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Día: 13 de julio de 2015 (página 1 de 1)

África, el continente de los Estados follados

África es un continente que no le interesa nada a nadie, salvo a Imanol Arias y la campaña de Unicef para recaudar donativos contra la enésima epidemia que afecta a los niños africanos. La mayor parte de los problemas de África son sanitarios. Dentro de poco las ONG y los enfermeros sin fronteras lo llenarán de hospitales, farmacias y quirófanos. Siempre nos hemos preguntado cómo curaban sus enfermedades los africanos antes de que llegáramos nosotros con nuestros avances científicos para salvarles de sus terribles plagas.

El segundo rasgo fundamental de África, aparte de sus enfermedades, son sus grandes safaris. No hay oferta turística que no te lleve por una reserva natural llena de esos animales salvajes que sólo has podido ver por la tele y que siempre están en peligro de extinción por culpa nuestra. Al levantarnos cada mañana nos preguntamos en qué nos hemos equivocado para que tantas especies hayan desaparecido y otras estén a punto de desaparecer. También tenemos dudas sobre los motivos por los cuales esos reportajes de National Geographic sólo hablan de ese tipo de especies en peligro. ¿Hay algún animal que no esté en riesgo de desaparecer para siempre de la faz de la Tierra?

África es el continente de los Estados follados. Si Ustedes lo han visto escrito de otra manera es debido a un error tipográfico. Los Estados africanos los dibujaron los imperialistas sobre un mapa y quien hace también deshace. Una vez liberados del colonialismo hace medio siglo, los Estados africanos han sido violados y jodidos. A Egipto le quitan un pedazo y crean Sudán; a Sudán le quitan un pedazo y crean Sudán del sur, y así sucesivamente.

El tribalismo tiene la culpa del fracaso de África. Unas etnias están en guerra permanente con otras. No sabemos por qué, pero así viene ocurriendo, hasta el punto de causar grandes masacres, como la de Ruanda hace 20 años. Todo el esfuerzo de los imperialistas es humanitario. Muchas veces han tenido que desembarcar tropas de interposición para que los unos no se peleen con los otros como si fueran niños pequeños.

Lo más sorprendente de África es la enorme pobreza y los pobres nos dan pena, sobre todo si salen por la tele continuamente, si padecen hambre, si se trata, además, de esos niños a los que siempre vemos desvalidos, huérfanos, famélicos y con una nube de moscas pegadas a la nariz. ¿Cómo puede ser Usted tan desalmado que esa triste situación no le conmueva?, ¿no se siente culpable?, ¿no cree Usted que ha logrado su confort personal precisamente a costa de expoliar a África?, ¿no tiene intención de devolver algo de lo que ha robado a los pobres africanos?

¿No se da cuenta de que es Usted un privilegiado? Pues sepa que como consecuencia de que aquí se vive tan estupendamente y allá hay tanta pobreza, a los africanos no les queda más remedio que emigrar. El Mediterráneo se ha convertido en la gran patera. Nosotros viajamos de safari a Kenia por placer pero ellos vienen a Europa por necesidad. ¿Es Usted consciente de esta problemática?, ¿no le remuerde la conciencia o no tiene conciencia?

La pobreza de África contrasta con su riqueza. No hay continente más rico que África. Es el “granero del mundo” titulaba El País hace un par de años (1). ¿Cómo es posible, pues, que los africanos pasen hambre? Tienen las mayores minas de oro del mundo. También producen el 78 por ciento del platino del mundo, el 60 por ciento del cobalto, el 57 por ciento del manganeso, de los diamantes, del cromo, de…

Además de una naturaleza salvaje, que es la que vemos por la tele, en África hay un capitalismo salvaje, que no vemos por la tele. No hay safaris ni viajes turísticos para ver la explotación, pero tampoco hace falta, porque es igual que en España. Hay empresarios y obreros, hay explotación y hay lucha de clases, protestas, huelgas, movilizaciones. Aunque no salgan por la tele, los imperialistas lo conocen de sobra. El Informe Vedrine (2), elaborado hace un par años para dirigir los pasos de los monopolios franceses en el continente, destacaba el auge del movimiento obrero y sindical en África.

¿Alguien le ha contado a Usted las varias huelgas generales de los obreros nigerianos, como la de 2012, convocada para luchar contra el aumento de los precios? ¿No sabía que en Nigeria también hay obreros?, ¿y capitalismo?, ¿y que los explotan?, ¿y que luchan?, ¿y que se organizan?

Los trabajadores de la industria azucarera de las Islas Mauricio llevaron a cabo recientemente una de las mayores huelgas obreras que ha conocido África. ¿No lo sabía?

En 2011 los trabajadores del sector público de Bostwana declararon una huelga para exigir un aumento salarial y paralizaron todo el funcionamiento del Estado durante varios días.

Los obreros matalúrgicos sudafricanos han roto, por fin, con el ANC y con su gobierno. En un congreso el sindicato NUMSA, que tiene 340.000 afiliados, ha hecho un llamamiento a crear un nuevo partido de clase que luche contra el capitalismo en África austral.

Ahora mismo se está produciendo en Argelia la mayor movilización de masas que el mundo ha conocido contra las empresas estadounidenses de fractura hidráulica que operan en el Magreb.

¿No le han contado nada de esto las noticias de la tele? Se les habrá olvidado. Pero no se preocupe. Esta misma tarde hay un documental en La 2 sobre la vida y milagros de las jirafas del río Zambeze que le ayudarán a entender los problemas de África mucho mejor.

No apadrine sólo a un niño; apadrine la solución final para todos ellos. Nosotros tenemos la receta mágica para que África deje de ser el continente de los Estados follados. Esté Usted atento a la pantalla del ordenador porque vamos a poner el número de nuestra cuenta corriente para que haga su donativo para acabar con todos los problemas de los niños y los adultos africanos de un plumazo por el módico precio de 0,35 euros al mes. (Nosotros tampoco tenemos ningún ánimo de lucro.)


(1) http://sociedad.elpais.com/sociedad/2013/10/07/vidayartes/1381175124_503819.html
(2) http://www.ladocumentationfrancaise.fr/var/storage/rapports-publics/134000824.pdf

Manuela Carmena o el gusto de reformar para mejorar

Juan Manuel Olarieta

Hay personas, como Manuela Carmena, la actual alcaldesa de Madrid, cuya biografía resume en sí misma la evolución de un país. En su caso, se trata de alguien que empezó de abogada y acabó de jueza, empezó atacando y acabó defendiendo, empezó en la oposición y acabó en el poder. En las elecciones de 1977, las primeras elecciones “libres”, ya se presentó en las listas del PCE para el Congreso. No se le puede acusar de incoherencia. Ella siempre quiso lo mismo que el PCE: mejorar lo que había, bien entendido que lo que había era el franquismo, el cual ha mejorado tanto desde 1977 que para algunos ha quedado irreconocible.

En su biografía hay también todo un recorrido de lo que ha sido y es el ejercicio de la abogacía en España. Hasta 1977 los despachos de los abogados, que entonces aún se llamaban “laboralistas”, servían de centros de reunión de organizaciones ilegales, como Comisiones Obreras, algo que hoy sería impensable. Entonces aún había abogados; hoy lo que hay son mercenarios (“profesionales” los llaman) y si queda algún abogado está en la cárcel o en vías de entrar en ella por hacer lo que siempre han hecho los abogados: defender una causa.

Antes de llegar al Consejo General del Poder Judicial, uno de los máximos “poderes” del Estado, Carmena fue durante años jueza de Vigilancia Penitenciaria en Madrid, un tipo especial de cargo que apareció con la transición para reconocer que desde el siglo XIX los jueces jamás habían cumplido con una de las obligaciones que la ley les imponía: impedir los horrores y arbitrariedades que se cometían en las cárceles.

Una cárcel resume los dilemas del reformismo, que incluso se justifica con argumentos como éste: estamos de acuerdo, hay que acabar con las cárceles o hay que sacar a los presos de ellas, pero mientras eso no se produce ¿qué hacemos?, ¿nos quedamos de brazos cruzados mientras los presos sufren? Para justificarse el reformismo opone lo inmediato a lo mediato. Una cosa impide la otra y a los demás nos toca oir que somos testimoniales, que hablamos mucho pero no hacemos nada, y cosas parecidas. El reformismo tiene la urgencia de demostrar que es posible cambiar las cosas y que hay que hacerlo. En el caso de las cárceles, no se trata de que los presos salgan a la calle sino de que tengan sus derechos dentro de ellas, sus visitas, sus permisos de fin de semana y su progresión de grado.

El reformismo no muestra su verdadero rostro hasta que la lucha de clases los pone en su sitio. La huelga de hambre de 1988 de los presos políticos del PCE(r) y de los GRAPO le estalló en las manos a Carmena, que quiso hacer lo que le gusta al reformismo: ponerse en medio en un papel típico de juez y árbitro. Ni con unos (el gobierno) ni con otros (presos políticos). Nada más empezar la huelga promovió una negociación entre las dos partes que acabó con un acuerdo que puso fin a la protesta y ella se convirtió en garante de los mismos y de que se cumplirían de manera cabal.

Pero manejándose entre fascistas, los acuerdos no sirven para nada. El gobierno del PSOE se los saltó de la manera que acostumbraba. No sólo todo había sido papel mojado, sino que el garante hizo lo mismo: no dio señales de vida, no hubo tal garantía. Todo había sido un engaño para ganar tiempo. Entonces los presos políticos tuvieron que reanudar la huelga, esta vez a tumba abierta, lo cual condujo a la muerte de Jose Manuel Sevillano. La huelga se prolongó durante meses de manera terrible durante una larga agonía en la que los presos fueron atados a las camas de los hospitales y alimentados a la fuerza, lo cual está considerado como una forma de tortura por la Asociación Médica Mundial.

Nadie pareció darse por enterado. ¿Dónde estaba el reformismo, los derechos y las garantías? Estaba donde está siempre: junto a la policía. Cuando los presos políticos fueron llevados a los hospitales para demostrar que el asunto no era carcelario sino sanitario, para que agonizaran lo máximo posible, Carmena se presentó en el lecho mortal acompañada de la policía con un ultimátum: les dijo a los presos que o bien aceptaban “voluntariamente” que les alimentaran por vía intravenosa, o bien en caso contrario tendrían que hacerlo a la fuerza, con las muñecas atadas a la cama.

El reformismo iba acompañado de la policía. En aquel momento la alternativa no era ya que el gobierno cumpliera con sus compromisos. El fascismo y el reformismo hicieron causa común y demostraron que eran los dos brazos de la misma barbarie. No había nada que mejorar sino más de lo mismo. Había que torturar a los presos por las buenas o por las malas.

Si en 1988 Carmena no fue capaz de cumplir con aquello a lo que se había comprometido, no se por qué extraña razón ahora debemos esperar algo distinto de ella o de cualquier otro como ella. Hace unos pocos días murió Charles Pasqua, antiguo ministro francés del Interior, a quien pertenece una frase que allá es célebre: “Las promesas de los políticos sólo comprometen a quienes las escuchan”.

Si siguen escuchando los cantos de sirena, es posible que cuando quieran darse cuenta amanezcan atados de pies y manos al potro de la tortura.

Fuente: https://opiniondeclase.wordpress.com/2015/07/07/manuela-carmena-o-el-gusto-de-reformar-para-mejorar/

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