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Villarejo acudió a su entrevista con Ignacio González en compañía de Enrique García Castaño, jefe de la policía antiterrorista, exactamente una semana después de que el PP ganara las elecciones generales.
En 1994 el Ministerio del Interior le encargó el «Informe Veritas» para desacreditar a periodistas y empresarios y vincular al juez Baltasar Garzón con orgías con prostitutas y relaciones con narcotraficantes, justo cuando investigaba la trama de los GAL.
También estuvo vinculado al traficante internacional de armas Monzer Al Kassar, detenido en España y extraditado a Estados Unidos. Al Kassar era un confidente del CNI y Villarejo declaró en la vista de extradición como testigo a petición del defensor del traficante.
Después de aquel chanchullo el Ministerio del Interior le pidió que volviera como agente encubierto en régimen de excedencia especial y a cambio le autorizaron a mantener sus negocios. Confiesa que ha puesto al servicio de la policía alguna de sus empresas para realizar acciones de investigación dentro y fuera de España.
El año pasado le concedieron de la Medalla al Mérito Policial con Distintivo Rojo porque Villarejo no es un policía cualquiera. Ha ocupado diversos cargos de responsabilidad dentro de la policía. Desde enero de 2011 está destinado en la Dirección Adjunta Operativa (DAO) de la policía. Entonces gobernaba el PSOE y Rubalcaba era ministro del Interior. La decisión de implicarle en la investigación del origen del ático de González en Estepona fue adoptada por el director operativo de la época, el ya fallecido Miguel Ángel Fernández Chico, policía elegido por los socialistas para dirigir el Cuerpo en la etapa de Zapatero.
En la actualidad se encuentra en excedencia como agente encubierto, es decir, que es policía pero parece que no, o al revés: no es policía pero parece que sí.
Pero en España la ley es una tomadura de pelo que está para que la cumplan los demás. Por eso Villarejo no es un policía cualquiera sino un jefe condecorado, a pesar de que no está en activo… o quizá si… No se sabe.

Estimulados por las provocaciones del Primer Ministro David Cameron contra Rusia, los halcones británicos han iniciado una campaña de purgas contra las personalidades políticas contrarias a la guerra contra Rusia.
Una de ellas ha afectado a Malcolm Rifkind, antiguo ministro de Defensa británico, al que la prensa ha organizado una provocación seguida del correspondiente escándalos periodístico, por su posición excesivamente favorable al diálogo con Rusia.
Además de Rifkind, miembro del partido conservador, otra víctima que ha caído ha sido Jack Straw, miembro del partido laborista, que también ha llamado públicamente a un diálogo con Rusia. Ambos fueron ministros de Asuntos Exteriores y son parlamentarios que gozan de una enorme audiencia en el Reino Unido.
A ambos la prensa les ha imputado otros tantos escándalos, obligándoles a dimitir de sus escaños en un tiempo récord. Fueron objeto de un trampa tendida por el Canal Cuatro de la BBC y The Telegraph. Unos periodistas se acercaron a ellos con cámaras ocultas haciéndose pasar por representantes de una sociedad ficticia de Hong Kong que pretendía utilizar sus servicios para una campaña de promoción en el Reino Unido, algo que es corriente entre los políticos de toda Europa.
A partir de ahí la prensa se lanzó sobre ellos acusándoles de corrupción. El caso de Rifkind es una victoria particularmente importante para la campaña ya que es vicepresidente de la Comisión parlamentaria de contraespionaje y seguridad, en la que ha dirigido una investigación sobre las actividades de la Agencia Nacional de Seguridad de Estados Unidos. Ha tenido que anunciar su dimisión irrevocable.
En agosto del año pasado Rifkind firmó un artículo en el New York Times junto con el antiguo ministro ruso de Asuntos Exteriores Igor Ivanov sobre el riego de una nueva guerra fría. Ambos advertían contra al peligro de que una escalada de la guerra en el sureste de Ucrania condujera a un choque nuclear directo con Rusia.
Su declaración recibió el apoyo de una comisión del European Leadership Network y otros grupos de reflexión en Europa y Rusia, que también apelan al diálogo político y a las buenas comunicaciones militares, sobre todo en tiempos de crisis.
También se han alzado otras voces contra los proyectos de guerra de Cameron. Es el caso de John Sawers, antiguo jefe del servicio de inteligencia MI6 que acaba de pronunciar su primer discurso público tras abandonar su cargo en noviembre del pasado año. Ha aprovechado la ocasión para denunciar el envío de armas a Kiev, advirtiendo que es peligroso provocar a un país que está dotado con un arsenal formidable de armas nucleares, como Rusia. En lo que concierne a un “cambio de régimen“ en Moscú, Sawers estima que “todo cambio eventual del poder” en el Kremlin “bien podría ser a peor”.





