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Día: 26 de agosto de 2015 (página 1 de 1)

El origen de la fobia contra Rusia

Hay fenómenos en la historia que no tienen un explicación sencilla, entre ellas las fobias. Si las fobias de cada cual son una materia especializada de la sicología, las colectivas tienen un encaje aún más difícil. ¿Por qué tenemos manía a los judíos?, ¿y a los gitanos?, ¿y a los homosexuales?

Las fobias son todavía más complejas cuando no son recientes, sino que se arrastran desde hace siglos. Alguno dirá que tenemos fobia a los gitanos porque somos racistas, pero entonces ¿por qué somos racistas? La fobia a los judíos, ¿es porque practican una religión diferente? ¿Cuál es el motivo de la fobia a los homosexuales?

Además toda esas fobias suelen ir juntas en las mismas personas, lo cual hace la explicación aún más difícil.

Según una reciente encuesta del Pew Research Center, en España la rusofobia ha aumentado. La encuesta se realizó en 40 países del mundo con 45.435 personas consultadas entre el 25 marzo y el 27 mayo. El mayor apoyo de Rusia procede de Vietnam (75 por ciento), seguido de Ghana (56 por ciento) y China (51 por ciento).

La campaña antirrusa que tiene su manantial en la Casa Blanca y los medios de Estados Unidos parece comprensible porque creemos que ha surgido recientemente, pero no es así. La explicación no puede estar en la URSS, que durante la Guerra Fría ya tuvo su propia paranoia, explicable por la naturaleza socialista del país, por la proliferación armamento nuclear y por otros motivos.

También es explicable la fobia de renegados, como los trotskistas y otros, que homologaron la URSS a las demás potencias imperialistas, e incluso inventaron un nuevo concepto, el socialimperialismo, para hacer más digerible sus manías. “No hay peor cuña que la de la propia madera”, dice el refrán.

Pero hoy todo eso tiene -debería tener- muy poco sentido. No se trata sólo de que la URSS haya perdido su carácter de clase sino que todos los países del Telón de Acero tampoco son lo que antes fueron. Ni siquiera territorialmente Rusia tiene la extensión que tenía. De la URSS han surgido nada menos que 15 nuevos países, de muchos de los cuales antes ni siquiera sabíamos de su existencia.

Rusia ha heredado la fobia anticomunista, que se ha metamorfoseado. No hace mucho que Kissinger (sí, nada menos que Kissinger) criticó a la Casa Blanca y a los medios de su país diciendo que su política antirrusa es la ausencia de toda política. Por consiguiente, si no es algo que tenga que ver con la política, tendrá que ver con la sicología, con las fobias, las paranoias, las manías persecutorias y los trastornos obsesivo-compulsivos.

Hasta ahora creíamos que esa fobia, a diferencia del antisemitismo, tenía un origen reciente, pero resulta que no es así. El suizo Guy Mettan lo remonta a los tiempos de Carlomagno y por eso titula su libro: “Rusia-Occidente, una guerra de mil años. La rusofobia de Carlomagno a la crisis ucraniana”.

Mettan tiene una larga carrera periodística y política en su país. Es diputado, presidió el Gran Consejo de Ginebra y fue redactor-jefe del diario Tribune de Genève.

Según él, aunque la rusofobia actual es diferente en cada país, se alimenta de la misma paranoia impulsada por Brzezinski cuando fue consejero de seguridad nacional en Washington de 1977 a 1981. A partir de entonces se ha convertido en el pensamiento único, aunque lo de “pensamiento” es mucho decir. No hay más que comprobarlo en las múltiples caricaturas que de Putin que viene haciendo la prensa imperialista. Dan para un buen tratado de siquiatría.

Igual estamos equivocados con aquello de “construir el socialismo en un solo país” porque tanto la URSS como Rusia nunca fueron un país sino -posiblemente- un continente situado en medio de otros continentes. Seguramente Rusia es ese continente que aún no hemos descubierto. Lo mismo que Cristóbal Colón, hablamos de Cipango cuando queremos decir América, o sea, que no sabemos ni de lo que estamos hablando.

Repsol encuentra petróleo en el Sáhara

Hasta ahora Taudeni, una gigantesca cuenca que se extiende entre Mali y Mauritania, bajo las arenas del desierto del Sáhara, era conocida por sus minas de sal. A finales de los años 1960 construyeron una prisión en aquel remoto lugar donde los presos eran forzados a trabajar.

Todo cambió en la primavera del pasado año cuando Repsol, el monopolio petrolífero español, anunció que había encontrado petróleo en el yacimiento de Taudeni.

Unos meses después, el 23 de octubre, el ministro de Defensa Pedro Morenés viajó discretamente a Dakar, la capital de Senegal, acompañado de su homólogo francés Jean Yves Le Drian. En dicha metrópoli africana se reunía un foro sobre “la paz y la seguridad” en aquella región.

El petróleo, incluido el del Sáhara, está muy relacionado con eso que la burguesía llama “paz y seguridad”, es decir, con las agresiones y las ocupaciones del imperialismo. En concreto, la concesión de Taudeni tiene que ver, por ejemplo, con la invasión de Mali por los franceses.

Taudeni es una enorme extensión, superior al medio millón de kilómetros cuadrados, igual a la de España. Repsol estaba a punto de arrojar la toalla en Mauritania cuando se produjo la noticia del descubrimiento de petróleo en el Bloque 10 de la cuenca.

No obstante, un medio africano anunciaba los temores de que el descubrimiento tuviera un “efecto de llamada” para los terroristas, los yihadistas y los bandidos, o dicho en otras palabras: el yacimiento era tan bueno que podría atraer la voracidad de la competencia, de otras potencias imperialistas y otros monopolios petrolíferos con ganas de echar a Repsol de sus dominios.

El reparto del pastel no ha gustado a ciertas potencias y al final esas disputas, decía Lenin, se resuelven echando mano del ejército. De ahí la visita del ministro de Defensa. Como decía la prensa africana, Taudeni no estaba protegido por nada. El gobierno del PP se ponía al servicio de Repsol y Morenés viajaba a Dakar para demostrar todo lo contrario. El ejército español está capacitado para hacer de guardaespaldas de los petroleros españoles que van a llevarse el oro negro de Mauritania.

El petróleo se lo lleva Repsol y los gastos los pagan los contribuyentes. Esa es la diferencia entre el mercado (capitalista) y el Estado (burgués).

¿Con qué parte del botín se queda África? Con la guerra, con el terrorismo, con el yihadismo, con… Los mapas del petróleo son los de la guerra.

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