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Mes: febrero 2016 (página 14 de 14)

Los manifestantes atacan a dos militares durante una movilización en París

El sábado se manifestaron en París unas 20.000 personas (5.500 según la policía) para protestar por la prolongación del estado de urgencia impuesto tras los atentados de 13 de noviembre. El otro objetivo de la protesta es el proyecto de ley para privar de la nacionalidad francesa a quienes cometan atentados calificados de “terroristas”.

Los convocantes fueron los sindicatos CGT, FSU, el sindicato de los jueces, así como diversas asociaciones, tales como Attac, Derecho a la Vivienda, Los Derechos Primero, entre otras.

Durante la manifestación unos 20 participantes vestidos de negro y encapuchados atacaron a dos militares que no portaban su uniforme.

A uno de los militares le abrieron una ceja de un golpe y fue atendido en el mismo lugar de los hechos por los bomberos. Al otro los manifestantes le quitaron el teléfono móvil y huyeron corriendo. Este último participó en la dispositivo militar del gobierno tras la puesta en marcha de la “Operación Vigipirate”, que encomendó a los militares el desempeño de tareas policiales en pleno centro de París.

La policía indaga si los militares fueron atacados a causa de que descubrieran su condición, o si fueron equiparados a los neonazis por su vestimenta o corte de pelo.

En diciembre otros cinco militares fueron atacados, algunos de ellos con armas de fuego, en dos ocasiones en la localidad de Toulouse, al sur de Francia. Aunque una de ellas ocurrió a la salida de una discoteca y la prensa la describió como una “pelea de borrachos”, lo cierto es que la policía califica los hechos como “terrorismo” a causa de las palabras que profirieron los atacantes.

Los abogados alegaron que sus defendidos padecieron una provocación por parte de los militares. Uno de los atacantes ya había sido condenado antes por otras agresiones dirigidas contra militares.

El Banco Central de Japón impone tipos de interés negativos

El viernes el Banco Central de Japón recortó su tipo de interés al -0,1 por ciento. Es la primera vez que lleva los tipos de interés a un terreno negativo y constituye una bomba nuclear a la guerra de divisas iniciada en 2010.

El Banco de Japón se une así a otros tres países, Suecia, Suiza y Dinamarca, y al Banco Central Europeo, que ya cuentan con tasas de interés negativas. Los depósitos en el Banco Central Europeo tienen una tasa negativa de -0,3 por ciento, los de Dinamarca -0,65 por ciento; los deSuiza -0,75 por ciento y los de Suecia -1,1 por ciento.

La medida del Banco de Japón significa un castigo de 0,1 por ciento a las instituciones que quieran guardar su exceso de reservas en el banco central. Se debe pagar al banco central por el privilegio de estacionar el dinero. Busca aumentar el gasto y con ello dar un estímulo a la economía. Sin embargo, la historia reciente muestra que las bajas tasas de interés solo estimulan a las bolsas por la vía de la especulación financiera.

La medida confirma el desplome del capitalismo en las metrópolis más fuertes. Es también una respuesta a la deflación prolongada que ha sumido a Japón en el estancamiento pese a la expansión cuantitativa. Una vez más las políticas monetarias han fracasado y lo que resta son medidas de choque como castigar los depósitos para que la gente gaste cuanto antes y así se estimule la inflación.

El capitalismo vuelve a situarse en un punto muerto y la debilidad del crecimiento de Estados unidos en el cuarto trimestre es un anticipo que la Reserva Federal no aumentará la tasa de interés en marzo. Al contrario, si el desplome y el desempleo comienzan a golpear más fuerte a Estados Unidos, deberá revertir el giro en la política monetaria realizado en diciembre.

La desesperada medida del Banco representa un último recurso y pone de relieve la debilidad de la inflación que puede desatar nuevos y cruentos enfrentamientos en la guerra de divisas. La desaceleración China y la caída del precio del petróleo no han hecho más que amplificar las turbulencias internacionales, agotando las herramientas de los bancos centrales dado que las tasas de interés en la mayoría de los países se encuentran en niveles cercanos a cero.

Las nulas perspectivas de crecimiento económico y la debilidad del precio del petróleo hacen casi imposible la viabilidad de cualquier proyecto nuevo de inversión. Además, la persistencia de la deflación, con una caída generalizada de los precios en una amplia gama de mercancías, la convierte en un problema de envergadura. En el entorno deflacionario donde los precios y la inversión van a la baja, pagar un préstamo aunque sea con tasas de interés cercanas a cero se hace muy arriesgado.

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