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Día: 18 de agosto de 2015 (página 1 de 1)

Tropas británicas del SAS combaten en las filas del Califato Islámico

El 2 de agosto el diario británico Sunday Times lo titulaba literalmente: “El SAS se disfraza de combatiente del Califato Islámico en la guerra secreta contra los yihadistas”. Según el periódico, en Siria hay más de 120 miembros de las fuerzas especiales del SAS, vestidas de negro, portando las banderas yihadistas y combatiendo en las filas del Califato Islámico.

Forman parte de la Operación Sader y su objetivo es atacar al gobierno de Siria con la excusa de combatir al Califato Islámico. El SAS se une así a los comandos estadounidenses y elementos de la CIA que dirigen los pasos de los takfiristas sobre el terreno.

Durante la guerra de Libia, Gran Bretaña ya desplegó centenares de paracaidistas de las SFSG (Special Forces Support Group), una unidad especializada del SAS, así como membros del SBS (Special Boat Service) para derrocar y asesinar a Gadafi. Además en agosto de 2013 el gobierno británico desplegó 800 marines, que se unieron a los 4.000 marines estadounidenses como tropa de refuerzo.

El año pasado el primer ministro David Cameron ordenó que los cazas británicos se unieran a los de Estados Unidos para bombardear Siria, un medida que había sido expresamente prohibida por el Parlamento británico en agosto de 2013.

Una parte de esta operación clandestina está bajo mando estadounidense. Las unidades “smash” viajan camufladas en camiones “pick-up” capaces de lanzar pequeños drones para inspeccionar el terreno y buscar objetivos para el ataque.

Más de 200 especialistas británicos (y posiblemente estadounidenses algunos de ellos) están implicados en las transmisiones y comunicaciones, según el Sunday Express. El ministro británico de Defensa, Michael Fallon ha reconocido que “nuestras acciones y capacidades de vigilancia liberan a otros países para golpear a Siria”.

Las tropas del SAS están en Arabia saudí, donde entrenan a los terroristas que combaten al gobierno de Damasco con operadores estadounidenses que desempeñan la misma función en Turquía, Jordania y probablemente en Israel.

Estados Unidos y Gran Bretaña se justifican afirmando que sólo entrenan a los rebeldes que califican de “moderados”, lo cual es una cortina de humo para encubrir su implicación directa con los terroristas del Califato Islámico, entrenados, armados y financiados en el exterior, trasladados luego a través de las fronteras de Siria para combatir al gobierno de Al-Assad, apoyados desde el aire por los cazas de Estados Unidos, Gran Bretaña y Canadá y por los comandos especiales sobre el terreno.

El Sunday Express cita a un antiguo general del ejército británico, David Richards, quien asegura que los tanques acabarán entrando en acción en las operaciones militares de Gran Bretaña en Siria.

Otro artículo separado analiza las incursiones aéreas estadounidenses que defienden a los terroristas del Califato Islámico, que cumplen la función de tropas de infantería al servicio de los imperialistas contra Al-Assad.

Por su parte, el Wall Street Journal informa de lo que parece ser un preludio evidente a una operación similar a la de Libia, afirmando falsamente que Obama autorizará bombardeos aéreos contra el ejército gubernamental si ataca a los rebeldes “moderados” que apoya Estados Unidos.

De manera independencia, un periódico turco asegura que, según el presidente Erdogan, Putin ha debilitado su apoyo al gobierno de Damasco y que podría dejar caer a Al-Assad. Obama ha reconocido que en junio le llamó Putin, quien parece haber tomado la iniciativa en los asuntos que conciernen a la guerra de Siria.

El portavoz de la presidencia rusa, Dimitri Peskov, ha confirmado la conversación, pero ha ratificado el compromiso de Rusia en la lucha contra el Califato Islámico: “La posición de Rusia es bien conocida” y ha sido reiterada por Putin. No hay ningún cambio en la línea del Kremlin, que se opone frontalmente a cualquier intervención exterior.

El consejero de Putin, Yuri Ushakov, ha afirmado que “la dirección actual de Siria es una de las fuerzas que realmente luchan y se enfrentan verdaderamente al Califato Islámico”, por lo que no hay nada que indique que el apoyo de Rusia al gobierno de Damasco se haya debilitado.

Fuente: http://www.globalresearch.ca/british-sas-special-forces-dressed-up-as-isis-rebels-fighting-assad-in-syria/5466944

Sabina y los toros

N. Bianchi

«No vayan si no quieren, pero dejen de tocarnos los coj…», reza pudorosamente el titular de un periódico que habla de la taurofilia del compositor y cantante Joaquín Sabina en contra de las manifestaciones más proanimalistas que anti-nada. Razones para estar en contra de la llamada «fiesta nacional» hay muchas y tampoco faltan argumentos a favor por parte de intelectuales y gente muy inteligente, sobre todo en la II República, que esgrimen no se sabe bien qué atavismos milenarios allá en los tiempos de maricastaña. No entraremos aquí.

Me detendré solo en la declaración de Sabina, bien simplista y pedestre, por cierto. Me recuerda el racismo latente o manifiesto entre las primeras oleadas de emigrantes que poblaron los Estados Unidos. Porque lo había. La aristocracia eran los ingleses, los escoceses y los irlandeses (casi todos metidos a «cops», los «maderos» de aquí); luego venían los escandinavos (suecos, daneses…) y los alemanes (grandes carniceros o diseñadores de aviones como Boeing);  después los franceses y los eslavos; mucho más abajo los italianos (por eso tuvieron que dedicarse, cuando ya apenas quedaba sitio, a la extorsión y la «cosa nostra», no todos, claro está, ni mucho menos, como lo pinta el cine hollywoodiense); más abajo aún, los hebreos (los judíos) y los chinos; más abajo todavía, los portorriqueños y, por último, al final de la escala, lo adivinaron, los negros. ¿Qué harían con el gran poeta romántico ruso Alexander Pushkin cuyo abuelo era etíope (como el padre de Obama)?, se nos ocurre.

Hay, por supuesto, negros ricos, los menos,  y negros pobres, los más, igual pasa con los judíos, ¿no es cierto? En los Estados Unidos, de siempre, el antisemitismo es un fenómeno corriente, aunque te apellides Spielberg. El clásico norteamericano «medio», que se dice, en el país de las hamburguesas, la sociología y las estadísticas, te dirá, cuando pasaba que a un judío -y no digamos a un negro- no se le permitiera la entrada en ciertos y selectos restaurantes -supongo que con los Rockefellers harían la vista gorda-, te diría que eso no es grave, «siempre podrá ir a otro restaurante u hotel o encontrar trabajo en otro sitio». ¿No es maravilloso? Problema resuelto: «tenemos otros hoteles y restaurantes confortables», concluiría este perfecto idiota que es incapaz de entender, tal vez no sea su culpa, ni comprender, que además del confort, existe la dignidad humana, la dignidad de la  persona.

Pues bien, Sabina «razona» (¿?) igual que este probo ciudadano contribuyente y patriota norteamericano, eludiendo la cuestión de fondo: la moralidad o no de las corridas de toros por mucha tradición que tengan. Morirán cuando TVE no las retransmita, como pasó con el boxeo. Boxeo, por cierto, pelea entre hombres, mil veces más noble que la lidia entre un torero armado y un animal indefenso, un mamífero con su sistema nervioso que sufre igual que el humano cuando lo pinchan y estoquean. Una lid desigual. En el boxeo, al menos, no ponen a un peso pesado a pelear contra un peso pluma. Buenas tardes.

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