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Día: 8 de abril de 2016 (página 1 de 1)

El yihadismo obliga a revisar la historia del colonialismo

Jacques Bardoux
Así lo afirma Michel J. Cuny en su web (1), recordando el significado último de los millones de personas muertas en la Primera Guerra Mundial, es decir, sacrificadas en pro de un nuevo reparto del mundo.

Continúa relatando Cuny que aquella guerra despedazó al Imperio Otomano y que sus despojos fueron devorados por el Tratado Sykes-Picot, firmado en 1916, sólo dos años después de que se apagara el estruendo de la última batalla.

Los británicos (Sykes) y los franceses (Picot) dibujaron en secreto el mapa de Oriente Medio tal y como ahora lo conocemos. En aquel momento nadie se enteró siquiera de su existencia. Entonces se llamaba “diplomacia secreta”, como si hubiera alguna diplomacia imperialista que no lo fuera.

Pero tuvieron mala suerte porque sólo un año después estalló la Revolución de Octubre que sacó la mierda flote para que el mundo tuviera que taparse la nariz con pinzas.

Los periodistas deberían estar interesados -casi tanto como los obreros- en otra Revolución como aquella. Ese tipo de cambios histórico-sociales -y no montajes como los “Papeles de Panamá”– son los que permiten que el mundo se entere de lo que ocurre realmente.

El francés que firmó el acuerdo, Picot, tenía una hermana de nombre aristocrático, Genoveva Henriqueta Jorge, que se casó con Jacques Bardoux.

La idolatrada República francesa es lo más parecido que puede haber a una monarquía. En 1936, cuando allá gobernaba el Frente Popular, Bardoux inició una campaña para acusar al Partido Comunista de preparar un golpe de Estado y empujar a Francia a una guerra contra Alemania para beneficiar a la URSS. En otras palabras: acusaba a los comunistas de pretender hacer lo que hizo la burguesía. Con la ayuda, entre otros, de Bardoux, una parte de la burguesía francesa dio un golpe de Estado y entregó el poder a los fascistas, mientras que la otra acabó luchando contra Alemania.

Luego el fascista Bardoux fue uno de los padres fundadores de la V República y su nieto Valery Giscard d’Estaing se convirtió en Presidente de esa misma República en 1974 (2), mostrando una enorme preocupación por retirar a los antifranquistas españoles (y vascos) el estatuto de refugiados políticos, como hoy se lo niegan a los sirios.

Tras el cambio de siglo, en Francia siguen gobernando los mismos. Los mismos que firmaron el Tratado Sykes-Picot, han destrozado Libia, aunque sigamos sin conocer los detalles que nos gustaría. Si una revolución proletaria no lo impide, tendremos que esperar 100 años, cuando la política se haya convertido en historia y ese tipo de anécdotas sólo interesen en las facultades universitarias.

Sabemos cuatro cosillas del trazo grueso, lo suficiente para observar el paralelismo entre las revueltas árabes contra el Imperio Otomano, azuzadas por los imperialistas franco-británicos, y la Primavera Árabe un siglo después.

Para que se levantaran, los imperialistas prometieron a los árabes un único Estado, que jamás tuvieron ocasión de edificar porque a Londres y París, lo mismo que hoy a Washington, le gusta el minifundismo, países del tamaño aproximado de Luxemburgo. Es lo que propusieron Sykes y Picot en 1916 y es lo que propone hoy el Plan Yinon.

Pero no basta dividir para dominar; desde siempre el colonialismo tuvo que asegurar sobre qué virreyes locales asentaba su dominación, que recayó en el wahabismo y las corrientes más reaccionarias del mundo islámico, que ellos se encargaron siempre de alimentar. ¿Quieren conocer el origen del yihadismo? Busquen en algún archivo de Londres, París o Washington… dentro de 100 años.

Marx diría que la historia se repite, aunque una vez vestida de tragedia y la otra de farsa.

