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Día: 24 de julio de 2015 (página 1 de 1)

Israel es un Estado nacido de la limpieza étnica

Miko Peled

Mustafa Tamimi, de Nabi Saleh, y Bahjat Zaalan y su hijo Ramadán, de Gaza, murieron el día que cumplí 50 años; apenas unos días después que el candidato republicano Newt Gingrich los declarara “un pueblo inventado”. Los dos fueron asesinados por la organización terrorista israelí IDF [ejército de Israel], una organización apoyada y financiada por los Estados Unidos. Un terrorista israelí disparó un proyectil de gas lacrimógeno a la cabeza del inventado Tamimi, y otro terrorista israelí disparó un cohete que mató al inventado Zaalan y a su niño Ramadán. Los dos terroristas fueron educados y entrenados por Israel, y armados por EEUU. Los terroristas israelíes no son inventados, sino muy reales, y están a salvo, protegidos por el régimen de apartheid que los envió a sus respectivas misiones; y el sistema judicial israelí se va a asegurar de que no sean llevados ante la justicia. Así es como funciona la bien aceitada maquinaria de la limpieza étnica.

La limpieza étnica sionista de Palestina no es una cosa del pasado, sino una campaña vigente que es ejecutada por tres brazos del Estado de Israel: el sistema educativo, una dedicada burocracia y las fuerzas de seguridad. El sistema educativo está dedicado a adoctrinar y producir soldados y burócratas que van a ejecutar y hacer cumplir la limpieza étnica. La burocracia está encargada de hacer las reglas que hacen insoportable la vida de los palestinos; reglas que les impiden acceder a sus tierras, que restringen su libertad para ir al trabajo o a la escuela. Esa misma burocracia luego exigirá a los palestinos pagar por los permisos que les autoricen a hacer esas cosas muy básicas que antes se les prohibió. Las fuerzas de seguridad -la más notoria, el ejército- están encargadas de hacer cumplir las restricciones, de combatir la resistencia -armada o pacífica- y de aterrorizar al “inventado” pueblo de Palestina.

Como mi padre fue general y yo soldado de la organización terrorista IDF, a menudo la gente me pregunta cómo es que los niños israelíes, que crecen en una democracia de corte Occidental, se convierten en semejantes monstruos cuando se ponen el uniforme. La respuesta detallada se puede encontrar en mi libro “El hijo del General”, pero la respuesta corta es esta: la educación. El racismo requiere una mentalidad formada por la educación. A fin de racionalizar y justificar la limpieza étnica, el sistema educativo israelí presenta a los palestinos como culturalmente inferiores, violentos e inclinados a la aniquilación de los judíos; y al mismo tiempo, carentes de una verdadera identidad nacional. La identidad nacional palestina no es más que el producto de alguna imaginación antisemita.

Los niños israelíes son educados para ver a los palestinos como un problema que debe ser resuelto y como una amenaza que debe ser eliminada. Pueden ir por la vida -como yo, que crecí en Jerusalén- sin encontrarse jamás con un niño palestino. No saben nada de la vida ni de la cultura de los palestinos, que a menudo viven solo a unos cientos de metros de ellos.

Los palestinos son presentados como una amenaza existencial mediante comparaciones absurdas, como Yasser Arafat con Hitler, los palestinos con los nazis y la resistencia palestina con Al-Qaeda. Como los niños israelíes nunca se encuentran con palestinos, lo único que saben de ellos es lo que aprenden en la escuela -especialmente en los textos escolares. Ciertamente, es notable que, a pesar de vivir tan cerca unos de otros, mucho -si no todo- de lo que los israelíes saben sobre los palestinos proviene de los textos escolares y los estereotipos racistas populares.

Los israelíes no saben que los palestinos nunca tuvieron un ejército, que no poseen ni un solo tanque, ni un solo barco de guerra o avión de combate, que no tienen una sola batería de artillería, y que no significan en absoluto una amenaza militar. Según el nuevo libro de la doctora. Nurit Peled-Elhanan, en los textos escolares israelíes no aparece ni una sola foto de una persona palestina, aunque hay millones dentro y alrededor de Israel. Los israelíes no han oído hablar de palestinos médicos, docentes, ingenieros o escritores. No estudian poesía o prosa palestina, ni leen trabajos de historiadores palestinos.

Hace poco, en una conferencia, mencioné la limpieza étnica de Palestina y alguien exclamó: “¿Qué limpieza étnica?” La gente no tiene consciencia de la limpieza étnica que se lleva a cabo en Palestina porque Israel la oculta bien, y los grandes medios de comunicación no se molestan en preguntar. En los principales grupos de paz y de diálogo que discuten sobre Palestina/Israel, una condición básica impuesta por Israel es que no se trate temas como la limpieza étnica, porque no quiere hablar de eso.

