La web más censurada en internet

Día: 13 de mayo de 2015 (página 1 de 1)

Una masacre por encargo de la Casa Blanca

Son muchos los que alguna vez han oído hablar de Blackwater, la empresa de mercenarios que ha participado en varias agresiones imperialistas, entre ellas la de Irak. Pero es posible que no le suenen otros nombres, como los de Xe o Academi.

No se preocupen: es lo mismo. Los mercenarios se cambiaron el nombre a causa de las protestas por los continuos crímenes cometidos, el último de ellos cuando el mes pasado fueron condenados cuatro pistoleros de la empresa por un juez federal de Estados Unidos a largas penas de cárcel por un tiroteo que en 2007 acabó con la vida de 14 civiles iraquíes en Bagdad.

En una sesión celebrada en un tribunal de Washington, el juez Royce C. Lamberth determinó que actuaron sin justificación y sentenció a cadena perpetua a Nicholas A. Slatten, un antiguo francotirador del Ejército estadounidense acusado de asesinato por efectuar los primeros disparos mortales en el suceso.

El resto de procesados, vigilantes de seguridad armados de Blackwater, -Paul A. Slough, Evan S. Liberty y Dustin L. Heard- fueron condenados a 30 años de prisión cada uno, acusados de homicidio. En el momento de la masacre, a los cuatro años del inicio de la guerra de Irak, Blackwater tenía un contrato con el gobierno de Estados Unidos por más de 1.000 millones de dólares.

Los cuatro hombres ya fueron declarados culpables por un jurado federal el pasado octubre, aunque sus abogados apelaron, de manera infructuosa, contra el veredicto a fin de rebajar las penas. El caso se ha visto además rodeado por el debate en torno a los mercenarios que trabajan para el gobierno de Washington en las zonas de agresión.

En Irak existía un “ambiente lleno de negligencias” en que los agentes de Blackwater se sentían “por encima de la ley”, según un informe del Departamento de Estado elaborado un mes antes del suceso. Entonces había en Irak y Afganistán más mercenarios -hasta 95.000 y 112.000 respectivamente- que soldados estadounidenses, según datos oficiales.

Los condenados, cuyos servicios contrató el gobierno estadounidense para “ofrecer seguridad” a sus funcionarios en Irak, protagonizaron los hechos ocurridos en la plaza Nisour, en el centro de Bagdad, en septiembre de 2007. Los cuatro dispararon contra los transeúntes en la plaza durante una operación con el fin de despejar el camino para el paso de un convoy del Departamento de Estado. Como consecuencia del tiroteo, 14 iraquíes resultaron muertos y 18 más heridos.

El caso obligó a revisar la relación del gobierno estadounidense con las empresas de mercenarios que, ante las críticas recibidas por sus numerosos crímenes y su vinculación a otros casos de exportación de armas ilegales, cambió de nombre hasta en dos ocasiones desde entonces: primero Xe, y luego Academi.

Entre 2002 y 2012 Blackwater recibió millones de dólares en contratos privados del gobierno para proteger convoyes, edificios, instalaciones militares y funcionarios de países atacados por Estados Unidos.

El negocio de mercenarios se ha expandido y sigue siendo muy útil a los imperialistas. Actualmente, en Irak y Afganistán la Casa Blanca subcontrata a pistoleros privados para tareas de seguridad, inteligencia, mantenimiento o entrenamiento. Los últimos datos disponibles corresponden a enero de este año, cuando sólo a una división regional del ejército de Estados Unidos tenía a sueldo a unos 40.000 contratistas en Afganistán (cuatro veces el número de militares) y 5.000 en Irak (casi el doble).

Además, han surgido contratistas más pequeños y entre los clientes, ya no hay principalmente gobiernos. También ONG, empresas energéticas y de transporte. Las empresas de vigilancia son más baratas y en ocasiones más fiables y experimentados que un Ejército regular y, sobre todo, más invisibles: tienen que dar menos explicaciones, llevan a cabo actividades arriesgadas y sus muertes afectan menos a la opinión pública, que se alegra de quienes mueren por dinero.

El apoyo logístico al saqueo de materias primas en África es una de las actividades de Frontier Services Group, cuyo presidente es Erik Prince, que en 1997 fundó Blackwater. Prince, de 45 años, fue miembro del cuerpo de élite del ejército de Estados Unidos y generoso donante del Partido Republicano. Convirtió a Blackwater en la compañía de seguridad privada más poderosa y en una pieza clave del engranaje militar del gobierno de Bush: protegía a sus diplomáticos en el extranjero e integraba operaciones de la CIA.

En 2010 Prince vendió el negocio que cambió de nombre y en junio del año pasado se fusionó con la multinacional Constellis Group. De esa manera volvieron a la actualidad con otro nombre: actualmente vuelven a estar subcontratados por Estados Unidos en Irak. Los mismos perros con otros collares.

Un comisario de policía asesina a su mujer

Un caso de ‘violencia de género’ que la tele no contará
La policía brasileña ha detenido al responsable de seguridad de la Embajada de España en Brasil, el comisario jefe de policía, Jesús Figón, acusado de asesinar su mujer, de nacionalidad brasileña.

El cuerpo de la víctima fue encontrado ayer por la mañana (hora local) en una vivienda del barrio de Jardim Camburi de la localidad de Vitoria, capital del estado de Espirito Santo, al este del país, donde vivía su mujer.

El comisario llevaba dos años y ocho meses en Brasil. Antes de su destino en Brasilia, el detenido había sido comisario jefe en la localidad madrileña de Alcalá de Henares y había desempeñado misiones de información en el campo de la política y la justicia.

Los últimos días se encontraba de vacaciones en el lugar en el que vivía su mujer y parece ser que el asesinato podría haberse producido en el marco de una fuerte discusión. El comisario ha alegado a la policía brasileña que actuó “en defensa propia”.

La nota oficial del Ministerio de Asuntos Exteriores dice que ha tenido conocimiento de «unos hechos muy graves que afectan a un funcionario adscrito a la embajada española en Brasil» y que están recabando información sobre los mismos.

Ocurre como siempre. Si el asesino hubiera sido cualquier otro, nos hubiéramos enterado por la tele, con los reporteros a pie de calle. Hubieran hablado con los vecinos y nos informarían de los detalles morbosos propios del caso. Pero si es una comisario de policía nada de nada.

Castigan a los manifestantes desahuciándoles de sus viviendas

Como tantas metrópolis capitalistas, Londres también está sumida en un caos cotidiano de protestas masivas y disturbios callejeros, por más que los medios lo oculten sistemáticamente.

El sábado se produjo una violenta manifestación en la que la que se lanzaron botellas, latas y bombas de humo a la policía. Los disturbios comenzaron cuando la primera línea de la manifestación se acercó a Downing Street, la sede oficial del Primer Ministro. Hasta ese momento los manifestantes no hacían nada fuera de lo corriente: agitaban pancartas y golpeaban cacerolas.

Pero al Primer Ministro Cameron no le gusta el ruido de las protestas callejeras y la policía intervino para hacer cabalmente su trabajo: acallar la protesta. Hubo 30 heridos, de ellos dos policías, y 80 manifestantes detenidos.

El motivo de la convocatoria de la manifestación es significativo: protestaban por la reelección de Cameron como Primer Ministro. Parece que protestaban contra las elecciones, que es el colmo de la protesta porque va dirigido contra la democracia.

Pues no es así. Con toda la razón del mundo protestaban a favor de la democracia porque allá ocurre como acá. También allá las elecciones son otra farsa, por varios motivos que es interesante recordar.

Cameron gobierna en el Parlamento de Londres con una mayoría absoluta que no tiene en la calle contando votos. La mayoría absoluta se la proporcionan sólo el 23 por ciento de los electores. ¿Cómo es eso posible? La trampa es muy sencilla: las elecciones contradicen las matemáticas. La esencia de la democracia (“un hombre, un voto”) es mentira también en Londres. Es lo de siempre: las elecciones son una farsa.