(1) http://unefrancearefaire.com/2016/04/06/quand-daesh-nous-oblige-a-relire-lhistoire-coloniale-de-la-france/
(2) http://www.agoravox.fr/tribune-libre/article/parmi-les-petites-mains-du-168525

Los ‘boinas verdes’ iraníes llegan a Alepo

Según informa la agencia iraní Machrek, el martes llegaron a Hader, al sur de Alepo, fuerzas especiales iraníes para unirse al ejército regular sirio para liberar a la ciudad de las milicias de Al-Nosra que la tienen cercada.

Las tropas iraníes, llamadas “boinas verdes” pertenecen a la Guardia de la Revolución y, a petición del gobierno de Damasco, participarán en la ofensiva contra la franja que separa a la provincia de Alepo de Idlib, según declaraciones a la agencia iraní Tasnim del general iraní Ali Arasteh.

La aviación rusa está castigando las defensas yihadistas con intensos bombardeos aéreas, mientras las fuerzas asaltantes esperan la llegada de más refuerzos.

90 milicianos de Al-Nosra han llegado al barrio de Achrafia, en Alepo desde Bchantara, lo que según fuentes rusas procedentes de la base de Hmeimim, podrían indicar un ataque a gran escala para impedir la ruptura del cerco de Alepo.

Los barrios residenciales de Alepo llevan varios días sometidos a un intenso fuego de artillería procedente de las posiciones de Al-Nosra. Las localidades de Braïj-er-Rikh y Handarat han quedado muy afectadas por los obuses yihadistas.

En las últimaas 24 horas Al-Nosra ha lanzado cinco ataques con mortero desde Mukheim Handrat. Appoyados por tres tanques y 20 vehículos equipados con metralletas pesadas, también han atacado las posiciones kurdas en Achrafia y Ash-Chababi, en el barrio de  Cheikh Maksoud.

A causa de ello han fallecido 18 civiles, comprendidos los niños, así como 11 miembros de las YPG y otras 36 personas han resultado heridas.

La profunda hipocresía tras el ‘escándalo’ de los ‘Papeles de Panamá’

En referencia a los “Papeles de Panamá” el periodista francés Thierry Meyssan habla de la “Doctrina Romer”, el intento de reconducir al capital financiero mundial hacia Estados Unidos y sus aliados más próximos.

Es algo extraordinariamente curioso porque en casi todos los comentarios sobre esos “papeles” lo que más destaca es la animadversión generalizada hacia el capital financiero, los bancos, los paraísos fiscales, las SICAV, las cuentas opacas, etc., a las que se asocia la ilegalidad, el crimen, el dinero negro y la corrupción. Quien oculta algo es porque está manchado por algún tipo de remordimiento.

Desde la Edad Media las religiones cristianas han condenado al capital bancario como usurario. El desprecio por los fondos buitre es ya milenario. Se trata de una teoría económica con un componente religioso que considera el interés del dinero como un pecado, mientras que no opina lo mismo de la plusvalía.

El mundo admite a los “emprendedores” pero no a los especuladores, aunque los usureros y los banqueros nunca han estado de acuerdo con estas teorías religiosas y económicas, por motivos que son más antropológicos que económicos. En un banquero vemos a un judío y en un judío a un banquero avaricioso, con su barba de chivo contando sus monedas en un rincón. Si los banqueros no son judíos, se parecen mucho a ellos.

Los usureros están en minoría y ven peligrar sus capitales. Ya les ocurrió en otras épocas, cuando prestaban dinero al Estado y el Estado no les podía devolver el capital principal ni los intereses. La solución era la expropiación. El Estado pinchaba la burbuja y la hacía desaparecer como por ensalmo, o hacía desaparecer a los prestamistas expulsándolos del país por ser “extranjeros” (judíos). Conducidos al destierro, es casi natural que los banqueros (y los judíos) busquen el cielo, y si no lo encuentran, por lo menos se conforman con un paraíso terrenal (fiscal) que les trate con un poco de consideración.