Sin embargo, durante los últimos 64 años la limpieza étnica es lo que guía las políticas sionistas hacia el pueblo palestino. Todos los gobiernos sionistas y todos los partidos políticos sionistas -de izquierda, de derecha y de centro- apoyan la limpieza étnica. El sistema judicial israelí permite a las autoridades cometer abusos, robos y asesinatos siempre que sean cometidos contra los palestinos. Si esos crímenes se cometieran contra judíos israelíes, serían perseguidos con todo el peso de la ley.

A los sionistas les gusta recordar que el 29 de noviembre de 1947 la ONU votó la partición de Palestina en un Estado judío y un Estado árabe. Lo que la historia sionista deja afuera es que en el plazo de un año desde ese voto, las fuerzas israelíes consiguieron apropiarse de cerca del 80% del territorio, destruir alrededor de 500 pueblos y aldeas palestinas, asesinar a montones de civiles desarmados y forzar al exilio a unas 800.000 personas.

Después, cuando la ONU aprobó la Resolución 194 en diciembre de 1948 sobre el derecho de los refugiados a volver a sus hogares, los israelíes procedieron a construir ciudades y pueblos, parques y carreteras en tierra palestina para uso de los israelíes judíos. Y el Parlamento empezó a aprobar leyes que prohibían el retorno de los refugiados y permitían al nuevo Estado confiscar sus tierras.

Cuando la guerra terminó, los palestinos que permanecieron dentro del recién creado Estado Judío fueron obligados a convertirse en ciudadanos de un Estado que los despreciaba y los veía como un “problema” y una “amenaza”. Fueron llamados “los árabes de Israel”, un nombre que los despojaba de su identidad nacional, les negaba todo derecho a la tierra y les daba derechos de ciudadanía muy limitados. De ser los dueños legítimos de su tierra y de su país, ahora quedaban a merced del nuevo dueño de la tierra, el Estado de Israel.

Los refugiados palestinos fueron forzados a vivir en campos de concentración -convenientemente llamados “campos de refugiados”-, y los que trataron de volver fueron ejecutados. Se creó una unidad militar con el cometido de castigar a cualquier refugiado palestino que intentara “infiltrarse” dentro de su propio país, ahora llamado Israel. Se llamaba Unidad 101, era dirigida por Ariel Sharon, y se hizo conocer como una pandilla asesina con licencia para matar palestinos.

Así que no obstante el mito -ahora perpetuado por Newt Gingrich, entre otros- que dice que no hubo limpieza étnica, hoy sabemos que la creación de Israel fue posible mediante una campaña sistemática de limpieza étnica llevada a cabo por milicias judías responsables de masacres, terrorismo y del saqueo a gran escala de una nación entera.

A Newt Gingrich, siendo como es un aficionado a la historia, podría interesarle un relato acerca de mi madre que menciono en mi libro “El hijo del General”. Ella nació y creció en Jerusalén, y recuerda las casas de familias palestinas en barrios de Jerusalén Oeste. Me contó que cuando era niña, los sábados de tarde salía a caminar por esos barrios, admirando la belleza de las casas, mirando a las familias reunidas en sus hermosos jardines. En 1948, cuando las familias palestinas fueron expulsadas de Jerusalén Oeste, a mi madre le ofrecieron una de esas hermosas y espaciosas casas, pero ella la rechazó. Con 22 años, esposa de un joven oficial del ejército, con escasos medios y dos hijos pequeños, ella rechazó la casa hermosa y amplia que le ofrecieron totalmente gratis, porque no podía tolerar la idea de vivir en el hogar de una familia que había sido expulsada y ahora vivía en un campo de refugiados. “El café todavía estaba tibio sobre las mesas cuando los soldados entraron y empezaron el saqueo”, me dijo. “¿Puedes imaginar cuánto deben extrañar su hogar esas madres, esas familias?”, se preguntaba, y continuó: “Recuerdo ver los camiones cargados con el botín que los soldados israelíes se llevaban de las casas. ¿Cómo no tenían vergüenza de sí mismos?” Miles y miles de casas en ciudades de todo el país fueron apropiadas así.

Yendo ahora a 1967 y al mito de que Israel estaba luchando por su existencia y siendo atacado por ejércitos árabes desde todas partes: mucho se ha escrito sobre esto, pero nada es más revelador que las actas de las reuniones de los altos mandos del ejército en junio de 1967, inmediatamente antes de la guerra. Según los generales, uno de los cuales era mi padre, Matti Peled, no sólo no había ninguna amenaza existencial: los generales dijeron claramente que el ejército egipcio necesitaba al menos un año y medio para estar listo para una guerra, así que éste era el momento adecuado para atacarlo y destruirlo. El ejército presionó al gabinete para que autorizara un ataque contra Egipto, y éste así lo hizo. El IDF destruyó al ejército egipcio y luego fue a atacar Jordania y Siria. Al IDF le tomó apenas seis días y 700 bajas matar a unos 15.000 combatientes árabes y conquistar Cisjordania, los Altos del Golán y la península del Sinaí.

