

La web más censurada en internet

Al búnker se desplazarán el CAOC (Centro de Operaciones Aéreas Combinadas) de la OTAN (que controla el espacio aéreo entre Azores y Turquía) y el ARS Pegaso (Defensa Aérea Nacional española).
La inauguración del centro está pendiente de la implementación del nuevo sistema informático de mando y control de operaciones aéreas de la OTAN. Es el mismo sistema informático que también empleará España, el más avanzado en seguridad de los sistemas de telecomunicaciones.
La estructura de máxima seguridad consiste en un cubo de hormigón armado de tres metros de espesor, con excepción del techo, que tiene nueve metros de grosor. Está preparado para aguantar el impacto directo de una búnker buster de 2.000 kilos, una de las bombas más potentes. Toda la estructura está recubierta con una capa de cobre para protegerlo contra el pulso electromagnético. Así se trata de evitar que destruyan todos los aparatos sofisticados que se acumularán en dichas dependencias.
La mastodóntica obra empezó por excavar un agujero en la zona de la colina de la base de Torrejón seleccionada. Está diseñada para acomodar a 600 personas. Se trata de que puedan permanecer encerradas en el interior del recinto, sin recibir ayuda alguna del exterior, durante ocho días.
El coste total de la obra ascendió a 59 millones de euros y en la actualidad se está trabajando en la puesta a punto de los sistemas y garantías para que se mude Pegaso (servidores de datos y comunicaciones, seguras, cifradas, etc.). Se está ultimando la puesta en marcha de la sala de operaciones de la Defensa Aérea Nacional.
Se trata de cambiar de espacio a aquellos que controlan los espacios aéreos, de ámbito nacional y de ámbito OTAN. Eso obliga a mantener operativos dos sistemas a la vez, para que no se deje de controlar ni un minuto el cielo mientras se realiza el cambio al búnker.
En la primera planta del búnker, denominada Planta de Vida, se encuentra el control de acceso, la seguridad, la zona de descontaminación CBRN. Además está la zona de usos comunes: comedor, cocinas, almacenes de alimentos, habitaciones del personal de servicio, oficinas de apoyo y algunos almacenes.
En la segunda planta del subsuelo se encuentran los servidores de ACCS (españoles y NATO), servidores de comunicaciones (seguras, cifradas, SATCOM, líneas telefónicas comerciales, etc), POP (punto de presencia OTAN en España), servidores de la red de Defensa española, servidores de la red NATO SECRET, y oficinas técnicas del personal CIS (Sistemas de Comunicación e Información).
Esta planta dispone de refrigeración adicional para mantener la temperatura óptima de funcionamiento de los sistemas; y todos los equipos, servidores y elementos sensibles están montados sobre unos amortiguadores para que en el caso de que se produjera un ataque, no se vean dañados por las eventuales sacudidas.
En la tercera planta están las salas de operaciones: salas de Training, Combat Plans y Combat Operation del CAOC, las propias de Pegaso y el despacho del COMCAOC. Esta planta contiene la totalidad del personal que conduce y planea las operaciones aéreas de las dos entidades.
La cuarta planta contiene todos los elementos para que el búnker pueda funcionar: sala de control de sistemas de vida y funcionamiento, generadores eléctricos, depósitos de combustible, estabilizadores de corriente, sala de baterías, sistema contraincendios, sistema de control ambiental, depósitos de agua (potable, sanitaria y de descontaminación), filtros de aire, etc.
En la actualidad el propietario del búnker es el Ejército del Aire, y a su cargo está el MALOG (Mando Logístico), hasta que se entregue a Pegaso y CAOC.
El búnker de Torrejón es aún más grande que el excavado bajo La Moncloa. Este último dispone de 7.500 metros cuadrados por los 10.000 con los que cuenta la nueva instalación militar. El de La Moncloa está repartido en tres pisos (los niveles 0, -5 y -10). Cuenta con muros de tres metros de espesor, puertas falsas, armería, quirófano e, incluso, un cementerio en sus profundidades.
Está diseñado a prueba de bombas nucleares y ataques con armas químicas, y los frigoríficos cuentan con comida suficiente para que sus 200 moradores (altas personalidades políticas y militares con sus mujeres e hijos) puedan sobrevivir a un asedio durante semanas. Pero afortunadamente no se ha tenido que utilizar. Tiene una planta de uso militar. El edificio dispone de hospital dotado de quirófano, UVI y vacunas contra virus como la viruela o el ántrax. En la parte civil, habitaciones con baño para las autoridades, cocina, cafetería… y grandes cámaras frigoríficas para guardar la comida. La renovación de las existencias se realiza cada dos meses. Los ingenieros construyeron pozos a 200 metros de profundidad para poder recoger agua.
En caso de guerra los jefes lo tienen todo bien previsto para ellos mismos. ¿Y los demás?

La calle estaba en plena ebullición. En junio la clase obrera había asestado el primer golpe serio a la política “democratizadora” del franquismo con el boicot a las elecciones del sindicato oficial. El régimen se sentía completamente acorralado y abocado a un colapso total, de ahí que intentara tomar la iniciativa antes de verse desbordado; y a tal fin lanza la cruzada terrorista del verano para intimidar a las masas y sacar a delante sus planes “democratizadores” a costa de la sangre y la muerte de los antifascistas.
Durante los meses de julio y agosto se produjeron detenciones masivas en las principales ciudades del país. La policía salió a la calle haciendo grandes alardes de fuerza, se produjeron tiroteos en Madrid y Barcelona donde fueron detenidos varios militantes de ETA y, en Ferrol, Moncho Reboiras cayó asesinado por los disparos la policía.
Complementando esta ofensiva terrorista del Gobierno, la prensa y la radio, puestas enteramente a su servicio, desataron una frenética campaña propagandística, del más puro estilo nazi, jaleando esta oleada de detenciones y de terror, al objeto de sembrar el pánico entre las masas trabajadoras para paralizarlas.
El 22 de agosto de aquel año en el Consejo de Ministros celebrado en La Coruña presidido por Franco, el gobierno promulga un decreto antiterrorista que supone un estado de excepción en toda España y la sentencia de muerte de numerosos antifascistas. Así el régimen espera asegurar su continuidad por medio del terror sistemático, ejercido contra las masas y lanza a todas sus fuerzas represivas a la calle.
Aunque los medios de comunicación y los oportunistas a su servicio se afanan en decir que el 27 de setiembre de 1975 se produjeron los “últimos” fusilamientos del franquismo, en realidad, luego han seguido fusilando a los antifascistas de diversas maneras, una legales y otras ilegales. Entre 1975 y 1985 murieron unos 600 antifascistas de diversas organizaciones por disparos de la policía y otras acciones represivas.
En parte los franquistas lograron intimidar a los revisionistas y demás grupos oportunistas de izquierda. Hasta aquel verano habían convocado huelgas cada dos por tres para la reconciliación con los explotadores y criminales, pero entonces desaparecieron de la escena asustados.
Con la concentración fascista del 1 de octubre en la Plaza de Oriente, en Madrid, el régimen quería salir al paso de la oleada de protestas populares que a raíz de los fusilamientos, sacudió a toda Europa en solidaridad con la lucha antifascista y proseguir luego tranquilamente con su política. Pero ese mismo día, en las mismas calles de Madrid en las que querían celebrar los asesinatos, los GRAPO abatieron a tiros a cuatro policías.
El régimen quería golpear y resultó golpeado. Cuando le dieron la noticia de la acción, Franco no pudo terminar su discurso –que sería el último- y rompió a llorar en balcón del Palacio Real. Fue uno de los golpes más duro de su sanguinaria historia, declarándose desde ese momento en completa bancarrota, pues uno de sus principales objetivos, mantenerse mediante la política de terror, quedó claro que no se iba a conseguir y que, en lugar de aplastar al movimiento de resistencia con dicha política, éste se incrementaba y tomaba más fuerza.
Donde hay opresión siempre hay resistencia. Aquel verano de 1975 los GRAPO realizaron su primera acción armada, directamente dirigida contra la represión policial. Fue una de las acciones de mayor envergadura desde la desaparición de la guerrilla antifascista. Los GRAPO no reivindicaron entonces aquellas primeras actuaciones. No difunden su primer comunicado hasta el 18 de julio de 1976, casi un año más tarde, tras la explosión en todo el país de unas cuarenta bombas contra monumentos e instituciones fascistas.
La campaña desatada por el fascismo no fue una prueba de su fortaleza, sino un claro síntoma de su extrema debilidad. Bastaba con enfrentarla resueltamente para que se viniera abajo. Había, pues, que enfrentarla y fue enfrentada de la forma más valerosa. Nada más comenzar esta campaña terrorista del Gobierno, el 21 de agosto habían caído acribillados a balazos dos guardias civiles en las cercanías del Canódromo madrileño, en el barrio de Carabanchel. Ninguna organización reivindicó entonces este hecho.
La ofensiva terrorista del régimen alcanza su techo con los fusilamientos del 27 de septiembre, y es entonces, después de la tempestad desatada en toda Europa y en el momento mismo en que las huestes fascistas celebran la matanza del 27 de septiembre ante su Caudillo, cuando cuatro comandos actúan simultáneamente en distintos puntos de Madrid y abaten a tiros a otros tantos policías.
La sorpresa en las esferas oficiales ante esta cadena de acciones armadas es total, y no pueden disimular el pánico que les infunde. Evidentemente, el gobierno había fracasado en su intento de frenar mediante el terror y los fusilamientos la oleada de lucha popular que empieza a desbordarlo. Se vinieron abajo los últimos intentos de la oligarquía española destinados a mantener intacto para después de la muerte de Franco el régimen creado por él. Este régimen no sólo no era ya capaz de contener con los viejos métodos fascistas las grandes oleadas de la lucha obrera y popular, sino que, además, se mostraba muy vulnerable. Acosado por todas partes, corroído por sus propias contradicciones internas, con la perspectiva de una mayor agravación de la crisis económica y con un fuerte movimiento huelguístico de tipo revolucionario respaldado por todo tipo de acciones armadas, la política “aperturista” preconizada por Arias Navarro se vino abajo como un castillo de naipes.
El régimen se vio obligado a parar en seco su política represiva. Se anulan los procesos militares pendientes y se aceleran las negociaciones con la oposición domesticada para perfilar un nuevo marco político, con el objeto de romper su aislamiento y, sobre todo, hacer frente al movimiento antifascista.
La muerte de Franco el 20 de noviembre de 1975 y la entronización inmediata de la monarquía borbónica arrastró consigo al gobierno Arias y su política aperturista, meses antes incluso de su dimisión formal en julio de 1976. Se derrumban los proyectos continuistas del franquismo, por lo que la oligarquía se ve obligada a retroceder, y ello en medio de la más aguda crisis de su régimen, de agravación de todas sus contradicciones internas y de una gran ofensiva de la lucha de masas acompañadas de acciones armadas guerrilleras.
Antes de desmoronarse definitivamente, el policía Arias formó un nuevo gobierno en el que incluía a personajes tan destacados en la represión y la demagogia del período anterior como Fraga, Areilza y Adolfo Suárez. Este nuevo gobierno hará algunas promesas de cambio y abundante demagogia. Trataron de continuar aplicando una nueva política. En el verano de 1975 los fascistas entendieron que no se podían mantener en el poder sólo con la represión y los fusilamientos; necesitaban algo más: la complicidad de los revisionistas, de los reformistas y los oportunistas de todos los pelajes.
![]() |
| Franco llorando el 1 de octubre de 1975 |