Es todo mentira. Nadie está contra los paraísos fiscales sino al revés: todos los países querrían ser un paraíso fiscal. Si los 40 billones de dólares que hay en los paraísos fiscales entraran en la bolsa española, nuestros políticos y periodistas hablarían en otro tono, bien diferente. A cada paso les escuchamos implorar la necesidad de preservar la “Marca España” para que los extranjeros (sólo los que tengan dinero, ojo) vengan a sacarnos de la crisis con sus divisas. El Banco de España y la CNMV nunca preguntan por el origen del dinero, que es de color negro si está en Panamá y se convierte en blanco si está en el Ibex-35.

No conviene, pues, generalizar. El dinero puede ser malo, pero también puede ser bueno. Es malo cuando se va y es bueno cuando viene. En el capitalismo el instrumento más preciso para medir la ética y la moral es la balanza de pagos.

Más información:
Acabar con el capitalismo acabando con los tipos de interés:
https://mpr21.info/2016/03/acabar-con-el-capitalismo-acabando-con.html

Las privatizaciones del gobierno ruso

Yegor Gaidar, ex ministro de Economía de Yeltsin
Karine Bechet- Golovko

Para ajustar el presupuesto, la idea de las privatizaciones se ha apoderado de nuevo del gobierno ruso. Sin gran originalidad, el mismo esquema se empleó en los años 90 por Yeltsin y su entorno, “demócrata”, “liberal” y “pro- europeo”. Fue la época en que las “élites” pusieron a Rusia a hacer la calle, prostituída en nombre de la democracia. No estoy hablando de Ucrania, sino de Rusia. La de los años 90, tan querida por Occidente. Y tan añorada. Y con motivos; veámoslo más en detalle.

La privatización no es un instrumento económico ni presupuestario. Es un instrumento ideológico. Se trata de sacar de la esfera estatal las empresas estratégicas o económicamente interesantes. Porque, por principio, una empresa que no presenta ningún interés, bien en el plan económico bien en el aspecto estratégico, nunca podrá encontrar comprador en el mercado interior o internacional.

Para protegerse, es cierto que es posible poner como condición la inversión interior. Pero, ¿qué impedirá la reventa? ¿Y al cabo de cuanto tiempo, aunque esté condicionada, será autorizada? No puede llevarse a cabo una prohibición eterna. Por consiguiente, la protección es solamente temporal.

La privatización, en tiempos de crisis, se supone que permite al Estado cumplir el presupuesto. Pero vendiendo empresas interesantes, pierde también los ingresos regulares. Y los pone a la venta en un mercado que no está en su mejor momento, lo que limita automáticamente las posibles ganancias inmediatas.

Por tanto, si se descarta la incompetencia, el objetivo es otro. Y en este caso, la privatización es un instrumento en primer término ideológico. Como lo declaraba A. Chubais, en su “juventud política”, las privatizaciones yeltsinianas se hicieron para poner punto final al comunismo. Poco importaba el precio. Poco importaba el comprador. Se trataba de matar el comunismo, y para ello, vaciarlo de su sangre. Matar el tejido económico comunista fundado sobre la producción industrial y la agricultura. Sobre la economía real de un modo real. Llevando  así a la gente al desempleo, gentes cuyas competencias son inútiles en una economía de servicios post moderna. Y, de esa manera, matar la fuerza vital de resistencia en la población.

La economía de rodillas, la población lo mismo. El país también. Todos haciendo cola ante el MacDonald. La democracia tiene un precio. Gaidar, padre espiritual de este “liberalismo”, hablaba de “terapia de choque”. Ni Ucrania ha inventado nada, ni tampoco hemos aprendido nada.

Sobre esta cuestión os aconsejo encarecidamente la excelente emisión de N. Mijalkov, quien se pregunta sobre el período Yeltsin, con ocasión de la apertura del enorme edificio a la gloria del “padrecito de la democracia rusa”. Una reflexión que da escalofríos, con la reescritura de la historia rusa como fondo. Ahí están, por lo que concierne a las privatizaciones, algunos elementos interesantes.

Lo esencial de la producción industrial fue privatizada por Yeltsin; 261 empresas militares. La compañía norteamericana Nick and Co. Corporation, por si sola, tomó el control de 19 de ellas.

