La web más censurada en internet

Día: 11 de marzo de 2015 (página 1 de 1)

Voladura controlada

Nicolás Bianchi

La llamada y ungida Transición española de la dictadura a la democracia es un jeroglífico. O una esfinge que propone acertijos. Es un periodo que no está desclasificado. Vivimos enlodados por causa de aquellos barros. Todavía tenemos que oír que fue el Rey Juan Carlos el motor de la Transición. O Suárez. Para el militar M. Fernández Monzón, capitán a la sazón en Contrainteligencia y luego en el SECED (luego CESID y ahora CNI vistiendo a la mona de seda, mona se queda), todo estuvo diseñado por la Secretaría de Estado y la CIA, y ejecutado, en gran parte, por el SECED con el conocimiento de Franco, Carrero Blanco y pocos más. Así lo declara -y no en plan unabomber- el veterano periodista de investigación Alfredo Grimaldos, autor del libro publicado hace ya unos años titulado «La CIA en España». Si las nuevas embestidas irracionales del creacionismo contra el evolucionismo darwiniano hablan de «diseño inteligente» para explicar el origen del Universo, en el caso de la Transición española estamos ante un diseño -o chapuza- inteligente perfectamente racional y/o calculado. Para el autor la Transición se pergeñó en la sede central de la CIA. Se comienza a fraguar en 1971, tras la visita del general Vernon Walters y culminará con la restauración (la II) monárquica. Había que dejarlo todo atado y bien atado a la muerte del Generalísimo. Para eso el Estado Mayor del Ejército podría siempre acogerse al artículo 37 de la Ley Orgánica del Estado que le otorga el papel de garante de la integridad territorial. Eso era lo «legal» entonces. Como ahora lo es el artículo octavo de la Constitución de 1978, que se inspira, casi literalmente, en el anteriormente citado. Ha habido constitucionalistas, nada sospechosos de «rojerío» compulsivo, que tildaron la Constitución vigente como la «Octava Ley Fundamental del Movimiento», pues la «nueva» legalidad asume la «vieja» y no la deroga. De una «legalidad» fascista se salta -como saltimbanquis- a una «legalidad» democrática como por ensalmo o áteme usted esa mosca por el rabo.
Obviamente, sería una simplificación pueril, ni la CIA por sí sola ni el Ejército por sí mismo ni la colusión de los servicios de inteligencia de ambas bandas armadísimas podrían lograr una Transición (lo ponemos con mayúscula por respeto a la ortografía) «pacífica y modélica» sin la colaboración necesaria de una oposición domesticada y unos partidos políticos entreguistas. El SECED (creado por Carrero) expide en 1974 los pasaportes que permiten a Felipe González y su banda del «clan de la tortilla» -aunque el bien informado periodista Gregorio Morán aduce no constarle este dato- ir a Suresnes (al sur de Paris) donde, cuenta Fernández Monzón, «había más policías y miembros de los servicios secretos que socialistas». Pero no precisamente por controlar las actividades de «peligrosísimos socialistas». Hoy no hace falta: les sacan en las televisiones parloteando.
¿La Transición? Si acaso una voladura controlada del franquismo. Como las Torres Gemelas, otra demolición controlada (demolition controlled): Voilà c’est fait.

