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Día: 20 de octubre de 2015 (página 1 de 1)

El imperialismo es una fábrica de mentiras

Christopher Stevens
El domingo el programa «Full Measure» de la cadena de televisión ABC emitió un documental de investigación sobre el ataque contra el consulado de Estados Unidos en Bengasi, perpetrado el 11 de septiembre de 2012 en el que murieron el embajador de Estados Unidos en Libia, Christopher Stevens, y otros tres diplomáticos más.

Durante el ataque, que duró 7 horas (toda una noche), llegaron a la casa Blanca informaciones casi en tiempo real. Desde el primer momento supieron que la dirección de la agresión la encabezaban los yihadistas de Ansar Al-Sharia, el tentáculo de Al-Qaeda en Libia.

El ataque se planificó con 10 días de antelación por lo menos para que coincidiera con el aniversario del 11 de septiembre y en venganza por el asesinato en Pakistán en junio de aquel año del dirigente de Al-Qaeda en Libia, Abu Yahya al-Libi.

Los diplomáticos destinados a Libia sospechaban la posibilidad de un atentado y le pidieron a Hillary Clinton, entonces secretaria de Estado, que reforzara las medidas de seguridad. Gregory Hicks, jefe adjunto de la misión en Trípoli el día de los ataques, dijo a la cadena de televisión que él también solicitó insistentemente ayuda militar y que el agregado en la embajada le dijo que en menos de 2 ó 3 horas iban a llegar más unidades a Bengasi.

Dejaron hacer. Estados Unidos tiene una base en Sicilia, a 740 kilómetros de Bengasi. Los cazas F-16 podrían haber llegado en sólo una hora.

La secretaria de Estado se negó a tomar ninguna medida. Ahora dice que nunca recibió solicitudes de ayuda. El jueves tendrá que ofrecer explicaciones en la Comisión Especial que ha formado la Cámara de Representantes.


Durante el ataque Obama se puso en contacto con ella para exponer ante el mundo una versión oficial de los hechos que, como es habitual, nada tenía que ver con lo que estaba sucediendo. En la preparación del relato falso participaron también Susan Rice y, sobre todo, Ben Rhodes, asesor de seguridad nacional adjunto.

Un quinto pilar de la farsa fue Victoria Nuland, responsable fundamental del apoyo imperialista a los nazis ucranianos.

La versión oficial dijo que el asalto al Consulado había sido una “protesta espontánea” dirigida contra una película estadounidense en la que se ridiculizaba a Mahoma y descartaron la implicación de grupos organizados. Sólo dos semanas después Obama tuvo que reconocer que habían estado contando mentiras a los medios de comunicación (1).

La segunda parte del programa fue una entrevista con el antiguo congresista Peter Hoekstra, presidente de la Comisión Especial de Inteligencia de la Cámara de Representantes, que acusó al gobierno de Obama de traicionar a Gadafi al apoyar a los terroristas que lo derrocaron y asesinaron.

Antes de su asesinato, Gadafi ya había reculado ante el imperialismo. Hoekstra se reunió tres veces personalmente con el presidente libio y
comprobó que desde 2003 había cambiado. Se había convertido en un aliado
clave de Estados Unidos en la “lucha contra el terrorismo”.
Su docilidad no le sirvió de nada. A la hora de elegir entre él y los yihadistas, Obama prefirió a estos últimos. Gadafi creyó que podría reconciliarse con el imperialismo colaborando en la “guerra contra el terrorismo” y no cayó en la cuenta de que ambas cosas, imperialismo y terrorismo, son lo mismo.

Los yihadistas libios, dijo Hoekstra, estaban ligados a la Hermandad Musulmana. El encubrimiento del ataque a Bengasi por parte de Obama estuvo motivado en parte por el hecho de que los mismos yihadistas que Estados Unidos apoyaron para derrocar a Gadafi, llevaron a cabo el asalto del 11 de septiembre del 2012 en contra del complejo diplomático en Bengasi.

El programa no añade nada que no se supiera. En mayo la organización Judicial Watch ya obtuvo más de 100 páginas de documentos comprometedores (2) solicitados al amparo de la Ley de Libertad de Información.

De la documentación se desprende, además, que el gobierno de Obama sabía que el Califato Islámico tenía previsto establecer un califato en Irak y Siria varios meses antes de las elecciones presidenciales de noviembre de 2012.


A pesar del embargo de armas de la ONU, entre octubre de 2011 y
principios de septiembre de 2012 se estuvieron enviando armas de Siria a
Bengasi. Obama lo sabía y tampoco hizo nada por impedirlo.

La inacción de Obama durante el asalto al Consulado de Bengasi forma parte de un
fracaso político mucho más amplio, que ha conducido a la retirada del
imperialismo estadounidense de Oriente Medio.

(1) http://www.abc.es/20121003/elecciones-estados-unidos/abci-obama-informes-bengazi-qaida-201210031025.html

(2) http://www.judicialwatch.org/press-room/press-releases/judicial-watch-defense-state-department-documents-reveal-obama-administration-knew-that-al-qaeda-terrorists-had-planned-benghazi-attack-10-days-in-advance/

Lenny Bruce (1925-1966)

N.B.

Comediante cáustico, áspero y vitriólico norteamericano que fue pionero en los años sesenta del siglo pasado de los llamados «stand-up comedy» en EE.UU., monólogos humorísticos al igual de los que hoy se estilan en la televisión española intitulados «El Club de la Comedia» donde abundan los cómicos solitarios que inciden más en el costumbrismo que en lo «político», y si lo rozan, es a base de lo permisible y «políticamente correcto», salvo excepciones.

No era el caso de Bruce que no estaba dispuesto a que le riesen las gracias, más bien al contrario practicando casi un «anti-humor» por lo desnudo de sus denuncias y críticas a todo lo habido y por haber en una sociedad tan pacata como hipócrita. Lenny fue un rebelde -más que un revolucionario- de los años 60 que empezó a hacer de sus actuaciones -en locales y cafés- pequeños escándalos públicos en los que tocaba temas como la religión (él era judío neoyorkino: Leonard Alfred Schneider, su verdadero nombre), el sexo, el racismo, el KKK (Ku Klus Klan), las drogas, el aborto y lo políticamente incorrecto con un inconformismo absoluto. Una década, la de los 60, convulsa en las universidades y los suburbios, de contracultura, Vietnam, donde Bruce fue una especie de chivo expiatorio siendo detenido múltiples veces por «blasfemias» o por posesión de drogas.

Frank Zappa o Dylan lo reivindicaban. Cuanto más lo molestaban, curas y policías, más se crecía. Se lió con una «stripper» que le dejó (o al revés) y empezó a tener problemas con las drogas. En 1966 apareció muerto en la bañera por una sobredosis.

En 1974 el coreógrafo Bob Fosse (que dos años antes hiciera la célebre «Cabaret» con Liza Minelli y Joel Grey) realizó el biopic «Lenny», una suerte de docudrama enriquecido por el uso del blanco y negro, con un Dustin Hoffman realmente soberbio, imponente.

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