No fue difícil adquirirlas, estando literalmente regaladas. Era necesario librarse de ellas, rápidamente y a cualquier precio. El más bajo posible, así el Estado pierde los beneficios de las empresas, no pudiendo compensar sus pérdidas por una entrada de dinero significativa.

De la venta de empresas, cuyo valor mercantil se estimaba en más de un billón de dólares, el Estado ruso percibió 7.200 millones de dólares.

Por ejemplo,

– la fábrica metalúrgica de Samarsky fue vendida por 2,2 millones de dólares
– la fábrica de automóviles Ljatcheva por 4 millones de dólares
– Uralmach, con sus 34.000 empleados por 3,72 millones de dólares
– la fábrica metalúrgica de Cheliabinsk, con 35.000 empleados, por 3,73 millones
– la fábrica mecánica de Kovrovsky (que producía armas para toda la policía, ejército y  servicios especiales) fue vendida por 2,7 millones de dólares
– o la fábrica de tractores de Cheliabinsk, con 54.000 empleados vendida por 2,2 millones

Ingleses, alemanes y norteamericanos, principalmente, obtuvieron minorías decisivas en las mayores empresas estratégicas de los sectores de la construcción de motores y aviones rusos (Tupolev, MIG). La empresa Siemens tomó el control de la fábrica que producía los equipamientos para los submarinos rusos nucleares.

Ni siquiera el Tribunal de Cuentas dejó sin destacar la amplitud del ataque a la seguridad nacional. Subrayaba que la privatización permitió poner bajo control extranjero las mayores empresas rusas militares estratégicas.

Si ese no era tal vez el fin perseguido, fue en cualquier caso el fin alcanzado.

El Estado permanecía presente. Conservaba alrededor del 14 por ciento de la participación, lo que no le permitía ni influir sobre la política de la empresa.

Por ello, cuando los grandes “liberales” del gobierno se ponen a hablar de privatizaciones, necesariamente surgen sospechas.

Debe aparecer una “lista” de empresas a privatizar en 2016, declara el ministro de Economía. En la cual debiera figurar, por ejemplo, las mayores empresas del sector petrolífero, como Rosneft o Bachneft. Esta vez son las materias primas las que están en el punto de mira. Pero, rápidamente, el portavoz del Kremlin calma el juego; no hay lista definitiva, todo se discutirá. Y el Presidente reenviará al Gobierno la tarea para proteger mejor los intereses nacionales.

Porque, efectivamente, ¿es este el momento? Los puntos de vista son compartidos, incluso en el Gobierno, entre el clan, de hecho neoliberal y los liberales. El vice primer ministro, Y. Trutnev cuestiona la bondad del enfoque del ministerio de Finanzas a propósito de la privatización de Alrosa, concretamente. Hay que decir que Alrosa es un grupo ruso muy interesante. Ocupa el primer lugar del mundo en la extracción de diamantes.


En cifras, Alrosa posee el 97 por ciento del mercado interior ruso, y el 27 por ciento de la producción mundial de diamantes. Es tentador. ¿Pero es del interés público? Me refiero al interés del país, el interés defendido por el Estado. Las dudas se formulan de forma expresa:

“Vender es posible. Pero vender ahora, en un mercado en descenso ¿Por qué, con que fin? ¿No puede esperar? ¿No tenemos medios para esperar? Esto no es verdad, podemos esperar”, ha declarado, denominando a esta iniciativa “extraña”. Según la estimación de Trutnev, el Estado puede recibir en dos años de la compañía los beneficios netos que obtendría de la privatización de sus acciones. “Los colegas del ministerio de Finanzas contemplan todas las posibilidades para cuadrar los presupuestos, causa de que esta discusión continúe. Ya veremos que decisión tomará la cabeza del país”.

Ciertamente, la historia es un eterno reinicio. Especialmente porque se olvida demasiado rápido.

Fuente: http://russiepolitics.blogspot.com.es/2016/03/les-privatisations-russes-un-instrument.html

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