A uno podría gustarle pensar que fue un milagro, pero fue un ataque bien planeado y bien ejecutado contra países que no tenían una fuerza militar viable. El ejército israelí había alcanzado así su meta de conquistar toda la Tierra de Israel, y la desarabización de Palestina ahora podía continuar hacia Gaza y Cisjordania.

Desde los primeros días del Estado de Israel el IDF se propuso como misión ser el matón más brutal de la región. Hoy tiene un propósito: llevar a cabo una guerra total contra el pueblo palestino, aterrorizando a civiles, secuestrando a niños de sus hogares y usando la fuerza bruta contra los manifestantes. Cada tanto se nos recuerda el grado de crueldad del IDF; su último gran despliegue fue el baño de sangre de tres semanas que inició en Gaza el 27 de diciembre de 2008. Cientos de toneladas de bombas fueron lanzadas por pilotos israelíes sobre Gaza, seguido de una invasión masiva de las fuerzas de tierra. Todo esto con el propósito de aterrorizar a una población civil indefensa, incluyendo a 800.000 niños y niñas.

Una vez que Israel tuvo bajo control a Cisjordania, por más de cuatro décadas ha construido e invertido fuertemente allí. Pero toda la inversión y la construcción fueron para llevar a judíos a Cisjordania. Las tierras de los palestinos son apropiadas a un ritmo alarmante, sus casas son destruidas y miles son encarcelados, mientras se construyen industrias, carreteras, centros comerciales, escuelas y comunidades cerradas con piscinas, solo para judíos.

El agua, que es el recurso más escaso de todos, es controlada y distribuida por la autoridad israelí de esta manera: la población israelí recibe 300 metros cúbitos per cápita por año. En comparación, la población palestina en Cisjordania y Gaza recibe entre 35 y 85 metros cúbicos por año (la Organización Mundial de la Salud recomienda un mínimo de 100 metros cúbicos por año por persona). Pero lo que es peor es que los colonos israelíes en Cisjordania reciben 1500 metros cúbitos de agua por año. Los judíos en Cisjordania tiene céspedes verdes y piscinas, mientras los palestinos a menudo no reciben nada de agua. Tal vez la gente inventada no necesita agua.

Desarabizar la historia de Palestina es otro elemento crucial de la limpieza étnica. Se banalizan 1500 años de cultura y dominio árabe y musulmán en Palestina; se destruye la evidencia de su existencia; y todo esto se hace para forzar la absurda conexión directa entre la antigua civilización judía y el Israel de hoy. El ejemplo más evidente de esto hoy es Silwan (Wadi Hilwe), un barrio de 50.000 habitantes, contiguo a la Ciudad Vieja de Jerusalén. Israel está expulsando a las familias de Silwan y destruyendo sus casas, porque afirma que el rey David construyó allí una ciudad hace unos 3000 años. Miles de familias van a quedar sin hogar para que Israel pueda construir un parque que conmemore a un rey que puede haber existido o no hace 3000 años. No existe una pizca de evidencia histórica que pruebe que el rey David alguna vez existió; pero hombres, mujeres, niños y ancianos palestinos, así como sus escuelas y mezquitas, sus iglesias y sus antiguos cementerios, y toda evidencia de su existencia tienen que ser destruidos y negados, para poder sustanciar los reclamos de los sionistas sobre su derecho exclusivo a esa tierra.

Una vez que conectamos los puntos no es difícil ver que la ocupación de Cisjordania y Gaza es sólo una pequeña parte de la cuestión palestino-israelí. El gran tema es la continua limpieza étnica de Palestina por el Estado sionista. El camino a seguir tanto por israelíes como por palestinos es oponerse a la limpieza étnica, oponiéndose a todas sus manifestaciones. Esto significa apoyar el movimiento de boicot, desinversión y sanciones contra Israel (en corto, BDS); significa participar activamente en la lucha popular no violenta en Palestina, y significa desafiar las leyes racistas que gobiernan Israel.

Tiene que haber un llamado claro e inequívoco a reconocer que el IDF es una organización terrorista y que sus oficiales son criminales de guerra. Más aun, la inaceptable discriminación contra los palestinos -vivan o no en Israel/Palestina- que practican los oficiales de seguridad en el aeropuerto Ben Gurión y otros puntos de entrada a Israel/Palestina tiene que ser desafiada también. La lucha por la democracia en nuestra patria común no es diferente de la lucha en la plaza Tahrir, y de hecho puede verse como parte de la Primavera Árabe.

Fuente: http://www.elcorresponsal.com/modules.php?name=News&file=article&sid=5971

La agresión imperialista contra Siria paso a paso

Eduardo Luque

Independientemente de lo que cada uno pueda pensar sobre la calidad democrática del gobierno sirio, cada vez es más evidente que estamos ante una repetición del caso libio, con una falsificación mediática de enormes proporciones. Nos mienten los gobiernos, nos mienten los medios, e incluso nos mienten las organizaciones humanitarias otrora dignas y veraces.

El proyecto estadounidense de reconfiguración de Oriente Medio, con la entrega del poder a un islamismo «moderado» que no cuestiona el orden neoliberal prosigue su implacable avance.

La «primavera siria» no se inicia a principios del 2011 sino mucho antes: el 15 de septiembre del 2001. Ese día George Bush anuncia la lucha implacable contra los países del «eje del mal». La maquinaria se pone en marcha. El 6 de mayo de 2002 John Bolton, a la sazón subsecretario de Estado, anuncia las líneas maestras de la intervención. El 12 de diciembre de 2003 se vota la Syrian Accountability Act, una ley que permite al presidente atacar Siria sin autorización del Congreso.

El embajador en Siria y encargado del desarrollo del plan es Robert S. Ford, miembro del equipo de Negroponte, creador de los escuadrones de la muerte en Latinoamérica. Se inicia la campaña de demonización del gobierno sirio. La financiación (1), unos 2.000 millones de dólares si hemos de hacer caso a las declaraciones de agentes del Mossad, procedería de los Estados Unidos y las dictaduras teocráticas del Golfo, financiadoras a su vez de la «resistencia libia». El proceso constaría de varias fases, siendo una de ellas la creación de grupos de resistencia armada (en «roman paladino»: mercenarios entrenados por especialistas militares occidentales). La implicación de Occidente ha sido tan evidente que el 8 de julio del 2011 las embajadas de Estados Unidos y Francia apoyaron la manifestación opositora en Hama, con la participación directa de los embajadores. Como en Libia, muchas marchas de protesta de la oposición siria no exigían más democracia, sino la imposición de un Estado islámico. ¿Permitirían estos países occidentales que el embajador sirio se personara con los indignados de Wall Street o participara en reuniones políticas contra el gobierno francés? En paralelo a estas graves injerencias, las calles de Damasco y numerosas ciudades son testigos de las mayores manifestaciones de apoyo al gobierno sirio en toda la historia del país. Las imágenes recogidas por periodistas independientes son elocuentes.

El 2 de diciembre un funcionario estadounidense de la ONU afirmaba que Siria se hallaba en un estado de guerra civil. Como en el caso libio, el recurso semántico de la guerra ampara la intervención neocolonial, pero el silencio del organismo internacional frente a la violación de sus propias resoluciones sobre Libia lo descalifica. Los casos libio y sirio presentan grandes similitudes, aunque sean procesos diferentes. Libia es una nación artificial, creación de las potencias ocupantes; por el contrario, Siria ha sido siempre una nación (la «Gran Siria») que se extendía por los actuales Líbano y Siria pero que quedó reducida por los colonizadores a las fronteras actuales tras las guerras mundiales. Siria es un país con un marcado sentido nacional y políticamente laico donde, hasta ahora, coexisten diversas confesiones religiosas (musulmana sunnita, maronitas, católicos, drusos, alawitas, chiítas). Es una república desde 1963. La vigente Constitución de 1973 define al país como República Democrática, Popular y Socialista basada en el socialismo árabe. Los principios de igualdad ante la ley, libertad religiosa y propiedad privada son preservados por la carta magna. La elección del presidente, que tiene un enorme poder y ha de ser obligatoriamente musulmán, se produce cada siete años (el actual fue escogido mediante referéndum en 2007).

Cada cuatro años se escoge una Asamblea del Pueblo y un Consejo de ministros. Están permitidos los partidos políticos integrados en el llamado Frente Nacional Progresista (FNP), aunque en la práctica el dominante es el partido Baaz. La dinastía Al-Assad es coetánea a la de Khadafy.

El actual presidente sirio, Bachar al-Assad, no conquistó el poder, ni siquiera parece que le interesara. Era médico oftalmólogo en Londres. La muerte de su padre provocó un vacío de poder y el riesgo de una guerra sucesoria. Fueron a buscarlo a Inglaterra y fue aceptado como presidente tras el referéndum. Bachar al-Assad fue durante mucho tiempo unos de los líderes más populares del Medio Oriente. Su marcado antiimperialismo, su apoyo a las decenas de miles de palestinos que viven en su territorio y la ayuda prestada a los millones de iraquíes expulsados de su país le granjearon gran popularidad.

La guerra de los medios de comunicación

El episodio libio no ha provocado ningún tipo de respuesta política en Occidente, que también fantasea con una solución fácil. Durante estos años, los medios se han referido habitualmente al gobierno como el «régimen», y califican invariablemente al presidente como «sátrapa» o déspota. A comienzos del 2011 aparece en Facebook una página que bajo el epígrafe The Syrian Revolution 2011 convoca un «día de la cólera» para el viernes 4 de febrero. Curiosamente la convocatoria se hace en inglés y no en árabe. Al Jazeera se hace eco de la convocatoria y la amplifica. La propuesta de movilización es un fracaso. El canal qatarí acaba calificando al país de «reino del silencio» (sic).

Aquel mismo día, aunque nadie siguió el llamamiento, la página en Facebook registra 80.000 entradas, récord absoluto aunque increíble, sobre todo para los que conocemos algo del país y sabemos del moderado uso que hacen los sirios de las nuevas tecnologías. El diario español El Mundo cubrió la noticia del «Día de la Ira» inventando la existencia de manifestaciones masivas contra el «régimen»; fuentes islamistas recogidas por la CNN afirmaron posteriormente que el «Día de la Ira» en realidad se aplazaba para el mes de marzo.

Ciertamente, las fuerzas de seguridad sirias cometieron graves errores que propiciaron el inicio de los desórdenes. Comenzaron en la ciudad de Deraa oriental de Kenema (frontera jordana): unos desconocidos pagaron a adolescentes para que hicieran pintadas contra el gobierno. La policía arrestó a los jóvenes, los trato como a criminales y maltrató a los mediadores locales. Algunas familias atacaron las comisarías y se produjeron algunos muertos. El presidente Bachar al-Assad intervino imponiendo sanciones a los policías, deteniendo a los culpables y destituyendo al gobernador. Se abrió una investigación. Algunos ministros viajaron al lugar de los hechos para presentar las excusas y condolencias del gobierno a las familias de las víctimas. Las excusas fueron públicamente aceptadas pero la prensa occidental ocultó esta parte. A raíz de los incidentes se introdujeron cambios políticos de envergadura (más multipartidismo, subida de salarios, amnistía, diálogo con sectores de la sociedad civil, levantamiento del estado de emergencia, cambió el gobierno, disolución de la Corte de Seguridad del Estado, Nueva constitución  etc.)

Esto podría haber conducido hacia la paz, pero no fue así. Se aprovecha la tensión existente y se producen atentados. Se dispara indistintamente contra la población civil y la policía. Individuos fuertemente armados atacan un edificio público encargado de la observación del territorio sirio del Golán ocupado por Israel. Hubo un duro combate con muertos por los dos bandos. Desde el comienzo, la existencia de grupos armados es una constante en el caso sirio. Los casos libio y sirio, como antes lo fue el caso iraquí, responden a patrones similares. Antes de la intervención es necesaria una campaña de manipulación mediática que prepare el terreno. En la ofensiva contra Siria hay multitud de ejemplos. Por ejemplo, en mayo se producen manifestaciones en Latakia. El presidente sirio ordena que bajo ninguna circunstancia se utilicen armas de fuego. La policía interviene usando porras. Se les responde con fuego de armas automáticas y mueren 12 policías mientras otros quedan malheridos.

Los medios occidentales fabulan una historia donde las fuerzas navales sirias han bombardeado la ciudad. El periodista turco Arslan Bulut, que encabezaba una comisión de medios independientes de varios países presentes esos días en Latakia, reconoció en sus artículos que la información era falsa y la denunció como un montaje. La agitación, atizada especialmente por la prensa internacional, sube varios grados. Fuentes de la inteligencia rusa confirman la existencia de dos centros (uno en Hamburgo, el otro en Líbano) de producción de material visual al servicio de la oposición, se pretende nutrir internet con imágenes falsas montadas en estudio… Algunos de los vídeos que hemos visto en internet son disturbios grabados en el Yemen y distribuidos por los medios como si hubieran sucedido en Damasco. La campaña mediática se acrecienta aunque cometen errores de bulto.

Uno de los casos más groseros fue la esperpéntica historia de la bloguera lesbiana Amina Abdallah, secuestrada y torturada supuestamente por la policía. Gracias a la dirección IP de su ordenador se pudo comprobar que el verdadero autor del blog de Amina era un «estudiante» estadounidense de 40 años llamado Tom McMaster, participante en el congreso de la oposición siria pro-occidental que reclamó de Turquía una intervención de la OTAN. Su mujer y el diario The Guardian confirmaron la noticia, pero miles de crédulos internautas occidentales crearon grupos en las redes sociales para defender a este personaje inventado. Algunas ONG defensoras de los derechos humanos también han participado en la manipulación: Amnistía Internacional y Human Rights Watch (HRW) (2) inician una campaña internacional tras presentar el caso del asesinato de la joven Zaina Hosni, cuyo cuerpo, supuestamente, fue encontrado descuartizado después de ser «secuestrada, torturada y asesinada» por la policía. La prensa internacional utilizó el caso como «símbolo» de la oposición; a los pocos días la chica aparecía con vida desmintiéndolo todo: «Estoy viva», anunció, «son los canales internacionales de televisión los que mienten. Me he animado a contarlo para que no me consideren muerta, ya que algún día quiero ser madre». Se había ido de su casa por una disputa familiar. Ni Amnistía Internacional ni Human Rights Watch, que hicieron el ridículo, ni la gran prensa occidental reconocieron su error ¿intencionado? Bien al contrario, se lanzaron a la búsqueda de «nuevas» muestras de la represión de la «dictadura» de Damasco. Estas ONG continúan impertérritas en su campaña; Amnistía reconoce que no tiene equipos sobre el terreno para poder comprobar sus afirmaciones, pero sin embargo las mantiene.

La cadena Al-Jazzera ha sido la punta de lanza de la desinformación. Gracias a los papeles de WikiLeaks, se descubrió que su director, Wadah Khanfar, tenía estrechas relaciones con los servicios de inteligencia de EEUU. La grosera manipulación del caso sirio provocó dimisiones de periodistas importantes en la cadena. La línea editorial de la emisora había cambiado radicalmente tras las revueltas tunecinas: la familia real qatarí había tomado férreamente el control. La secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, no ha tenido problemas en alabar la cobertura mediática de la cadena sobre la crisis libia. El ejemplo más burdo fue la cobertura de las manifestaciones del 1 de mayo en Moscú. Al-Jazzera las presentó como si fueran anti-gobierno sirio; fueron contratados actores para ser entrevistados como supuestos opositores al «régimen». Los medios rusos no tardaron en desmontar y denunciar el montaje.

En Occidente no se ha mencionado el tema. Es un salto enorme en el proceso de confusión intencionada. El escritor norteamericano Webster Tarpley (3) manifestaba a la televisión rusa Russia Today que los civiles sirios han de hacer frente a escuadrones de la muerte, a francotiradores que asesinan a civiles en las manifestaciones con intención de incrementar la violencia en el país. El 4 de noviembre la UE clausuró la agencia privada de noticias Cham Press, el diario Al-Watan y el canal Addounia en un incalificable ataque al derecho de expresión; son críticos con el gobierno sirio, pero se negaban a tergiversar los hechos tal y como pretendía la UE. El coro de medios occidentales no se ha pronunciado frente a este atropello, aunque siguen describiendo los recientes acontecimientos en Siria como un «movimiento de protesta pacífica» contra el gobierno de Bashar al-Assad.

El sitio de Internet Debakfile, ligado a la inteligencia israelí, anunciaba hace tres semanas: «[Las fuerzas sirias] están encontrando ahora una fuerte resistencia: les esperan trampas antitanques y barreras fortificadas dirigidas por manifestantes armados con ametralladoras pesadas». ¿Desde cuándo son manifestantes pacíficos los que se arman con «ametralladoras pesadas» y «trampas antitanque»? El 2 de diciembre se hacía público que los sectores políticos pacíficos del movimiento se habían unido con el «ejército libre de Siria» a cambio de no realizar más acciones militares «ofensivas» contra el ejército.

Paralelamente, Mohammad Riad Shakfa (4), líder exiliado de la Hermandad Musulmana de Siria, pidió la «intervención» turca en el país, incluida la creación de una zona de exclusión aérea en el lado sirio de la frontera. El sitio de internet www.mondialisation.ca (5) confirma el desplazamiento de 600 mercenarios libios al sur de Turquía así como la constitución de un centro logístico y de entrenamiento militar en la zona turca de Iskenderun, en la provincia de Hatay, al sur de Turquía, cerca de la bella ciudad siria de Aleppo. El martes 6 de diciembre se detiene en Siria a un grupo de mercenarios fuertemente armados provenientes de la frontera turca. Ankara se ve obligada a manifestar que nunca atacará a un vecino. Su agresividad contra Siria contrasta con su timorata actuación frente a la muerte de 9 civiles turcos en la «flotilla por la paz».

La lógica nos indicaría que debería llevarse una lista rigurosa con los 3.500 supuestos asesinados. En este número se incluyen a los 1.200 soldados asesinados en choques armados. El 5 de diciembre la Red Voltaire informó que fuentes periodísticas francesas afincadas en Siria habían podido constatar que buena parte de los civiles supuestamente asesinados por el ejército sirio estaban vivos. Sus nombres fueron sacados de la guía telefónica, algunos de ellos han aparecido en la TV siria demostrando así su existencia. Sólo existe una única fuente de información, el Observatorio Sirio de Derechos Humanos, con sede en Londres. Sus responsables son anónimos. ¿Qué valor pueden tener sus afirmaciones si no se confrontan con otras fuentes? La realidad es otra, aunque es difícil que se abra paso.

Delegaciones de partidos de la oposición turca visitaron las ciudades de Aleppo, Damasco y Latakia. Birgul Ayman Guler (6), vicepresidente del Partido Republicano del Pueblo (CHP) encabezaba la delegación. Coincidieron en señalar que la situación real en Siria dista mucho de ser la imagen proyectada por los medios occidentales. Reconoce la existencia de enfrentamientos en el interior del país, pero los achaca a la «actividad de grupos terroristas». Por otra parte, periodistas de nacionalidad turca como Arslan Bulut, que encabezaba una delegación de medios periodísticos en la histórica ciudad de las Noria (Hama), criticó la cobertura mediática que se está haciendo. Presenció cómo los corresponsales extranjeros tergiversaban los hechos al transmitir los eventos informativos. En un artículo con fecha del 25/08/2011, el periodista señaló que durante su estancia en Hama obtuvo información, de fuentes fiables y objetivas, de cómo grupos armados atacaron el centro de la ciudad, bancos, hospitales y comisarías. La intervención de las fuerzas de seguridad sirvió para que la prensa occidental enviara la noticia inventada de que el ejército había bombardeado el centro con artillería pesada, aviación y tanques (7). Los que conocemos la ciudad regada por el río Orontes y sabemos de su gran densidad de población (unos 300.000 habitantes) sabemos lo inviable de este aserto. Con este criterio, las imágenes de la masacrada Sirte por efectos de los obuses de la artillería pesada y la aviación de la OTAN obligarían a hablar no de decenas de muertes, sino de miles. El periodista, según narra, logró formarse una idea y una visión acerca de lo que está sucediendo en Siria. Este escritor hizo referencia a los supuestos bombardeos navales contra el puerto de Latakia al asegurar que las lanchas armadas sirias patrullaban la costa para evitar la llegada de armas a los grupos terroristas y que no bombardearon en absoluto el barrio. El periodista fue testigo los mismos días que los medios occidentales proclamaban la matanza.

Los actores

Como hemos señalado las similitudes entre el caso libio y sirio son muchas; también algunos de sus personajes; el primero, el expresidente Sarkozy. Éste se reunía el 6 de septiembre del 2011 en el Palacio del Eliseo con el patriarca maronita de Siria, S. B. Bechara Boutros Rahi (8), principal autoridad de la más importante iglesia oriental vinculada a Roma. En esa tensa y tormentosa reunión adelantó dos hechos: que la guerra contra Siria estaba decidida y que se impondría en el poder a los Hermanos Musulmanes (9).

El segundo actor fue el ministro de Asuntos Exteriores francés Alain Juppé; condenado a 18 meses de cárcel por corrupción, fue rescatado del ostracismo político por su mentor, el presidente francés. Sin embargo los medios occidentales hicieron un enorme ejercicio de desmemoria y se olvidaron de su pasado inmediato.

El tercer personaje es el presidente Obama, que continúa su política de reconfiguración de Oriente Próximo. El cuarto es David Cameron, un mediocre político sin ideas, que se propone como recolonizador del antiguo imperio británico. El Estado de Israel se apresta a intervenir militarmente cuando vea la ocasión. Dos nuevos elementos se incorporan: la monarquía absolutista de Jordania, y Turquía (de donde proceden las armas que nutren a los grupos militares en territorio sirio). Un confuso incidente, donde un peregrino turco y el chófer del autobús resultaron heridos por pedradas (10), fue presentado en Occidente como el asesinato de estas personas a manos del ejército sirio; el ministro de Relaciones Exteriores de Turquía, Ahmet Davutoglu, insinuó que Ankara podría considerar una acción militar contra Siria si el presidente Al-Assad no abandona el gobierno de forma «inmediata e incondicional». El presidente turco Erdogán comparó inmediatamente al gobierno sirio con «Hitler y Mussolini».

Los rumores de una intervención militar desde Turquía que permitiera a la OTAN actuar en defensa de uno de sus miembros son alentados por la inteligencia israelí (11). Estamos en una fase de guerra no convencional, con envío de mercenarios y de fuerzas especiales para desestabilizar el régimen. La narración que se nos ofrece por parte de los medios nos aleja de esta realidad. El abismo entre la imagen y la realidad se hace cada vez más sangrante. ¿Por qué hemos de fiarnos de unos medios de comunicación occidentales que, como hemos visto en el caso de Irak, Afganistán, Libia, han tergiversado la realidad hasta convertirla en una parodia de sí misma? Internet no es necesariamente la fuente de la sabiduría y la verdad sino un moderno campo de batalla para la desinformación y el control de la opinión pública. ¿Debemos pasar por alto que los países propulsores del genocidio iraquí (EEUU, Francia, Inglaterra, Arabia Saudita ) sean los que guíen y nos muestren quién es bueno y quién malo ¿Precisamente ellos? ¿Es más veraz su palabra que la de los cancilleres rusos o chinos?

La evolución del conflicto

Siria, como hemos señalado, es una pieza clave en el proyecto de reconfiguración geoestratégica de EEUU y la OTAN. La intervención político-militar abarcaría desde el norte de África hasta Asia central. El imperio y los países de la Unión Europea no tienen problema en aliarse a sectores confesionales mientras no cuestionen el modelo neoliberal. Importa bien poco que los nuevos gobernantes no respeten ni los más elementales derechos humanos. El caso libio con la imposición de la Sharia como fuente del derecho es el ejemplo más inmediato. Occidente no cuestiona las dictaduras medievales de Arabia Saudita, Qatar o Barhein; en cambio, un país laico como Siria es inaceptable. La guerra contra Siria puede fácilmente evolucionar hacia una guerra de la OTAN y Estados Unidos contra Irán. En noviembre el veto de Rusia y China en el Consejo de Seguridad de la ONU evitó la acción militar. La situación es extraordinariamente tensa en la zona. Al envío de dos portaviones y su escolta por los EEUU, Rusia ha respondido enviando unidades de guerra electrónica de la flota del Mar Negro: un portaviones ruso y su escolta se dirigen desde el Báltico a la costa siria. Para Rusia los puertos en territorio sirio son vitales por su carácter estratégico; si China cedió en el caso libio fue porque se la amenazó con cortar el flujo de petróleo desde Arabia Saudita, una situación que puede repetirse. Rusia no parece estar dispuesta a admitirlo.

La izquierda silenciosa

El silencio de la izquierda ha sido clamoroso. Nada ha salido de Europa en el caso libio y menos aún en el caso sirio, nada excepto el apoyo indirecto a los países occidentales. Ni pacifistas ni izquierdistas, ni izquierdas alternativas. Ni el Partido de la Izquierda Europea ni alguno de sus componentes. Los intelectuales y artistas han desaparecido del campo de la crítica. Los dirigentes sindicales ni están ni se les espera, ellos también se han manifestado a favor de la intervención. No ha servido de nada el ejemplo libio con sus miles, decenas de miles de muertos civiles. Un país que cae en manos de fuerzas políticas reaccionarias, donde se privatizan los recursos públicos y el terror se expande (12) no merece ni la más pequeña reflexión. ¿Tienen derecho a defenderse un país y un gobierno cercados militar y económicamente por fuerzas extranjeras? Según la izquierda occidental no tienen ningún derecho. La tele o Youtube nos dicen quién es dictador y quien demócrata. Libia se ha convertido en un inmenso cementerio por efecto de las bombas de la OTAN; ahora se pretende lo mismo con Siria. Ni por activa ni por pasiva se puede ser cómplice de un crimen. Frente a la OTAN solo podemos exigir su disolución. No puede haber posiciones neutrales frente al exterminio de los pueblos. Decir «Ni OTAN Ni Al-Assad» es decir en la práctica «Sí a la OTAN». La no movilización contra la guerra es la que permite también a los criminales extenderla por doquier, porque en definitiva y como diría Edmund Burke «Lo único necesario para el triunfo del mal es que los buenos no hagan nada».

Notas:

1. USA admite la financiación de la oposición Siria. CBC News, 18 de abril de 2011
2. Las información con la que cuentan estas organizaciones no procede del interior del país sino que se nutre esencialmente del Observatorio de derechos humanos sobre Siria con sede en Londres. El 6 de octubre, ante la avalancha de pruebas, Amnistía reconocía su error, pero no ha pedido perdón a nadie y ha seguido buscando nuevos «mártires».
3. Autor de múltiples documentos sobre la realidad internacional y coautor de George Bush, biografía no autorizada, donde resalta las relaciones de la familia Bush con el régimen Nazi.
4. http://noticiasdesiria.blogspot.com/
5. http://www.mondialisation.ca
6. http://prensaislamica.com
7. Para mayor información ver: http://prensaislamica.com
8. http://asambleademajaras.com
9. Ver entrevista para Red Voltaire con la madre Agnes-Marian de la Croix, hegúmena del monasterio de San Jacobo el Mutilado, en Qara (Siria).
10. Ver foto diario El Mundo 22.11.2011. http://www.elmundo.es /elmundo/2011/11/22/internacional/1321980711.html
11. Ver http://www.debka.com/
12. La ONU reconoce la existencia de no menos de 7.000 detenidos en Libia, la mayoría mujeres y niños en condiciones infrahumanas.

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