A la burguesía catalana la tratan como si fueran terroristas

Los medios siguen presentando el Caso Pujol de una manera muy interesada, como un caso de corrupción propio y singular del que fuera President de la Generalitat, quien se habría aprovechado de un cargo público para enriquecerse.
No es cierto. Ni es un caso personal, ni tiene que ver con la Generalitat. Pujol ya se había enriquecido mucho antes y sin necesidad de imponer mordidas por las contrataciones públicas.
El Caso Pujol concierne a dos elementos fundamentales, el capital financiero y el independentismo catalán, estrechamente relacionados en la figura de Pujol como elemento característico de una clase social.
Es una vieja historia cuidadosamente ocultada que empieza en 1959 bajo el franquismo con la fundación de Banca Catalana, es decir, con el intento de la burguesía catalana de disponer de un instrumento fundamental en el capital monopolista actual del que carecía hasta la fecha.
La historia de Banca Catalana comienza cuando el padre de Pujol, Florenci, junto con su hijo Jordi y otros financieros compran la Banca Dorca de Olot. El banco financió actividades catalanistas de todo tipo, incluso en 1974 el fichaje de Johann Cruyff por el Barcelona, que como es bien sabido, es mucho más que un club.
Los Pujol siempre formaron parte del Consejo de Administración del banco que, como todos los demás bancos, tenía una Caja B, un sistema de doble contabilidad con la que ocultaban determinadas operaciones, entre ellas su propio enriquecimiento personal.
Como complemento a dicha Caja B, el Consejo de Administración creó 27 sociedades instrumentales sin apenas capital social y cuyos gestores eran hombres de paja. La fuga de capitales fue continua, normalmente en forma de créditos ficticios a favor de diversas personas. Durante años, por esta vía los caciques del banco, entre ellos los Pujol, se llevararon a sus bolsillos miles millones de las antiguas pesetas.
Pero el lucro personal de los jefes del banco, por más dinero que se llevaran a sus bolsillos, no fue la causa de la crisis que estalló en el banco en 1982. Aquella crisis fue consecuencia de la crisis del capitalismo, en aquel momento una crisis de superproducción del capital financiero español.
No fue diferente de otras crisis de aquel momento, de la que Rumasa fue el caso más conocido. Pero Pujol no era Ruiz-Mateos sino el representante de una clase social a la que la transición había consentido un pedazo del pastel. Cuando quebró era el décimo grupo bancario español y el primero en Catalunya, pero ese no era el trozo que la burguesía catala pretendía.
En aquel mismo momento el PSOE llega al gobierno y se produce un hecho característico: el trozo del poder político y económico que tenía Banca Catalana era suficiente para impedir llevarles a la cárcel pero insuficiente para mantener a flote el banco, el buque insignia de la burguesía catalana.
En Madrid la prensa cavernaria presenta el asunto de una manera singular. Dice que en 1982 el Estado central salió generosamente en ayuda del banco regional, lo cual es cierto: 85.000 millones de pesetas costó la broma a las arcas públicas. Pero les falta contar el resto de la historia: los despojos de aquel negocio se los devoraron los buitres financieros, especialmente el Banco de Vizcaya, hoy BBVA. Fueron ellos los que se quedaron -una vez más- con el dinero público.
En aquella época Pujol estaba en la cúspide de su poder como President de la Generalitat. Además, la burguesía catalana sostenía en Madrid al gobierno del PSOE y eso le salvó de ir a la cárcel en aquel momento. Como es su costumbre, los jueces y fiscales hicieron el paripé:
a) los fiscales se querellaron en 1984 contra Pujol y otros 17 buitres más
b) nada menos que 33 jueces de la Audiencia firmaron en 1986 que Pujol no había cometido delito alguno
c) en 1990 los jueces liberan de cualquier clase de culpa a todos los demás consejeros
d) siguiendo órdenes de Madrid, los fiscales no recurrieron las decisiones judiciales
Lo llaman «independencia judicial». Asi se tapó todo el asunto que, en realidad, era sólo una parte del asunto.
El abogado, el juez y la cloaca
Otra parte del mismo asunto. El abogado de Pujol en aquel asunto fue Juan Piqué Vidal, que junto al juez Pacual Estevill manejaba los asuntos judiciales en Barcelona. Por un módico precio, el juez y el abogado garantizaban que los pecados de la burguesía morirían en alguno de los muchos laberintos judiciales.
El matón que ayudaba a Piqué Vidal era el capitán de la Guardia Civil Sebastián Martínez Ferraté, a quien el abogado encargaba vigilar, seguir y amenazar a los periodistas que le relacionaban con la trama corrupta del juez Estevill.
A principios de los años ochenta Piqué Vidal defendió al padre de Javier de la Rosa por la venta de terrenos inexistentes de la Zona Franca de Barcelona. El abogado sacó en el maletero de su coche a Javier de la Rosa Vázquez, cruzó la frontera a Francia y desde allá huyó a Brasil, ante la inminente condena que se le venía encima.
Durante décadas el abogado dirigió en Barcelona una red de blanqueo de capitales que servía tanto a la burguesía catalana como a un grupo de narcotraficantes maxicanos.
El abogado también garantizaba que Barcelona fuera un paraíso fiscal lo más parecido posible a Andorra. Los inspectores de Hacienda hacían la vista gorda, otro caso turbio en el que, además de Pujol, aparecieron Josep Lluís Núñez, presidente del Barcelona Club de Fútbol, Javier de la Rosa… Los mismos de siempre.
Caso Caric
En los años ochenta el brazo derecho de Pujol en la Generalitat era Macià Alavedra, a su vez estrechamente relacionado con Javier de la Rosa y Pacual Estevill.
Su principal obra como consejero de Economía de la Generalitat fue la construcción de Port Aventura, que financió gracias a Javier de la Rosa y a un aval de 1.000 millones de pesetas de la Generalitat a través de la Comisión de ayuda para la reconversión industrial de Catalunya (Caric), un organismo creado con fondos públicos para apoyar a empresas en crisis que se desvió para crear parques de atracciones como aquel.
En 1990 la fiscalía abrió una investigación por aquellos manejos de la Comisión cuyos avales cayeron en los bolsillos de empresas vinculadas a altos cargos de la Generalitat y de sus familiares.
Esta vez el paripé judicial consistió en lo siguiente: la Generalitat salvó la cara reclamando la devolución de los avales ante los tribunales cuando ya habían prescrito.
Operación Pretoria
Al tiempo que era Consejero de Economía, Macià Alavedra ostentó cargos ejecutivos en varias empresas privadas, por lo que la fiscalía formuló una querella contra él y contra otros cargos de la Generalitat que hacían lo mismo.
Por órdenes del PSOE, el Fiscal General del Estado apoyó nuevamente a CiU y prohibió a la fiscalía el ejercicio de acciones penales por entender que los delitos estaban prescritos.
Desde Madrid la Fiscalía General del Estado torpedeó otra vez una querella dirigida contra la burguesía catalana.
Sin embargo, en 2009 la Audiencia Nacional encarceló Macià Alavedra y Lluís Prenafeta, entre otros implicados en la Operación Pretoria a los que acusaron de «asociación ilícita» y otros muchos delitos que les reportaron 45 millones de euros procedentes de pelotazos urbanísticos.
Lo mismo que Pujol, Alavedra también tiene cuentas en Liechtenstein, Suiza, Andorra, las Islas Caimán, Madeira o el Estado norteamericano de Delaware. El testaferro que gestionaba sus fondos en el extranjero era Phillip McMahan Bollich, un norteamericano residente en Suiza, directivo de Banca Catalana, que actualmente reside en Andorra.
El 31 de octubre de 2009 el diario catalán La Vanguardia se quejó por la detención de Alavedra, Prenafeta y los demás chorizos de la burguesía catalana. En la Audiencia Nacional «los tratan como si fueran terroristas», escribieron. ¡Ah! Pero, ¿acaso no eran terroristas?

Villarejo forma parte de un dispositivo secreto dirigido contra el independentismo catalán (y 2)

A finales de 2012 el Ministerio del Interior creó una unidad especial de la policía que actúa sin ningún tipo de control y se dedica a espiar a los políticos independentistas catalanes. Se trata de buscar trapos sucios para airearlos luego ante los medios de comunicación, creando los correspondientes escándalos para consumo de los medios de comunicación.
La unidad está alojada en la Dirección Adjunta Operativa y se nutre de agentes de Asuntos Internos y de otra unidad denominada UPEC. Pero no son los únicos policías implicados en las maniobras contra Catalunya. Entre ellos también está el comisario Villarejo que trabaja solo y rinde cuentas directamente al ministro Fernández Díaz, un político que procede de los sectores unionistas más reaccionarios de Catalunya.
Es una guerra sucia contra el movimiento independentista, un chantaje permanente en el que gracias a la instrumentalización de la policía el gobierno de Rajoy maneja informes oscuros que vinculan a políticos de CiU, como el president de la Generalitat, Artur Mas, o al alcalde de Barcelona, Xavier Trias, con cuentas en Suiza y Liechtenstein. Las autoridades de esos países han negado esas informaciones.
No obstante, a pesar de que las pesquisas policiacas no han prosperado en los juzgados, las han filtrado a determinados medios de comunicación coincidiendo con momentos álgidos de la lucha independentista en Catalunya.
Esto viene de lejos. Tras su detención el agente del CNI al que la prensa llamó el «Pequeño Nicolás» ya vinculó a Villarejo con el dispositivo policial secreto en Catalunya. Ante Asuntos Internos, el joven aseguró que el comisario debe 200.000 euros a Javier de la Rosa, condenado por el caso KIO, dentro de un pago de 400.000 a cambio de que el empresario tirara de la manta en las investigaciones contra la familia Pujol. A finales de 2012 De la Rosa se presentó «voluntariamente» en las oficinas de la UDEF para declarar que había ayudado a Jordi Pujol a abrir una cuenta en Suiza.
Ante la misma unidad policial también declaró Victoria Álvarez, la antigua novia del hijo de Jordi Pujol. Álvarez había sido invitada el mes anterior a revelar los asuntos turbios del hijo de Pujol a través de unos SMS intercambiados con Jorge Moragas, jefe de gabinete de Rajoy. La mujer recibió la visita de dos policías en Barcelona tras sus conversaciones con Moragas y semanas después viajó en tren a Madrid. En la estación fue recibida y conducida hasta el complejo policial de Canillas por Rafael Redondo Rodríguez, o sea por el abogado y socio de Villarejo.
Ahora la pregunta es: ¿por qué Asuntos Internos, un unidad dedicada a investigar a los policías, se encargó del interrogatorio del «Pequeño Nicolás»  la respuesta es que Villarejo está en guerra con el jefe de Asuntos Internos, Martín Blas-Aranda, y ha logrado el cese de este último, es decir, que la guerra la ha ganado Villarejo porque es quien tienen mejores padrinos.
En la misma lista de condecorados con la medalla pensionada de Villarejo estaba José Luis Olivera, el comisario al que Fernández Díaz ha encumbrado como el policía con más información del país, director del nuevo CITCO (Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado) y que en tiempos del PSOE fue jefe de la UDEF y, por tanto, máximo responsable del Caso Gürtel. También figura el citado Marcelino Martín Blas-Aranda. Ambos viajaron el 29 de octubre de 2012 a Barcelona para convencer a los fiscales anticorrupción, sin éxito, de que había que registrar en plena campaña electoral la sede de CDC en el marco del Caso Palau. Ninguno de los dos estaba vinculado con la investigación. ¿Por qué metían las narices en algo que no era de su competencia?
Junto a Villarejo, Olivera y Martín Blas-Aranda, fue condecorado también con la medalla roja Enrique García Castaño, el comisario antiterrorista que acompañó a Villarejo en la cita con González en la Puerta del Sol.

Villarejo: un comisario de policía pluriempleado y millonario (1)

El comisario Villarejo se ha hecho famoso por sus conversaciones televisadas con el presidente de la Comunidad Autónoma de Madrid Ignacio González para negociar el chanchullo del ático de Marbella.

Villarejo acudió a su entrevista con Ignacio González en compañía de Enrique García Castaño, jefe de la policía antiterrorista, exactamente una semana después de que el PP ganara las elecciones generales.

Hay otras facetas interesantes de su biografía que no son tan conocidas. En época de paro este policía compagina su trabajo como policía con una actividad capitalista que se reparte en 12 empresas privadas, y cuyo capital social asciende a 16 millones de euros.
La actividad capitalista del comisario Villarejo se remonta a principios de los años noventa, cuando aún era un capitalista muy modesto. En los últimos 22 años dicho capital se ha multiplicado de forma exponencial.
A pesar de su régimen de incompatibilidades, las empresas de Villarejo incluyen servicios jurídicos y de asesoría, agencias de colocación de artistas, intermediarios de comercio, parque de recreo y otros servicios relacionados con el espectáculo, consulta y asesoramiento sobre dirección y gestión empresarial, hospitales y clínicas sanitarias de medicina humana, explotación de ganado caballar, instalaciones deportivas, promoción inmobiliaria…
En sus empresas Villarejo participa junto a su actual esposa, Gemma Alcalá Garcés, y el abogado Rafael Redondo Rodríguez, un entramado capitalista en el que el comisario figura como presidente o administrador único de 12 sociedades que suman un capital social superior a los 16 millones de euros.

En 1994 el Ministerio del Interior le encargó el «Informe Veritas» para desacreditar a periodistas y empresarios y vincular al juez Baltasar Garzón con orgías con prostitutas y relaciones con narcotraficantes, justo cuando investigaba la trama de los GAL.

También estuvo vinculado al traficante internacional de armas Monzer Al Kassar, detenido en España y extraditado a Estados Unidos. Al Kassar era un confidente del CNI y Villarejo declaró en la vista de extradición como testigo a petición del defensor del traficante.

Luego estuvo 10 años de excedencia en la policía. Trabajó como detective privado para la Iglesia de la Cienciología. La Audiencia Provincial de Madrid le condenó por simulación de delito, denuncia falsa y detención ilegal. El fallo recogía que había implicado de manera falsa a un toxicómano y al responsable de la asociación Dianética en un robo que no habían cometido, por encargo de la Cienciología.

Después de aquel chanchullo el Ministerio del Interior le pidió que volviera como agente encubierto en régimen de excedencia especial y a cambio le autorizaron a mantener sus negocios. Confiesa que ha puesto al servicio de la policía alguna de sus empresas para realizar acciones de investigación dentro y fuera de España.

El año pasado le concedieron de la Medalla al Mérito Policial con Distintivo Rojo porque Villarejo no es un policía cualquiera. Ha ocupado diversos cargos de responsabilidad dentro de la policía. Desde enero de 2011 está destinado en la Dirección Adjunta Operativa (DAO) de la policía. Entonces gobernaba el PSOE y Rubalcaba era ministro del Interior. La decisión de implicarle en la investigación del origen del ático de González en Estepona fue adoptada por el director operativo de la época, el ya fallecido Miguel Ángel Fernández Chico, policía elegido por los socialistas para dirigir el Cuerpo en la etapa de Zapatero.

En la actualidad se encuentra en excedencia como agente encubierto, es decir, que es policía pero parece que no, o al revés: no es policía pero parece que sí.

El problema es que por ley el trabajo de policía es incompatible con el de vigilante jurado, es decir, con participar en empresas privadas de investigación, o dicho de otra manera: que para la policía el mantenimiento de la ley empieza con la burla de la ley.

Pero en España la ley es una tomadura de pelo que está para que la cumplan los demás. Por eso Villarejo no es un policía cualquiera sino un jefe condecorado, a pesar de que no está en activo… o quizá si… No se sabe.

Si sus jefes le permiten compatibilizar lo incompatible y le premian es porque tiene muy poderosos padrinos más allá de la policía. A esos padrinos hay que buscarlos en su actividad paralela como agente encubierto, o sea, como espía, lo cual es otro pluriempleo más: policía, agente encubierto, capitalista… ¿De dónde saca el tiempo este comisario?

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies