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Día: 8 de mayo de 2015 (página 1 de 1)

El agente naranja sigue matando vietnamitas 40 años después del fin de la guerra

El 30 de abril se cumplieron 40 años de la caída de Saigón, lo que supuso el fin de la guerra de Vietnam y la derrota de los EEUU. Pero continúan los efectos del Agente Naranja, uno de los herbicidas y defoliantes lanzados por EEUU.

El agente, fabricado por Monsanto y Dow Chemical, es la mezcla dos herbicidas hormonales con combustible de aviones. EEUU lanzó 76 millones de litros sobre Vietnam, el Este de Laos y zonas de Camboya. El objetivo del programa de guerra química, llamada Operación Ranch Hand, era defoliar la selva para dejar sin cobertura al Vietcong y destruir las tierras de cultivo para obligar a los campesinos a huir a las ciudades controladas por los EEUU, dejando a la guerrilla sin apoyos y sin suministro de alimentos. EEUU utilizó además otros agentes químicos, el Agente Blanco y el Agente Azul. El 42% de todas las fumigaciones fueron dirigidas a los cultivos de alimentos. El 12% de la superficie de Vietnam fue rociada con estos agentes, a una concentración 13 veces superior a la dosis recomendada. Fueron destruidas 10 millones de hectáreas de tierra agrícola.

Como resultado 400.000 personas murieron o resultaron mutiladas y han nacido ya 500.000 niños con malformaciones. La Cruz Roja cifra en 1 millón de personas los discapacitados o enfermos a causa de este agente tóxico.

EEUU hasta el presente no acepta ninguna responsabilidad y Monsanto declara que creó el Agente Naranja “para salvar vidas de norteamericanos”. En 1966 etiquetaban el producto con la leyenda “este defoliante no es tóxico para la vida humana o animal” aunque conocían sus devastadores efectos desde 1949. Miles de veteranos estadounidenses regresaron con secuelas y tuvieron hijos con malformaciones, pero los fabricantes atribuyeron el problema a causas psicológicas, el llamado Síndrome Vietnam.

Se estima en unos 500.000 casos la cifra de niños afectados por el Agente Naranja en Vietnam. Más de cuarenta millones de litros de Agente Naranja se irrigaron sobre los bosques del país asiático entre 1962 y 1970 desde aviones estadounidenses. Vietnam no ha recibido ninguna compensación económica por parte de EEUU.

Phuong, una niña de unos ocho años, delgadita como casi todas las vietnamitas, no deja de abrazar al periodista. Es alegre y parlanchina y parece sufrir un síndrome muy similar al de Down. Pero puede decirse sin temor a equivocarse que es la más afortunada de estas varias docenas de criaturas que son atendidas en un ala especial del hospital Tû Dû de Ho Chi Minh City, la antigua Saigón.

En este pabellón situado junto a la cantina del centro médico viven grupos de niños afectados gravemente por el terrible legado del Agente Naranja, el defoliante utilizado por Estados Unidos durante la Guerra de Vietnam –que terminó ayer hace 40 años- para destruir la jungla y dejar a los guerrilleros Vietcong sin posibilidad de camuflaje.

Cuatro décadas después del fin del conflicto aún siguen naciendo criaturas con deformidades terribles. “No podemos estar seguro todavía del tiempo durante el que se extenderán sus efectos, pero muchos científicos ya lo estiman en tres generaciones”, dice la doctora Lanh.

En la misma habitación donde vive Phuong, hay varias cunas en las que vegetan críos que nunca podrán levantarse. Algunos tienen una cabeza hasta seis veces mayor de lo normal y aplanada, otros enormes ojos de pez… Un pobre adolescente muestra toda la piel de su cuerpo como si estuviera rayada y además padece un síndrome nervioso extremo que obliga a sus cuidadores a esposarlo a los barrotes de una cama para no autolesionarse. No cesa de llorar y gritar histérico.

Hay 120 niños y 60 veteranos de guerra en este centro. “No es fácil asegurar la cifra de niños afectados por el Agente Naranja en Vietnam, pero se estima en unos 500.000 los casos que podría haber en los hospitales de todo el país y en muchas aldeas donde sobreviven con sus familias”, declara la enfermera Kim Hoa.

El Agente Naranja, del que se irrigaron más de cuarenta millones de litros entre 1962 y 1970 desde aviones estadounidenses sobre los bosques de Vietnam era un poderoso herbicida compuesto por una mezcla de dos productos químicos: el 2,4,5-T y el 2,4-D. El primero de ellos provoca la aparición de minúsculas cantidades de dioxina conocida como TCDD, el veneno más tóxico de los elaborados por el hombre, que en tiempos de la guerra nadie se preocupó de depurar.

El defoliante destruía la foresta prácticamente en 24 horas, pero sus efectos iban a perpetuarse mucho más allá de que en esos terrenos no volviera a formarse una jungla. En los primeros años de la posguerra se dieron la aparición de un número inusual de tumores raros de cáncer en las zonas donde se había irrigado con el herbicida. Paralelamente se dispararon los casos de bebés nacidos con malformaciones muy graves: cabezas enormes, brazos que eran muñones terminados en dos o tres dedos, bocas sin paladar, ojos ciegos, síndromes nerviosos, parálisis, etcétera. Y también se multiplicaron los inusuales nacimientos de siameses. En muchos casos, los padres no habían padecido ni un dolor de cabeza, pero su ADN había sido dañado por la dioxina, un veneno del que basta un microgramo ingerido directamente para causar la muerte.

Al mismo tiempo, miles de veteranos estadounidenses, australianos o neozelandeses también empezaron a sufrir a dolencias idénticas a los de sus antiguos enemigos. Y también tuvieron una tasa disparatada de nacimientos de niños con minusvalías, efectos coincidentes con los que se se habían dado entre las víctimas del escape de dioxina en Seveso (Italia) en 1976.

Más de 230.000 veteranos de guerra reclamaron indemnizaciones a siete compañías químicas productoras del Agente Naranja –una ley norteamericana prohíbe querellarse contra el Gobierno por acciones de guerra- y Víctor Yanacone, el abogado principal del consorcio de firmas que representaba a los veteranos, expuso ante los jueces una realidad incuestionable: durante la guerra las compañías Dow Chemical y Monsanto produjeron grandes cantidades del herbicida sin preocuparse por eliminar la dioxina; la Fuerza Aérea estaba pidiendo cantidad y no calidad.

Los ejecutivos de las compañías rechazaron cualquier conexión de su producto con el problema, que atribuyeron a causas psicológicas, el llamado síndrome Vietnam -que afectaba a miles de jóvenes que volvían derrotados y rechazados por su propia sociedad-, hasta que el número de afectados fue tan alto que hizo absurdas sus alegaciones.

Los directivos de la Dow alegaron que las autoridades se negaron a aceptar los peligros que corrían con su empleo. “Pero nos prohibieron hasta que etiquetáramos el producto con señales de advertencia”, declaró un directivo de la compañía. Así, una hoja de instrucciones entregada en 1966 a las tripulaciones de los aviones encargados de fumigar la selva se afirmaba que “este defoliante no es tóxico para la vida humana o animal”.

Sin embargo, los efectos letales de la dioxina ya eran conocidas para la Administración estadounidense. Una explosión en la fábrica de herbicidas de la compañía Monsanto en 1949 en Virginia (EEUU) y un escape en 1964 durante su producción en una planta de la Dow Chemical habían mostrado las fatales consecuencias entre sus trabajadores.

En 1984 las siete compañías productoras del herbicida -Dow Chemical, Monsanto, Diamond, Uniroyal, TH, Hercules y Thompson- aceptaron en un tribunal de Nueva York la creación de un fondo de más de 162 millones de euros para cubrir los gastos médicos que requirieran las víctimas y sus hijos durante un período de 25 años.

Pero, aunque Vietnam también se ha querellado contra estas empresas químicas, sus alegaciones se han desestimado. Monsanto aduce en su página web que “crearon el Agente Naranja para salvar vidas de norteamericanos” y que es una cuestión “que corresponde debatir entre los gobiernos”.

Los vietnamitas no recibirán ni un dólar de compensación. Por su parte, el Gobierno de EEUU exige con presteza pagos por reparaciones de guerra cuando gana una contienda, pero no concede indemnizaciones si la pierde, como sucedió en Vietnam, de donde se retiró en 1973 con 58.000 de sus militares muertos y muchos más con graves secuelas.

Ni siquiera acepta pagos cuando ha cometido un error, o que se lo pregunten a las familias de los 290 pasajeros y tripulantes del avión comercial iraní abatido en 1988 por un misil de un buque estadounidense en el Golfo Pérsico, al confundirlo con un caza iraquí.

Además del Agente Naranja, EE UU fumigó las selvas de Vietnam con unos 30 millones de litros de otros defoliantes de efectos dañinos: el Agente Blanco y Agente Azul. Todo un arsenal de armas químicas que acompañaron al tristemente célebre napalm que dejó a miles de víctimas con gravísimas quemaduras en las aldeas de este hermoso país.

Al abandonar el hospital Tû Dû, que ya visité en 1995 con motivo del veinte aniversario del fin de la guerra, me despido de Nhung, un chico de unos catorce años cuyas piernas terminan abruptamente en las rodillas y su cabeza en pico. Me sonríe tristemente e intenta darme la mano con dificultad, porque tiene los dedos unidos por membranas.

En la calle, los vietnamitas se preparan para celebrar los festejos de los 40 años del fin de la guerra contra Vietnam del Sur, una república títere de EEUU. Y Minh Quân, un veterano del Vietcong, que regenta un puesto de frutas tropicales cerca del hospital, me recuerda orgulloso que su ejército ha vencido en todas las guerras a las que se ha enfrentado en el siglo XX: a Francia, EEUU y hasta a los chinos que invadieron brevemente el norte del país en represalia a la victoria vietnamita sobre la Camboya de Pol Pot.

Pero hoy, Vietnam pasa casi por primera vez en su historia por un largo período de paz. Aunque los causantes del “síndrome naranja” no ayuden a las víctimas, varias asociaciones de otros países sí lo están haciendo, y EEUU, al menos, ha comenzado recientemente a colaborar con la descontaminación de amplias zonas de terreno destruido por sus armas químicas.

Montserrat Mestre http://www.eldiario.es/internacional/Agente-Naranja_0_383212103.html

El ejército español ensayó la invasión de Venezuela

Montserrat Mestre

En mayo de 2001, un grupo de militares de distintos países, reunidos en Madrid con motivo del II Curso de Estado Mayor Conjunto de la Escuela Superior de las Fuerzas Armadas de España, realizó un ejercicio de simulación basado en un escenario de guerra. Entre los estudiantes del curso había un oficial de la Aviación Militar Venezolana, que al regresar a Caracas advirtió a sus superiores acerca de una operación denominada “Balboa”, que le había causado indignación como venezolano. En el documento se citaba cuatro países identificados como AZUL, MARRÓN, CYAN y BLANCO, que corresponden a EEUU, Venezuela, Panamá y Colombia, respectivamente. La correspondencia con estos países está confirmada con la descripción de cada uno; la mención de la base militar Howard (de Panamá) en CYAN, la ciudad de Cartagena (Colombia) en BLANCO y el aeropuerto de La Chinita (Venezuela) en MARRÓN, además de los mapas e infraestructuras citadas con sus coordenadas reales.

El general venezolano Melvin López Hidalgo, secretario del Codena (Consejo de Defensa de la Nación) sostiene que ese ejercicio fue un simulacro de lo que ocurriría luego, en abril de 2002, cuando aeronaves y embarcaciones de guerra de EEUU habrían ingresado en territorio venezolano durante el efímero golpe de Estado. Lean en los documentos de Operación Balboa (*) la descripción de países y juzgen por ustedes mismos. La descripción del país “Marrón” es cuando menos, insultante.

La Operación Balboa, que consistió en un ejercicio de simulación del ejército español realizado entre el 3 y el 18 de mayo de 2001, contemplaba con apoyo del gobierno de Estados Unidos (EEUU), una intervención militar en Venezuela para acabar con la Revolución Bolivariana e invadir la nación suramericana para apoderarse de sus reservas de petróleo y gas.

En esos ejercicios simulados de ataques aéreos, terrestres y navales, denominado en el ámbito castrense como “juegos de guerra”, las fuerzas norteamericanas y de países aliados simularon ataques a la zona occidental venezolana desde bases en Panamá y Colombia. “Se prepara una agresión militar desde Colombia contra Venezuela, una provocación para obligarnos a dar una respuesta que después pudiera prender una guerra en esta tierra, es parte del plan de la Operación Balboa, así se llama el operativo contra Venezuela”, denunció el líder de la Revolución Bolivariana, Hugo Chávez, durante una rueda de prensa, en 2008.

Pese a que la operación militar data del 2001, la acción se pretendía ejecutar en 2008, año en que el comandante Chávez denunció la “casualidad” de que tres altos funcionarios de Estados Unidos visiten Colombia en una semana, por ello acusó al gobierno colombiano, en ese momento presidido por Álvaro Uribe, de estar fraguando una conspiración, una provocación bélica contra Venezuela. Afirmó que “Colombia se subordinó al gobierno norteamericano (encabezado en aquel entonces por George Bush) y está en contra de la paz. El Gobierno de Colombia levanta las banderas de la guerra”, acusó Chávez.

De esta manera, el comandante Chávez condenó este ejercicio y ratificó la defensa de la soberanía nacional ante las pretensiones del imperio norteamericano y sus aliados de intervenir territorio venezolano. Aclaró que de ocurrir un escenario como ese “no habría petróleo para nadie, porque hemos decidido que el petróleo es de nosotros”.

“Aquí tendrían que pasar por nuestros cadáveres los invasores (…) Que no se olviden los gringos que aquí están los hijos de Bolívar dispuestos a ser libres. Denuncio esta amenaza y al gobierno de Colombia de estarse prestando”, sentenció.

La Operación Balboa fue presentada a los integrantes del II Curso de Estado Mayor de la Escuela Superior de las Fuerzas Armadas (ESFAS) de España, entre el 3 y el 18 de mayo de 2001, en un documento de 26 páginas, donde dan los detalles de esta práctica militar avaladas por una hipotética resolución del Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas (ONU), refiere un trabajo realizado por el periodista Ernesto Villegas.

En este documento, denominado “Ejercicio Específico: Planeamiento Operativo Balboa”, se asientan los datos de cuatro países identificados como Azul, Marrón, Cyan y Blanco que corresponden a Estados Unidos, Venezuela, Panamá y Colombia, respectivamente. Sobre cada nación se realiza una descripción histórica, geográfica y económica.

Con el color cyan identificaron la base militar Howard, en Panamá, con el color blanco a Cartagena, en Colombia y en marrón el Aeropuerto Internacional de La Chinita, en el estado de Zulia, Venezuela.

Además, se menciona como “prioridad de objetivos” aviones, pistas, radares, torres de control y otras infraestructuras aéreas en los estados de  Zulia, Táchira, Trujillo, Mérida, Apure, Falcón, parte de Lara y Guárico, occidente y sur de Bolívar, entre otras entidades.

Todos los estados con cercanía o límites con Colombia y donde hay petróleo, hierro, bauxita, oro, agua, reservas forestales y acceso a la Faja Petrolífera del Orinoco, la mayor reserva certificada de hidrocarburos del planeta.

El reconocido periodista, Eleazar Díaz Rangel, comentó que el plan Balboa pretendía que tropas de Estados Unidos y otros países actuaran sobre territorio venezolano, supuestamente “con el fin de recuperar a los residentes extranjeros”. Esa vez, el pretexto fue que en Venezuela se habría producido una confrontación interna próxima a la guerra civil y la situación se tornó tan grave que, hipotéticamente, el Consejo de Seguridad de la ONU debió intervenir.

Con ello, una vez más quedaron demostradas las pretensiones del gobierno estadounidense con el apoyo de países europeos de intervenir en Venezuela y tomar sus reservas petroleras. Esta acción injerencista, se ha intentado realizar por distintas vías, la más reciente con la firma del decreto por parte del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, que declara a Venezuela como “una amenaza inusual y extraordinaria”, con el propósito único de socavar la soberanía y la autodeterminación de la nación socialista.

En respuesta a esta arremetida imperialista, el poder popular se organizó y con respaldo de los pueblos de América Latina y el Caribe, alzaron su voz en rechazo a la decisión norteamericana y a través de más de 10 millones de firmas exigieron la derogatoria del decreto que atenta contra la soberanía de Venezuela.


(*) Operación Balboa, http://web.archive.org/web/20070125071350/http://images.indymedia.org/imc/canarias/pdf/Operacion_Balboa.pdf

Fuente: El ejército español ensayó cómo invadir Venezuela con el apoyo de EEUU, http://larepublica.es/2015/05/04/el-ejercito-espanol-ensayo-como-invadir-venezuela-con-el-apoyo-de-eeuu/

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