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Día: 26 de enero de 2016 (página 1 de 1)

Arabia saudí podría vender bonos de Estados Unidos para salir de la crisis

En medio de la profunda agitación del sistema financiero mundial, la autocracia saudí podría convertir sus reservas a corto plazo en activos líquidos para cerrar los compromisos presupuestarios y apoyar su moneda, y quedarse con los bonos a largo plazo.

Tan sólo el año pasado, Arabia saudí vendió casi 100.000 millones de dólares en reservas de divisas para tapar su mayor déficit presupuestario en un cuarto de siglo. Por primera vez, también está considerando la venta de un pedazo de su joya de la corona: la petrolera estatal saudí Aramco. Estos signos están provocando preocupación por la enorme posición de Arabia saudí en el mercado de bonos estadounidense. El gran riesgo es que la autocracia saudita venda algunas de sus tenencias del Tesoro, que se consideran entre las más grandes del mundo, para recaudar los dólares necesarios.

El monto de la deuda de Estados Unidos que posee Arabia Saudí, es secreto. Es un vestigio de una época de escasez de petróleo y petrodólares poderosos. Pero ahora esa pregunta –sin respuesta desde la década de 1970, en virtud de un apagón informativo mantenido por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos– ha pasado a primer plano, al estar Arabia Saudí presionada por el desplome de los precios del petróleo y sus costosas guerras en Medio Oriente.

El Tesoro nunca ha revelado la cuantía de bonos estadounidenses en manos de Arabia saudí porque durante mucho tiempo ha sido un aliado clave en Oriente Medio, y a la vez forma parte con otros 12 de la OPEP, incluyendo Kuwait, los Emiratos Árabes Unidos y Nigeria a los cuales se les guarda el secreto. De los demás -más de un centenar de otros países, desde China al Vaticano- el Tesoro ofrece un desglose detallado de la cantidad de deuda de Estados Unidos que tiene cada uno de ellos.

Aparte de los jeques saudíes, sólo un puñado de funcionarios del Tesoro y de la Reserva Federal saben la cuantía de deuda de Estados Unidos en manos de Arabia saudí y si están subiendo o bajando.

Este tratamiento especial, que nace de la crisis del petróleo 1973 tras el embargo árabe, es sólo una pequeña concesión entre muchas que los gobiernos estadounidenses han hecho en los últimos años para mantener la relación estratégica de Estados Unidos con la familia real y el acceso a las reservas de petróleo.

La excepción que hace el Tesoro de Estados Unidos se extiende a otros 12 países exportadores de petróleo, todos de Oriente Medio o África. En base a datos publicados esta semana, ese grupo ha recortado sus participaciones en bonos por unos miles de millones de dólares desde marzo y a partir de noviembre posee unos 289.000 millones de dólares.

Debido a la sospecha de que la cuantía de bonos es la mayor, los movimientos de Arabia saudí se miran con lupa, especialmente por los bancos centrales de los mercados emergentes que venden bonos del Tesoro y recaudan efectivo en defensa de sus monedas. El Tesoro no informa si los tenedores son privados o públicas, pero se considera que cerca de dos tercios de las tenencias extranjeras están en manos de instituciones oficiales, como los bancos centrales.

Estas ventas de bonos estadounidenses han tenido un impacto pequeño, pero visible en los costes de financiación de los Estados Unidos. Desde marzo del año pasado, la venta de los bancos centrales extranjeros ha añadido 0,3 puntos porcentuales a los rendimientos de los bonos del Tesoro a 10 años.

Las propias cifras del Saudi Arabian Monetary Agency muestran que el año pasado los activos de reserva en valores extranjeros se han reducido en la cifra récord de 108.000 millones de dólares. En noviembre el Banco Central de Arabia, que no da a conocer cifras separadas para los bonos del Tesoro, reconoció tener 423.000 millones de dólares en valores extranjeros.

Los acontecimientos de los últimos meses -el acuerdo nuclear de Obama con Irán y la ejecución en Arabia saudí de un prominente clérigo chiíta que desafió a la familia real- desafía las relaciones entre Estados Unidos y Arabia saudí. La alianza también se ha socavado por el auge petrolero en Estados Unidos, que ha hecho que sea menos dependiente de las exportaciones saudíes.

Fuente: http://www.bloomberg.com/news/articles/2016-01-22/u-s-is-hiding-treasury-bond-data-that-s-suddenly-become-crucial

Un francotirador está matando a los jefes del Estado Islámico en Libia

Un francotirador desconocido mató el pasado sábado a un jefe del Califato Islámico en Libia cuando salía de una mezquita en el centro de Sirte, la ciudad mimada por el coronel Gadafi que ahora se ha convertido en la capital libia de la organización yihadista. Abdulah Hamad al Ansari, un tuareg originario de Obari, fue llevado rápidamente a un hospital, donde ingresó cadáver.

Según “The Libya Herald”, la muerte de Al Ansari provocó una intensa y precipitada búsqueda del francotirador, sin resultado. Los yihadistas empiezan a estar muy preocupados porque en diez días tres de sus jefes han caído bajo las balas del misterioso tirador, que lleva camino de ser venerado en las redes sociales.

El pasado 15 de enero por la noche caía el sudanés Hamad Abdel Hady, alias Abu Anas al Muhajir, en la carretera de Bengasi o cerca de ella.

“El terror se instalado entre las filas del Califato Islámico tras la muerte de Al Muhajir, disparan al aire para atemorizar a la población al mismo tiempo que buscan al francotirador”, publicaba entonces Libya Prospect citando fuentes locales.

La primera víctima de este tirador de precisión fue, al parecer, Abu Mohamed al Dernaui, muerto el 19 de enero cerca de su casa. Los tres lugares donde ha actuado están muy alejados unos de otros. Al Ansari, abatido la noche del sábado, se encontraba cerca de la universidad de Sirte y el Centro Uagadugou, el antes lujoso recinto de conferencias y eventos donde resistieron Moamar Gadafi y sus leales en el 2011 y donde ahora han sentado sus reales los yihadistas.

Según el periodista italiano Daniele Raineri, tanto Al Ansari como Al Dernaui -ambos libios, el primero procedente de la provincia de Fezzan y el segundo, de la ciudad de Derna, en el este- eran militantes de Ansar al Sharia en Sirte antes de que el Califato Islámico irrumpiera en la ciudad, hace un año. Miembros de Ansar al Sharia fueron pasándose al Califato Islámico cuando esta organización tenía aún escasa presencia en el país, básicamente en Derna. Raineri recuerda que un líder religioso del Califato Islámico, Husein al Qarami -también ex Ansar al Sharia- fue asesinado en julio de la misma manera cuando salía de una mezquita.

Sobre la identidad de nuestro hombre se cree que podría tratarse de un especialista que causó estragos entre los defensores de Gadafi en los últimos días de la batalla de Sirte, de la que los francotiradores fueron protagonistas tanto en el bando rebelde como en el gadafista. El caso es que tampoco se sabe quién fue aquel tirador.

“The Libya Herald” especula con la posibilidad de que exista una red de apoyo al francotirador. Un especialista de este tipo no solo necesita ser capaz de colocarse en el lugar más adecuado y tener vías de escape aseguradas después de efectuar su disparo mortal sino que necesita, sobre todo, información fidedigna sobre dónde y cómo encontrar a sus blancos. De momento, salvo Al Qarami, ninguno de los asesinados por el tirador de elite figura en la lista de los líderes del Califato Islámico en Libia, donde la organización yihadista dispone de más de 2.000 combatientes.

Esta matanza selectiva se produce en vísperas de una anunciada operación militar encabezada por Estados Unidos contra el Califato Islámico en Libia, que podría comenzar en unas semanas.

Fuente: http://www.lavanguardia.com/internacional/20160126/301676084112/jefes-estado-islamico-libia-matando.html

No son ni piratas

Bianchi

La molicie y podredumbre a la que estamos asistiendo es espectacular. Y ello en el sentido de que somos, como dirían los «situacionistas», espectáculotariado. No -eso pretenden- pueblo, no hay masas, no hay clase obrera (y, si la hay, parece estar idiotizada, como se ha sugerido por aquí, algo que no compartimos en absoluto, porque, caso de estarlo, yo prefiero «idiotizarme» con las masas antes que ir de «enterado» por la vida), pero sí «multitud» (la penúltima parida del prestímano A.Negri, que ya estará «performando» la siguiente para obnubilar al personal) y «gente», que diría «El Koletas» ávido de tocar «poder» -esa sensación, al menos- autonombrándose vicepresidente de la «neocasta». Sólo hay «público». Así nos quieren: público de mirada atónita y présbita. Y ello mediatizado por prolíferos tertulianos. que fingen escandalizarse ante un show del que forman parte. Igual que la vaca que mira el paso del tren con mirada bovina, vacuna, así nos quieren. Así nos querrían.

Todo es moda, pasajero, efímero. Si la Revolución soñada fuera algo así, el capitalismo la compraría -la Revolución- confiando en la obsolescencia del producto para (re)inventar -y vender- nuevas «revoluciones» (de colores o daltónicas, a gusto del consumidor). ¿Qué fue de los «escraches», se acuerda alguien? ¿O de expropiar -esta es la palabra justa- víveres en los grandes súpers? Los más lerdos los condenan. Los más ladinos, más inteligentes, los que saben de qué va esto, los pasean por la tele. Y la tele tiene televidentes, público, espectáculo. Así nos quieren, aborregados. O así nos pintan.

Se roba mucho en este Estado. Y se defrauda. No roban más porque entonces nadie tendría un euro para comprar una barra de pan y no habría panaderos y los ladrones tendrían que comerse todo el pan, y como no pueden, van a robar a otro lado, inversión le llaman, y si les sale mal, especulan o qué ostias, cobramos sobresueldos que esto es jauja y vivalavirgen, aunque algún pringao expíe y se sacrifique por nosotros por aquello de que el «sistema» funciona. Hay que aparentar.

Como los piratas. ¿Cómo los piratas, dije?  Si los ladrones van a la oficina -como decía una serie televisiva-, los piratas son gente honrada: tenían un código. Tenían «las reglas del diablo», sin necesidad de leer al gran RL Stevenson y su «Isla del tesoro». El llamado “código pirata” es considerado como una serie de reglas de conducta comunes a todos los piratas y, además, escritas, o sea, como la Constitución española, sólo que el código pirata se cumplía… como los maitines de un monasterio medieval.

No todos los códigos piratescos eran iguales (como bucaneros, filibusteros y corsarios no eran lo mismo), pero sí tenían un mínimo común denominador (o máximo común divisor porque cada maestrillo, cada capitán, tenía su librillo). Extramuros de la legalidad, hilvanaban la suya propia y, así, consideraban delitos graves la ocultación de parte del botín, el robo a los «compañeros», hacer trampas en el juego (al naipe); desertar en la batalla o no tener las armas listas en el momento del abordaje. El «gato de siete leguas», dizque el látigo, el corbacho -el «knut», en ruso-, no era tan habitual como se ve en las películas hollywoodienses de los años 40-50.

Dejar a alguien en una isla desierta, sí. Tenían hasta una especie de seguridad social que cubría con una suerte de indemnización a los piratas mutilados en el fragor de la «batalla», sólo que estos no iban uniformados, como los mercenarios de ahora, privados o profesionales. Celebraban asambleas y podían destituir al capitán por «ineficaz» (como el vestuario del Madrid a Rafa Benítez, perdonen la licencia). Había carpinteros y cirujanos que cobraban más en el reparto del botín que era, acabáramos, el objetivo de la cosa: el botín, como hoy saquear el erario público, otro botín. Ocurre que el código pirata establecía normas de cómo había que repartirse el (emilio) botín, unos caballeros.

Los modernos piratas que vemos hoy, impertérritos, se reparten el botín, pero sin código ni pata de palo ni parche en el ojo tuerto. Entran a saco. Como Carlos V en Roma (1527). Ni siquiera juran, como hacían los piratas, ante un vaso de ron y una Biblia (hoy la Constitución). Bueno, ante una copa de ron, sí, cosa que ahora mismo me dispongo a hacer.

A su salud.

Rebelion censura un artículo crítico con Podemos

El pasado miércoles, día 20 de enero, Rebelión publicó un artículo de mi autoría -Hipócritas y mentirosos, dos palabras que definen muy bien a los dirigentes de Podemos- para, sin previo aviso, retirarlo a las pocas horas. Acababa de consumarse una censura en toda regla. Obviamente, exigí explicaciones por tan lamentable suceso y, tres días después, se me envío una nota confirmándose la censura, por supuesto que sin nombrar esa palabra.

Para defender su indefendible postura recurrieron a acusaciones tan ridículas como falsas. Decían en su “alegato” que “una amplia mayoría del consejo editor consideró que el texto excedía con mucho la crítica y entraba en la agresión verbal”, añadiendo ya al final que con su actitud salvaguardaban “una de sus máximas, que es la de publicar críticas o debates donde se impongan los argumentos y las razones desde el respeto y no los insultos, los ataques ad hominem o los exabruptos verbales”. Casi nada. Y con esta sarta de mentiras se quedaron tan anchos.

