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Día: 12 de marzo de 2016 (página 1 de 1)

Rusia y Francia se disputan la construcción de una central nuclear en Argelia

En Argel, Rusia y Francia andan a navajazos. Ambos países redoblan sus esfuerzos para concluir con Argelia el contrato de construcción de la primera central nuclear, que deberá entrar en servicio de aquí a 2026.

Hasta ahora París parecía estar bien posicionado, tras haber tratado directamente con Said Buteflika, desplazado a París antes del inicio de la campaña electoral para el cuarto mandato de su hermano, el presidente Abdelaziz. En el Elíseo, Said Buteflika aseguró que Argel favorecería a Areva para la construcción de su primera central nuclear. A cambio, El Elíseo garantizaría su apoyo al clan presidencial.

Pasan los meses, y Francia descubre con asombro que Argel ha reiniciado las negociaciones con Moscú para avanzar en ese ambicioso proyecto, cuyo presupuesto se cifra en muchos miles de millones de dólares.

Todo comienza el pasado 2 de marzo, cuando los portavoces se encuentran en el marco de la primera sesión del Comité conjunto ruso-argelino de coordinación y cooperación  sobre usos pacíficos de la energía atómica.

Este Comité ha estado copresidido por Mahamed Derdur, del Comisariado de Energía Atómica argelino (COMENA) y el director del departamento de asuntos internacionales de Rosatom, la agencia rusa de energía atómica, Nicolai Drozdov. Al término de estas discusiones los rusos han conseguido un precioso logro de las negociaciones. Sergei Kirienko, director ejecutivo de Rosatom, ha confiado a sus acompañantes en Argel que el inicio de consultas sobre la construcción de una central nuclear en Argelia es una realidad.

Rusia por tanto gana puntos, adelantando a Francia en este asunto estratégico. Sin embargo, nada es definitivo aún, y AREVA no se declara vencida. Portavoces oficiales del Palacio de El-Muradia y del Elíseo tratarán próximamente sobre el tema, se ha sabido de fuentes fiables. Y todo indica que Francia aún dispone de muchos recursos para convencer a los Buteflika de llegar a un acuerdo. El tema continuará.

Fuente: http://www.mondafrique.com/bataille-franco-russe-premiere-centrale-nucleaire-algerienne/

Estados Unidos masacra a 150 personas en Somalia

Glenn Greenwald

El 8 de marzo Estados Unidos utilizó drones y aparatos tripulados para bombardear y atacar con misiles Somalia, quitando la vida al menos a 150 personas. Como habitualmente, el gobierno de Obama afirmó que los muertos era “terroristas” y militantes, miembros del grupo somalí de Al Shabab, sin proporcionar pruebas que apoyen la afirmación.

Sin embargo, la mayoría de medios norteamericanos contenían únicamente las declaraciones de los funcionarios de Estados Unidos sobre lo ocurrido, transmitida acríticamente y sin dudas sobre su exactitud. Los “luchadores… muertos se habían reunido para los que los representantes norteamericanos creen que era una ceremonia de graduación, preludio de un ataque inminente contra tropas norteamericanas”, recogía el New York Times. Y así se escribe la historia oficial. Los terroristas estaban en aquel momento “graduándose”, recibiendo sus títulos de terroristas, dispuestos a atacar a las tropas norteamericanas, cuando Estados Unidos los mataron.

Utilizando este patrón de afirmaciones, una gran cantidad de gente que no tiene absolutamente ni idea de quién resultó muerto, quedan convencidos de que se lo merecían. Como mi colega Murtaza Hussein dijo de los 150 muertos: “No sabemos quiénes eran, pero felizmente todos eran malos”. Para los descerebrados autoritarios, las palabras “terrorista” y “militante” no tienen mas significado que el de ser alguien que muere cuando mi gobierno tira bombas, o, como mucho, un “terrorista” es cualquiera que mi gobierno me dice que es un terrorista. Miren cuanta gente hoy apoya este ataque afirmando que “terroristas” y “militantes” fueron muertos utilizando esas etiquetas, a pesar de que no tienen absolutamente ni idea de quien resultó muerto.

Aparate de estar por encima de la media de la tasa de muertos, este asesinato masivo es un hecho increíblemente común bajo la presidencia del laureado con el Premio Nobel de la Paz en 2009, quien, hasta ahora, ha bombardeado siete países predominantemente musulmanes. Como ha informado Nick Turse en The Intercept, Obama ha extendido de forma agresiva el sigiloso programa de drones y guerra secreta en África.

Es improbable que este concreto crimen masivo reciba mucha atención en Estados Unidos, debido a 1) la típica obsesión en época electoral sobre la carrera presidencia y graves materias como el tamaño de las manos de Donald Trump; 2) la extendida indiferencia de los demócratas respecto al asesinato de extranjeros si no hay algo que ganar respecto a los rivales simulando preocupación; 3) la invisibilidad de lugares como Somalia, y la consiguiente devaluación del valor de la vida allí; y 4) la total normalización del modelo según el cual el presidente de Estados Unidos mata a quien quiere y donde quiere, sin contemplar leyes, procesos, responsabilidad o pruebas.

A pesar de la ausencia de atención, el bombardeo del día 8 y las reacciones a ello resaltan bastantes puntos importantes:

1) Estados Unidos no está en guerra en Somalia. El Congreso nunca ha declarado la guerra a Somalia y autorizado el uso de fuerza militar. Dejando aparte por el momento la moralidad y la ética, ¿que autoridad legal posee Obama para bombardear ese país? Asumo que estaremos todos de acuerdo en que el presidente no tiene permiso para ir por ahí matando gente que sospeche que son “malos”: se necesita algún tipo de autoridad legal para realizar las ejecuciones.

Desde 2001, el gobierno de Estados Unidos ha justificado legalmente su bombardeo-donde-y-cuando-quiero en la Autorización para el Uso de Fuerza Militar (AUMF según sus siglas en inglés), autorizada por el Congreso a raíz del 11 de septiembre para el ataque contra Al-Qaeda y sus fuerzas “asociadas”. Pero Al Shabab no existía en 2001, y no tiene nada que ver con el 11 de septiembre. El grupo no ha intentado nunca atacar Estados Unidos, sino que por el contrario, como Charlie Savage del New York Times indicaba en 2011, “se centra en una insurgencia localista en Somalia”. Como resultado, informaba Savage, ni siquiera “el [gobierno de] Obama considera a Estados Unidos en guerra con ningún miembro de Al Shabab”.

Por el contrario, según el gobierno de Obama, algunos específicos miembros veteranos de Al Shabab pueden ser considerados enemigos combatientes bajo el AUMF solamente si se adhieren a la ideología de Al Qaeda, están “integrados” en su estructura de mando y podrían desarrollar operaciones fuera de Somalia. Esa es la causa de porqué el gobierno norteamericano alegaba que la gente que mató iban a lanzar ataques contra soldados de Estados Unidos: porque, incluso bajo su propia perspectiva increíblemente expansiva de la AUMF, sería ilegal matar a alguien basándose simplemente en que eran miembros de Al Shabab, y el gobierno necesita una coartada de autodefensa para justificar eso legalmente.

Pero incluso bajo la teoría de la “autodefensa” invocada por Estados Unidos, se permite, bajo sus propias directrices promulgadas en 2013, el uso de fuerza letal fuera de una zona de guerra (por ejemplo, Afganistán) “solamente contra un objetivo que plantee una amenaza continuada e inminente para ciudadanos de Estados Unidos”. Tal vez estos terroristas se disponían a atacar a las tropas estacionadas en la zona, nada mas echar para atrás la borla del birrete de graduación; pero, nuevamente, no hay literalmente ninguna prueba de que nada de eso sea verdad.

Dado lo que está en juego, concretamente la conclusión de que la muerte de 150 personas por Obama es ilegal, ¿no debiera ser una exigencia ver pruebas de que las afirmaciones de su gobierno son efectivamente verdad? ¿Fueron todos los muertos realmente terroristas y miembros de Al Shabab? ¿Iban realmente a realizar algún tipo de ataque inminente y peligroso contra personal de Estados Unidos? ¿Se contentaría cualquiera con creer ciegamente las afirmaciones auto justificativas del gobierno sobre estas cuestiones sin ver antes evidencias?  Si la voluntad es pedir excusas ¿por qué no se quiere ver ninguna prueba? ¿por qué posiblemente se piensa que se sabe lo que ha sucedido (a quien se mató y bajo que circunstancias), cuando todo lo que se tiene son afirmaciones concluyentes y sin pruebas, procedentes de los que efectuaron las muertes?

2) Hay numerosas y sólidas razones para ser escéptico ante las afirmaciones del gobierno de Estados Unidos respecto a quién mata en los ataques aéreos. Para empezar, el gobierno de Obama ha modificado formalmente el significado del  término “militante”: es “todo varón en edad militar en una zona atacada”, a menos que “haya una explícita demostración póstuma que demuestre que eran inocentes”. En otras palabras, el gobierno de Estados Unidos presumiblemente contempla a cualquier varón adulto que mate como “militante”, a menos que luego surjan pruebas de que no lo era. Es un simple y manipulador elemento de propaganda, y nada más que eso.

Más allá de esto, los propios documentos gubernamentales demuestran que en la inmensa mayoría de los casos (9 de cada 10) muere gente que no figura en los objetivos pretendidos. El pasado abril, el New York Times publicó un artículo bajo el titular “Los ataques con drones, una verdad incómoda. Estados Unidos no saben quien muere”. Citaba al académico Micah Zenko, quien decía que “la mayoría de los individuos muertos por drones no figuran en la lista mortal, y el gobierno no conoce sus nombres”.

Además, el gobierno ha sido reiteradamente cogido en mentira respecto a la identidad de las víctimas de sus bombardeos. Como el artículo del New York Times de abril indicaba “toda investigación independiente de los ataques ha encontrado muchos mas daños civiles de los que admiten los funcionarios de la administración”.

Dado esta clara muestra de engaño deliberado, ¿por qué debería cualquier persona racional tragarse ciegamente las afirmaciones sin prueba del gobierno estadounidense sobre a quien está matando? Para decirlo suavemente, sugiere un extremo escepticismo. (Tras las críticas recibidas por su escritura al dictado, al menos la narración del New York Times incluía la siguiente frase sobre el comunicado del Pentágono respecto a quien mató: “No hubo un método independiente de verificar las afirmaciones”.)

3) ¿Por qué tienen Estados Unidos tropas en esta parte de África? Recordemos que incluso el gobierno de Obama dice que no está en guerra con Al Shabab. Consideremos la circularidad del razonamiento. Estados Unidos, como todos los países, tiene obviamente un legítimo interés en proteger a sus tropas de ataques. Pero ¿por qué tienen tropas que necesitan protección? La respuesta: las tropas están ahí para operar bases de drones y atacar a gente a la que se considera una amenaza. Pero si no estuvieran ahí, estos grupos no serían una amenaza para ellos.

En resumen: necesitamos tropas en África que lancen ataques de drones a grupos que están atacando a tropas en África. Es el círculo autoalimentado del imperialismo. Necesitamos desplegar tropas en otros países para atacar aquellos que intentan atacar a tropas norteamericanas que están allí desplegadas.

4) Si usted es un norteamericano que ha vivido bajo la guerra contra el terrorismo, es fácil olvidar lo extrema que es esta conducta. La mayoría de países del planeta no van rutinariamente por el mundo dejando caer bombas y matando a docenas de personas en otros muchos países, y mucho menos en países con los que no están en guerra.

Pero para los norteamericanos esto es algo ahora perfectamente normalizado. Vemos a nuestro presidente investido con el derecho divino, intrínseco, basado en la excepción norteamericana, a condenar a cualquiera identificado como “Los Malos”, y luego, sin juicio, sin proceso, sin responsabilidad, se ordena matarlos. Es el Juez Global errante, Jurado, y Ejecutor. Y no vemos nada perturbador ni peligroso ni siquiera extraño en ello. Se nos ha inculcado la visión del mundo que un niño de seis años tiene ante los dibujos animados: hay que matar a Los Malos, y sanseacabó.

Así que el otro día el presidente mató a unas 150 personas en un país con el que Estados Unidos no está en guerra. El Pentágono dio a conocer una plantilla de cinco frases declarándolos “terroristas”. Y no hay mucho más. En el espacio de horas, todos estaremos listos para olvidarnos de todo y seguir adelante, satisfechos con el convencimiento, sin ni siquiera un ápice de prueba o información sobre los muertos, que el gobierno y el presidente hicieron lo correcto. Vaya una audiencia pacificada y unos medios maleables que tenemos.

Fuente: http://www.informationclearinghouse.info/article44394.htm

La OTAN quiere crear otro Estado fantoche más en los Balcanes

Wayne Madsen

Si la Unión Europea y la OTAN consiguen sus fines, la provincia serbia de Voivodina se fusionará con Kosovo. Para refrescar la memoria, Kosovo fue arrebatado a Serbia por la Unión Europea y la OTAN para constituir un Estado étnico albanés, dirigido por la organización terrorista denominada Ejército de Liberación de Kosovo. Voivodina se perfila de ahora en adelante como el próximo Estado independiente fantoche en los Balcanes.

Tras asistir a la total invención de la provincia de Kosovo por parte de las tropas de la OTAN, siguiendo las maquinaciones de la Unión Europea, Serbia está hoy a punto de perder la provincia de Voivodina, en las fértiles llanuras del Danubio, por cuenta de los manipuladores de fronteras de Bruselas. Si nos fiamos de los últimos comentarios del antiguo subsecretario general de la OTAN a cargo de la diplomacia y nuevamente elegido presidente croata Kolinda Grabar-Kitarovic, Croacia será el próximo baluarte de la OTAN, que prevé impedir el control de Voivodina a Serbia.

Objetivo de la operación: crear una “tierra de acogida” independiente, pluriétnica y multilingüe, para húngaros, gitanos, eslovacos, croatas y rumanos, así como para refugiados albaneses transportados recientemente en autobús a la región por la Unión Europea desde el sur de la antigua Yugoslavia.

Los medios financiados por Soros y las ONG hablan ya de Voivodina como el “Kosovo húngaro”, aunque la población de la provincia está constituida por un 66% de serbios. Con 25 grupos étnicos presentes, Voivodina es la región que presenta la mayor diversidad étnica de Europa. Para los planificadores de guerras de la OTAN y los especialistas en ingeniería demográfica de Soros, Voivodina ofrece un terreno fértil para los conflictos étnicos y la continuación de la “balcanización de los Balcanes”.

Los húngaros representan solamente el 13% de la población, los croatas un 2,7% y los eslovacos un 2,6%. Soros y los manipuladores de los medios neoconservadores han apelado a que Voivodina representa una tierra de acogida para el pueblo gitano (“rom”). Sin embargo, los roms no representan más que el 2,1% de la población. Los proyectos irredentistas rumanos respecto a Voivodina son risibles, cuando se sabe que los rumanos no representan más que un 1,3% de la población. Los bunjevci (cercanos a los croatas) y los rutenos, por su parte, representan solamente una ínfima parte.

Tras la victoria (por un 50 contra un 49%, resultado “apañado” por George Soros, según algunos) sobre el presidente Ivo Josipovic, Grabar-Kitarovic no perdió el tiempo arrojando el guante a Serbia en su discurso de victoria. Se ha declarado dispuesta a pelear por la autonomía de los croatas de Voivodina, mensaje codificado que implica su apoyo a la secesión de esta región serbia. Kolinda Grabar-Kitarovic ha anunciado también su intención de restaurar las estrechas relaciones con Alemania. No es una sorpresa para quien conozca los lazos históricos que unen a su partido, la Unión Democrática croata (HDZ), con los ustachis nazis croatas, que instalaron un gobierno fantoche al servicio del Tercer Reich.

El irredentismo de Grabar-Kitarovic respecto a los croatas de Voivodina, especialmente de la mayoría croata del distrito de Srem, pero también de Herzegovina, constituye lo que podría denominarse en la Croacia de hoy día un “neo-ustachismo”; en otras término, un extremo nacionalismo.

Grabar-Kitarovic apenas ha considerado la decisión recientemente tomada por el Tribunal Internacional de La Haya, rechazando la acusación de Croacia según la cual Serbia hubiera cometido un genocidio durante la guerra de 1991-1995 entre Croacia y la ex república Federal de Yugoslavia, entonces dominada por Serbia. El Tribunal Internacional ha rechazado igualmente la contrademanda de Serbia contra Croacia, suscitada por las acusaciones de genocidio por las fuerzas croatas, apoyadas por mercenarios norteamericanos durante la Operación Tempestad. La guerra-relámpago de las fuerzas croatas y sus consejeros estadounidenses contra la República Serbia de Krajina, en el este de Croacia, tenía por fin la depuración étnica de la población serbia.

Para dar otro ejemplo de los estrechos lazos entre los neonazis y el sionismo, la consejera política de la presidenta Grabar-Kitarovic, jefe del equipo de transición, no es otra que la cineasta documentalista Jadranka Juresko Kero. También es otro implante de los Estados Unidos en las estructuras de gobierno de Europa del este, y apoya encarnizadamente a Israel y la causa sionista. Juresko Kero reside en el Upper Side de Manhattan desde 1999. Está casada con Domagoj Kero, antiguo cónsul general de Croacia en Nueva York. Se sabe que si el HDZ vence en las próximas elecciones parlamentarias, Grabar Kitarovic desea que Juresko Kero sea su primera ministra.

El país estaría entonces gobernado por un dúo femenino. Cuando era embajadora en los Estados Unidos, Grabar-Kitarovic favoreció acuerdos comerciales entre la gran sociedad croata de productos alimenticios Podravka y los distribuidores norteamericanos, entre otros, de gulasch de buey y paté de pollo. Como todo es casual, la rama norteamericana de Podravka está precisamente dirigida por el marido de Juresko Kero, Domagoj Kero.

Grabar-Kitarovic y sus aliados neoconservadores extienden en Voivodina, con creciente insistencia, la idea de que la región nunca ha sido serbia, sino que antes de la Primera Guerra mundial formaba parte del Imperio Austro Húngaro. Repitiendo el montaje de Ucrania oriental tras el golpe de Estado fomentado conjuntamente por neonazis y sionistas contra el gobierno elegido democráticamente de Victor Yanukovitch, la lengua serbocroata y el alfabeto cirílico se ven ahora eclipsados en Voivodina, buscando los no serbios etiquetar la provincia como una nación germano-húngara, empleando el alfabeto latino. Los separatistas se benefician del apoyo no disimulado del primer ministro nacionalista húngaro Victor Orban y del nuevo presidente rumano perteneciente una etnia alemana, Klaus Iohannis.

Todo indica que Voivodina es el próximo objetivo de la alianza neoconservadora de George Soros. La Unión Europa está transfiriendo albaneses de Kosovo, de Macedonia y de Montenegro a  Voivodina. Al llegar a Novi Sad, principal ciudad de Voivodina, los representantes de la Unión Europea dan 35 euros a los albaneses para repartirse por la provincia y reivindicar el derecho de residencia permanente. Según el último censo efectuado en Voivodina, el número de musulmanes se elevaba a 3.360. En cualquier caso, el trasplante por parte de la U.E. de albaneses musulmanes procedentes de otras regiones de la ex Yugoslavia se orienta claramente a la alimentación de una rebelión a favor de la independencia, a ejemplo de lo sucedido en Kosovo.

En Voivodina, todas las organizaciones de Soros y de tipo neoconservador se muestran extremadamente activas. Destaca la National Endowment for Democracy, y la Open Society Institute, de Soros. Boja Pajtic, presidente del gobierno regional de Voivodina, y que habla con fluidez húngaro e inglés, se encuentra como pez en el agua entre los agentes de las ONG financiados por Soros y la CIA en la provincia. Estos mismos agentes cooperan estrechamente con la subsecretaria de Estado para Asuntos Europeos, Victoria Nuland, la misma que ha guiado a Grabar-Kitarovic hacia la victoria en Croacia, y están dispuestos a lanzar a los provocadores profesionales llegados recientemente de Rumania, Hungría, Albania y de los campos de roms de los Balcanes en una guerra de independencia para Voivodina.

Si el escenario se inspira en el de Ucrania, es imaginable que lo que Nuland y sus neoconservadores tienen en mente para Voivodina es la expulsión de los serbios, a fin de disponer de un país que sea sede de las compañías petrolíferas y gasisticas occidentales, deseosas de las explotar las reservas de hidrocarburos del sector de Banat, en la parte oriental de Voivodina.

Serbia se vio amputada de Kosovo con el fin de que un oleoducto atravesara los Balcanes y para ofrecer a los Estados Unidos una base militar permanente, Camp Bondsteel. Hoy, la independencia de Voivodina ofrecerá la OTAN un suministro estable de petróleo y gas natural de Banat, y el fértil valle del Danubio para la producción de alimentos genéticamente modificados. A ejemplo de Ucrania, el complejo militar-industrial occidental se interesa por Voivodina debido a la posibilidad de extracción de hidrocarburos mediante fractura hidráulica, entregando la agricultura a Monsanto.

Los que se está llevando a cabo en Voivodina no más que ingeniería demográfica. Los esfuerzos se centran en marginar a la población serbia de Voivodina, utilizando el mismo método que con los serbios residentes antes en los enclaves Zubin Potok, Zvečan, Kosovska Mitrovica y Leposavic, en el norte de Kosovo, que la Unión Europea se apresura a olvidar para poder declarar Kosovo como Estado albanés independiente.

Hoy, la OTAN y otros provocadores occidentales llevan las ciudades ucranianas de Lugansk, Donetsk y Mariupol a las primeras páginas de los diarios, como escenarios de muerte. Si los rabiosos neoconservadores como Grabar-Kitarovic, Juresko Kero y Nuland alcanzan sus fines, los baños de sangre del futuro llevarán el nombre de las ciudades situadas en las zonas de divisiones étnicas de Voivodina, como Novi Sad, Sremska Mitrovica, Kanjuza y Subotica.

Fuente: http://m.strategic-culture.org/news/2015/02/15/brussels-next-balkans-ersatz-state-vojvodina.html

En Burundi no aparecen fosas comunes

Valentin Bagorikunda
“Tras la investigación, nada ha sido descubierto en los lugares citados en los informes de algunas ONG”, ha declarado el fiscal general burundés Valentin Bagorikunda el 10 de marzo tras tres meses de búsquedas, rechazando las acusaciones de Amnistía Internacional y de Naciones Unidas.

A mediados de enero, el Alto Comisario para los derechos del Hombre, Zeid Ra’as Al Hussein, reclamó la apertura de una investigación sobre la posible existencia de al menos  nueve fosas en Bujumbura y alrededores, que contendrían, según testigos, por lo menos un centenar de cuerpos de burundeses muertos en la represión que golpeó los barrios contestatarios de Bujumbura tras el ataque de los rebeldes a tres campos militares, el pasado 11 de diciembre.

Ese mismo día y el siguiente, las fotos de una veintena de personas, muertos por las fuerzas del orden según los vecinos, sobre todo en el barrio contestatario de Nyakabiga, en el centro-este de Bujumbura, habrían circulado por las redes sociales. Apoyándose en fotos vía satélite difundidas el 28 de enero en su sitio, Amnistía Internacional apoyaba sus acusaciones denunciando la existencia de al menos seis fosas comunes en torno a la capital burundesa.

El fiscal burundés ha puesto en duda igualmente que hubieran tenido lugar ejecuciones extrajudiciales después del ataque del 11 de diciembre, que, según el balance oficial, causó 87 muertos, 79 “enemigos” y 8 soldados y policías. “Los combatientes muertos en los barrios de Bujumbura estaban armados y portaban uniformes militares o policiales”, ha asegurado Valentin Bagorikunda, sugiriendo de esa forma que no habría civiles muertos.

Por el contrario, el fiscal general ha afirmado que una fosa común en la que “los insurgentes habrían enterrado a los muertos en el curso de la insurrección” fue descubierta el 29 de febrero en Mutakura, barrio rebelde del noroeste de Bujumbura. A este respecto, el magistrado ha deplorado el hecho de que su existencia no haya “sido señalada en los informes de la Liga Iteka, organización local de defensa de los Derechos del Hombre, o de Amnistía Internacional”.

Desde el inicio de la crisis, la violencia, en algunos casos armada, ha causado ya más de 400 muertos en Burundi y empujado a abandonar el país a más de 240.000 personas.

Fuente: http://www.jeuneafrique.com/308934/societe/burundi-parquet-dement-lexistence-de-fosses-communes/

El vuelo del Sputnik

Juan Manuel Olarieta

A los lectores de Lenin es posible que el nombre de Struve les suene como uno de los dirigentes de lo que en la Rusia de finales del siglo XIX se llamó el «marxismo legal», una versión edulcorada, burguesa, reformista y académica de ciertas élites intelectuales de la época. Quizá no resulte tan conocido que Piotr Struve era un conocido científico ruso, o más bien, que formaba parte de una saga familiar de astrónomos que tras la revolución de 1917 huyeron del país, refugiándose en Estados Unidos, donde la familia continuó dedicándose a la astronomía. Uno de los descendientes, Otto Struve, dirigió en Virginia el Observatorio Nacional de Radioastronomía entre 1959 y 1962 y fue presidente de la Sociedad Astronómica Internacional.

Como buenos exiliados, los Struve siempre adoptaron posiciones anticomunistas durante los años de la guerra fría, pero en 1957 se vieron sacudidos, como todo el mundo, por un acontecimiento espectacular: el lanzamiento del primer satélite artificial capaz de orbitar alrededor del planeta. Nada volvió a ser como antes. Después de aquel acontecimiento Otto Struve escribió un libro de astronomía (1) cuyo último capítulo estaba dedicado a comentar las repercusiones científicas del lanzamiento del Sputnik. La valoración de Struve no deja lugar a dudas: la única comparación posible hay que remontarla al descubrimiento de América de 1492.

Struve se tuvo que rendir ante la evidencia y cualquiera que no conozca su biografía pensará que el libro de astronomía sólo pudo escribirlo algún furibundo stalinista, es decir, que se trata de propaganda soviética. En muy pocos años los científicos e ingenieros soviéticos repitieron el vuelo del Sputnik por segunda vez, enviaron el primer vehículo que descendió en la Luna y la primera nave provista de una cámara fotográfica que mostró a la humanidad lo que hasta entonces desconocía: la cara oculta de nuestro satélite. Según Struve los logros soviéticos no sólo cambiaron de una manera irreversible las concepciones científicas vigentes hasta entonces, sino el radio del alcance del pensamiento humano en su conjunto.

Por si eso no fuera suficiente, los soviéticos hicieron coincidir el vuelo del Sputnik con el 40 aniversario de la revolución socialista, que es el punto goloso del asunto, ante el cual Struve tiene que rendirse: “Hasta el 4 de octubre de 1957 nos sentíamos confiados en nuestra creencia de que éramos la primera nación en ciencia e ingeniería. Pero en esa fecha sufrimos una derrota humillante”. Es la manera típica en que la burguesía asume su fracaso. Lo que ocurrió es que fue entonces, gracias al Sputnik, cuando la burguesía del mundo entero se dio cuenta de lo que el proletariado ya sabía mucho antes.

A partir de aquella “humillante derrota” y para encubrirla, los imperialistas comenzaron a hablar de la existencia de una supuesta “carrera espacial” porque ellos no son capaces de ver más que competencia por todas partes. Pero para que haya una carrera los atletas tienen que salir al mismo tiempo del mismo punto, y cuando en 1957 Estados Unidos se apercibió de la verdadera situación, los soviéticos ya habían dado la vuelta al estadio. Fue una bofetada que la propia realidad les propinó, esa realidad a la que llevaban tiempo sin querer mirar. En 1957 la URSS no tenía nada que demostrar.

Tras su confesión inicial, a Struve le traiciona el subconsciente y comienza a balbucear acerca de la manera en que “la astronomía” podría contribuir a “ganar la guerra fría”. Es un giro asombroso porque no era “la astronomía” sino Estados Unidos quien había desencadenado la guerra fría. El problema retornaba a su origen, algo característico en el mundo entero desde 1945: la identificación de todas y cada una de las ciencias con Estados Unidos, cuando se trataba justamente de cambiar un modelo científico fracasado. Lo hicieron al revés: pusieron como modelo al fracaso, siguieron militarizando la ciencia en torno a ARPA, de donde nacieron la NASA, la Comisión de Energía Atómica, los ordenadores e internet. En Estados Unidos la ciencia se movía en un círculo vicioso porque ellos confiaban ciegamente en sus propias mentiras.

El asombro de Struve no fue un caso aislado. Por la misma época proliferaron las declaraciones de influyentes científicos estadounidenses sorprendidos al hallarse embarcados en proyectos de investigación que la URSS tenía superados. El asunto se convirtió en un problema político. El discurso de despedida de Eisenhower de la Casa Blanca es una lamentación de los errores cometidos y del deplorable estado de la ciencia y de los científicos en Estados Unidos (2). La “humillante derrota” de 1957 también iba jugar un papel importante en las elecciones presidenciales de 1960 en las que se enfrentaron Nixon y Kennedy con distintas políticas científicas. La propuesta de Kennedy no era más que una maniobra propagandística que hizo pública durante su discurso de investidura: un viaje tripulado a la Luna, un proyecto económicamente ruinoso y científicamente irrelevante.

Por su parte, Nixon expuso su criterio en un artículo publicado por la revista de los físicos nucleares (3) en el que abundaba en la bofetada de realidad de 1957 expuesta de la peor manera posible: la URSS no es el país atrasado cuya imagen habíamos proyectado al mundo entero, nos lleva la delantera, debemos ponernos a la altura…

Por algo Engels había calificado al socialismo de científico. Lo mismo que la revolución francesa un siglo antes, la URSS no solo puso la ciencia en el primer plano de sus propias prioridades políticas sino que obligó al mundo entero a proceder de la misma manera.

Notas:

(1) Otto Struve: El universo, Fondo de Cultura Económica, México, 1975, pgs.205 y stes.
(2) Eisenhower’s Farewell Address to the Nation, 17 de enero de 1961 (http://mcadams.posc.mu.edu/ike.htm)
(3) Richard Nixon: The scientific revolution, Bulletin of the Atomic Scientists, noviembre de 1960, pg. 349.

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