La mayor oposición que tiene Cameron no está entre quienes no le han votado a él sino entre quienes no han votado a nadie porque están en contra de todos: contra el gobierno y contra la oposición. Ningún país capitalista prohibirá jamás el derecho al voto, pero sí prohibirá todos los demás derechos, como el de manifestación, el de huelga o el de asociación. Esa es la lección que hay que sacar de todo esto: el ejercicio del derecho de voto les refuerza, el de los demás derechos les debilita.

La verdadera oposición es, pues, la calle. Por eso en 2011 Cameron tuvo la feliz idea de castigar a los manifestantes quitándoles su vivienda. Todo comenzó en un barrio conflictivo (o sea, combativo) de Londres, Wandsworth, cuyo Ayuntamiento desahució a una persona de una casa de protección oficial porque su hijo participó en los disturbios que se produjeron aquel año.

A partir de entonces los Ayuntamientos de Nottingham y Salford y los de los distritos de Westminster, Greenwich, Hammersmith y Fulham en Londres anunciaron que se disponían a hacer lo mismo y Cameron también se apuntó. En unas declaraciones a la BBC dijo que los desahucios son una forma de “reforzar la responsabilidad en nuestra sociedad” y amenazó con que los manifestantes podrían ser desahuciados de sus casas. Incluso les insultó llamándoles ladrones: “deberían haberlo pensado antes de empezar a robar”.


¿El Primer Ministro llamaba “ladrones” a los manifestantes?
Durante las movilizaciones de 2011 en Inglaterra ocurrió como en Estados Unidos: los manifestantes aprovecharon el descontrol en las calles para asaltar los comercios y llenar las despensas con comida. Pero es evidente que la represión no se dirige contra ellos sino contra todos los manifestantes. Al gobierno británico los asaltos y robos no le importan; lo que quieren impedir son las manifestaciones.

Pero tampoco olvidemos el componente cualitativo del asunto, que es el más importante: no se trata de cualesquiera clase de manifestaciones sino de aquellas que estallan en los barrios obreros más humildes de Londres. Ese es el verdadero objetivo y el verdadero riesgo en Londres y en todo el mundo capitalista: los sectores más explotados de la sociedad.

En efecto, ¿a qué se refería Cameron cuando llamaba “ladrones” a los manifestantes? No se refería a los asaltos a los comercios y tiendas sino al hecho de que ocupaban una vivienda pública, es decir, a que protestaban contra el Estado que les había entregado una casa “generosamente”.

El Primer Ministro no cejó en proferir amenazas de todo tipo: “durante mucho tiempo se ha tenido una actitud muy suave respecto a personas que roban a su propia comunidad”, y añadió: “Si vives en una vivienda municipal, tienes una casa con descuento respecto a otra gente que tiene que pagar y debería suponer algo de responsabilidad”.

“Si haces eso [te manifiestas] deberías perder tu derecho al tipo de vivienda que tienes si accedes a una subvención”, añadió Cameron inmediatamente después de los disturbios.

Según la legislación británica, los ayuntamientos sólo pueden desahuciar a personas que viven en viviendas protegidas si están implicadas en “desórdenes” en su barrio. Entonces los habitantes de los barrios se desplazan a otros barrios para manifestarse. La prensa británica lo llama “turismo de disturbios”. Eso es lo que ahora quieren impedir.


Para que se hagan Ustedes una idea de la dimensión del problema, les diremos que durante las manifestaciones de 2011 murieron cinco personas y la policía detuvo a 1.600 “alborotadores”, de los que 800 acabaron ante los tribunales, alguno de ellos acusado de asesinato.

Ahora háganse Ustedes la siguiente pregunta: ¿por qué en Inglaterra castigan a los manifestantes privándoles de su derecho a la vivienda y no de su derecho al voto? Si Usted pudiera elegir, ¿prefiere que le quitan su casa o su voto?

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies