La web más censurada en internet

Día: 19 de enero de 2016 (página 1 de 1)

‘La Izquierda’ es igual a los neonazis

En las elecciones alemanas de 2013 el partido Die Linke (La Izquierda) fue el tercero más votado. Surgió en 2007 de la fusión del Partido del Socialismo Democrático, heredero del SED de la RDA- y la WASG, una escisión de la socialdemocracia.

A pesar de su nombre, Die Linke es un partido reaccionario que está haciendo causa común con los neonazis que se enfrentan a los emigrantes y llaman a fortalecimiento de la represión policial en su contra.

Uno de los portavoces de su grupo parlamentario, Dietmar Bartsch, ha dicho que en Alemania hay un “déficit de vigor” a la hora de hacer que los emigrantes respeten las leyes y se comporten como lo que son: invitados.

Es el lenguaje neonazi: los que llegan a Alemania no son refugiados sino exactamente eso: invitados que se aprovechan de la “hospitalidad” alemana.

En una entrevista a la revista Der Spiegel, su colega Sahra Wagenknecht ha dicho que no pueden admitir la entrada en Alemania de un millón de emigrantes cada año, por lo que hay que poner límites y expulsar a los que no acepten las leyes del país.

Wagenknecht, antigua portavoz de la “Plataforma Comunista”, ha criticado que en Alemania se hayan eliminado tantos puestos de policía como consecuencia de los recortes presupuestarios, proponiendo como tarea un reforzamiento de los aparatos represivos.

El presidente del partido, Berndt Riexinger, ha dicho que la reducción del número de policías supone una desestabilización para Alemania, una disminución de su capacidad funcional que conduce a la “quiebra del Estado”.

En una entrevista a “Tagesschau” el dirigente parlamentario del mismo partido, Jan Korte, se preguntaba si la policía estaba suficientemente equipada y si se había producido una quiebra del Estado alemán.

En una maniobra aún más sucia, Die Linke trata de lanzar a los trabajadores contra los refugiados e emigrantes. Wagenknecht ha dicho varias veces que presionan para bajar los salarios y que agravan los problemas de vivienda, ya que si no se construye más vivienda pública, la oleada de emigrantes incrementará los precios de los alquileres.

Lo que se callan como perros es que allá donde gobierna, Die Linke está vendiendo viviendas públicas para sanear los presupuestos. En Dresde han apoyado la venta por el ayuntamiento de la empresa pública inmobiliaria HLM que disponía de 60.000 viviendas y que el comprador es Forteresse, el típico fondo buitre de especuladores. En total el ayuntamiento de Dresde ha vendido 120.000 viviendas públicas en los últimos 15 años.

Su marido, el conocido dirigente socialdemócrata Oskar Lafontaine, que luego se pasó a Die Linke, utiliza los mismos trucos sucios que sus demás colegas de “la izquierda” para enfrentar a los trabajadores y a los sectores más humildes de la población, en contra de los refugiados, culpables de todos los males de Alemania.

No hay ninguna diferencia entre los neonazis y “la izquierda” reformista. Todos ellos buscan un chivo expiatorio entre los refugiados para tapar que el problema procede del capitalismo, del imperialismo y de las guerras desencadenadas por ellos en el norte de África y Oriente Medio.

Blanco bueno busca negro pobre

Para que los niños europeos se ganen el cielo, es suficiente con que tiren las cosas al lugar adecuado: las botellas, al contenedor verde; el cartón, al contenedor azul y los cachivaches a las cajas para los negritos que “necesitan de todo”. No lo dice un cualquiera. Es una frase del libro “Blanco bueno busca negro pobre” (Ediciones La Campana) escrito por el antropólogo Gustau Nerín, que ha desarrollado su carrera profesional durante los últimos años en Guinea Ecuatorial. Cooperante desde hace dos décadas, Nerín ha vivido anécdotas para todos los gustos. Y, al final, se ha decidido a escribir un libro sobre la cooperación. Lo que pretende con su obra es lanzar una voz de alerta sobre la inutilidad de la cooperación tal y como es entendida en la actualidad.

“Se ha de ir hacia otro orden donde se respeten las formas de actuar distintas. Desde el Norte, se dictan normas tecnocráticas, pero se ha de dejar a otros mundos que existan. El mío intenta ser un libro donde se aborda el tema con un cierto sentido del humor, que no parezca frío. Está vivido desde el terreno y quiere sólo desacralizar el icono inatacable de la bondad moderna”, dice Nerín. Relata el antropólogo que los cooperantes toman el lugar de los líderes sociales africanos. Son ellos “los que los sustituyen como ‘representantes’ de las sociedades donde trabajan. Pero los cooperantes pertenecen a un universo cultural completamente diferente al de los ‘beneficiarios’. Por eso, al hablar por ellos no hacen sino suplantarlos en nombre de una ‘ciudadanía global’ que no existe más que en sus cabezas”, dice en el libro.

Nerín critica especialmente que ahora hay mucha gente que gana dinero con la pobreza. E incluso afirma que “el modelo de cooperación tal y como se ha profesionalizado sólo es asequible a los ricos. Hay gente que llega a África y monta una ONG. Pero eso no lo puede hacer un mileurista, porque con lo que gana no puede poner allí una hilera de camiones que recorren el territorio. Este modelo es tremendamente elitista. Y hay también un fenómeno de moda que es el turismo solidario. Gente que se va a África ‘a ayudar’. Y se pasan tres días pintando una escuela y luego ocho días en una playa paradisiaca. Y esa gente vuelve con una gran satisfacción pensando que ha solucionado los problemas del continente. Pero ha de saber que allí hay gente que hubiera pintado esa escuela mejor y con menos coste” […]

La ‘pornografía humanitaria’

Para Nerín, “hacer una escuela o una letrina no tiene impacto sobre el desarrollo de África. Llevamos cincuenta años de cooperación a gran escala y no ha habido resultados. El modelo está caducado. No hay ningún país africano que se haya desarrollado gracias a políticas de cooperación. Hace treinta años se creía que, al ritmo que avanzaba la cooperación, a principios del siglo XXI el continente africano estaría al nivel de Europa, pero se ha visto que no. De hecho, incluso se ha aparcado ya la expresión de ‘país en vías de desarrollo’. Hay muchísimo paternalismo y las ONG se acercan a África como si hubiera que enseñar a los pobrecitos negros a hacer todo”. En otras palabras, se ha demostrado que aquellas pretendidas “soluciones mágicas” no eran tal. Han fallado las políticas de familia, de educación, incluso sanitarias, impuestas desde organismos internacionales. “Pero nadie se hace responsable. Eso es un fallo democrático. Nadie se da por aludido. A nadie se le ha ocurrido cesar a los responsables”, explica el antropólogo a este diario. Explica en Blanco bueno busca…, que Aldeas Infantiles SOS abrió un internado para huérfanos en Guinea Ecuatorial. Pero una vez allí, no consiguió ningún niño desamparado al que llevar a sus aulas. Sobran las palabras.

Gustau Nerín habla incluso de “pornografía humanitaria” por la utilización de imágenes por parte de ONG que pretenden “golpear al ciudadano mediante las emociones. Según la lógica de las ONG, todos los africanos son buenos y cándidos, felices e ingenuos… Y el resto del mundo habría de ser como ellos”.

Pero habla también de historias punzantes que invitan a meditar. “En Salisbury, había una pequeña tienda de libros de segunda mano. A su propietario no iba mal el negocio hasta que le abrieron al lado una tienda de comercio justo de Intermon Oxfam. Para recaudar dinero, la organización de ayuda vendía en esta tienda los libros usados que la gente le donaba. La tienda de Intermon Oxfam no sólo no pagaba los libros, sino que tampoco pagaba a los dependientes, que eran voluntarios de la organización. De esta forma, podía vender los libros a un precio mucho más económico que la librería de ocasión del barrio. Finalmente, el librero tuvo que cerrar. Parece que el buen hombre no acabó teniendo buen concepto del comercio justo”.

O el relato del verano del 2002, cuando un grupo de estudiantes franceses de medicina aterrizó en Douala para ir a vacunar a los pigmeos de la zona de Bipindi, al sur del Camerún. “Llegaron con un cargamento de vacunas sin tener en cuenta que en aquel país se pueden comprar sin problema. Pero, en cambio, se olvidaron de prever cómo guardarlas; en Camerún no es fácil encontrar neveras que funcionen, especialmente en las zonas rurales. Al cabo de 48 horas, las vacunas ya estaban en mal estado y se tendrían que haber tirado. Pero los estudiantes no habían venido de tan lejos para nada y decidieron seguir con la vacunación. De pueblo en pueblo, fueron convocando a los habitantes ayudados por una pseudo ONG camerunesa dirigida por un “espabilado” que no era pigmeo. Y los vacunaron, sin rellenar siquiera las obligatorias cartillas de vacunación. Los estudiantes vivieron allí tres semanas. Fueron unos auténticos mártires de la cooperación al desarrollo. “Pero se fueron del Camerún muy satisfechos: decían que el ‘trabajo’ que habían hecho era de gran importancia. Si hubiesen hecho lo mismo en Francia, los habrían procesado por un delito contra la salud pública”.

Otras ONG hiperprotegen a sus cooperantes. “Médicos Sin Fronteras, en sus contratos, establecía que los cooperantes que trabajaban en el Camerún no podían coger taxis después de las 7 de la tarde; decían que lo hacían por su seguridad. Algunas congregaciones religiosas van más lejos y no dejan que sus voluntarias laicas europeas pisen ni tan sólo los bares de la zona; cuando acaban el trabajo han de volver enseguida al convento. Pese a todo, vete a saber cómo, algunas de las voluntarias se quedan embarazadas”.

La cooperación es un gran negocio

Todo ello hace que la cooperación, a veces, no sea más que un show. Tanto que “la mejor forma de recaudar fondos para un proyecto no es explicar las ventajas de esta iniciativa para los africanos, sino organizar un telemaratón: que un artista famoso cante, que una bella modelo haga un striptease, que algún niño repelente lea poemas y que los habitantes de un pequeño pueblo superen un récord Guinness”, escribe en su obra.

Nerín subraya también que, en la actualidad, la cooperación se plantea como negocio. No sólo porque la mayor parte de las ONG se financian con fondos públicos. “El propio Gobierno español habla de enfoque integral de la cooperación. Ello quiere decir que la ayuda se enfoca a zonas con determinados intereses económicos. Por eso, las relaciones internacionales influyen enormemente”. Y un sector, aún minoritario, cree que la cooperación sólo tendrá futuro y será efectiva si cambian las relaciones internacionales. “Se vio con las patentes del Sida -explica Nerín-. El Gobierno sudafricano comenzó a fabricarlas y, mientras, muchas ONG del Norte comenzaron una gran campaña de presión a las farmacéuticas en sus propios países, lo que finalmente inclinó la balanza a favor de África. Otro tanto pasó con la condonación de la deuda, que no hubiera sido posible sin la presión de la sociedad civil. Por ahí sí que la cooperación tiene futuro”.

Porque allí, en el Sur, en África, también hay maestros y médicos. Y la mayoría de ellos no depende ONG alguna. “Saben que existen y que canalizan dinero en cantidades importantes. Para lo único que les puede interesar una ONG es para ver si les puede caer algo”. Por tanto, el modelo de cooperación “refuerza el sentimiento de superioridad del Norte, pero también el sentimiento de inferioridad del Sur: el europeo da; el africano sólo recibe”. Un símil con mil lecturas, todas acertadas.

Fuente: http://www.elconfidencial.com/mundo/2011-03-13/el-negocio-de-las-ongs-en-africa-poner-un-negrito-en-su-vida_482357/

El arte de la conjetura

Andrei N. Kolmogorov
Juan Manuel Olarieta
En 2013 se cumplieron tres siglos de la publicación del “Arte de la conjetura” del matemático suizo Jacobo Bernoulli, que apareció después de su muerte. La obra fue una de las primeras investigaciones matemáticas sobre el azar, las probabilidades y la estadística, un tema que siempre desata ríos de discusiones.

Llamo la atención sobre la calificación de una parte de la matemática como “arte”, que tiene que sorprender a quienes tienen una imagen errónea de esa disciplina científica, asociada a la exactitud y contrapuesta precisamente a lo artesanal y a la artesanía en muchos sentidos.

Por una tradición clásica de origen griego, en un mal sentido se llamaba “arte” a algo de inferior categoría, una especie de ciencia de segunda división que se relacionaba con algo inútil, con entretenimientos como el juego de naipes o de dados.

En este sentido, lo que sólo era un “arte” adquirió mayoría de edad cuando en 1927 el matemático soviético Andrei N. Kolmogorov, uno de los más grandes del siglo pasado, axiomatizó el cálculo de probabilidades en la manera en que hoy se explica en cualquier manual de estadística. Le llamaron “el zar del azar”.

Pero las nociones relacionadas con la “artesanía” invocan a algo que se hace con las manos, lo mismo que los derivados de “khir” (mano, en griego) en la medicina (quirófano, cirujano), es decir, lo que los marxistas calificamos como “práctica” y ponemos en el origen de cualquier teoría, por abstracta que sea.

El origen de la teoría matemática del azar no es, pues, otro que la práctica y no precisamente un entretenimiento lúdico, como el juego de dados, sino negocios tan prosaicos como el aseguramiento de la carga de un buque mercante, algo considerado tan aleatorio como cualquier apuesta.

En referencia al azar, como en cualquier otro debate, el marxismo defiende la ciencia y, en este caso, el cálculo de probabilidades y la estadística que son lo que su nombre indica: una forma de cálculo y, por lo tanto, de transformación de lo cualitativo (azar) en cuantitativo (probabilidad), una operación llamada “variable aleatoria”.

El azar, pues, no es nada misterioso sino algo tan corriente que se puede medir, y de hecho se mide (mejor o peor) en función de algo en lo que la dialéctica materialista insiste: la experiencia, que es la progenitoria de la práctica.

A pesar de ello, el azar sigue ocasionando vacilaciones. Algunos califican al marxismo como determinista, como si eso fuera un reproche. Otros, como Einstein, dicen que “dios no juega a los dados”.

Estas discusiones proceden de una concepción mecanicista del azar, muy arraigada, en la que los sucesos inexorables se contraponen a los aleatorios; los primeros serían propios de la física y los otros de la sociedad. Sin embargo, el cálculo de probabilidades es siempre el mismo, es decir, no diferencia entre la naturaleza y la sociedad.

Pero esa contraposición es errónea: la probabilidad es la unidad dialéctica del azar y de la necesidad, de una cosa y de su contraria. Una acontecimiento es imposible cuando su probabilidad es igual a cero; por el contrario, es inexorable cuando su probabilidad es igual a uno; es probable en cualquier situación intermedia entre ambos opuestos (cero y uno).

La unidad de contrarios se pone de manifiesto por el hecho de que la suma de las probabilidades todos los acontecimientos posibles es igual a uno.

No es la única oposición de contrarios sobre la que está construido el cálculo de probabilidades. Si atendemos al término “conjetura” que está en la obra de Bernoulli, nos damos cuenta de que la estadística también tiene un carácter prospectivo, ya que trata de predecir el futuro.

Es el caso de las encuestas electorales, que proporcionan instrumentos estadísticos para poder adivinar el número de votos que va obtener una determinada candidatura. En este sentido, el cálculo de probabilidades es la unión dialéctica de lo real y lo posible.

Lo mismo que la matemática, el marxismo no se conforma sólo con lo real. El conformismo (“es lo que hay”) es antimarxista siempre. Además hay que indagar en lo que está por llegar, en el socialismo, que tarde o temprano será una realidad, por lo que sólo cabe discutir la manera de hacerlo conscientemente, con “conocimiento de causa” que se suele decir.

A Estados Unidos los planes sobre Ucrania también le han salido mal

Vladislav Surkov
El viernes un asistente de Putin, Vladislav Surkov, se entrevistó en Kaliningrado con Victoria Nuland, secretaria adjunta del Departamento de Estado, a puerta cerrada.

Presentaremos a ambos. Surkov es la “bestia negra” del gobierno ucraniano, o sea, la “eminencia gris” del Donbas. Cuando alguien informa sobre lo que está pasando en la región, lo que hace no es “propaganda rusa” sino “propaganda Surkov”, dicen en Kiev.

A Nuland ya la hemos presentado. Es la artífice de Maidan y el golpe de Estado fascista en Kiev, una diplomática que mantiene estrechos lazos con Pravy Sektor.

El encuentro entre ambos prepara una nueva ronda de negociaciones en Minsk para solventar la guerra de Ucrania. A tales efectos, el 23 de diciembre en el Donbas nombraron a Boris Gryzlov como representante con plenos poderes.

A pesar de estar considerado por el gobierno de Kiev como “persona non grata”, hace unos pocos días viajó a la capital ucraniana, entrevistándose con Poroshenko. En Kiev ya tragan carros y carretas.

No dejaba de ser algo curioso y así se lo preguntaron al ministro de Asuntos Exteriores, lo cual fue mucho más curioso aún: ¿es el Donbas algo propio de los “asuntos exteriores” para el gobierno ucraniano?

El ministro salió bien del atolladero hablando de la necesidad de implementar los acuerdos de Minsk y de preparar las reuniones del Grupo de Contacto Trilateral sobre Ucrania. En este esquema a Grylov lo consideran como un representante de Rusia en el Grupo de Contacto.

Ucrania es otro fracaso de la política exterior de Estados Unidos, que sigue en retirada. Tiene por delante otros problemas mucho más serios. Desde la tribuna de la Rada el vicepresidente Joe Biden se dirigió a los parlamentarios ucranianos y, en referencia al Donbas, les habló de la “guerra de secesión”, recomendándoles que no olviden la lección y no se hagan ilusiones.

Pero también les dijo que deben emprender la federalización de Ucrania, algo que los políticos y la prensa ucraniana no querían escuchar. Pero en Washington el discurso de Obama sobre el Estado de la Nación iba en esa misma dirección: Kiev tiene que ceder.

En su infinita torpeza Obama calificó, además, a Ucrania como “Estado cliente” de Rusia, lo que ya ha sido imposible de digerir en Kiev: es una “zrada” (traición, en ucraniano). La camarilla de Poroshenko se siente abandonada y eso es lo que obliga a sentarse a negociar.

Por su parte, como en Irán o en Siria, Estados Unidos vuelve a capitular. Sus intereses están en otro sitio.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies