La web más censurada en internet

Día: 18 de mayo de 2015 (página 1 de 1)

Internet es una ratonera

Aena acaba de anunciar que en sus 46 aeropuertos y dos helipuertos la conexión inalámbrica será gratuita a partir del mes de octubre. Además, las conexiones se podrán realizar de manera ilimitada. También está previsto que las conexiones inalámbricas acaben siendo cuatro veces más rápidas que en la actualidad.

Para implementarlo Aena va a convocar un concurso público para buscar una empresa que haga posible esta conexión gratuita durante un par de años.

Al mismo tiempo mantendrá su sistema de pago, como en la actualidad.

¿Un chollo?, ¿un servicio estupendo para los viajeros?, ¿una conexión gratis y otra de pago? Como dice Wyoming, ésa es la noticia; ahora contemos la verdad.

La inmensa mayoría de los usuarios de móviles, ordenadores, enrutadores, tablets y otros artilugios no tenemos ni la más remota idea de lo que llevamos en las manos. Sabemos que se conectan a internet, pero no sabemos que internet también se conecta con nosotros. Nosotros leemos las páginas de internet, pero internet también lee nuestros mensajes, nuestras fotos, nuestras compras, nuestros viajes… absolutamente todo. Internet sabe más acerca de nosotros que nosotros mismos, porque no se le olvida nada. Lo guarda todo.

En la jerga informática los puntos de conexión gratuita a internet (centros comerciales, hoteles, bibliotecas) se llaman de varias maneras, entre ellas “honeypots” que se puede traducir por “tarros de miel” por lo de la fábula de Samaniego:

A un panal de rica miel
cien mil moscas acudieron
que por golosas murieron
presas de patas en él.

Vivimos en una sociedad en la que todo pasa por internet. Jamás apagamos el móvil, ni dejamos ni un momento de enviar mensajes las 24 horas de día. Ya no preguntamos a nadie quién es, ni a qué se dedica; se lo preguntamos a un buscador.

En una sociedad capitalista, basada en el mercado, internet no sólo es gratis sino una mina de oro inagotable. El único problema parecen ser Wikileaks y todos esos adolescentes que han logrado penetrar en los servidores de la Casa Blanca, o de la CIA, o del Chase Manhattan Bank, o los desaprensivos que van a destruir “la cultura” con las descargas ilegales.

¿Nos hemos vuelto gilipollas o qué? Está ocurriendo como siempre: las “noticias” vuelven el mundo al revés. Quieren convencernos de que los imperialistas, los grandes bancos y las multinacionales tienen que protegerse de los piratas desaprensivos.

Internet es un gigantesco mecanismo de vigilancia y control, una verdadera ratonera, llena de apetitoso queso, y los ratones somos nosotros, que hemos puesto toda nuestra vida -absolutamente toda- en un escaparate, a la vista de todos, especialmente de aquellos dedicados a la vigilancia y al control, es decir, entre otros de los siguientes:

1. Del Estado y de sus organismos policiales y de espionaje
2. De los grandes monopolios, los bancos y las aseguradoras
3. De las empresas informáticas: Google, Facebook, Tuenti
4. Las empresas de seguridad, de detectives y similares

La información es poder y el poder es información, y en este terreno los que no tenemos ningún poder tampoco tenemos ni idea de nada. Nos dejamos llevar, hasta el punto de que en este país hay “organizaciones” (por llamarlas de alguna manera) que se reúnen por internet, discuten por internet y subsisten por internet, es decir, que están a merced de aquellos contra quienes dicen luchar.

Nuestro comportamiento es verdaderamente estúpido. Esas seudo-organizaciones suelen hablar de documentos “internos” para referirse a aquellos que no pueden trascender fuera de sus filas, mientras que están circulando libremente por correo electrónico, es decir, dejando copias por todos los servidores que encuentran a su paso. Jamás dejaríamos que en nuestra casa nadie rebuscara en la mesilla de noche ni en los cajones del armario, pero en internet permitimos que cualquiera fisgue nuestros mensajes. ¿Por qué consentimos en internet lo que no consentiríamos en nuestra casa?

Los lugares que anuncian “wifi gratis”, como los aeropuertos de Aena, son un cebo, no sólo porque quien lo anuncia puede capturar absolutamente todo lo que circula por su red (que para eso es suya) sino porque lo puede hacer cualquiera conectado a ella. Funciona exactamente igual que cualquier emisora de radio: todos la pueden sintonizar y escuchar. ¿Acaso nos hemos creído que somos los únicos que oímos Radio Olé?

Prestemos atención a una noticia que se produjo en 2011 en Portugal, cuando el gobierno reconoció por primera vez algo que todos los gobiernos del mundo están poniendo en práctica desde hace tiempo: la piratería como cebo. Con la excusa de luchar contra las descargas “ilegales” de música, el Ministerio de Cultura se puso de acuerdo con los capitalistas privados (la industria musical) para provocar el delito. Entre los dos crearon un servidor de descargas “ilegales” en internet. Ambos, los capitalistas y el Estado, creaban el delito con la excusa de luchar contra el delito. Es el Estado el que crea el delito, crea el delincuente y justifica así la represión, la vigilancia y el control.

Lo que decimos de las descargas “ilegales” de música se puede decir de todo lo demás: el Estado y los capitalistas han llenado internet de cebos (gratuitos) para ver si alguien pica el anzuelo.

Mentiras, medias verdades y estadísticas

El titular procede del genial escritor Mark Twain, que dividía así los tipos de fraudes con los que se suele embaucar a quienes no analizan las noticias con la atención que merecen, es decir, a aquellos que con las prisas se limitan a leer y, a veces, a echar sólo un vistazo.

Con ese titular lo que queremos decir es que la teoría de que la temperatura del planeta ha aumentado en los últimos decenios y sigue aumentando a día de hoy, se compone de mentiras, medias verdades y estadísticas.

A quienes defendemos esa tesis y negamos, en consecuencia, el calentamiento del planeta, los grupos seudoecologistas aseguran que estamos financiados por las grandes multinacionales de la energía. Pues aquí deberíamos tener los bolsillos llenos y esperamos que nos subvencionen este artículo con sus correspondientes dólares.

A la inversa, los seudoecologistas que sostienen la tesis contraria actúan de manera desinteresada; no les financian las grandes multinacionales porque sus teorías se oponen a sus intereses. Es más, ellos son grupos “de izquierda” realmente enfrentados a dichos monopolios. Incluso llegan a sostener que la culpa del calentamiento del planeta la tiene el capitalismo.

En las últimas semanas la tesis de la financiación de las multinacionales se ha convertido en España en una verdadera campaña de descrédito que elude el fondo del asunto: ¿realmente estamos asistiendo a un incremento de la temperatura del planeta?, ¿hay pruebas de ello?, ¿en qué se basan dichas pruebas?, ¿a qué llaman “pruebas”?

Lo que algunos llaman “pruebas” lo comprobamos con titulares periodísticos espectaculares, como el siguiente:

Una ecuación constata la relación directa entre CO2 y calentamiento global
ABC, 3 de diciembre de 2014
http://www.abc.es/sociedad/20141203/abci-ecuacion-dioxido-carbono-calentamiento-201412021657.html

Ahora resulta que a una ecuación, que el artículo califica de “teórica”, la consideran como una “prueba”.

Sin embargo, aquí consideramos que las cosas se demuestran en la práctica, no escribiendo fórmulas “teóricas” en una pizarra o en un trozo de papel. Una prueba es el contraste de la teoría (de las ecuaciones y fórmulas matemáticas) con la práctica, es decir, con la experiencia, el experimento y la observación de la realidad.

El largo y crudo invierno 2014-2015 que padecimos en el hemisferio norte, en el que volvió a nevar hasta en los desiertos, forma parte de esa realidad y volvió a dejarnos una impresión muy alejada de las teorías del calentamiento.

A pesar de las impresiones (subjetivas) de frío que padecimos, una búsqueda en internet demostraría que el mes de enero fue muy pródigo en “noticias” acerca de que el año pasado fue el más caliente del que se tiene noticia en la historia. Si alguien tiene la paciencia de comprobar de dónde salieron los datos, se dará cuenta de que la fuente eran la Administración Nacional del Océano y la Atmósfera (NOAA) y la NASA.

A los que les preocupa la financiación hay que recordarles que ambos organismos están muy lejos de ser instituciones científicas asépticas. Más bien son ejemplos de la dependencia absoluta de la ciencia contemporánea hacia el capital. La NOOA forma parte del Ministerio de Comercio y la NASA tuvo un origen militar, colabora estrechamente con DARPA en proyectos bélicos, depende directamente de la Casa Blanca y el 85 por ciento de su financiación también procede de los fondos de defensa.

¿No es como para pensárselo? Naturalmente que sí: la afamada NASA es la mayor fabricante de fraudes seudocientíficos de la era moderna. Sin embargo, en este caso la información de la NOOA y la NASA era impecable. Estaba redactada con la suficiente sutileza como para embaucar a la prensa mundial, que está ávida de este tipo de noticias “científicas” con la que dan lustre a cualquier periódico de mala muerte.

El truco es el siguiente: a diferencia de la temperatura en un punto determinado a una hora determinada, la “temperatura del planeta” no depende sólo de mediciones directas sino que es una estimación o un promedio. Es como el cálculo del “salario medio” en el que nunca se contabiliza el de aquellos trabajadores cuyo salario es cero, es decir, de los parados.

A la temperatura le pasa lo mismo que al “salario medio” porque hasta hace muy poco se tomaban en tierra firme, cuando la inmensa mayoría de la superficie del planeta, un 75 por ciento, es agua. Luego no es la temperatura de todo el planeta sino la de una pequeña parte de él.

Además de las estadísticas, la temperatura “mundial” tiene otro problema: que hasta épocas muy recientes no hubo medios para medirla, por lo que las estimaciones son indirectas.

Así podríamos continuar poniendo pegas indefinidamente. No obstante, lo que queda claro es que la “vara de medir” ha cambiado a lo largo de la historia de la ciencia. Por ejemplo, hoy ningún científico consideraría suficientemente precisa una medición de una temperatura con un termómetro de mercurio. Desde hace unos 30 años las temperaturas se miden vía satélite y no son comparables con otro tipo de mediciones que se hacían anteriormente si no se hacen con la debida precaución.

Cualquiera es capaz de entender que con las mismas informaciones, las distintas “varas de medir” arrojan resultados muy distintos. Eso significa que los científicos saben mucho menos de lo que ellos mismos se creen. La geofísica es una ciencia que acaba de nacer. A pesar de que deberíamos ser mucho más cautos, los seudoecologistas utilizan unas expresiones absolutamente rotundas que son -necesariamente- falsas. Quieren aparentar una contundencia que no existe y no puede existir. En este terreno la ciencia está sobre arenas movedizas.

Lo diremos de otra manera: toda estadística tiene un margen de error y la que los medios presentaron en enero tenía un margen de error superior al aumento de la temperatura que midieron. La conclusión es obvia: no hubo tal aumento de temperatura. Pero los científicos de la NOAA y la NASA se lavaron las manos como Pilatos: fue un “error” de los medios, nosotros presentamos los datos correctos. Es falso: ellos indujeron el error de los medios de comunicación, que son propensos a este tipo de manipulaciones.

Otro catecismo

N.B.

Ni que estuviéramos en Semana Santa. Después del «Oratorio Anticomunista» publicamos otras reglas -también doce- infalibles para la redacción de noticias que tengan que ver con Oriente Próximo en los grandes medios de comunicación (?) Vamos allá.

1. En Oriente Próximo son siempre los árabes quienes atacan primero, y siempre es Israel -el Estado de Israel- quien se defiende. Esa defensa se llama «represalia».

2. Ni árabes ni palestinos ni libaneses tienen derecho a matar civiles, A eso se le llama «terrorismo».

3. Israel tiene derecho a matar civiles. Eso se llama «legítima defensa».

4. Cuando Israel mata civiles en masa, las potencias occidentales piden que lo haga con mayor comedimiento. Eso se llama «reacción de la comunidad internacional».

5. Ni palestinos ni libaneses tienen derecho a capturar soldados israelíes dentro de instalaciones militares con centinelas y puestos de combate. A eso
hay que llamarlo «secuestro de personas indefensas».

6. Israel tiene derecho a secuestrar (o matar como hace poco a un soldadito español en una garita) a cualquiera hora a cuantos palestinos gazatíes o libaneses se le antoje. A esto se le llama «encarcelamiento de terroristas».

7. Cuando se menciona la palabra Hezbollah es obligatorio añadir en la misma frase «apoyados y financiados por Siria y por Irán».

8. Cuando se menciona «Israel», está terminantemente prohibido añadir: «apoyados y financiados por los EE.UU.» Eso podría dar la impresión de que el conflicto es desigual y de que la existencia de Israel no corre peligro.

9. En informaciones sobre Israel, hay que evitar siempre que aparezcan las siguientes locuciones: «Territorios ocupados», «Resoluciones de la ONU», «Violaciones de los Derechos Humanos» y «Convención de Ginebra».

10. Los palestinos, lo mismo que los libaneses, son siempre «cobardes» que se esconden entre una población civil «que no los quiere». Israel tiene derecho a bombardear los barrios donde duermen «cobardemente» con sus familias . Son operaciones «quirúrgicas de alta precisión».

11. Los israelíes hablan mejor inglés, francés, castellano o portugués que los árabes. Por eso merecen ser entrevistados con mayor frecuencia y tener más
oportunidades que los árabes para explicar al gran público las presentes reglas que estamos viendo hasta aquí. A esto se le llama «neutralidad periodística».

Y, por último, at last but not least,

12. Todas las personas que no están de acuerdo con estas Reglas son, y así debe hacerse constar, «terroristas antisemitas».

Y sanseacabó.

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