El texto mío censurado es sin duda contundente, pero esta palabra dista mucho de ser sinónimo de irrespetuoso. Faltan a la verdad acusándome de serlo, cuando en ningún momento falto al respeto de nadie, y de insultar, cuando tampoco he insultado a nadie; tan solo he llamado a las cosas por su nombre, y es evidente que mi “atrevimiento” les ha molestado bastante. ¿Se habrán sentido directa o indirectamente aludidos? En cuanto a la carencia de argumentación y de razón, que también de eso me acusan, resulta que, lejos de estar ausente, ésta abunda por doquier a lo largo de todo el artículo apuntalando a mis afirmaciones.

He llamado hipócritas y mentirosos a los dirigentes de Podemos, cierto, pero es que ¿acaso no lo son? Decir a alguien que es lo que es puede resultar incómodo o nada agradable para el señalado –“es amarga la verdad, quiero echarla de la boca…”, escribió Quevedo hace muchísimos años-, pero de ahí a que se incurra en lo irrespetuoso y en el insulto hay un abismo.

Se mire como lo mire, acusar a la CUP de algo que Podemos ha practicado hasta la saciedad es una actitud indudablemente hipócrita. Y eso Podemos lo ha hecho. Lo mismo que es de mentirosos decir que se va a hacer algo concreto cuando casi de inmediato se hace justo lo contrario. Un ejemplo bien claro de esto último que digo -para que no se me vuelva a acusar de carecer de argumentos- es la propuesta que el pasado viernes Pablo Iglesias hizo al PSOE, en la que incluye no solo favorecer la investidura de Sánchez, sino participar en el Gobierno de este señor. En campaña electoral, Iglesias repitió hasta la saciedad que nunca participaría en un Gobierno dirigido por Sánchez si Podemos no sacaba más votos y escaños que el PSOE. ¿Señalar una verdad es acaso incurrir en lo irrespetuoso y en el insulto? No sé los responsables de Rebelión, pero yo siempre he oído decir que la verdad es revolucionaria.

La socialdemocracia se define por facilitar mareantes ganancias al gran capital, aplicando a las víctimas más castigadas de éste -para que, “pobrecitas”, no sufran demasiado- “medicinas” que alivian pero que nunca curan sus grandes males. Podemos -no yo- anunció su programa económico calificándolo de socialdemócrata. Cuando se puede repartir de manera muchísimo más equitativa y no lo hacen, ¿no son acaso los socialdemócratas “repartidores de limosna”?

Solo he utilizado tres palabras “mal sonantes” en todo el artículo censurado: joder, chusma y jodido. Y, sinceramente, ni aunque el Consejo editor de Rebelión estuviese formado por monjas y curas, no creo que esto sea motivo para retirar de esa manera tan vergonzosa e indignante un texto ya publicado y que lo estaba leyendo no poca gente.


Intuyo, pues, que en el citado Consejo editor -harto clandestino, por cierto- hay mucha alma podemista, de otra manera no se entiende que el artículo haya provocado tan moralista malestar entre sus miembros y, mucho menos, su censuradora actitud.

A lo largo de los años, en Rebelión he leído muchísimos artículos infinitamente más contundentes que el mío, sin que estos hayan sido censurados -si no aporto títulos y autores no es porque no existen, sino porque no quiero meter a nadie en este embrollo-. Lo que sucede es que, en la mayoría de esos casos, la “ausencia de argumentación y de razón”, “los ataques ad hominem” y los “exabruptos verbales” iban dirigidos contra personas y grupos políticos e ideológicos no afines al medio.

Los responsables de Rebelión podrán hacer lo que quieran con su diario -porque es de ellos, y no del Consejo, los colaboradores y los lectores, como les gusta decir-. Pero, por si no se han dado cuenta, que tengan muy claro una cosa: no acepto su infumable explicación, porque, carente de razón, ésta sí que es agresiva e insultante.

Fuente: https://baragua.wordpress.com/2016/01/25/rebelion-org-censura-un-articulo-y-recurre-a-la-mentira-para-justificar-lo-injustificable/#more-12764

En los barrios rojos de Estambul

Dilek Dogan
Juan Manuel Olarieta

Con sus 20 millones de habitantes, Estambul es un territorio imposible de recorrer. Con un pie en Asia y otro en Europa, sus edificaciones se aplastan sobre un terreno sinuoso. Muchas de ellas, que cubren barrios enteros, recuerdan al viejo Pozo del Tío Raimundo de Madrid. A su lado se alzan suntuosos rascacielos.

Cuando era un solar, el barrio de Armutlu (“Los Perales”, en turco) fue enteramente ocupado para que los arquitectos e ingenieros vinculados al DHKP-C construyeran allí las viviendas que hoy ocupan los vecinos. Se levanta sobre una colina con una vista majestuosa del Bósforo, donde los barcos esperan su turno para llegar al Mar Negro.

Los autobuses se detienen a la entrada del barrio, sometido día y noche a la vigilancia de patrullas revolucionarias. No hay propaganda electoral. Sin embargo, casi en cada pared, los murales y pintadas homenajean a la revolución y a la lucha contra el imperialismo.

Tropas especiales de la policía derriban las barricadas para ejecutar operaciones fulgurantes de castigo contra la población de manera periódica. Cuando llego veo algunos restos de ellas a izquierda y derecha. “La policía ha estado aquí hace un hora”, me dicen en el centro social del barrio, una modesta casa baja en el que la juventud monta guardia y vigila. Para combatir el intenso frío, queman maderas en un viejo barril y cantan y bailan cogidos de la mano alrededor de la hoguera.

Lo que el barrio tiene no se lo ha regalado nadie, ni el Estado, ni el ayuntamiento. Es suyo. Lo han construido con sus propias manos. Al lado del centro, los vecinos levantan un centro deportivo para los niños y un generador eólico de electricidad para no depender de los enganches clandestinos.

Para tratar de cualquier asunto, los vecinos se reúnen en el centro social, cuyas paredes retratan a la clase trabajadora turca. Los carteles revolucionarios conviven con cuadros del profeta Alí armado de una temible espada, “la más importante del islam”, según dice una inscripción. En una religión alérgica a cualquier iconografía, sólo puede ser algo típico de los alevis, el equivalente turco y kurdo de los alauitas sirios y libaneses.

Pregunto a los vecinos por aquella extraña coexistencia de símbolos religiosos y ateos, que hoy parece tan singular. Me explican que el centro es de los vecinos y que cada uno de ellos quiere verse reconocido en el lugar. Los alevitas no se oponen a la revolución socialista, sino al contrario. Tienen creencias comunes a la humanidad, como son la igualdad y la lucha contra la injusticia.

Recuerdo que los católicos tienen una iconografía parecida en el Arcángel San Miguel, a quien también representan con la espada que empuñó para luchar contra el dragón, símbolo del Mal y del demonio.

También recuerdo que está muy próximo el 40 aniversario de la matanza de Vitoria, cuando cinco obreros fueron asesinados al atacar la policía la iglesia en la que se reunían. La mezcla de escenarios políticos y religiosos parece ser bastante común en casi todas partes.

Los murales del barrio recuerdan uno de los últimos crímenes de la policía: el asesinato a sangre fría de Dilek Dogan, una obrera volcada en las actividades políticas y sociales de los vecinos. La policía asaltó su casa de madrugada y ella salió a su encuentro en la puerta, diciéndoles que aquello no era una cuadra.

En las viviendas turcas es costumbre quitarse el calzado antes de entrar y Dilek les mostró a la policía que tenían las botas puestas. El oficial al mando sacó una pistola y, sin mediar palabra, disparó tres tiros. Me los muestra el padre de Dilek cuando voy a visitarle a su casa. Uno atravesó la puerta del servicio, otro se alojó entre los azulejos de la ducha y el tercero impactó mortalmente en el cuerpo de Dilek, privándonos de su sonrisa para siempre.

Cuando salgo de la vivienda me abrigo porque nieva copiosamente. Mientras me calzo, el asesinato de Dilek me parece ejecutado aún con más sangre fría; pero no es sólo por el viento que recorre la lengua de agua del estrecho…

A la mañana siguiente me informan de que después de marchar, la policía hostigó al barrio durante toda la noche. Su obsesión es derribar la carpa con la que los vecinos homenajean a Dilek. El mismo empeño ponen unos en ocultar el crimen como otros en mantener vivo el recuerdo de una vecina a la que todos apreciaban.

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