A principios de los años 90 el aumento de los precios y la devaluación de la moneda redujeron a la nada los recursos acumulados en el transcurso de vidas enteras. El suceso es de tal amplitud que la compensación de estas pérdidas todavía es un argumento de campaña en los años 2000. Estos precedentes, y la inestabilidad de la moneda nacional ante el dólar, no contribuyen a estimular la confianza hacia el sistema bancario.

Si se ahorra es en dólares. Pero la mayoría de las veces los ingresos monetarios son almacenados en casa en forma de billetes verdes, comprados en el mercado negro. La compra de bienes de consumo duradero son el mejor medio de no perder el dinero ganado.

A ello se añade la dependencia de los capitales extranjeros y la débil regulación del sistema bancario ucraniano. La liberalización de los mercados financieros a partir de 2004 permitió un fuerte crecimiento del ese sistema, aprovechando la afluencia de capital exterior. Esta dependencia del exterior, especialmente notable en el periodo de crecimiento, se convirtió en una debilidad ante la crisis económica de 2008.

Esta crisis llevó a Ucrania a un nuevo endeudamiento con el FMI para salvar su sistema bancario. La primer ministro Julia Timochenko contrató un crédito de 16.000 millones de dólares en 2009 (a un tipo del 2 por ciento y a reembolsar antes de 2014) incluyendo un plan de restablecimiento del sistema bancario. Incluía una disminución de los gastos públicos y la congelación de salarios en la función pública para limitar la deuda del Estado. Para limitar la inflación también preveía la no revalorización de salario mínimo durante dos años. El sistema de regulación de las cuentas de los bancos comerciales depende del Banco Nacional de Ucrania, que suscita regularmente dudas en cuanto a su funcionamiento. Los débiles salarios de los empleados del BNU podrían explicar los esquemas de corrupción en torno al control de las cuentas.

Desde 2014 se han atenuado las reglas referentes a las reservas monetarias y la actividad financiera de los bancos. A finales de 2014 se estableció una moratoria de inspecciones de los establecimientos bancarios y renovada hasta 2015, lo que limita mucho la capacidad de control de las actividades bancarias por parte de los poderes públicos. Las reformas y las prácticas sobre las que se basa la regulación del sistema bancario no se atienen directamente a los programas y a las recomendaciones del FMI y de la Unión Europea. Se basan más bien en acuerdos privados en los poseedores de activos, en un sector casi totalmente en manos de los oligarcas y del que se retiraron numerosos grupos internacionales después de 2009.

Pero la desconfianza no se detiene en la mala salud económica del sistema bancario, sino también en su mala regulación y en las prácticas bancarias para con los clientes. Las relaciones comerciales entre bancos y clientes no surgen de la regulación del sistema bancario sino de la reglamentación de las relaciones mercantiles. Pero estas últimas están en realidad muy poco definidas en Ucrania y también están afectadas por la moratoria antes citada.

El desarrollo del mercado bancario depende esencialmente de la confianza de los potenciales ahorradores. Para desarrollar el sistema bancario y por ejemplo el mercado de la tarjeta de crédito, pese a la falta de confianza de los clientes, se han puesto en marcha diferentes estrategias: la colaboración entre empresas y bancos para el pago de los salarios, o el contrato con el Estado para que las asignaciones lleguen a una cuenta de la que la persona pueda disponer a voluntad. Estas medidas deberían animar a los ucranianos a hacerse clientes de los bancos. Pese a un importante aumento en los años 2000, el porcentaje de bancarización es relativamente débil con relación a los países vecinos. Varía entre el 35 y el 45 por ciento según las fuentes. Si la cooperación entre administraciones, empresas y bancos parece funcionar para que los nuevos clientes abran cuentas, no permite mantener a la clientela que, por la naturaleza de sus ingresos y sus modos de subsistencia se encuentra lejos del sistema bancario. La relación con estos nuevos pequeños clientes es particularmente tensa. En los pueblos son muchos los clientes que declaran haber sido engañados por los bancos.

En la familia Sharshuk, los jóvenes tienen o han tenido una tarjeta y una cuenta bancaria durante sus estudios para recibir las becas del Estado. Olya tuvo también una tarjeta de crédito en el nacimiento de su primera hija para recibir las ayudas del Estado. Según Olya, la posibilidad de recibir las ayudas de maternidad en una cuenta bancaria le permitía evitar el cobro a través de correo. Pasar por el correo tenía la desventaja de ser más lento.

Olya sospechaba también que los carteros se aprovechaban. Más verosímilmente, este uso de la tarjeta bancaria y la autonomía que proporcionaba sea más apreciado que el hecho de recibir ayudas es algo a menudo objeto de discusión sobre su valor y su empleo. Para Olya es un tema de prestigio en su hogar y en su grado de independencia respecto a las ayudas. Las carteras, mujeres del pueblo que no forman parte de su círculo de amistades, podían haber utilizado datos sobre las ayudas que recibía y sobre su alojamiento, en donde ellas se presentaban para hacer entrega del dinero.

Las cosas se complicaron para Olya y Viktor en el momento de ir a cerrar la cuenta tras el final de su baja maternal. Tres años después de este cierre recibieron un aviso, detallando que todavía mantienen una deuda a favor del banco de unos 500 uah con sus intereses por una supuesta suma inicial no pagada de algunos kopeks. Sorprendidos por esta petición, ya que pensaban haber cerrado la cuenta, Olya y Viktor aceptaron pagarla. Tienen miedo de las represalias (pérdida de su alojamiento, enrolamiento de Viktor en el ejército). Aparte del carácter realista o no de estos temores, esta experiencia refuerza su desconfianza respecto al sistema bancario.

La repetición de estas experiencias entre las personas con que me encuentro sugiere prácticas agresivas por parte de los bancos privados hacia una clientela que se les va y que puede ser asaltada. La ignorancia y la desconfianza de los arcanos jurídicos y administrativos de Olya y Viktor les impiden resistirse a esta demanda de pago por parte del banco. Están obligados a pedir prestado a un amigo cercano para pagar la deuda.

El conjunto de estos factores permite situar el endeudamiento de la familia Sharshuk en un contexto mucho más amplio: el de la deuda del Estado ucraniano y las exigencias de sus acreedores, poco adaptados al funcionamiento actual del sistema político y administrativo de Ucrania. Las reformas neoliberales que van unidas a las concesiones de crédito al gobierno (privatización, rebaja de las ayudas sociales, disminución de los gastos del Estado), gravitan sobre todo sobre los hogares mas precarios, los que no conocen más que raramente situaciones de empleo estable y declarado, los que a menudo recurrían a los servicios del estado, y para quienes las ayudas sociales por pequeñas que fueran eran una parte importante de los ingresos. Por otro lado estas personas son las más susceptibles de caer enfermas y tener gastos de salud importantes, por sus condiciones de vida y de trabajo.

Pese a la ausencia de ingresos, los Sharshuk se ven obligados a devolver los intereses cada mes. De ello depende la reputación de su propia familia. El acreedor es una amistad del hermano de Lyuba, que es el único que mantiene contacto con aquel, quien se encarga de la devolución, y a quien no se debe poner en una situación incómoda. El endeudamiento es mucho más que una cuestión material. Las circunstancias de la devolución, como las de la recepción de las ayudas para Olya, comprometen la reputación y la confianza concedidas a la familia y, en su seno, a cada uno de sus miembros. En ausencia de un marco legal, estas relaciones personales entre deudor y acreedores, a las que se añaden aquí relaciones de parentesco, aseguran al acreedor el reembolso y el pago de los vencimientos, pese a la suma exorbitante respecto a los recursos de la familia.

Hoy, Ucrania se ve comprometida en un conflicto militar. Eso implica una movilización de recursos a escala nacional y una rebaja de los gastos en otros sectores. También justifica las rebajas en los presupuestos locales y las reformas de los servicios administrativos. Localmente, esta movilización pesa especialmente los la mano de obra precaria. Se añade a los argumentos de la administración contra las personas que reciben ayudas.

En la familia Sharshuk, Viktor, retrasado en el pago de la pensión alimenticia que debe a su ex mujer, carente de medios, se ve contestado por los servicios sociales por el hecho de que el Estado tiene necesidad de dinero para “defender a la patria”. Ese discurso es más acusador en tanto que Viktor está en el paro, y podría, a los ojos de la administración, alistarse en el ejército. Corren rumores en el pueblo sobre hombres enrolados a la fuerza o a pesar de incapacidades físicas, y designados como voluntarios tras haber sido identificados, por estar sin empleo tras una visita a los servicios sociales (sería el caso del suegro de Olya) o en un control de carretera por una infracción. Aunque sea difícil probar estas relaciones entre los servicios de reclutamiento y los servicios sociales o de policía, las dificultades en encontrar un marco legal a esta movilización militar y los relatos de escándalos en las sucesivas tandas de movilización invitar a creer en lo que se dice en los pueblos.

El análisis de los orígenes de los soldados muertos en el frente sugiere un reclutamiento más intenso en áreas rurales, sobre personas con menor formación y más pobres. La guerra y la política militar llevan a su máximo la estigmatización de los trabajadores pobres y aprietan la presión financiera sobre los hogares más frágiles. Viktor, de nuevo, pide prestado dinero para pagar la pensión alimenticia que debe a su ex mujer, y poder pagar al policía a cargo de su expediente, para evitar otras consecuencias.

Fuente: http://www.mondialisation.ca/de-lendettement-de-letat-a-la-dette-des-menages-en-ukraine/5519783

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