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Día: 28 de julio de 2015 (página 1 de 1)

Todo lo que necesitas saber sobre la insoportable deuda española

Ya deberías haberte enterado de que con la ayuda del banco Goldman Sachs, Grecia engañó sobre el volumen real de su deuda, mientras que la troika, por su parte, se dejó engañar.

Pero no sólo Grecia: todos los países han hecho y siguen haciendo exactamente lo mismo, anunciando algunas deudas y ocultando otras. La magia financiera es lo que le permite repetir a Rajoy que “España no ha sido rescatada”, a diferencia de otros países de opereta, como Grecia.

Como cualquier otro hechizo, las finanzas comportan el recitado de algunas palabras mágicas que consisten en cambiar el nombre de las cosas: no son deudas sino otro tipo de “obligaciones”, o no las consideran como “públicas” porque la sacan de la contabilidad del Estado…

Por ejemplo, no se cuentan los créditos de las empresas en las que el Estado tiene una participación inferior al 50 por ciento, como la Sareb (el “banco malo”).

Tampoco cuentan algunos avales y préstamos públicos… En fin, los contables cuentan las cosas lo mismo que el telediario: a su manera.

A la hora de hacer un cálculo sobre la deuda real es imprescindible tener en cuenta que esa distinción sobre la que tanto les gusta insistir a algunos entre lo público y lo privado (el Estado y el mercado) es una estupidez, entre otras cosas porque:

a) las deudas privadas camuflan deudas públicas
b) las deudas privadas se convierten en deudas públicas (abracadabra)
c) las deudas públicas son, pues, en realidad, deudas privadas

Punto de partida: en España la deuda reconocida ya ha superado el 100 por cien del PIB.

Pero España es un Estado mágico, uno de los que tiene una mayor deuda oculta de toda la zona euro. Quien maquilla las cifras es la Unión Europea. Al Banco de España no le importa reconocer unas cifras mucho mayores: en abril dijo que al cierre del año pasado la deuda pública superaba el billón y medio de euros (1,5 billones de euros).

Desde aquí nosotros decimos que esa cifra aún se queda corta: este Estado debe en realidad 1,6 billones de euros. Con diferencia, es la cifra más alta de deuda pública desde principios del siglo pasado. Es cinco veces mayor que la deuda griega.

Desde 2007, fecha oficial de inicio de la crisis, la deuda pública española se ha triplicado o, dicho de otra manera, vivimos de prestado. Todavía no estamos sintiendo el peso real de lo que es una crisis del capitalismo.

El año pasado la cifra camuflada creció mucho más que la oficial, es decir, la mentira va a más. Para los gobiernos españoles la solución del problema consiste en meter la mierda debajo del felpudo.

Pablo Iglesias participa de esa mentira. Recientemente en una entrevista a la agencia Europa Press (26 de julio de 2015) hace lo mismo que los demás: esconde las cifras reales de deuda, ya que sólo reconoce 1,046 billones.

No sólo el Estado debe dinero: todo el mundo está metido en la misma trampa. Entre empresas, instituciones financieras, hogares y administración, la deuda total sube al 386 por ciento del PIB, es decir, casi cuatro billones de euros.

No te engañes: no se trata de que quien propugna el impago -total o parcial- de la deuda es más radical que el otro. Se trata de que la deuda española no se puede pagar y, por lo tanto, no se va a pagar.

Quien diga lo contrario miente.

La ciencia que desmanteló Franco

Manuel Ansede

“Al carro de la cultura española le falta la rueda de la ciencia”, sentenció Santiago Ramón y Cajal, único científico 100% español que ha ganado un premio Nobel. El investigador recibió el galardón en 1906 por descubrir las neuronas del cerebro y un año después predicó con el ejemplo y se transformó en el carretero del país: se puso al frente de la nueva Junta para Ampliación de Estudios (JAE), una institución que pagaba a los mejores científicos españoles estancias en las grandes universidades europeas y americanas.

La JAE contribuyó al florecimiento de la Edad de Plata de las letras y las ciencias en España durante el primer tercio del siglo XX. Hasta el físico Albert Einstein aceptó dirigir una cátedra extraordinaria en la Universidad Central de Madrid en 1933. Pero el golpe de Estado de 1936 y la Guerra Civil barrieron este progreso. El 8 de diciembre de 1937, el general Francisco Franco disolvió la JAE y creó otra institución para colocar la “vida doctoral bajo los auspicios de la Inmaculada Concepción de María”.

El libro Enseñanza, ciencia e ideología en España (1890-1950), editado por la Diputación de Sevilla y Vitela Gestión Cultural, repasa ahora el desmantelamiento de la ciencia en España ejecutado por la dictadura franquista. “A los que estudiamos en la Universidad española entre finales de los sesenta y principio de los setenta nos hacían creer que antes de 1940 la ciencia estaba atrasada y fue casi inexistente, que todo lo que se estaba haciendo entonces provenía del actual régimen, el cual había puesto los medios materiales y las personas adecuadas para que la ciencia española progresara y saliera del atraso en que se encontraba en la década de 1930. Pero nada más lejos de la realidad”, reflexiona el historiador Manuel Castillo, catedrático emérito de Historia de la Ciencia en la Universidad de Sevilla y coautor del libro.

Castillo recuerda que José Ibáñez Martín, ministro de Educación entre 1939 y 1951, asumió la decisión de “recristianizar la sociedad”. La represión vació la universidad. De los 580 catedráticos que había, 20 fueron asesinados, 150 expulsados y 195 se exiliaron, señala Castillo. “La Iglesia supervisó o participó en cada una de estas denuncias”, afirma.

Uno de los primeros en huir fue el físico Blas Cabrera, un experto en magnetismo que había sido elegido miembro de la Academia de Ciencias de París en sustitución del fallecido Svante August Arrhenius, premio Nobel de Química. “A México llegaron medio millar de médicos e investigadores de ciencias biomédicas”, prosigue Castillo. También escaparon grandes figuras de las ciencias naturales, como Ignacio Bolívar, sucesor de Ramón y Cajal al frente de la JAE en 1934, y Odón de Buen, pionero de la oceanografía en España y un divulgador de la ciencia cuyos libros fueron prohibidos por el papa León XIII por defender las teorías de Darwin.

Las matemáticas españolas perdieron a Luis Santaló, uno de los padres de la Geometría Integral, que se exilió en Argentina y continuó investigando en la Universidad de Buenos Aires. En 1983, con 72 años, recibió el premio Príncipe de Asturias de investigación científica. La química también se resintió. Antonio García Banús, catedrático de Química Orgánica en la Universidad de Barcelona, se exilió en Colombia y allí creó la Escuela de Química en la Universidad de los Andes, en Bogotá. Enrique Moles, autoridad mundial en la determinación de los pesos atómicos, también fue depurado, como firmante del manifiesto “Contra la barbarie fascista” publicado tras el bombardeo aéreo de Madrid.

Son solo algunos de los ejemplos que aparecen en Enseñanza, ciencia e ideología en España (1890-1950), cuyo segundo autor es Juan Luis Rubio, profesor de Historia de la Educación en la Universidad de Sevilla. El Decreto del 8 de noviembre de 1936, dictado por Franco en Salamanca, había ganado. Era una orden de eliminar “las ideologías e instituciones disolventes, cuyos apóstoles han sido los principales factores de la trágica situación a que fue llevada nuestra Patria”.

Sobre las cenizas de la JAE, y bajo la batuta de José María Albareda, miembro del Opus Dei más tarde ordenado sacerdote, se creó en 1939 el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Albareda propuso en un primer momento que se denominase Nacional en lugar de Superior, pero en cualquier caso el CSIC nació para intentar “la restauración de la clásica y cristiana unidad de las ciencias destruida en el siglo XVIII”, según la ley que lo creó el 24 de noviembre de 1939.

Aquel texto criticaba la supuesta “pobreza y paralización” de la ciencia en España durante el primer tercio del siglo XX. Franco decretaba el olvido de la JAE, una falta de memoria que se repitió de manera sorprendente en 2014, en el 75 aniversario del CSIC, cuando el organismo pasó de puntillas por su pasado de exilios y depuraciones en los actos de celebración. El actual presidente del CSIC es Emilio Lora-Tamayo, hijo de Manuel Lora-Tamayo, ministro de Educación con Franco y también presidente del CSIC, entre 1967 y 1971.

Con la llegada de la dictadura, El origen de las especies de Charles Darwin se convirtió en una obra totalmente prohibida. El ministro Ibáñez Martín incluyó pasajes del Génesis bíblico en algunos libros de Ciencias Naturales. La investigación de la evolución humana, que había empezado a despuntar gracias a la JAE, fue sustituida por Adán y Eva. La paleontología “se retrotraía hasta el Cuarto Concilio de Letrán”, organizado por el papa Inocencio III en el año 1215, según Castillo.

“Hay que reconocer que en esto el franquismo fue pionero: se adelantó decenas de años a la corriente creacionista tan en boga hoy en algunas universidades norteamericanas que afinan la inventiva para introducir sus teorías como avaladas por la ciencia”, ironiza el catedrático emérito.

“La falta de libertad de pensamiento y de expresión durante casi 40 años taró al país y lo convirtió en uno de los más subdesarrollados del continente en ciencia y en cultura general”, sentencia Castillo. El Auditorio de la Residencia de Estudiantes, una de las joyas de la JAE en Madrid y sede de importantes conferencias científicas internacionales, fue demolido parcialmente y se convirtió en una iglesia. “Si de las basílicas romanas surgieron las primitivas iglesias cristianas, por qué de un teatro o cine, en donde se pensaba ir ensuciando y envenenando, con achaques de cultura y de arte, a la juventud española, no puede surgir un oratorio, una pequeña iglesia para que sea el Espíritu Santo el verdadero orientador de esta nueva juventud de España”, escribió tras la Guerra Civil su arquitecto, Miguel Fisac, por entonces miembro del Opus Dei.

Fuente: http://elpais.com/elpais/2015/07/24/ciencia/1437736052_945031.html

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